miércoles, 26 de agosto de 2009

LA GUERRA DE LA OREJA DE JENKINS

El asunto que nos concierne hoy, se refiere a otra curiosidad histórica, una guerra que inmiscuyo de nuevo a los reinos de España e Inglaterra, con el apoyo de Francia hacía nuestra armada -como ven el panorama beligerante no tiene muchas combinaciones-, el conflicto al que me refiero se da entre los años 1739 y 1748 en la zona del Caribe, llevándose a cabo allí la mayor batalla anfibia hasta el desembarco de Normandia doscientos años después.
El caso es que tras la guerra de Sucesión española se llega a la firma del tratado de Utrech, este tratado supone varias cosas, entre ellas el desmembramiento del patrimonio de la monarquía hispánica en Europa, también con él se evita la hegemonía europea entre los Borbones franceses y los españoles, ademas de conseguir nuevas concesiones comerciales en la América hispánica, así como el mantenimiento de las posesiones de Gibraltar y Menorca, Inglaterra consigue dos concesiones más, la llamada “Asiento de negro”- concede la posibilidad del comercio de esclavos negros durante 30 años y el “Navío de permiso”- que permite el comercio directo entre Inglaterra y la América española por el volumen de mercancías que pueda transportan un barco de 500 toneladas-. De esta manera rompe el monopolio comercial de la España metropolitana. Ambos accesos comerciales están en manos de la compañía de los Mares del Sur. Esto provoca graves roces entre ambas potencias, ademas de problemas fronterizos en las colonias, como ocurre entre Florida (España) y Georgia (Inglaterra), a lo que se suma el rechazo de Inglaterra a retroceder en los territorios de Gibraltar y Menorca y la intención de Inglaterra de dominar los mares, esto provoca que en el año 1719, se monte una pequeña guerra, donde se produjo el intento fallido- otro más a sumar a la cuenta- de invadir Inglaterra por parte de España.
Inglaterra solo podía comerciar con un barco – de 500 toneladas-, lo cual dificulta el abastecimiento, esto hace que surja el contrabando por parte de Holanda y sobre todo por parte de Inglaterra, es entonces cuando se firma el Tratado de Sevilla de 1729, el cual permite a los navíos españoles el denominado “Derecho de visita”, por el que los españoles tienen derecho a parar a los navíos británicos, confiscando las mercancías de los que no tengan permiso para el comercio,- y posiblemente en algún caso con permiso- esta actividad es tomada como “piratería” por parte del gobierno de Londres. Lo cierto es que la piratería comenzó a ser una practica normal por parte de los barcos ingleses hacía las embarcaciones españolas y viceversa - aunque las capturas españolas en esta época eran muchas más numerosas que las inglesas-.
En una de estas “visitas” españolas a navíos británicos fue donde se bautizo a la famosa guerra de Caribe, como “la guerra de la oreja de Jenkins”. En el año 1731 un navío español capitaneado por el español Julio León Fandiño intercepto y apreso “El Rebecca” navío britanico a cuyo mando estaba el pirata Robert Jenkins. Según testificaría tiempo después el pirata en la Camara de los Comunes de Londres, el capitán español corto la oreja a el inglés Jenkins, mientras decía -siempre según la versión del pirata de la Pérfida Albión-, “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”-vamos de película de piratas fanfarrones donde los haya-. Por si esto fuera poco, el pirata Jenkins denunció la “irregularidad” con su propia oreja en la mano,-imagínenlo lloriqueando y acusando al enemigo español- esto evidentemente hizo que el primer ministro inglés – un tal Walpole- declarara la guerra a España el 23 de octubre de 1739, por ofensa al honor nacional, por un claro casus belli y por tocapelotas, fue entonces cuando desde Londres se envian tropas a la zona Americana y una escuadra a Gibraltar.
Se intento -sobretodo por parte de Walpone- llegar a un acuerdo para frenar la guerra, pero esto no fue aceptado por la Camara de los Comunes ni por la compañía de los Mares del Sur, fue entonces cuando el rey de España, Felipe V- harto de tanta pamplina anglicista- derogo los derechos de Asiento de Negro y el de Navío de permiso y retuvo todos los navíos ingleses que se encontraban en ese momento en puerto español.
La primera acción de guerra por parte de inglaterra fue llevada a cabo por el almirante Edward Vernon, consistió en capturar y destruir Puerto Bello en Panamá, no contento con esto el primer ministro inglés decidió unir todas sus tropas en Jamaica y atacar Cartagena de Indias. Juntó rápidamente 2.620 piezas de artillería, 27.000 hombres, 10.000 soldados, 12600 marinos 1.000 macheteros y 4.000 reclutados de Virginia, todos ellos al mando de Lawrence Washington. Para defender la plaza española, un solo tío, valiente y con más mili a las espaldas que la cabra de la legión. Se llamaba Vasco Blas de Lezo “el mediohombre” -pues era tuerto, cojo y tenía una mano inutilizada- curtido en numerosas guerras y batallas navales durante la guerra de Sucesión española y en numerosos enfrentamientos contra los piratas en el Caribe y en Argelia, junto a él 3000 soldados y 600 arqueros indios -vamos, que verdes las iban a segar-. Cuando los ingleses comenzaron el ataque – 62 cañonazos por hora-, contra el fuerte de San Francisco de Bocachica, los españoles se refugiaron en el interior. El almirante Vernon convencido de la victoria final mandó una carta a Jamaica proclamado la victoria, esta carta se reenvió a Londres, donde lo celebraron por todo lo alto, incluso acuñaron monedas del mediohombre arrodillado ante Vernon- los ingleses siempre igual de modestos-. Pero Blas de Lezo -perro viejo-, decidió escabar unas zanjas delante del fuerte y durante el ultimo ataque inglés, estos vieron como las escaleras que usaban para asaltar el fuerte se quedaban cortas, impidiéndoles atacar y escapar. Evidentemente no se hizo esperar la pajarraca por parte de la tropa española estos hicieron de la situación una de las mayores carnicerías de la historia, a los pocos días los ingleses decidieron retirarse a Jamaica con el rabo entre las piernas.
Por otro lado y según pintaba el asunto, era solo cuestión de tiempo que Francia entrara en el tablero bélico – esta vez aunque parezca mentira a defender a España-, aunque lo cierto es que de poco sirvió la ayuda gabacha, pues, mientras esperaban la entrada en el conflicto en un puerto de Haití, la tripulación sufrió una fuerte epidemia, que se vio incrementada con la dificultad de obtener viandas desde la metrópoli. Esto hizo que franceses e ingleses firmaran un punto muerto dentro de la guerra en 1742 que acabaría con la paz en el tratado de Aquisgran. Gracias a este tratado retornaran todos las zonas conquistadas durante la guerra a sus anteriores dueños, de esta forma se vuelve al anterior status quo. España tuvo que devolver los derechos de comercio a Inglaterra, esto no duro mucho, pues dos años después, en 1750, con el Tratado de Madrid, Inglaterra renunció a estos derechos a cambio de 100.000 libras – aunque claro, esta tranquilidad entre España e Inglaterra no duraría mucho tiempo-, en 1761, España se sumo junto a Francia a la guerra de los 7 años contra Inglaterra – la verdad es que tanto a ingleses como a españoles siempre nos ha gustado zumbarnos la badana más que a un tonto una feria.

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