miércoles, 23 de septiembre de 2009

DE TRANSFUGAS Y DESMEMORIADOS

Me hace gracia -por no decir que me indigna y me hincha el bazo- la verborrea de los políticos sobre el reciente caso del cambio en la alcaldía de la alicantina ciudad de Benidorm, hablo de este caso en concreto porque es la última que ha saltado a la palestra del tablero nacional , no porqué sienta especial atracción a este municipio ni mucho menos a los políticos que hasta ayer gobernaban y a los que hoy gobiernan el municipio benidormense, lo que me interesa es el trasfondo del asusto, y sobretodo el hecho en si de que de nuevo los políticos de este país siguen pensando que los españoles somos idiotas y que no tenemos memoria, pero deberían darse cuenta de que la mayoría de los españoles -o por lo menos los que no militamos en ningún partido político y que podemos pensar libremente y opinar libremente sin tener que comulgar con ninguna ideología impuesta desde los altos cargos políticos de ningún partido ni de ninguna asociación-, si que la tenemos y la conservamos, sobretodo por nuestro bien, esto que vaya por delante.

Y como el saber no embota lanza, sino que coloca a ciertos personajes en su sitio -al igual que el tiempo-, les voy a contar unos casos que ilustran la falta de memoria de ciertos dirigentes de los principales partidos del panorama político del territorio nacional. El primero de estos casos ha cumplido ya la mayoría de edad, es decir ya hace dieciocho años del asunto en cuestión, pónganse en situación, una ciudad mediterránea, en Alicante, el gobierno esta dirigido por un grupo de ediles del pesoe, curiosamente se produce un caso de transfuguismo y desde ese día el pepe gobernó ese ayuntamiento hasta ayer mismo, supongo que se habrán dando cuenta que el ayuntamiento que sufrió esta moción de censura no fue otro que Benidorm -que curioso-, supongo que por aquel entonces no existiría el famoso pacto anti-transfuguismo entre los dos partidos mayoritarios en el congreso de los diputados. Lo que tampoco se, es si existiría hace unos años cuando el pepe arrebato la comunidad de Madrid al grupo que había ganado en las urnas, y que gracias a dos transfugas del pesoe dejo con un palmo de narices y con cara de idiota a un tal Simancas, supongo también que en ese caso el presidente del principal partido de la oposición no declararía a diestro y siniestro que la democracia había muerto, ni acusaría de ello al presidente del gobierno, que por entonces era de su propio partido.

Hablo de estos dos casos en concreto, no por nada en concreto, sino, porque son los primeros que me han venido a la cabeza, pero hay muchos más, por supuesto, tanto de un partido como de otro, ya he dicho muchas veces que son el mismo perro con el mismo collar y ademas por muy mal que aparenten llevarse en la televisión y en los periódicos, les aseguro que entre lobos no se muerden. Lo que viene a razón de lo que comento, es que los políticos de nuestro país cuentan con memoria de pez y lo peor de todo no es que ellos no recuerden más allá de lo que hicieron el día anterior, sino, que se creen que las personas de a pie somos como ellos y no recordamos lo que aconteció hace unos meses o unos años, o que no recordamos ciertas declaraciones o ciertos echos, o que no vemos lo que ocurre en algunos ministerios y por ciertos ministros, como aquel que decidió colocar una capilla privada en su ministerio mientras un avión con militares se estrellaba en un monte de Europa del este por falta de presupuesto y que ahora aparece en los medios criticando decisiones y propuestas, cuando lo que debería hacer era quedarse en su casa cayendosele la cara de vergüenza.

De lo que no me cabe ninguna duda es que el gremio político de este país se ríe o se intenta reír de nosotros- los que les pagamos y a los que no roban-, solo hay que ver los telediarios y conocer un poco la historia reciente de nuestro país para darse cuanta de ello a nivel nacional y local, es cierto, me recalienta los circuitos esta desfachatez que gastan estos trajeados con valija diplomática para cambiar la historia a su anchas y hacernos creer a los demás que cada día nos estamos volviendo más tontos y que ellos van a demostrarnos el camino a seguir, sinceramente, señores políticos, en lo que a mi respecta pueden irse todos al carajo.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

SU MAJESTAD BUBY I

Hoy les voy a contar una historia fantástica, pero no fantástica por lo increíble, sino en el sentido más infantil y fantasioso del termino, pues lo que narraré a continuación a todos nos suena y todos lo hemos escuchado en boca propia y ajena, sobretodo si convivimos con niños a nuestro alrededor.

El pequeño rey Buby I, un rey niño de un país mediterráneo pierde su primer diente de leche, esa misma noche el joven rey recibe la visita en su alcoba de un pequeño animalito, un ratón de pelo gris, con bigotes respingones y juguetones, raudo y veloz escala hasta el rostro del joven rey Buby I colocando su cola en el interior de la nariz del monarca, automáticamente este reacciona a la intromisión en su aparato respiratorio con un gran y rotundo estornudo, después de esto el joven monarca se convirtió en ratón. Tras los primeros momentos de lógico escepticismo por parte del rey, ambos roedores rápidamente se dedicaron a tareas primariamente ratoniles y tras devorar algunas de las viandas que el rey guardaba en sus aposentos ambos huyeron de allí, el monarca recién convertido en roedor acompaño a su nuevo amigo a su propia casa, situada en la confitería de Carlos Prats donde vivía dentro de una caja de galletas junto a su familia, allí le invita a una taza de té, conversan durante un largo rato, mientras tanto el rey se adapta a su nuevo cuerpo y a su nuevo cargo, menos importante pero mucho más satisfactorio que el que tenía anteriormente, pues su tarea a partir de ahora consistirá en acompañar al ratón original en la honrosa misión de recorrer el mundo visitando todas las casas donde un niño pierda un diente de leche y tras recuperarlo de debajo de su almohadón cambiárselo por un regalo.

A estas alturas del articulo muchos estarán pensando que e bebido o he fumado y que leches estoy contando hoy, sin embargo seguramente otros muchos sabrán a quien me estoy refiriendo con esta historia, pues no es otra cosa que la famosa historia del Ratoncito Pérez, por supuesto no quiero contarles una historia que todos ya conocen y que es una tontería como otra cualquiera, sino que quiero valerme de ella para volver a contar una anécdota o curiosidad histórica que tanto me gustan, quiero explicarles porque y de donde viene el asunto o la leyenda en cuestión.

Pues bien, la historia del joven monarca Buby I, de la cual nacerá la famosa leyenda del Ratoncito Pérez, pertenece a la necesidad de la madre de un monarca español de explicar a su joven hijo a que se debe la caída de los dientes de leche cuando este tenía ocho años, la madre de este, responde al nombre de María Cristina y fue la que decidió encargar al padre Coloma-jesuita, abogado de profesión que se dedicó sin embargo a escribir en distintos periódicos para defender la Restauración Borbonica- la creación de un cuento infantil que sirviera para que el rey viviera de forma fantástica la normal evolución de su cuerpo. No se si ya habrán caído en la cuenta de la identidad del joven rey, pues este no es otro que Alfonso XIII, monarca mimado y odiado – por monárquicos y anarquistas respectivamente-, desde su nacimiento hasta su muerte, que pudo haber sido antes de lo que fue si la suerte que le caracterizo durante toda su vida no le hubiera sonreído -pues sobrevivió a dos atentados consecutivos, uno en París y otro en Madrid y a un tiroteo en 1913 en plena calle Álcala a manos de un anarquista, catalán y mal tirador-.

Como ven la leyenda no es tan antigua como muchos pensábamos -o por lo menos de lo un servidor pensaba-, sino de los últimos años del pasado siglo XIX, una época un tanto revuelta por lo menos políticamente hablando en territorio español, con la fructificación del movimiento anarquista, la fuerte enraización de la monarquía más tradicionalista y con partidos moderados y conservadores a la gresca y todo esto aliñado con una ingente cantidad de bombas volando de un lado al otro, pero en la que también había cabida para momentos digamos más “tiernos” y que han aguantado y han sido recordados por la gente de a pie hasta nuestros días.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

EL ANTIGUO TEATRO CALDERÓN

Hace ya bastante tiempo que lo vi, o mejor dicho que me topé con la ingrata sorpresa en la que siempre se convierte un robo -aunque sea intelectual, como es el caso-. Como otras tantas veces me encontraba tomando un café -algo de lo más normal del mundo, ya lo dijo Georges Courteline en el S. XIX: “El mundo se divide en dos clases: los que van al café y los que no lo frecuentan nunca...”-, en uno de los bares que ocupan la madrileña plaza de Jacinto Benavente, la negativa sorpresa me sobrevino mientras disfrutaba de la esencia de la cafeína y de la novela que tenía entre mis manos, fue entonces cuando levante la mirada del papel y lo fije en la fachada del edificio que tenía enfrente.

El edificio en cuestión se trataba del “antiguo” teatro Calderón de la Barca, y digo antiguo, simple y llanamente porque el edificio ya no cuenta con el nombre del dramaturgo español, rebautizándolo ahora como Teätro Häagen- Dazs – marca comercial de helados-, aunque si les soy sincero en este caso el que se quedo helado fue un servidor. Tras el primer momento de incredulidad y después de cambiar la cara de idiota que se me había puesto, llamé la atención del camarero que se encontraba detrás de la barra secando unas copas y le pregunte desde cuando se había producido el nuevo nombramiento del teatro, el camarero me miró con cara de vaca viendo pasar un tren y se encogió de hombros como toda respuesta, siguiendo inmediatamente después con su trabajo.

Al momento abone la consumición y con mi libro bajo el brazo me lance a la calle, cruce la plaza esquivando turistas que llegaban a ella desde la calle de Atocha y me plante ante la puerta del teatro, las taquillas estaban cerradas y las puertas también – creo recordar que el espectáculo que en esos días se ofrecía allí era un musical sobre Anna Frank-. Recorrí las paredes del teatro intentando buscar una placa del estilo: “Este teatro cambió su nombre siendo director del mismo tal o cual persona”, evidentemente no había nada de esto, normal -pensé-, a mi tampoco me gustaría que mi nombre figurara junto a un hurto cultural,- cierto es que el teatro ya había tenido varios nombres como Odeón o del Centro, pero nunca una marca comercial-, me aleje raudo y veloz con dirección a la Puerta del Sol mientras resonaba en mi cabeza “Poderoso caballero es Don dinero...”de D. Francisco de Quevedo y pensando que descerebrado burócrata o político estaría detrás de este sinsentido, pero, sinceramente según esta el percal me da igual uno que otro, pensé, tal vez que sería asunto de una individua que cuando era ministra de cultura cambió el nombre del escritor y premio Nobel portugués José Saramago por el de la inexistente escritora Sara Mago – la cara del Luso era un poema- y que ahora creo recordar dirige una comunidad del centro de España, o tal vez la de un alcalde buscatesoros o el de un ministro de cultura, que de esta solo tiene la cartera del ministerio. Ya les digo que lo de ideología o lo del color de escaño en esta caso es lo de menos, analfabetos y sinvergüenzas los hay en todos los bandos -y para muestra un botón-.

Cuando bajaba hacía Sol pensando en todo esto llegue a la castiza plaza de Pontejos y pensé en cuanto tiempo transcurriría hasta que el gobernante de turno cambie el nombre de esta por plaza de la Coca cola o la calle Espoz y Mina por la de Dolce y Gavanna. Es curioso como en ese mismo lugar doscientos años antes un grupo de chisperos, manolos y costureras les picaban el billete a un grupo de franceses con sus tijeras y sus navajas de un palmo y siete puntos- clac, clac, clac....-jugándose su propio pellejo para que nada de lo que tenían cambiara ni una pizca, todo esto para que dos siglos después una banda de mamporreros y taciturnos trajeados, cuyo mayor esfuerzo en la vida consiste en asaltar unas urnas electorales cada cuatro años y tocarse la barriga y llenarse los bolsillos el resto del tiempo. Si nuestros dramaturgos levantaran la cabeza no dudarían en repartir improperios hacía ciertos mandatarios, ya lo decía Quevedo: “No queda sino batirse”.