miércoles, 4 de noviembre de 2009

UNA FRASE, MIL RECUERDOS

Se eu nâo morrese nunca! E eternamente buscasse e conseguiesse a perfeiçâo das coisas!.

Se lo traduzco, “Si yo no muriese nunca, eternamente buscaría y conseguiría la perfección de las cosas”, esta frase pertenece al poeta portugués Cesário Verde, dicha frase fue parte de mi ex rutina diaria -y la de otros muchos- durante el tiempo en el que viví en la capital lusa, concretamente se encuentra en uno de los túneles de la boca de metro de Cidade Universitaria en Lisboa, frente a otra frase, en este caso de Socrates -el filosofo, no el político-, que dice “No soy ni griego ni romano, sino ciudadano del mundo. Muchos de ustedes se preguntaran a que viene todo esto, creerán que me he vuelto loco o que me ha dado un repentino ataque de morriña o de saudade como dicen allí, alguien dijo alguna vez que se es parte de cada una de las ciudades en las que se vive a lo largo de la vida, o como suelen decir en mi pueblo, no se es de donde naces, sino de donde paces, y les aseguro que la sabiduría popular no deja lugar a replica ni discusión.

El caso es que mi repentina recuerditis aguda no viene dada por el libre albedrío ni por la socorrida idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor, pues el presente siempre tiene un toque de frescura y el futuro una gran dosis de esperanza mezclada a partes iguales con la preocupación de el que sucederá. Pero lo que trae todo esto a escena es un correo que me envió hace unos días una amiga, a la cual conocí mientras realizaba mis estudios en la universidad de Lisboa -ella también es historiadora o como yo, pretende serlo-, en él, me comentaba su intención de realizar una exposición en Barcelona con una serie de dibujos que ella realiza -muy buenos se lo aseguro, incluso tengo uno de ellos colgado en una pared de mi casa-, tras el correo llego a mis manos uno de esos dibujos que supongo expondrá, en él resalta la frase con la que comienza esta página, supongo que se harán cargo que no me dejo indiferente -al igual que al resto de personas que tenían como costumbre diaria pasearse por dicha estación del metro de la capital lusa-.

En el dibujo además de la frase, se esboza el túnel del metro que los estudiantes usábamos asiduamente y por el cual por cierto soplaba un viento horrible durante los meses del lluvioso invierno lisboeta, en él mi amiga a colocado a un individuo, un hombre de avanzada edad, con poco pelo es su cabeza, gafas, maletín oscuro sujeto por su mano izquierda y una larga gabardina que le llega casi hasta los pies, ágil a pesar de su edad se dirige hacía la salida del suburbano, seria un hombre sin más que usa el transporte público, sino fuera por un detalle que solo apreciamos unos pocos, esa figura que se deja llevar por la monotonía de una gran ciudad me resulta familiar, tanto, que durante un semestre compartí pupitre con él, pues era compañero en la materia de Cultura contemporánea portuguesa, un tipo peculiar sin duda, siempre cargado de carpetillas de plástico llenas de hojas escritas a mano, siempre con camisa, corbata y americana y lo más curioso si cabe, con dos relojes, uno colocado en cada muñeca, nunca conseguimos averiguar a que se debía esa curiosidad.

Como ya he dicho todos tenemos una frase que evoca uno o varios recuerdos, pero cuando vi por primera vez el dibujo con la frase y a el anciano lisboeta volvieron a mi cabeza miles de recuerdos, buenos y malos -por supuesto-, pues nunca es fácil irse de tu ciudad a un país que no conoces, con otra cultura y apenas chapurreando unas palabras en su idioma, pero por suerte la mente del ser humano es mucho más inteligente que el propio ser humano y con el paso del tiempo antepone los buenos recuerdos a los malos y cuando ves cosas como este dibujo te viene a la mente los buenos momentos, como las noches en el mirador de San Pedro de Alcántara o en el Barrio Alto, las largas mañanas de sábado en la Feira da Ladra, los viejos libreros del Chiado, las charlas con los pescadores de Alfama, lo largos paseos por la Moureria, las tardes en el mirador de Graça o los cafés con leche y amigos en el café do Monte y por supuesto los días en la facultad de letras, donde además de aprender historia y portugués aprendes lecciones de la vida y aprendes a vivir recibiendo palos y aplausos, y estos momentos quieras que no te reconcilian con la vida, esa vida que muy a menudo nos empeñamos o que se empeñan en complicarnos, pero que con un poco de esfuerzo puede ser maravillosa.

7 comentarios:

  1. ...

    Me dejas que lo comparta con los demás lisboetas?

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  2. por supuesto, esto es un recuerdo global, yo solo soy una especie de medium, que cuenta lo que siente y lo que otros pueden pensar o sentir, por lo que para mi es un honor que lo compartas, de verdad.

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  3. Sencillamente: OBRIGADA
    Beijos com muitas saudades
    Maruxa

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  4. Edu!!! Genial...creo q como tu muy bien dices, nada mas ver ese dibujo, se nos han venido muxos recuerdos a la cabeza,sin duda...
    por eso muxas gracias a la cris por plasmar ese dia a dia en un dibujo y a ti por plasmarlo en estas palabras que reflejan tan bien lo q todos sentimos.Un besazo enorme para los dos autores!

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  5. Supongo que a cada uno de nosotros se nos habrá puesto el corazón en un puño leyendo esto. Lo cierto es que no hay un día en el que no recuerde los momentos de Lisboa, los rincones de sus calles, su esencia, sus lunas y sus soles...
    Me alegra que todos compartamos esa misma sensación.
    Me ha encatado.
    Nos vemos pronto mis niños.
    beijos

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  6. Muchas saudades, muchos recuerdos, muchas gracias chic@s por plasmar, de manera tan maravillosa, sentimientos compartidos por todos los que desde aquel año, tenemos una vida diferente!
    Beijos!!!
    espero veros pronto!!
    Lucia

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