miércoles, 3 de marzo de 2010

THE BLOODY SUNDAY




Cuando Michael McDaid salió de su casa aquella soleada tarde de invierno en la ciudad norirlandesa de Derry, aquel domingo 30 de enero de 1972, nada le hacía pensar lo que le esperaba. Había quedado con sus amigos en el centro de su barrio, el de Bogside, para asistir a la manifestación pacífica que se disponía a salir del centro del barrio católico de Derry.
El colectivo católico norirlandes estaba harto de la cantidad de atropellos que sufrían por parte del gobierno de Irlanda del Norte y de Gran Bretaña, sobretodo después de que estos aprobaran la ley llamada Intemmeat, la cual permitía la detención y arresto sin juicio previo de todas aquellas personas sospechosas de colaborar con el grupo terrorista del I.R.A, la medida había dado con los huesos de más de cien personas en las cárceles en tan solo unos días, la mayoría de acusados en esta caza de brujas evidentemente no tenía nada que ver con el grupo armado.
Cuando Michael McDaid acudió a la cita con sus colegas ya había miles de personas en el lugar de partida de la manifestación- más de 15.000 dirán más tarde las crónicas-. Desde hace varios días el barrio católico, conocido como Free Derry estaba rodeado por barricadas y el gobierno norirlandes había prohibido cualquier tipo de manifestación dentro del barrio, para conseguir un levantamiento del veto durante unas horas, los organizadores habían pedido al I.R.A provisional que abandonará su actividad violenta durante ese día, para que todos-violentos y pacíficos-, pudieran asistir esa tarde a la multitudinaria protesta contra la sin razón británica y norirlandesa.
El primer contratiempo apareció a la vez que McDaid y sus amigos se entremezclaban con el grupo de la plaza, las autoridades habían prohibido tajantemente que la procesión abandonara las fronteras de barrio, por lo cual no podrían llegar hasta la puerta del ayuntamiento de la ciudad, para presentar al alcalde sus quejas, por lo que con la manifestación ya en marcha, decidieron que el mejor lugar para terminar y llevar a cabo su peticiones seria el Free Derry Corner, plaza donde se podía y se puede leer sobre una gran pared con grandes letras negras sobre fondo blanco, You are now entering free Derry ( Estás entrando en Derry libre). No fue ese el único contratiempo, sino que las famosas barricadas que separaban el barrio católico del resto de la ciudad estaban atestadas de militares, e incluso, el gobierno británico había mandado al cuerpo de élite más fulminante de su gobierno, los paracaidistas del ejercito inglés.
Cuando el grueso de la concentración se paró en la plaza de Free Derry corner para llevar a cabo algún tipo de acto de manifiesto, la lectura de un comunicado o simplemente con la idea de permanecer allí para hacer ver al gobierno británico que no pensaban dejarse pisotear. En ese momento un grupo se separo del grueso de los manifestantes, Michael McDaid se unió a ellos alejándose de sus amigos, en un momento este grupo se encontraba delante de una de las barricadas donde se asentaban los militares, increpándolos y lanzándoles piedras de forma inmediata, en ese momento lo que empezó como una tarde pacífica comenzaba a teñirse de sangre.
Unos minutos después de los primeros lanzamientos de piedras e insultos los militares británicos comenzaron a soltar culatazos a los manifestantes y a golpear a la gente que les increpaba, muchos de ellos comenzaron a correr, pues se esperaba que comenzara una batalla campal entre el grupo de exaltados y los miembros del ejercito, acto seguido se comenzaron a oír disparos, pero no eran disparos al aire, sino que los militares estaban disparando a la multitud.
Michael McDaid, al oír el primer disparo puso pies en polvorosa y volvió a retomar como alma que lleva el diablo la avenida que acababa de recorrer, pero esta vez en dirección opuesta, intentando volver a Free Derry corner. Junto a él corría mucha más gente, a la mayoría de ellos no los había visto en su vida. Uno de las personas que corrían a su lado era Gerald McKinney, este, en un momento dado se giro, como si hubiera visto a alguien conocido, en ese momento, recibió un disparo en el pecho, McDaid, siguió corriendo incluso más rápido, un poco más allá, vio como otro joven había recibido un disparo en las piernas, lo cual le había hecho caer al suelo-era James Wray-, que no podía mover las piernas, segundos después, mientras el tullido pedía ayuda, un militar se le acerco y le descerrajo tres tiros a bocajarro en el pecho y la cabeza, dejándolo listo de papeles en el acto. McDaid viendo esto se aterró, corría chillando intentando ocultarse, en un momento pensó que tal vez si llegaba a la siguiente intersección de calles podría dar esquinazo a sus perseguidores, y se lanzó en su busca como si le fuera la vida en ello-aunque tal vez le fuera-.
Cuando se encontraba cerca de su objetivo, notó como un fuerte latigazo le golpeaba la cara, sin hacer caso siguió corriendo hasta que se dio cuenta que de repente sangraba mucho, segundos después se desvaneció, cayó fulminado. La bala disparada desde las murallas de la ciudad le había entrado por la mejilla izquierda saliendole por la parte superior derecha de la espalda, Michael McDaid, tenía veinte años. El recuento final dio un total de trece muertos-seis de ellos solo contaban con diecisiete años-, unos meses después moriría el numero catorce debido a las heridas sufridas ese Domingo Sangriento.
Evidentemente el asunto no quedo así, al día siguiente la embajada británica en Belfast ardía como una tea, muchas empresas inglesas de todo el mundo sufrieron asaltos y amenazas, los días anteriores y posteriores al entierro-al cual asistieron más de 20.000 personas-, las bombas del I.R.A sembraban de pánico y horror Belfast y todos sus alrededores.
El asunto hizo que la por entonces conocida como I.R.A provisional, que era una banda pobre y débil se volviera sangrienta y fuerte, pues un número ingente de católicos de irlanda habían entrado a reforzar sus filas y a colaborar con ella, para luchar contra la discriminación institucional y los asesinatos de los católicos de Derry y de toda Irlanda del Norte.
Incluso la diputada independiente Bernadette Devlin que se encontraba presente en la manifestación, increpó y abofeteo al ministro de interior británico diciéndole “Ayer me disparó su ejercito. Hipócrita asesino”. El primer ministro británico viendo el cariz que tomaban los acontecimientos, mandó realizar una investigación que demostrara que el ejercito inglés había actuado en defensa propia, defendiéndose de los disparos de los manifestantes. Después de varios meses de investigación, lo único que pudo demostrar esta, fue que ninguno de los manifestantes portaba armas la tarde del fatídico domingo, pero sin embargo si pudieron demostrar que la mayor parte de los muertos fueron disparados por la espalda mientras huían.

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