miércoles, 23 de mayo de 2012

MI AMIGO EL EX COMISARIO.



Estudiamos juntos, codo con codo, compartiendo pupitre, sueño, y aumento de dioptrías-supongo-, tras pasar más de siete horas al día, cinco días a la semana, en un aula en semi oscuridad, observando filminas y diapositivas. Cuando nos conocimos yo era un crío, un cachorro que entraba por primera vez en una universidad, que se quería comer el mundo, y lo que es peor, que pensaba que iba a comérselo, que nadie como él había entrado nunca por esa puerta del templo de la cultura.

Él, por otro lado, llevaba mucha mili a las espaldas, quizás demasiada, viejo comisario, ya jubilado, hijo también de comisario. Él, lo fue durante años de dictadura, de transición, su padre, comisario en la misma ciudad, lo fue durante los años de la segunda república, y estuvo en el frente durante la guerra civil, luchó por lo que pensaba que era su deber. En Madrid, en la universidad complutense, junto a las Brigadas Internacionales, intentando que los sublevados no entraran en Madrid. Ya saben ¡No Pasarán!, pero que al final si que pasaron, y como pasaron.

Recuerdo muchas anécdotas que me contaba durante los descansos entre clase y clase, ya saben, entre arte del antiguo Egipto e historia contemporánea de Alemania, mi amigo el ex comisario, me soltaba una batallita propia, o ajena, de su padre o de algún amigo que aún sigue vivo, y ahora estudia filosofía en la universidad de en frente.

Nunca le oí referirse a los acontecimientos en los que aparecían dependiendo del día, de la época, de la situación del país, o de si la batalla era suya o de su padre, de modo despectivo o partidário. Daba igual que los protagonistas fueran brigadístas, quintacolumnistas, de la ugeté, de la ceeneté, o de la Ceda, que el tipo hubiera hecho la mili en los Regulares de Ceuta o Melilla, o de que lado del frente dieran al contrario las suyas y la de su prima la de Alpedrete, en la batalla de Guadarrama. No importaba, si el que salia perdiendo era un comunista intentando pasar desapercibido en el Madrid del 45, o era un gris, chusco y de mala catadura, que mascaba tabaco mientras sacudía a algún estudiante que pedía amnistía para sus compañeros. No importaba, ya les digo, nunca le escuché condenar a unos o a otros, decir que unos eran los buenos y otros los malos, que si este tiene razón y aquel es un descerebrado. Nunca, se lo prometo por mis Asterix. Él hablaba, contaba y después callaba, nos miraba y cuando aún se podía fumar, encendía un cigarrillo negro, después, sacaba un caramelo de menta y chascaba la lengua. Tras ello, nos decía desde lo alto de la atalaya que le donaba la experiencia recibida: pensadlo chicos, no todo lo que dicen los libros tiene que ser como dicen, no olvidéis que los libros los escriben personas, igual que los periódicos. La verdad esta en los libros, es cierto, pero para atisbarla, hay que leer muchos, comparar y pensar, sobre todo pensar.

Es cierto, unos cuantos años después, lo veo claro, pero también veo claro, que además de leer muchos libros, varios periódicos al día, de todas las tendencias políticas y lo mismo con las radios, me atrevería a añadir, que hay otra cosa importante, y esa es escuchar, escuchar y escuchar, el doble o el triple que hablar, escuchando se aprende más que leyendo-o casi-, sobre todo cuando el que habla tiene mucho que ofrecer. Ese es uno de los errores claros de la juventud de hoy, creemos que lo sabemos todo, solo por haber leído un libro, por haber escuchado una opinión de un profesor, de un periodista, o de cualquier cantamañanas que sale en la televisión. Pensando que tenemos la verdad, la única y que nadie podrá ofrecernos nada nuevo, nada que no sepamos.

Una de las historias que recuerdo con cariño, fue una que nos contó en la puerta del Museo del Prado de Madrid, una lluviosa mañana del mes de diciembre. Eran los últimos años de la dictadura del caudillo, la situación estaba muy movida en todo el país, también lo estaba en la ciudad donde él llevaba a cabo su labor como comisario principal, uno de los detenidos esos días en la zona, era uno de los delincuentes más peligrosos de la región, a sus espaldas más de cincuenta atracos a mano armada, un secuestro, y cuatro o cinco fiambres. Detenido en la comisaria central, encerrado sin derecho a comer, hasta que no soltara todo el hilo que tenía enmarañado en su cabeza, y en el expediente que el comisario tenía entre sus manos. Así pasaron las horas, supongo que alguna que otra paliza le caería en el calabozo-no estaba el aceite para buñuelos en España, y tampoco eran tiempos para la lírica-. Cuando ese día llegó la hora de comer y de cenar, mi amigo el ex comisario salió a la tasca más cercana, tras llenar la barriga, compró un bocadillo de embutido-tanto a la hora de comer, como a la de cenar-, y en ambos momentos, al entrar en la sala donde estaba el detenido, se lo ofreció, diciendo: “ Anda, toma come, que estos te quieren matar de hambre. Pero yo eso tampoco voy a permitirlo”. El reo comía, sin abrir casi la boca, sin agradecer que el comisario, le pagara la comida de su propio bolsillo.

Pero ese agradecimiento llegó días después, pues en un intento de fuga, este delincuente, hirió a varios policías, no recuerdo si tras su actuación murió alguien, pero cuando estuvo a punto de huir, el comisario se le planto delante, el delincuente levantó el arma y le apuntó al pecho, pero, al darse cuenta que la persona que estaba ante él era el comisario que le había subido los bocadillos, apartó la pistola y lo golpeo con la culata en la cara, dejándolo herido, pero sano y salvo. Tras ser de nuevo detenido y puesto a buen recaudo, mi amigo el ex comisario le preguntó el porque de su acto. A lo que él contesto sin más: “Eres el único polizonte que me ha tratado como un ser humano, no merecías morir de una forma tan cruel”.

Hoy me acordaba de esta anécdota, que mi amigo nos contó con todo lujo de detalles, mientras nos calábamos hasta los huesos en la puerta del museo más importante de España. La he recordado con más cariño si se puede, pues mi amigo no murió de una forma cruel aquel día, sino que lo ha hecho ayer, en su casa, rodeado de su familia. Que la tierra le sea leve.


miércoles, 16 de mayo de 2012

PENSAMIENTOS DE LA GENERACIÓN PERDIDA, O CARTA ABIERTA AL GOBIERNO. EL DE HOY, EL DE AYER Y EL DE MAÑANA.


Es muy viejo ya, lo de las dos Españas digo, de facto diría que se pasó del monta tanto, tanto monta, a los cainitas enquistados sobre el suelo patrio. Mucho más antiguo que Antonio Machado y su “Españolito que vienes al mudo te salve Dios...”. Tan antiguo que a veces se nos olvida, se nos distorsiona la idea de que luchamos contra enormes molinos de viento.

Hablando de Antonio Machado, hay otra cita que me viene a la memoria en esta época, y que se acerca bastante a la realidad, por lo menos bastante más de lo que se acerca cualquier político o pseudo-político español y europeo. La cita reza así: “En España lo mejor es el pueblo. Siempre he sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan a la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera pero la compra con su sangre.”. Pensaba en ello, mientras leía los periódicos que hablaban sobre las últimas noticias acontecidas en Grecia, mientras la gente se suicida ante su congreso, prefiriendo morir a tener que robar, o buscar comida en la basura, y en la página de al lado-la impar del periódico, por supuesto, que quede claro cual es la noticia importante-, la señora Merkel, con alguno de sus secuaces, diciendo que no deben abandonar el Euro, y casi falta puntualizar a pie de foto: “La canciller alemana, a punto de nacionalizar la Acrópolis y la Musaka, cobrándose la deuda griega, deuda creada por ellos mismos para su disfrute.” Suena a coña marinera de tasca y aceitunas, pero tiempo al tiempo.

En España no estamos mucho mejor, no se crean. No me refiero a la intervención económica, ni a la prima de riesgo, ni a la prima tonta de Alemania, eso ya se verá. En este caso, estoy refiriéndome-o queriendo-, a los gobernantes que llevamos a las espaldas desde hace años, los que tenemos ahora, y los que tendremos en el futuro-más pronto que tarde-, no veo ninguna diferencia entre los políticos paniaguados, soplacaldos de hemiciclo que hoy venden Grecia, Italia, Irlanda, Portugal y un largo etcétera, a los que han vendido España tantas y tantas veces. Las más recientes, el trío de las Azores, con el país entero gritando en las calles NO a la guerra-y no a las guerras, como debió ser-, o el O.T.A.N no, pero con reservas, y luego vino la bajada de pantalones en toda regla, mientras todo el país negaba la mayor. Pero hay muchas más en la historia de este viejo y perro patio de vecinos que algunos llamamos España. Podemos ir más lejos, tanto que hace no mucho celebraron su bicentenario, pues a muchos se les olvida, que la gente, esa gente que calla y lucha por su país, sufriendo por fuera y por dentro vio en esta España, como primero su rey vendía su tierra a los franceses, y cuando los franceses fueron expulsados por ese mismo pueblo y su guerra de guerrillas tanto en la serranía, como en las calles de las ciudades, volvieron los mismos inútiles arropados por el manto y la corona real. No solo contentos con su población, que fue la que salvó y defendió su reino, mientras él-rey Fernado VII, el rey más analfabeto y zoquete de España, que hablando de España es mucho decir-,y su séquito se tocaban los huevos en la campiña francesa, bebiendo vino de Burdeos y comiendo ostras bretonas. Pues bien, no contentos con eso, a la vuelta colgaron y encarcelaron a esos valientes españoles, que habían creado la primera constitución y habían hecho de Cádiz-la única ciudad que resistió-, la ciudad más moderna de Europa, a la altura de Liverpool o Amberes. Pero el pueblo como siempre, calló, achantó la muy y siguieron adelante, defendiendo y respetando su tierra como siempre, hasta el día de hoy.

A eso me refiero, a esa gente que ahora por suerte no sale a la calle a defender lo que es suyo con cañones robados, navajas de siete puntos-clack, clack, clack...-, ni lanzaban aceite hirviendo desde las ventanas cuando pasaba por debajo el enemigo. Ahora desde pequeños estudiamos, estudiamos y estudiamos, obedecemos, porque sino la sociedad que hemos creado nos apuntará con el dedo, nos mandará a la esquina de pensar y nos humillaran de cara a la pared, no nos dejara ser felices, comprando nuestras cosas innecesarias, pero tan útiles en la estúpida sociedad que hemos creado, que nos hace seguir y seguir pasando por el aro, comportándonos, siendo civicamente domesticados, siendo estupidamente infelices porque no tenemos el coche del anuncio, o el vestido de la actriz de turno.

Tras pasar por todos los niveles de la educación obligatoria, llegas a la universidad, de nuevo allí, estudias, estudias y estudias, trabajas en verano, vacaciones o diariamente, dependiendo de como te vaya la cosa, mientras los gobernantes van cambiando, de color, de siglas, de mentalidad, pero tu sigues igual, cada vez las becas son menores, cada vez las ventajas son menos y cada vez las obligaciones son más. Cada vez aumentan más los políticos corruptos, analfabetos de mente cerrada, y que no solo han colocado a sus familiares en instituciones públicas, sino que además se llenan los bolsillos con descaro mientras hablan de recesión y de austeridad, y mientras tanto se ríen en nuestra cara. Algunos de ellos ex-presidentes del gobierno, de esos que privatizaron empresas públicas, para dárselas a algún amigo, y colocarse ellos después como consejeros, cobrando sueldos inflados, a la vez que cobran el sueldo vitalicio por haber pertenecido a ese circo llamado Gobierno de España. Ellos hablan de austeridad a familias donde todos sus miembros están en el paro, y tienen que vivir de la pensión del abuelo, mientras gastan miles de euros públicos a ala semana en estupideces tales como traductores del catalán, el vasco o el gallego en el congreso de los diputados, porque no quieren hablar en el mismo idioma, idioma que todos dominan-o deberían dominar, aunque lo dudo-.

Esos mismos golfos apandadores, ladrones con valija diplomática y puesto gubernamental, que nos intentan convencer de lo necesario que son los recortes de lo público, para salvaguardar el país, y también los bancos privados-sobre todo los bancos privados-, que se van a pique, porque los dirigen los políticos de esos mismos partidos, políticos que lo único que saben de economía, es que tiene que ver con la riqueza, pero no son capaces de ver que la riqueza va más allá de la suya.

No podemos trabajar, solo en el sector servicios, y mal pagados, porque les interesa, las universidades son tan caras, que solo van a poder estudiar los hijos de los ricos, de los señores, de los caciques, asique, tampoco podemos estudiar. Porque no quieren crear un país de grandes mentes que lleven el nombre de España por el mundo, prefieren un país de incultos, de población resentida con la cultura y que prefiera ver fútbol y programas grotescos de la televisión.

Quieren crear una sociedad de siervos, que eso fue España durante tantos años, un lugar de turismo, donde los turistas vienen a pasarlo bien y poco más, no a invertir, no a buscar cerebros. Eso es lo que quieren y lo saben bien, buscan volver atrás, buscan crear un país de gente que no se preocupe de temas económicos, ni políticos, que no salgan a la calle a pedir sus derechos, que voten una vez cada cuatro años-o cada cuarenta-, y por supuesto que sea a ellos. Lo acabaran consiguiendo, ya lo están consiguiendo, porque una crisis económica pasa en unos años, pero una crisis cultural, intelectual, educacional, permanece entre nosotros durante muchas generaciones. No se lo permitamos.

miércoles, 9 de mayo de 2012

SOBRE ESCRUTINIOS Y SENTIMIENTOS ENFRENTADOS.

Antes de las ocho de la tarde hora local, la ciudad del caos y del trafico y del bullicio, tornó, cambió, el ir y venir de la gente era más rápido, más descompasado, de lo que marcaría un domingo habitual, sobre todo en las zonas alejadas del bullicio turístico y de los rebaños de guiris, pastoreados por jóvenes estudiantes, o que se buscan la vida como buenamente pueden, o les dejan, algo digan raro, digan especial se respiraba en las calles y plazas de la villa. El final de la elecciones nacionales llegaba, esa misma noche se sabrían los resultados de la segunda vuelta. Pasé junto a una periodista de France 2, hablaba a cámara, parapetada tras un micrófono azul, decorado con el logotipo de las elecciones, ya empezaba el escrutinio dijo. Los gendarmes, vestidos con sus trajes de gala-entiéndase la ironía-,posicionaban sus porras, y sus gases de pimienta, sobre sus protecciones , y comenzaban a colocar los cascos en un lugar visible, las furgonetas de anti disturbios, comenzaban por decenas a ocupar posiciones por todo el centro de París, sobre todo y en sobre manera en las inmediaciones de la Plaza de la Bastilla. Hacía allí me dirigía.

Los coches, las motos no dejaban de hacer sonar sus claxons, mientras circulaban por las calles de la ciudad, ignoro si con destino fijo, o simplemente paseando su alegría y haciendo participe de ella a sus convecinos. Los policías nacionales, apartados de sus funciones habituales por los miembros de la gendarmería, se dedicaban a regular el trafico, o a cortar las calles colindantes, evitando el jaleo, y el bullicio, todas las avenidas que llegaban desde el río, o desde los bulevares al centro de la plaza de la Bastilla, estaban cortadas a todo el tráfico rodado, daba gusto pasear por las anchas calles, que siempre están repletas de vehículos. En las esquinas, aparecían para hacer negocio, varios carromatos, furgonetas, y cajones, llenas de todo tipos de comida, de todas la nacionalidades y olores, mucha gente ya hacía cola, con su bandera en el hombro y su perrito en la mano. Por delante de uno de estos quioscos de viandas, pasó un padre en una bicicleta con carrito, donde llevaba a su hijo, detrás de ambos, una bandera del partido de la izquierda-cuarto en las primera vuelta-, ondeaba con el río Sena al fondo.

Una manzana antes de entrar en la Plaza de la Bastilla-centro de revoluciones antiguas y ahora tomada por el pueblo como su plaza-, una ambulancia del hospital cercano, su conductor pasaba aporreando su bocina, y el copiloto-ambos vestidos de blanco y la cruz en el pecho-, grababa con un teléfono móvil de última generación toda la gente que aparecía en el recorrido de su regocijo. Desde las ventanas-mucho más concurridas de lo normal-, gente descorchaba botellas de champán, brindaban, y gritaban cada vez que la televisión daba un recuento de los votos, mientras banderas del partido-futuro-,vencedor, colgaban de sus ventanas. Entre tanto, yo avanzaba hacía la plaza donde se levanta la Columna de Julio, en honor a los muertos en la revolución de octubre, bajé la vista y mis ojos vieron en el suelo confeti.

En la puerta del supermercado Monoprix, dos vagabundos habituales de ella, que cuentan con su residencia fija sobre las puertas de este, saltaban contentos, saludaban a la gente que pasaba a su lado, y gritaban a la vez que lo hacían las personas que circulaban en el interior de los coches que hacían sonar sus claxons-nunca les había visto sonreír-, y ahora se abrazaban entusiasmados, como si el cambio fuera a servir de algo en sus vidas, como si sus penalidades, el frío que sufren por las noches, o el tener que buscar la comida que caduca ese mismo día y que los empleados del supermercado, apartan con cautela, sabiendo que ellos la volverán a sacar del contenedor de basuras, solo unos instantes después de que ellos desaparezcan por la puerta del fondo, pero lo cierto, es que la felicidad, al igual que la tristeza o el malestar, se contagia. Aún pensaba en los dos hombres, cuando se cruzo en mi camino una niña, de unos cuatro o cinco años, rubia y con una gran sonrisa, al pasar junto a ella, me fije, con una de sus pequeñas manos agarraba el brazo de su madre, con la otra, agarraba como buenamente podía una rosa roja.

Entrar en Bastilla y ver lo que es la otra cara de la política, la columna de Julio, casi siempre inalcanzable por el trafico rodado, permanecía recta y ducha, a pesar de que su base, llena de restos mortales de sus antiguos héroes, estaba tomada por la muchedumbre y sus banderas, eran de muchos tipos y filigranas, aunque abundaba el color rojo. En la pantalla gigante del fondo, situada donde hasta hace unas horas estaban dos expedidurias de churros y algodón de azúcar, justo donde nacen los bulevares, Sarkozy, aún presidente de la república, sucumbía y con cara sería y bajo los abucheos de las miles de personas que abarrotaban la plaza, reconoció su derrota y felicitó a Hollande, a la sazón nuevo presidente. La plaza estalló en aplausos, y la gente brindaba de nuevo.. Una chica joven, con un gorro con la bandera de Francia, saltaba a hombros de un hombre, mientras otra a su lado, mostraba una foto enorme del ya antiguo presidente de la república junto al desaparecido dictador libio. Eran poco más de las ocho y veinte minutos de la tarde

Seguí con mis pensamientos, comparando Francia y España, y me dí cuenta de algo, ese algo en el que los vecinos nos ganan de largo. En menos de veinte minutos, tanto el presidente saliente, como el entrante, habían dado la cara, ante la prensa y ante los habitantes del país, se habían felicitado, y no se habían regocijado, tirándose mierda el uno al otro, mientras los restos caía de lleno entre el pueblo que les vota.

Esta es mi humilde crónica de las elecciones generales francesas, lejos de datos y discursos. Poco me importan, las he visto y vivido desde lejos, o desde cerca, depende de como se mire Simplemente puedo narran con exactitud lo que ví, y sentí en las calles de la ciudad. La otra política, la otra felicidad.


miércoles, 2 de mayo de 2012

OTRO PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE.


Como todo en la vida, deberíamos comenzar por el principio, que es hacer las cosas como debemos. Lo cierto, o lo problemático en la situación que vivimos hoy, nosotros y mucha más gente afectada por la mal llamada crisis económica internacional, pues más que una crisis es una estafa, una estafa creada por esos mismos que ahora salen a la palestra a defendernos contra el Banco Central Europeo, o las agencias que se dedican a subírnos la prima y a mentarnos la madre a partes iguales, que es en lo que andamos ahora.

El caso, es que ese principio que propongo, sufre un cambio, cuando leo las noticias de los periódicos españoles, y aún peor cuando hecho a mi faltriquera diarios de otros países europeos, donde se ve mejor y más objetiva las políticas españolas, cosas que desde ciertos medios de la vieja España, es imposible, tanto que es hasta insultante, para el oyente, lector o televidente, que no esta afilado a uno u otro partido político, que es lo que se lleva ahora para trabajar en prensa, pues, no vale lo bueno que seas, las notas que hayas tenido durante tu formación universitaria, ni los idiomas que hables, lo importante es tu ideología, y cuanto más radical mejor que mejor, y de paso, si con la entrega del curriculum, mandas una fotocopia de tu carnet de afiliado a uno de los dos partidos, pues miel sobre hojuelas.

Vayamos al grano, cuando hablamos de incertidumbre a secas, nos referimos a un termino muy español, durante toda la historia de nuestro país si hay alguna palabra que la pueda describir a la perfección es esa palabra: INCERTIDUMBRE, por lo menos en los últimos quinientos años.

La Real Academia de la Lengua Española, dice así. Incertidumbre: Falta de certidumbre. Sin más, lo cual nos lleva a buscar la palabra certidumbre. A ella, se refiere el diccionario de la R.A.E, con lo siguiente.
Certidumbre: (Del lat. Certitûdo, Inis).
1.- Certeza. (Conocimiento seguro y claro de algo).
2.- ant. Obligación de cumplir algo.
Y en cuanto al Principio de Incertidumbre, todo cambió un día de 1927, cuando el físico Werner Heisenberg, especialista en mecánica cuántica, formuló la teoría con este mismo nombre. Este principio establece la imposibilidad de que determinados pares de magnitudes físicas sean conocidas con precisión arbitraria. Sucintamente, afirma que no se puede determinar, en términos de la física clásica, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas, como son, por ejemplo, la posición y el momento lineal-cantidad de movimiento-, de un objeto dado. En otras palabras, cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimiento lineal y, por tanto, velocidad. Esto implica que las partículas, en su movimiento, no tienen asociada una trayectoria definida como lo tienen en la física newtoniana.

Hablando en plata, cuanto más te centras en mejorar o en intentar suavizar una situación, pierdes de vista, y dejas de valorar la cantidad de elementos secundarios o cercanos que te afectan, de forma intrínseca, primordial y necesaria. Hay veces, acabando lo dicho, en que cuando la realidad te ahoga, cuando la sociedad se angustia en sobre manera, no viene mal buscar la parte positiva, y reírse a la cara de los problemas. Tal vez solo sea un principio de incertidumbre, pero es un un principio. Tan valido como cualquier otro.

En nuestra historia hay muchos principios de incertidumbre, tantos que en alguna ocasión, se han solapado unos sobre otros, principio de incertidumbre sobre principio de incertidumbre, haciendo que no se vea la luz al final del túnel, ni a lo lejos tan siquiera, esa es una de las situaciones actuales, tan grande son los principios y las incertidumbres que nos rodean, que nos asolan, que nos llevan a la desesperación, al miedo al futuro y al odio a la humanidad, que son más grandes los monstruos que las esperanzas. De eso se valen los gobernantes, del miedo para dominar a las masas, y no hay mejor medicina para eso que la lucha, pero sobre todo el humor.

En eso somos los primeros en el mundo, los mejores, en reírnos de nuestras propias necesidades, de nuestras desgracias, no ha habido principios de incertidumbre, o incertidumbres a secas, por muy grandes y agrias, que no hayan tenido su contestación en forma de humor, esa es nuestro antídoto, nuestra cura, para que durante estos años no nos hayamos ido por el sumidero, o por lo menos no del todo. Pues en España, todo hasta lo más trágico, acaba en chirigota gaditana.

Por ello, les invito a seguir esta publicación, en primer momento quincenal, donde se darán cita, tanto cuantos clásicos llevados a la moderna España, como las nuevas fábulas de nuestra sociedad, lo que es en fin, las antiguas coplas-ya saben esa de con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas tirabuzones-, las siempre presentes y ya nombradas chirigotas y el humor gráfico. En fin, convertir el dolor y la tensión en risas y cachondeo. Algo tan español que duele.

Por eso, si les apetece sacarle la parte buena a la cascada de malas noticias, les invito a disfrutar de esta nueva página, de forma quincenal.
http://cuentoschinosespanoles.blogspot.fr/


miércoles, 18 de abril de 2012

UNA LECCIÓN TARDÍA.

El día era soleado, demasiado cálido para el final del mes de septiembre, pero de pronto varió, la causa era clara, el cambio de lugar, pasar de una ciudad rodeada de coches, de gente, del calor del asfalto. Ahora, de repente estaba ante el mar Cantábrico en toda su extensión, en todo su esplendor, el aparcamiento estaba relativamente al lado del faro, pero quedaban aún varios minutos a pie hasta su base.


Según me iba acercando a la construcción, utilizada para marcar el rumbo y avisar del peligro rocoso a los barcos, el aire iba en aumento, al principio el frescor, el aire frío se agradecía, era mucho mejor, y más soportable que el calor de la capital ovetense, esta, hacía que el cortavientos de plástico azul se hinchara, como si de un pequeño globo andante se tratase, era molesto, pero nada parecido con lo que sentí aquella noche en el cabo da Roca,-entre Estoril y Cascais, el punto más al oeste de la Península Ibérica-, donde dos tipos altos y fuertes tuvimos que agarrarnos de los hombros, para que los golpes de aire provenientes del Océano Atlántico, no nos hiciera dar con nuestros cuerpos en el suelo.


Poco a poco, me fuí aproximando al pequeño parque que se abría justo a la entrada del faro, un parque simple, tal vez un poco pobre, pero sobre todo verde, muy verde como es lógico en la zona, visite el interior, donde se ha creado un museo de esos, que nacen como hongos en época de lluvias por los bosques, los hay de todos los tipos, desde museos de trillos, a museos del pan o del vino, de botijos o del macramé, la cosa es trincar del estado, del plan europeo o de la Santa Compaña. Allí, como les digo, esta el museo de los faros y de la historia de los fareros. Tras una leve visita, pues a pesar de que el tema era interesantísimo, el espacio es mínimo, y por lo tanto no tardé mucho en visitarlo, al salir, perdí un poco más de tiempo observando una replica en piedra-y algún material más que desconozco u olvidé-, de un tiburón, con cara de fiera y dientes de goma, colocado justo en la puerta.


De nuevo, fuera de la construcción el aire había aumentado en su fuerza, y en su constancia, comencé a pasear por los alrededores, visitando los acantilados cercanos, los prados y disfrutando del paisaje. Hasta que de pronto, vi bastante jaleo a lo lejos, allí un grupo de gente, vestidos con monos blancos, se movían entre las piedras cercanas a donde rompían las olas, dos furgonetas de grandes dimensiones estaban paradas en el camino que salia de mi sendero. Sin más, me acerqué.


Allí, me encontré con unos cuantos jóvenes, recién salidos de la universidad de biología, y a un par de ancianos, que descansaban sentados en unas rocas, un tanto alejadas de lo que sería normal para unas personas de su edad. Pronto, tras ver que los chicos se dedicaban a recoger muestras de las plantas que asomaban, y las guardaban en simétricos recipientes de vidrio, me senté junto a la pareja de ancianos.


Tras un leve saludo, y que sus miradas intentando reconocerme, me saludaron, y comenzamos una pequeña charla, que giró en todo momento sobre la labor del grupo de jóvenes biólogos. No saque nada en claro, la verdad, simplemente me explicaron lo que los chicos hacían, sin saber ellos tampoco porque o para que lo hacían, entre medias, alguno de ellos comenzaba a hablar sobre mar, y otros tiempos, pero pronto volvían a lo suyo, a comentar la actividad nueva que tenían ante sus ojos, y a la par, comentar lo guapa que era una u otra de las biólogas, que pasaban junto a ellos, de vez en cuando sacaban un paquete de cigarrillos, y prendían uno, no recuerdo de que marca, tal vez nuca la ví, pero si recuerdo que era tabaco negro, hay olores que no se pueden esconder, por muy al aire libre que se esté, y por mucho que el viento sople.


El caso, es que cuando los jóvenes ya se disponían a irse, uno de los viejos se levantó y los interceptó de buenas maneras, sin más, se acercó a la chica a la que no hacía mucho, había estado piropeando entre ellos, como si de meros quinceañeros se trataran, y la preguntó simple y llanamente, que qué era eso tan importante que estaban haciendo allí, con tanto mono, tanto bote y tanta parafernalia.


A lo que la chica tras una carcajada le contestó, que estaban haciendo estudios de las algas que crecían en la zona, para intentar comercializarlas, entre otras cosas en cosméticos y para la alimentación. La cara del hombre fue un poema, primero obvio lo de los cosméticos, no se si no le interesaban, o simplemente no sabia a que se refería la chica con ese palabro, y saltó directamente sobre lo de la alimentación.


¿Como que para la alimentación?, ¿estas algas se pueden comer?. La chica mientras se quitaba el mono y lo guardaba en una bolsa, le contestó con buena cara y picardía, que sí, que lo van a estudiar, pero que con un leve tratamiento y tras la revisión del ministerio de sanidad, las algas que crecían alrededor del Cabo de Peñas, se podrían comer sin más.


La chica, se alejó con el grupo camino de las furgonetas, para volver a la ciudad, y el hombre, volvió sobre sus pasos a sentarse junto a su colega, al principio nos miraba y no decía nada, pero tras sacar un nuevo cigarrillo de su bolsillo, dijo, mientras lo prendía: De saber yo que las algas estas se podían comer, iba a pasar yo el hambre que pasé durante la guerra.

miércoles, 11 de abril de 2012

EL OBISPO HEREJE.

Hace no mucho, releía un pequeño libro de historia, escrito por un reconocido historiador, al que ya hace bastantes años, tuve la oportunidad de escuchar en varias charlas sobre historia de España. El libro en cuestión, habla de lo perdedores de la historia de España. El libro no es fino, todo lo contrario, pero si de verdad recogiéra a todos los perdedores de la historia de la perra España, debería ser del tamaño de la Espasa-Calpe.

En fin, como les digo, repasa un número de perdedores de la historia de España, desde cuando este solar de compadres, primos, mentecatos, meapilas y creyentes a pies juntillas, era una provincia del Imperio Romano, hasta casi nuestros días. Digamos para aclarar el asunto, que son todos los que están, pero que no están todos los que son. El caso, es que encontré la historia de un cierto individuo, un viejo conocido, un tipo peculiar de principios del siglo IV de nuestra era.

Su nombre es Prisciliano, y es conocido por ser el primer hereje español, siendo además de eso, obispo y mártir, casi nada. Nació en el norte de la por entonces Hispania, parte del Imperio Romano, como ya les he comentado, se supone que nació en el seno de una familia pudiente, de origen noble, se cree que senatorial. Lo cual, como ocurre hoy le abrió muchas puertas en su educación-ya ven por entonces no existía la privatización de la educación, pero ya se usaba eso del que tiene padrinos se bautiza-.

Debido a su posición social, Prisciliano fue enviado a estudiar a Burdeos junto al retórico Delphidius. Pasando bastante de sus enseñanzas, se centró en otras enseñanzas más especiales, digamos, como la astronomía y la magia, enseñanzas en las que se vió reflejado, y pronto se volvió especialista, llegando a formar a las afueras de la ciudad francesa-o lo que fuera por entonces-, una comunidad, desde allí y aún con pocos seguidores, comenzó su época de predicación y crítica. Pues desdeñaba a la iglesia oficial, y su unión con el Estado Imperial, así como la corrupción, y el enriquecimiento de las castas superiores de la iglesia. Como ven han pasado muchos siglos, pero pocas cosas han cambiado.

Su política de crítica, y su forma de ver el futuro y el sentido de la moral religiosa, pronto le hizo tener muchos enemigos, pero a la vez, hizo también que aumentar rápidamente el número de seguidores, que creían como él, que la jerarquía religiosa e imperial vivían por encima de sus posibilidades-seguro que esto también les suena-. El enfado de las altas castas del Imperio Romano, fue más, cuando se dieron cuenta, que además de trabajadores, obreros, y mendigos, se unían a Prisciliano gente de buenas familias, familias ricas, e incluso hombres de Dios, que al igual que él, veían necesario una evolución, un cambio profundo en la realidad existente.

No se tardó mucho en denominar al grupo, y sus miembros como Priscilianos, curiosamente además el cabecilla, recibió el obispado de Abula, actual Ávila, desde donde amplió su influencia y sus seguidores por toda Hispania, llegando a Francia y al norte de áfrica. Ante la rápida extensión de sus enseñanzas, algún obispo de los de cobrar mucho y trabajar poco, puso sobre aviso al obispo de Emérita Augusta, sede principal. El resultado de esto, fue un concilio en la antigua Zaragoza, donde perdió el obispado de Ávila y recibió la primera condena-poco creíble y fuerte-, a él y a todos los seguidores Priscilianos.

Este, ni corto ni perezoso, cogió un hatillo y a varios de sus seguidores más fieles, y se plantó en Roma, a pedir que le devolvieran su puesto y le eximieran de la condena en el concilio, por la que le querían acusar de herejía. En el primer viaje, no consiguió nada, pues allí estaban bastante liados, clavándose puñales por la espalda, para intentar conseguir alguno de ellos, ser el primer Papa oficial de la iglesia católica.

El viaje, lo repitió, y en esta ocasión, si lo hicieron caso, tal vez más del que él pensaba, pues por entonces, ya había Papa, uno que no comulgaba-y nunca mejor dicho-, con su nueva forma de enseñar la palabra de Dios, y le puso las cosas claras. Prisciliano salió de allí furioso, y tras sobornar a varios miembros de la burocracia eclesiástica abandonó Roma, pero a su vuelta a Hispania fue detenido a su paso por Tréveris, y entregado a las fuerzas del Imperio Romano, que para su desgracia, por aquel entonces, ya comenzaban a guiarse por el cristianismo más puro y rancio.

Fueron acusados él, y varios de sus seguidores más próximos, entre otras muchas penas, se les acusaba de herejía, por usar la astronomía y la magia. De oficiar misas nocturnas en bosques con hombres y mujeres en pelos (desnudos), de cambiar el pan y el vino, por queso y uvas. Permitir a las mujeres oficiar el culto, promover y promulgar el agnosticismo y el maniqueísmo, así como de haber engendrado un hijo con una seguidora.

Finalmente fueron condenados a muerte, y entregados a tajo con hacha-decapitados-. Y el resto de priscilianos fueron perseguidos, hostigados, torturados y ejecutados. Tal como la iglesia católica ha hecho tantas y tantas veces después, con los Templarios, con los Cátaros o albigenenses y con todos aquellos que no piensan como ellos, y deciden que la palabra de Dios, no tiene nada que ver con la palabras de los humanos, situados y apoltronados en las altas instancias de Roma.

miércoles, 4 de abril de 2012

LA BURLA NEGRA.



Pontevedrés, el séptimo hijo de catorce hermanos, analfabeto pero espabilado, cruel, sanguinario y arrogante. Fue un pirata en toda regla, sin romanticismos, ni medias tintas. Su nombre, Benito Soto Abial, el único pirata español que llegó a hacerse famoso en los mares, bajo la bandera negra. Y además, considerado como el último pirata a gran escala de la historia. Un buen pájaro, hablando en plata.


Ya de jovencito se dedicaba al contrabando en su tierra, pero con dieciocho años, la costa gallega se le quedó pequeña, y partió con destino a Cuba. Llegó finalmente a El Caribe, en 1823 con 23 años, se embarcó en un barco corsario de bandera brasileña, que trabajaba como barco negrero-un bergantín de diecisiete cañones y bautizado como El defensor de Pedro-. A pesar de navegar en los primeros tiempos bajo una patente de corso-ya saben, un papel firmado por el rey de turno, que permite saquear a todo barco contrario al país. Eso sí, dando un tanto por ciento al rey de marras-, con la cual se dedicaba a rascarle las asaduras a la República de Buenos Aires, mientras llevaba esclavos negros desde África a Brasil.

Pronto, sus ganas de poder florecieron, entre el gallego y sus seguidores de a bordo, fue entonces cuando el capitán del bergantín y sus hombres decidieron quedarse en puerto, esperando un motín a bordo próximo, encabezado por Soto Abial. Así era, pues en motín estaba preparado, aunque finamente no fue necesario. Rápidamente el pirata español, se hizo con la capitanía del bergantín El defensor de Pedro, que rápidamente fue rebautizado como La Burla Negra. No contento con eso, Benito Soto, ordenó, primero encarcelar y luego asesinar a su segundo de a bordo, compañero en el motín, y a la vez enemigo. Fue así como comenzó a fraguarse la historia primero, y después la leyenda del último pirata.

Tras hacerse con el dominio completo, el pirata Soto, decidió apartar de sí la patente de corso, del gobierno brasileño y comenzar su labor de asalto, como un pirata más. Su primera victima, tenía bandera inglesa, una fragata-mercante, llamada Morning-star, siguiendo con una fragata norteamericana de nombre Topacio, donde se hizo con un buen botín. Matando, saqueando, acuchillando a todos sus tripulantes, y hundiendo la fragata al abandonarlo. Demostrando a todos su sadismo por vocación, y que no se andaba con chiquitas, pues mando asesinar a algunos de sus tripulantes que no comulgaban con su sangrientos abordajes. A los que hubo que añadir, otro bergantín inglés El Britckbarca,entre Las Azores y Cabo Verde, y cerca de las Canarias, le picó el billete a la fragata y a toda la tripulación, también inglesa del Sumbury, entre otras muchas embarcaciones, que se fueron cruzando en su camino, hasta llegar a la costa de A Coruña, donde falsificó la documentación del bergantín, y vendió a buen precio todo el botín conseguido en sus sangrientos abordajes.

Pero claro, toda historia tiene su aquel, y esta lo encontró en la costa gaditana. Pues el bueno del pirato Soto y su Burla Negra, se dirigían a la costa de Berbería a vivir de las rentas y del temor infundido por su historia y la mili que llevaba a cuestas, cuando como si de un colegial se tratase, cometió un error de bulto, tanto que parecía nuevo en un barco. Pues al bordear la costa gaditana, copnfundió el faro de la Isla del León, con el de Tarifa, y acabó encallando a tiro de piedra de donde ya había abierto sus puertas el Ventorrillo del Chato. Allí, las autoridades de Marina hicieron la vista gorda, hasta que un marinero inglés, que había sufrido en uno de sus violentos abordajes, los reconoció, y finalmente fueron detenidos. Todos salvo el capitán, pues Soto Aboal, consiguió escapar de Cádiz, y refugiandose en Gibraltar, donde fue detenido poco después.

En la huida, le salió el marrano mal capado, pues la colonia inglesa, conociendo el historial del español, y contando la cantidad de muertos ingleses y de barcos de dicha bandera hundidos por el pirata, se lamieron las buces, pensando ya en el momento de su ejecución. Paso 19 meses encarcelado en el Peñón, mientras sus antiguos compañeros eras ejecutados, despedazados y sus cabezas expuestas en Cádiz, intentando así Fernando el séptimo, hacer valer su podrido y caduco poder ante la gente liberal de Cádiz, que había cometido el error de crear la primera constitución española, mientras el vendía el país a los franceses.

La ejecución por ahorcamiento de Benito Soto Aboal, no fue menos curiosa que su vida. Fue el 25 de enero de 1830, la lluvia que caía sobre Gibraltar empapaba al reo, al cura, al verdugo y a la gente que esperaba el ajusticiamiento junto al cadalso. El gallego de blanco absoluto, recorrió a pie la distancia de la cárcel, sitúa en El Castillo del Moro, hasta su lugar de ejecución. Como buen gallego, rudo y sin aspavientos acogió su culpa, y se acercó a la soga, que el verdugo había colocado demasiado alta. Pero Soto Aboal, ni corto ni perezoso, acercó el ataúd, su propio ataúd, que ya lo esperaba, y subiéndose en él, introdujo su cabeza en la hora, saltando después rápidamente, para que la muerte llegara antes. Pero, de nuevo el verdugo calculó mal, y el reo llegó con lo pies al suelo, teniendo que hacer el verdugo un agujero en el suelo con una pala, entre la risa generaliza del personal que esperaba la muerte del reo. Las últimas palabras de Benito Soto Aboal, no fueron de reproche, ni de perdón, simplemente dijo “Adiós a todos, el espectáculo a terminado”.