miércoles, 9 de septiembre de 2009

EL ANTIGUO TEATRO CALDERÓN

Hace ya bastante tiempo que lo vi, o mejor dicho que me topé con la ingrata sorpresa en la que siempre se convierte un robo -aunque sea intelectual, como es el caso-. Como otras tantas veces me encontraba tomando un café -algo de lo más normal del mundo, ya lo dijo Georges Courteline en el S. XIX: “El mundo se divide en dos clases: los que van al café y los que no lo frecuentan nunca...”-, en uno de los bares que ocupan la madrileña plaza de Jacinto Benavente, la negativa sorpresa me sobrevino mientras disfrutaba de la esencia de la cafeína y de la novela que tenía entre mis manos, fue entonces cuando levante la mirada del papel y lo fije en la fachada del edificio que tenía enfrente.

El edificio en cuestión se trataba del “antiguo” teatro Calderón de la Barca, y digo antiguo, simple y llanamente porque el edificio ya no cuenta con el nombre del dramaturgo español, rebautizándolo ahora como Teätro Häagen- Dazs – marca comercial de helados-, aunque si les soy sincero en este caso el que se quedo helado fue un servidor. Tras el primer momento de incredulidad y después de cambiar la cara de idiota que se me había puesto, llamé la atención del camarero que se encontraba detrás de la barra secando unas copas y le pregunte desde cuando se había producido el nuevo nombramiento del teatro, el camarero me miró con cara de vaca viendo pasar un tren y se encogió de hombros como toda respuesta, siguiendo inmediatamente después con su trabajo.

Al momento abone la consumición y con mi libro bajo el brazo me lance a la calle, cruce la plaza esquivando turistas que llegaban a ella desde la calle de Atocha y me plante ante la puerta del teatro, las taquillas estaban cerradas y las puertas también – creo recordar que el espectáculo que en esos días se ofrecía allí era un musical sobre Anna Frank-. Recorrí las paredes del teatro intentando buscar una placa del estilo: “Este teatro cambió su nombre siendo director del mismo tal o cual persona”, evidentemente no había nada de esto, normal -pensé-, a mi tampoco me gustaría que mi nombre figurara junto a un hurto cultural,- cierto es que el teatro ya había tenido varios nombres como Odeón o del Centro, pero nunca una marca comercial-, me aleje raudo y veloz con dirección a la Puerta del Sol mientras resonaba en mi cabeza “Poderoso caballero es Don dinero...”de D. Francisco de Quevedo y pensando que descerebrado burócrata o político estaría detrás de este sinsentido, pero, sinceramente según esta el percal me da igual uno que otro, pensé, tal vez que sería asunto de una individua que cuando era ministra de cultura cambió el nombre del escritor y premio Nobel portugués José Saramago por el de la inexistente escritora Sara Mago – la cara del Luso era un poema- y que ahora creo recordar dirige una comunidad del centro de España, o tal vez la de un alcalde buscatesoros o el de un ministro de cultura, que de esta solo tiene la cartera del ministerio. Ya les digo que lo de ideología o lo del color de escaño en esta caso es lo de menos, analfabetos y sinvergüenzas los hay en todos los bandos -y para muestra un botón-.

Cuando bajaba hacía Sol pensando en todo esto llegue a la castiza plaza de Pontejos y pensé en cuanto tiempo transcurriría hasta que el gobernante de turno cambie el nombre de esta por plaza de la Coca cola o la calle Espoz y Mina por la de Dolce y Gavanna. Es curioso como en ese mismo lugar doscientos años antes un grupo de chisperos, manolos y costureras les picaban el billete a un grupo de franceses con sus tijeras y sus navajas de un palmo y siete puntos- clac, clac, clac....-jugándose su propio pellejo para que nada de lo que tenían cambiara ni una pizca, todo esto para que dos siglos después una banda de mamporreros y taciturnos trajeados, cuyo mayor esfuerzo en la vida consiste en asaltar unas urnas electorales cada cuatro años y tocarse la barriga y llenarse los bolsillos el resto del tiempo. Si nuestros dramaturgos levantaran la cabeza no dudarían en repartir improperios hacía ciertos mandatarios, ya lo decía Quevedo: “No queda sino batirse”.

1 comentario: