miércoles, 1 de julio de 2009

ERA INQUIETO Y LABORIOSO

No quiero hacerle un homenaje, nada de eso, él era tan modesto como riguroso, además personalmente pienso que los homenajes se deben hacer con el homenajeado delante, en vida, para que pueda disfrutarlo y opinar sobre ello, en los homenajes póstumos siempre hay mucha palabrería hueca. En muchas ocasiones, si el finado es un personaje público, esta palabrería aparece en boca de políticos y personas pertenecientes a distintas instituciones, las cuales, muchas de ellas ni siquiera conocieron al homenajeado, no lo quisieron bien, ó simplemente no le hicieron ningún caso en vida. Esto es un recuerdo, un guiño hacia un maestro, de parte de uno de tantos historiadores,-entre los que generacionalmente me incluyo-, que acudieron a alguna de sus clases.
Julio Valdeón,- al que me refiero-, falleció hace unos días en un hospital de Valladolid, a los setenta y dos años de edad. Fue catedrático de historia medieval durante más de treinta años en varias universidades españolas: la Complutense de Madrid, la universidad de Sevilla y la universidad de Valladolid. Posiblemente el mayor medievalista de las últimas décadas, y sin duda, el mejor homenaje que recibió a lo largo de su vida, fue ver a diario como sus alumnos llenaban las aulas para oír al erudito hablar sobre historia medieval, esa historia tan vilipendiada y olvidada por la mayoría, pero de gran importancia, pues sentó las bases de la sociedad en la que ahora vivimos. Él siempre la defendió a capa y espada durante todos los años que se dedicó a la docencia y la investigación,-como demuestra la gran cantidad de libros que escribió-. Este estudio y esta defensa del medievo, lo llevo a formar parte de la Real Academia de Historia y a recibir el pasado año 2004, el prestigioso premio nacional de historia por una minuciosa obra sobre el rey Alfonso X, gracias a su estudio, a su dedicación y a sus esfuerzos, la historia medieval española sufrió la mayor renovación de su historia -nunca mejor dicho-, la llevo en volandas hasta el lugar que merecía, por lo que su nombre es imprescindible cuando se habla sobre estudios medievales en las últimas décadas.
La vida de Julio Valdeón estuvo enlazada a muchos de los importantes acontecimientos históricos de la reciente historia de España, nació el 21 de julio de 1936, solo unos días después de que estallara la guerra civil en el país, se crió en el seno de una familia republicana y socialista, vio como su padre era fusilado a finales del mismo año en el que Valdeón vio la luz, estudió en la escuela marxista universitaria. Ya durante la transición fue uno de los máximos impulsores intelectuales de la autonomía de Castilla y León, así como uno de los primeros covocantes de la fiesta que todos los 23 de abril celebra el día de los comuneros en Villalar (Valladolid), también en el año 1977 se presento por las listas del partido comunista a las primeras elecciones libres después de una larga dictadura. En los últimos veinte años formó parte de dos comisiones, la primera, una comisión dedicada a la reforma de la enseñanza de historia en la educación secundaria -lastima que los ministros de educación no sigan el ejemplo de personas como Julio-. Su segunda participación en una comisión fue en la que se dedicó a resolver el contencioso de los papeles del archivo de Salamanca sobre la guerra civil,-asunto que aún colea-.
La última vez que lo vi, fue en uno de los pasillos que unen la biblioteca con la puerta de entrada de la facultad de filosofía y letras, en Valladolid. Llevaba traje y su pelo blanco peinado hacía atrás, apenas cruzamos un saludo y cuatro palabras. No fui alumno suyo, pero si asistí a varias de sus clases durante los años que estudie en la facultad donde el impartía conocimientos, siempre me valió la pena sacar un hueco de vez en cuando para oír al maestro, él me enseño que lo importante para un historiador no es recordar fechas, eso lo puede saber cualquiera,- todo está en los libros-, un buen historiador debe ir más allá de fechas y nombres, viendo de forma general los echos, y solo con eso saber cuando y porque se desencadena el carrusel de actuaciones políticas y sociales, que desencadenan cambios históricos, saber conocerlo y explicarlo con claridad, así como aprender a aplicar la historia a lo que se nos viene encima en la actualidad, pues la historia siempre se repite.
Supongo que a muchos nos ocurrió lo mismo cuando nos enteramos del fallecimiento de Julio Valdeón, nos asalto un sentimiento de vació intelectual, algo parecido a lo que se siente cuando se ve arder una biblioteca ó un archivo documental, ves como se pierde un punto de cultura y sabiduría del cual nunca más vas a poder disfrutar, ni acceder para aumentar tus conocimientos.
Con la desaparición de Julio Valdeón, los historiadores y estudiantes de historia, así como los amantes de esta ciencia, perdemos un gran e importante punto de referencia y sin duda, la historia medieval pierde un gran estudioso y a un férreo defensor.

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