miércoles, 10 de junio de 2009

LA EXPEDICIÓN MALASPINA

Fue marinero, ilustrado e inteligente, mucho más de lo que se puede decir de los políticos y gobernantes de su época, su nombre, Alejandro Malaspina, español de origen Italiano, sobrino del virrey de Sicilia, él, aprendió todos los rudimentos de navegación en la isla de Malta, viajero empedernido y luchador nato, recorrió el globo varias veces, y paso la mayor parte de su vida repartiendo estopa a todo británico que se le ponía a tiro, en esa época la lucha contra la Pérfida Albión era el caramelo más deseado en las manos de un mercenario español.
No tuvo una vida fácil, se puede decir que fue uno de los grandes perdedores de nuestra historia, un gran hombre que hizo mucho por su país y que fue relegado, olvidado y su honor pisoteado por sus gobernantes, cuatreros con valija diplomática y analfabetos a partes iguales, incluso fue denunciado ante la Inquisición por hereje- como ven, también tenía buenos amigos-, aquí, fíjense, tuvo, suerte y no fue juzgado, porque ese mismo año participo en el tercer asedio de Gibraltar, y no cabía duda, por muy inquisidor que se sea, un tipo como Malaspina estaba mejor dando cañonazos a los protestantes en el peñón, que ardiendo en una pira de las afueras de Madrid por culpa de una posible acusación falsa- como la mayoría- de un compañero o vaya usted a saber de quién.
El caso es que un día de 1788, él y su amigo José Bustamante y Guerra convencen a Carlos III para llevar a cabo una expedición político-científica por la mayor parte de las posesiones españolas en el mundo, el rey casi en su lecho de muerte acepto y ese mismo año zarparon dos corbetas -la Descubierta y la Atrevida- del puerto de Cádiz. Embarcados en ellas, además de los dos intrépidos viajeros, iban, botánicos, geólogos, astrónomos, cartógrafos y dibujantes. Durante más de seis años recorrieron  América y Asia, desde el río de La Plata a Vancouver y desde California a Manila, portando a la vuelta una cantidad ingente de información, colecciones de botánica y mineral y más de setenta nuevas cartas náuticas de América, más información de la que recogería ningún marinero o estudioso en toda la historia de España. Con  esta carta de presentación sería lógico pensar que a su vuelta fueran recibidos con todos los honores, se les levantara una estatua y fueran recordados como unas de las personas más importantes de la historia del país, pero no, esto no es Francia, aquí a nuestros héroes en vez de ponerles una placa, les apaleamos, así, es la vieja España, desagradecida, corrompida y oportunista, no se sorprendan, en tres siglos tampoco ha cambiado tanto.
A su vuelta en el año 1794, ya no gobernaba Carlos III, partidario de la contribución al enriquecimiento de la cultura, sino su hijo, Carlos IV – otro al que le gustaba cantar por las mañanas-este, dijo que le presentara el informe del viaje a su primer ministro, Manuel Godoy, uno de los mayores ineptos que ha gobernado España, -con permiso de Fernando VII, claro- y el primer ministro al recogerlo le dio una palmadita en la espalda de Malaspina, lo nombro brigadier para quitárselo de encima y le dijo, “ya te llamaremos”, que ahora no podemos publicar nada de estas cosas, que el asunto muy mal con esto de la guerra del Rosellón tenemos a los gabachos pinchándonos el culo, vamos, que no está el horno para bollos, ni las arcas para gastar dinero en eso de la cultura.
Si todo esto hizo caer en el desconcierto y  el desengaño al soldado Malaspina, la resolución  tomada por Godoy después de leer el informe del viaje, le acabo de abrir los ojos, en el informe político y confidencial, se hablaba de forma favorable de la idea de ampliar la autonomía de las colonias, esto fue tomado por Godoy como un acto de traición contra el reino.  Alejandro Malaspina viéndose sentenciado por los acontecimientos, decidió morir matando, y participo en la conspiración de 1795 para derribar al primer ministro, no cabe duda, los tenía bien puestos. La revolución fracaso, y tras un dudoso juicio, fue a dar con sus huesos a la cárcel de un castillo de La Coruña, cierto es, que aunque este movimiento no fructifico, dejo sentenciado el poder de Godoy y años más tarde se fraguará su caída definitiva durante el motín de Aranjuez, de 1808.
Finalmente al defenestrado Malaspina lo salvo Napoleón, “le petit francés”, lo deportó a Italia, donde fue parte de la idea de gobierno napoleónico en esa península, por supuesto, no volvió a pisar tierra española en el resto de su vida.
Por otro lado su trabajo de  investigación estuvo amontonado e inutilizado durante noventa años, cuando Pedro de Novo decidió hacerlo público, pero de forma parcial, ya que una gran parte de los estudios se perdieron para siempre. Hoy en día, su labor aún no ha sido reconocida, su figura sigue a la sombra de otros viajeros, como Cook, La Pérousse o Bougainville. El nombre y la obra de Alejandro Malaspina no figura en la memoria colectiva, ni en los libros de historia, tampoco sus retratos cuelgan de las paredes del Prado, ni del museo naval. Como las de otros muchos, valedores de nuestra cultura, nuestra historia, olvidados y despreciados por la grande y perra España,  país de desagradecidos, por eso hoy cuento su historia, para recordar su valerosa actuación en pro de la cultura y la investigación, y para que figure como debería. 

1 comentario:

  1. He tardado un poco pero aquí estoy, leyendo tus historias y opiniones. Me alegro de que te hayas decidido a escribir porque cuando me lo dijiste se te veía con ganas. Bueno, pues despues de leer algunas cosillas te diré que me seguiré asomando de vez en cuando para ver lo que te cuentas.

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