miércoles, 23 de diciembre de 2009

LA ELEGANCIA DEL ERIZO

Todas las familias felices se parecen, pero las desgraciadas lo son cada una a su manera. La frase es buena, pero no es mía, muchos se habrán percatado de donde la he sacado, es la frase que abre la novela Anna Karenina de Leon Tolstoi, pero no adelantemos acontecimientos, pues no sera la única referencia a Tolstoi en el día de hoy.

Vayamos al meollo del asunto que el reloj me acecha recortándome espacio cual tanque serbio tras soldado Bosnio que huye apresurado con su pesado Kalasnikov al hombro intentando salvar el pellejo colándose entre los escombros de una granja destruida en un campo de Vukovar.
Todo comienza con una pequeña pecera habitada por un típico pez de color rojo, una niña de 12 años superdotada asqueada de su vida y su familia, una portera de 52 años que devora novelas clásicas, te y chocolate negro y una gran afición a todo lo japones por parte de ambas, todo esto se interrelacionará de forma trepidante a partir de una decisión muy bien sopesada por la niña. Se suicidará en 196 días tras finalizar el curso.

Pero vayamos al principio de la historia, que no quiero que nadie se pierda. Nos encontramos en una céntrica calle de un barrio burgués de París, el padre de Paloma-la niña de doce años que plantea suicidarse- es un político que no se preocupa de su familia, su hermana una adolescente mimada y caprichosa, y su madre, una paranoica enganchada al psicoanálisis, a los ansioliticos y al champan, demasiado ocupada en cuidar y hablar a sus plantas para ver como su hija pequeña le roba a diario una pastilla de ansioliticos con la cual llevar a cabo su idea de quitarse de en medio, ni para ver como esta graba todo lo que odia con una vieja cámara de video de su padre-trágico ¿verdad?-, pues esperense, a todo esto hay que sumarle ciertos comentarios y pensamientos de la niña superdotada que te desarman por ciertos y duros como uno sobre la forma de quitarse la vida: “no entiendo como alguien puede tirarse por una ventana para quitarse la vida, tiene que ser doloroso, de que vale morir si no es para dejar de sufrir”, ahí queda eso.

Su alterego vive debajo, es una mujer fea, regordeta y que pasa por la vida sin llamar la atención, viuda del portero de la finca, cuando este murió a causa de un cáncer decidió hacerse ella misma con el control del edificio, a vista de los estirados dueños de los pisos es una analfabeta que no tiene más gusto por la vida que la de cuidar a su pesado gato León-ya les he dicho que Tolstoi nos volvería a acompañar-, en realidad es una mujer cultivada y leída, que disfruta más de un buen libro que de la compañía vacía de los propietarios que pasan avasallando por delante de la puerta de su portería. Hasta que de repente ocurre algo que suele ocurrir en todos los edificios donde vive gente de edad avanzada, uno de los propietarios de mayor edad estiro la pata mientras las vecinas sentadas en la puerta veían como agonizaba y comentaban la jugada.

Es entonces cuando la historia da un giro total y certero, un rico japones llega a ocupar el inmueble del finado, un hombre educado, tranquilo e inteligente, unirá los universos paralelos de las dos mujeres y las hará descubrir la belleza de las pequeñas cosas gracias a la amistad, invocaran la magia de los placeres efímeros e inventaran dentro de la pequeña portería un mundo mejor. La historia que sigue es la de siempre, a partir de los dos gatos del hombre japones -ambos llevan curiosamente los nombres de los principales protagonistas de Anna Karenina de Tolstoi-, comienza una relación con la portera, que sera aconsejada por la inteligente niña, el hombre rico se enamora de la portera pobre pero inteligente – la historia típica-, después la niña decide replantearse su futuro y aguantar un poco más a su familia, y cuando todo parece que tendrá un final feliz, otro giro inesperado te deja un agrio sabor de boca. Al igual que una de las últimas frases que salen de la boca de la niña de doce años: “Si morir es eso, no volver a ver a quien amas, no volver a ver quien te ama. Si morir es eso, si es la tragedia que dicen todos”.

La historia no es mía ni mucho menos, pertenece a una muy buena novela que he leído hace poco, se titula La elegancia del erizo y es de la escritora francesa Muriel Barbery, creo que ahora han echo una película del asunto que debe de estar también para hincarle el diente, asique no tienen excusa para no echarse esta historia a la boca, la película es de Mona Achache, y refleja fielmente el sentido primero y principal de la novela, es un reflejo fiel de lo injusto que puede llegar a ser la vida, les aseguro que cuando acaben de leer el libro o de ver la película no van a ser más felices, tal vez si lo piensan serán un poco más infelices durante un tiempo, pero lo que si les aseguro es que serán un poco más sabios.

2 comentarios:

  1. Poco que ver, pero me ha venido a la cabeza un libro que me regalaron hace tiempo y que dejé a medias porque me asaltaban demasiados porqués.

    La novela se llama 'Todas las familias felices', del mexicano dedo-en-la-llaga Carlos Fuentes. La cita que encabeza el libro es la misma que encabeza este escrito.

    Ahora que lo pienso, sí, si que tiene que ver con los 'erizos'
    (a mí se me ponían los pelos de punta).

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  2. Desculpá-la: olvidó la posdata: "No nos callarán":

    http://www.lainsignia.org/2003/mayo/cul_017.htm

    Gran discurso.

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