miércoles, 2 de diciembre de 2009

EL WINNIPEG O EL FALSO HEROÍSMO


A colación con lo publicado la semana pasada en este mismo lugar sobre el problema de ciertos individuos del norte de Italia con la inmigración, me sobrevino a la cabeza cierta historia que ocurrió en España hace ahora setenta años. Era el momento en el que miles de republicanos, tanto civiles como soldados hacían frías y largas colas para cruzar la frontera con Francia, dejando atrás un país dividido y arrasado por la fraticida e irracional guerra (in)civil. Los primeros meses de optimismo en tierras gabachas vinieron seguidos de un hacinamiento en campos de concentración en condiciones miserables. Fue ahora cuando entra en escena nuestra personaje de hoy. Este no es otro que el poeta chileno Pablo Neruda, el cual con anterioridad había sido cónsul de Chile en España. Sensibilizado con la situación en la que se encontraba este país y sobre todo por los exiliados que se encontraban en suelo francés, decidió pues ponerse manos a la obra para aliviar esta situación desesperada, ayudado por el presidente chileno -Pedro Aguilar Cerda-, decidieron fletar un barco para trasladar a los inmigrantes españoles a tierras chilenas. El barco elegido fue un viejo carguero francés, el Winnipeg, con capacidad para tan solo 20 marineros, pero que fue acondicionado para trasladar a 2200 personas. El barco partió del puerto de Trompeloup-Pavillac en la Aquitania francesa y arribó en Valparaiso, Chile, el 3 de septiembre de 1939, donde los refugiados fueron recibidos por las autoridades chilenas un día después con toda pompa y exuberancia -no todos, algunos habían desembarcado en Arica al norte del país-. También Pablo Neruda -que realizo el trayecto en el carguero-, fue agasajado y tratado como un héroe por la multitud, así mismo el Winnipeg ha sido recordado como el barco que rescató y dio la posibilidad de comenzar una nueva vida a estos exiliados. Pero amigos, como toda actuación de heroísmo y filantropía de la historia, esta, también tiene un doble fondo, cubierto de una espesa y oscura nebulosa, que nos vuelve a confirmar que no es oro todo lo que reluce, ni que todos los actos desinteresados lo son. Si, ya se lo que están pensando, ya esta el amargado de Eduardo estropeándonos el final feliz de la historia del barco y el poeta, que a cualquiera gustaría contar a sus nietos cuando sea mayor. Que quieren, soy así. El caso es el siguiente, en la historia arriba narrada no tuvo Neruda todo el papel protagonista sino que existió otro personaje, un tal Abraham Ortega, que por entonces era ministro del gobierno chileno, este, fue el que dio total libertad al poeta para elegir a la tripulación que haría el viaje transoceánico en dirección a tierras americanas, y es aquí donde la obra desinteresada dejo de ser tal, me explico. La idea del presidente Aguilar y del ministro Ortega era que los elegidos, fueran personas trabajadoras y hombres de esfuerzo, es decir mano de obra para el país, nada de intelectuales ni gente que pensara o preguntara y pudieran convertirse en un problema para su gobierno. Como la historia ha demostrado Pablo Neruda hizo caso omiso a la petición de sus gobernantes y en el barco incluyó a muchos intelectuales, eso si, el poeta por su parte realizo una criba mucha más selectiva de lo que los políticos le pidieron, como buen portador del poder absoluto de la expedición realizo una “purga” de personas que no comulgaban con sus propias ideas políticas, desechó de esta manera a todos los que no siguieran la tendencia stanlinistas- por la que Neruda bebía los vientos-, sobre todo a los partidarios de Trotsky- enemigo político de Stanlin-, y a los anarquistas, a los que consideraba un peligro. En una de las cartas que escribió al gobierno chileno decía: “Yo me he negado a la entrada de anarquista, Méjico los recibía hasta hace poco y ahora no sabe que hacer”. Como ya le he dicho, la labor humanitaria sin animo de lucro quedo muy lejos en esta operación, finalmente solo embarcaron la mano de obra y sus partidarios ideológicos-o eso creyó Neruda-, dejando al resto en Francia, acto este que de forma indirecta condujo a la muerte y el sufrimiento a muchos de esos por los que el poeta se “partió el pecho” para que no pasaran más penalidades-como ven además de buen poeta también controlaba sobremanera el cinismo-, pues un año después los nazis se hacían con el control de Francia, y se pueden imaginar el destino de estos inmigrantes considerados comunistas por el Tercer Reich. Dentro de los pasajeros del Winnipeg es curiosa la historia del pintor Eugenio Fernández- Granell-natural de La Coruña-, del cual descubrieron a bordo su verdadera ideología, el troskismo, e inmediatamente fue “invitado” a bajarse a mitad del camino, fue abandonado a su suerte en Santo Domingo -por lo menos no lo tiraron al mar por la borda como si fuera un traidor dentro de un barco corsario-. Como ven toda historia heroica tiene detrás su leyenda negra, aunque desde aquí quiero dejar claro que esta actuación del poeta no tiene nada que ver en su creación artística, pues yo, no soy nadie para criticar la obra de un premio nobel por sus actuaciones personales, lo cortes no quita lo valiente, y aunque en este caso Neruda dejo mucho que desear como persona llevando a cabo esta actuación maquiavelica a favor de su ideología política, no cabe la menor duda de que sigue siendo uno de los mejores poetas de todos los tiempos, como así atestigua su obra Veinte poemas de amor y una canción desesperada, la cual tengo delante en el momento en el que escribo estas lineas.

2 comentarios:

  1. Así son las cosas no? cada uno nos quedaremos con lo que más nos (dis)guste de dicho acontecimiento histórico. La cuestión, para mi, queda en qué pesa más, el bien (todas las personas que de allí sacaron) o el mal (...)?

    Algo que me parece curioso es que imaginaros algo parecido en la actualidad... Si por culpa de unos piratas se montó la que se ha montado...

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  2. ¿Hay algún hombre, sea poeta, pintor, barrendero, albañil, periodista, vagabundo, que sea perfecto? ¿Alguno al que no podamos acusar de cometer algún error en su vida? Me ha hecho pensar en esto tu artículo, y en el poeta que me descubrió, por primera vez, que la vida podía ser contada (y vista) en verso.

    P.D. ¿Concoces a Agustí Centelles? Justo acabo de publicar algo sobre él, y sobre su estancia en un campo de 'refugiados' en el 39. Una coincidencia sin más importancia, pero que me ha hecho gracia. Si no lo conoces, te lo recomiendo (vanidades a parte): http://eldema.cat (Cultura y espectáculos).
    P.D. ¿Has empezado a leer a Espinás? ¿Qué tal el regreso a Valladolida?

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