miércoles, 22 de julio de 2009

ESTACIONES FANTASMA


            Viajo mucho en metro, normalmente por necesidad, pero también lo hago por gusto. Siempre que la vida me lleva a una ciudad que cuenta con esta forma de transporte aprovecho para usarlo en algún momento de mi estancia, aunque no lo necesite. Por eso tengo algún que otro recuerdo metropolitano, como en el de Londres, donde más encerrado me sentí, pues el túnel pasa a solo unos centímetros del vagón, la suciedad que envuelve al de Roma, que me sorprendió negativamente, o lo caótico del de Berlín- por aquello del nombre de las estaciones-. O el de Lisboa,   más tranquilo y fácil de utilizar- porque solo tiene cuatro líneas-. Pero como ya habrán intuido, hoy no quiero hablar de la calidad de las redes de transporte público de las ciudades europeas, sino que quiero hacerlo sobre otras curiosidades que normalmente no están a la vista, pero que si afinas los sentidos puedes apreciarlas aunque sea solo por unos segundos, y que a veces debido a ciertos elementos que las rodean hacen que te sobresaltes y te sorprendan.

             En muchas ocasiones pienso, que cuando en el año 1924 inauguraron el primer tramo del Gran Metropolitano de Barcelona- el cual unía la plaza de Cataluña con la plaza de Lesseps-, nadie pensó lo rápido que crecería este medio de transporte, y mucho menos que algunas de sus estaciones fueran a día de hoy un elemento llamativo para tantas personas. Lugares que atraen a los curiosos, y que te piden saber más e investigar sobre su historia. Ciertamente es posible que para muchas personas sean nimiedades, casualidades de la vida, elementos desechados de la continua evolución de la ciudad subterránea, que nace a la vez que crece y evoluciona la superficie. Tal vez tengan razón y sea silo eso, pero no me negaran que en algunos casos alcanzan cierto carácter romántico, de cuento gótico o fantástico.

             Supongo que muchas personas que viven en Barcelona, o de los miles de visitantes que llegan a la ciudad Condal al cabo del año se harán la misma pregunta; ¿cómo es posible que el gran arquitecto catalán Antoni Gaudí no cuente con una estación de metro dedicada? Algo por otro lado normal, pues él tiene mucha culpa de que Barcelona sea conocida mundialmente-. La respuesta es muy sencilla, sí que existe esta estación con su nombre. Está ahí, pero no se molesten en buscarla en el plano del metro barcelonés porque no la encontrarán- ya les he dicho que hoy el asunto tiene carácter romántico-fantasmagórico-, pero lo cierto es real, se ve a menudo. Solo hay que saber dónde y cuándo mirar. La estación fantasma de Gaudí curiosamente se encuentra cerca de la tumba del arquitecto- supongo que no será casualidad-, y bajo de la avenida que lleva su nombre, la que une la Sagrada Familia-obra insigne del genio de Reus-, con el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, otra obra modernista del arquitecto Lluís Domènech i Montaner. Estos son también los nombres de las dos estaciones que se sitúan a ambos lados de la de Gaudí.

            La citada estación debería haber pertenecido a la línea cinco del metro de la capital catalana, la línea azul, su construcción fue realizada en el año 1960 para que sirviera de enlace entre la antigua línea dos y la nueva línea cinco. Pero nunca entró en funcionamiento, nunca fue abierta al público ¿por qué? no lo sé, nadie aún ha sido capaz de aclarármelo al cien por cien. Posiblemente la planificación cambió y no fue necesario ese enlace, tal vez al crear la nueva estación de la Sagrada Familia la de Gaudí perdió utilidad, pues se encuentran demasiado cerca. Lo cierto es que aún hoy entre los oscuros túneles del metro de Barcelona sale a la luz de vez en cuando esta estación, en muchas ocasiones no se aprecia bien, hay que ir muy pendiente y tener suerte para que en ese preciso momento no se cruce en tu campo de visión el tren que circula en dirección contraria. En ocasiones los trabajadores del metro la tienen iluminada con luces de emergencia, una luz tenue, casi fantasmal que envuelve el enclave con una mágica combinación. La mortecina iluminación que revive por milésimas de segundos los antiguos elementos de una estación anclada en el tiempo, creada y cerrada en los años sesenta. No puedo tampoco dejar de pensar la mala suerte que tuvo Gaudí con los transportes públicos, en el año 1926 un tranvía lo arrolló acabando con su vida, y treinta y cuatro años después  la estación que debería llevar su nombre se pierde en el olvido y la oscuridad del subsuelo barcelonés antes de ser inaugurada.

             Hay al menos otro caso de estación fantasma en España, en este caso se encuentra en el centro de Madrid, concretamente se trata de la estación de Chamberí sobre la línea uno, situada entre las estaciones de Iglesia y Bilbao- tampoco la encontrarán en el mapa-, en el barrio y bajo la plaza del mismo nombre. Fue inaugurada el 17 de octubre de 1919 siendo una de las ocho estaciones que conformaron la primera línea metropolitana de la capital, Cuando ésta se  remodeló los andenes crecieron de los sesenta metros que tenían hasta los noventa, para que los nuevos trenes pudieran circular hasta con seis vagones, y no con los tres como hasta entonces lo hacían, facilitando así el mayor y más rápido transporte de pasajeros. Este cambio y la cercanía entre ambas estaciones, acabaría volviendo no rentable la parada de Chamberí. Fue cerrada el 21 de mayo de 1966,  tapiaron las bocas que daban entrada desde la castiza plaza y la estación perdió su vida, recortaron sus andenes para facilitar la circulación, pero aun así todos los trenes reducen la velocidad cuando atravesaban las instalaciones abandonadas. El recorrido desapareció de la memoria colectiva durante más de cuarenta años, pero los viejos andenes de Chamberí siempre estuvieron allí, recordando a sus viajeros y su historia. Durante el paso de los años permaneció aislada del mundo, lo que no evito que la estación sufriera actos de vandalismo, actos que no acabaron con su belleza, aunque si la volvieron un tanto tétrica.

               En la actualidad la estación fantasma de Chamberí se ha convertido en la estación museo de Chamberí. Es curioso, según escribo estas líneas tengo justo delante unas cuantas fotos de la estación madrileña cuando aún estaba abandonada, ocupada por indigentes y llena de grafitis. En ellas se puede ver el hall de entrada, con sus antiguos tornos de color verdosos oxidados, los azulejos blancos de su bóveda de entrada están oscurecidos por el paso del tiempo, e incluso algunos de ellos se han despegado y yacen rotos en el suelo. La iluminación es muy pobre, solo un gran foco que cuelga encima de la antigua garita donde alguien un día vendió billetes, esta tenue luz hace que se recorten siluetas siniestras y que se insinúen algunos de las pintadas que manchan sus paredes. Se observaban partes grises color de ceniza, como si un fuego hubiera devorado esa parte. Dentro, acercándote a las escaleras se puede ver el cartel que marca la dirección hacía Vallecas realizado en azulejos decorados en colores vivos, allí finalizaba el recorrido de la línea uno en el año 1966. A la altura de los andenes llega al cenit del asunto, se conservan aún los carteles publicitarios de la época en la que se cerró definitivamente la estación. Todas ellos realizados en azulejo de distintos colores- una obra de arte-. Uno de estos anuncios es de relojes Longines, “el mejor reloj” dice la publicidad, en la que un ángel dorado sujeta un reloj enorme. Otro anuncio con fondo amarillo, muestra a un hombre vestido de chaqué apuntando a una estrella, el anuncio dice: “Café torrefacto LA ESTRELLA” montFRA. 32. Otro más allá anuncia los Almacenes Rodríguez “Sírvase apéese en el metro estación de Gran Vía”, entre todos estos anuncios aparece el símbolo del metro de Madrid; un rombo achatado en rojo sobre fondo blanco, en el centro en negro el nombre de la estación, una verdadera maravilla. Parece que en cualquier momento va a hacer aparición uno de esos trenes originales de madera, apeándose de él los trabajadores con su serillo al hombro, y las mujeres con la cesta de mimbre en dirección al mercado de abastos más próximo.

             Como ven nuestro país tiene maravillas y curiosidades también bajo tierra, les invito a que la próxima vez que hagan alguno de estos recorridos afinen la mirada, e intenten ver alguna de estas estaciones fantasma. Además la de Chamberí hoy en día esta restaurada, puede visitarse y pasear por parte de su interior de forma gratuita, es una experiencia interesante. Se la recomiendo.

1 comentario:

  1. No sé si me incluyo pero gracias. Me pasearé por la (no) parada Gaudí y su (no) recorrido. Hay rincones en Barcelona que algunas noches desprenden ese halo, al puro estilo Maupassant. Un beso.

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