miércoles, 10 de marzo de 2010

LISBOA




            Aún hoy recuerdo con anhelo y nocturnidad los olores de sus calles, de sus bacalaos colgados en los techos de las tiendas, bacalaos estucados con una salazón que te asalta las vías respiratorias, mostrándote, con un simple olor, una de las partes más importantes de su cultura: su gastronomía. Olor al que se debe añadir el sabor de sus típicas sopas, las cuales añoro cada vez que me siento a la mesa.

            Nunca podré olvidar, las gotas de color escarlata dejadas por el vinho do Porto, marcándose a fuego al trasluz de una copa, mientras las llamas de unas velas cercanas crepitaban, prestando su tenue iluminación a la cantina que albergaba el sonido profundo de los fados, mientras las guitarras de doce cuerdas, vibran a la sombra de la colina de Alfama. Me vienen a la memoria sus tiendas de ultramarinos, con latas de conservas amontonadas, unas encima de otras, conservas, que parecen de otro siglo. Esas pastelerías que te asaltan en cada esquina, mostrando sus especialidades, o las tiendas de todo un poco, donde los olores de las especias colocadas en hilera,  te trasladan con sus recios y vigorosos olores y colores a cualquier zoco de África u Oriente. Recuerdo esa ciudad que aún es capaz de conservar un alegre toque bohemio, al cual, se une  un sentimiento de ciudad cosmopolita, aunque si permiten mi modesta opinión, en esta ciudad ambos adjetivos se simultanean y  solapan en numerosas ocasiones.

            Recuerdo el crujir de los suelos de las librerías de viejo, como si fuera un antiguo velero a punto de zarpar hacía cualquiera de las numerosas aventuras, que esos ajados libros esconden en su interior, algunos de ellos se han convertido con el paso del tiempo en verdaderas antigüedades, que abarrotan las estanterías de madera de estas tiendas de ilusión,  las cuales, aparecen difuminadas, salpicando  con su cultura toda la ciudad. Ciudad, que resulta un tanto desordenada a simple vista, pero que al poco de encontrarte en ella, aprendes a interpretar, como si hubieses crecido allí, en esas calles abarrotadas de gente, de todos los países, razas y pensamientos, que sin embargo se acoplan de forma elemental donde nadie parece extraño, donde nadie llama la atención, salvo algún iluminado que avisa de la llegada del fin del mundo voz en grito.

            No puedo olvidar la sensación de libertad, que se siente al cruzar el gran cauce del río Tejo subido en uno de esos viejos transbordadores, dejando atrás la ciudad recortada sobre el azul del agua y el cielo, destacando al fondo la cúpula neoclásica de su Panteón Nacional, todo esto, acompañado por el seco carraspeo del motor del barco. Desde él, observar esa ciudad que ha sabido mantenerse al margen de las evoluciones urbanicídas de otras capitales o ciudades Europeas, ciudades que han perdido su esencia, haciendo así mismo, que sus ciudadanos hayan perdido su verdadera   personalidad. Algo que Lisboa ha sabido  respetar, consiguiendo salvar a sus marineros, a sus mujeres de vestidos negros e ideas de otras épocas, que miran con extrañeza a los turistas que pasan por delante de sus casas, pero que no dudan en ofrecerte su ayuda y mostrarse incluso su morada si te muestras amable e interesado en su historia- lo sé de buena tinta-. Han sabido conservar sus viejas bodegas de vinos, donde seguro, algunos de ellos temblaron sísmicamente durante el terrible terremoto de 1755.

              Incluso la ciudad, ha sabido respetar su historia, sus iglesias desquebrajadas y hundidas por ese terremoto y el posterior maremoto que produjo más víctimas que el temblor terrestre y del que muchos se olvidan. Los lisboetas, han rendido homenaje a sus antepasados, sean colonos o colonialistas, se puede ver  el monumento a su héroe nacional, Enrique “el navegante”, y si sigues investigando puedes darte de bruces con la plaza de la concordia, dedicada a todos los esclavos que sufrieron el ansia colonialista de los lusos, plaza, colocada exactamente en el misma lugar, donde antiguamente subastaban al mejor postor los esclavos negros de las colonias africanas, que se traían encadenados por el cuello y los tobillos desde el río, atormentados, sometidos y despreciados. Por suerte hoy todo ha cambiado, y ahora sus  sucesores se juntan allí para charlar o jugar al ajedrez ataviados muchos con las ropas típicas de su tierra.

               Nunca podré olvidar sus adoquinadas calles de piedras blancas y negras, que en algunos momentos se ponían complicadas de transitar, sobre todo los días de lluvia. Esas cuestas que te separan de todos los sitios imaginables, pero que subías con ansia, pues al llegar arriba, siempre te encuentras con algo nuevo, algo, que el día anterior no estaba allí. Las noches en O Bairro Alto con su música en directo y sus combinados de procedencia brasileña. Sus miradores escondidos de mirones indiscretos, que al caer la noche te abrazan con una candidez que solo se puede asimilar al olor febril de una amante, la cual te abraza tras una larga noche, temerosa de que vayas a marcharte para siempre, esa misma candidez que se apodera de toda la ciudad cuando comienza a anochecer sobre ella, con esos tonos de tintes rojizos, que se refleja a la vez en las grandes torres de cristal de la zona de Campo Ourique y en las construcciones de ladrillo y mampostería ocres de la vieja Moureria, mezclándose en una inimaginable amalgama de colores, que se asentaron en mis retinas para quedarse allí durante el resto de mi vida, asaltándome la memoria cuando menos me lo espero, sumergiéndome en una grave y profusa melancolía.

            También, por supuesto, como todas las ciudades tienes sus cosas malas, pero si me lo permiten estas las vamos a dejar para otro día.

 

 

10 comentarios:

  1. Intuyo que lo que hace a Lisboa conservar su "personalidad" es ser capital de un pequeño y no muy rico país (en comparación con España mismamente), aun se ven diferencias significativas de precio en comestibles algo "sofisticados" con respecto a nuestro país. Encontrarse en la "frontera" del continente y no haber sido consumido tan profundamente por la homogeneización capitalista, no creo conviertan a Portugal en el anatema europeo. Hay muchos países "frontera" europeos que se hayan en circunstancias parecidas, donde esa tradición y constumbres se conservan pese a la composición étnica "cosmopolita"(los países bálticos y los balcánicos p.e.)

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  2. Realmente Portugal es uno de los países más pobres de este invento llamado Unión Europea, que por otro lado ni esta unida, ni es Europea, pues se han sumado países pertenecientes a la zona oriental de esta zona del mundo,lo cual, por otro lado me parece estupendo.
    Pero yo por suerte o por desgracia he pasado suficiente tiempo en la capital lusa- no he ido de vacaciones-, para poder asegurar de forma fidedigna que los precios de los productos "sofisticados" y de los que no lo son tanto,no tiene nada que envidiar a nuestros precios actuales, lo que si es mucho más bajo es su sueldo base. Lo que quiero decir es que teniéndola a tiro de piedra la gente de España la desconoce en su mayoria, pues piensan que un viaje a Portugal es rebajarse, pudiendo ir a una reserva humana en cualqueir parte con playa y pulsera en la muñeca de la Reepublica Dominicana o de Cuba, perdiendose una de las últimas joyas de la vieja Europa. En cuanto a los paises balcánicos, no tiene parangón en la comparación, pues si es cierto que son los olvidados por Europa,-algo en lo que estoy de acuerdo con usted-. Pero lo que caracteriza a Lisboa es que no es independiete al capitalismo, por haber salido de una cruel guerra recientemente como en el caso de Bosnia y Kosovo, por ejemplo.
    Le recomiendo un libro para que diferencies entre un país estable y otro que acaba de salir de un conflicto armado. FANTASMAS BALCÁNICOS. de Robert D. Kaplan.
    De todas maneras lo arriba relatado son los recuerdos de un viajero empedernido que encontró en la capital portuguesa un lugar de paz y admiración. Y por supuesto, muchas gracias por su comentário.

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  3. Gracias a ti por una interesante descripción de una ciudad, que por desgracia desconozco. no puedo hablar mucho sobre Portugal porque apenas he estado allí, pero lo que quería decir es que aquellos países que logran mantenerse un tanto al margen del centro político europeo logran, como sabes, mantener su "personalidad", por lo que incluía a países Balcánicos, que creo están en otra onda por supuesto.
    Y claro, a un portugués trabajador, con su salario medio, hay ciertos productos que no le salen a cuenta, sin que varíe mucho el precio "nominal" entre allí y aquí. Quería referirme a la diferencia en términos "reales" entre salarios y precios.
    Oh, y por supuesto hay muchos que piensan que sus borracheras de Punta Cana valen más que una experiencia que con melancolía sacude el corazón, aunque incluya algunas noches de etílicos sueños.

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  4. Si, claro que hay una diferencia importante entre precios y salarios. Pero hay un cosa que me llamo mucho la atención. un ejemplo: una dorada en un supermercado, cuesta unos 5 o 6 euros, sin embargo en un restaurante, cocinada y presentada junto a una ensalada y regada por una cerveza y un café, apenas llega a 7 euros, Son cosas que nos llaman la atención a todos los foraneos, por ello a pesar de cobrar poco, suelen comer fuera de casa.
    Le recomiendo que si puede se pase por cualquier parte de Portugal, se encontrara cosas de este tipo, y otras realmente curiosas, además ahora con las compañias de bajo coste, por menos de 50 euros puede enontrar un vuelo de ida y vuelta. Gracias por su lectura y aportación, que siempre suma a este "proyecto" semanal. Un saludo, y espero sus proximos comentarios.

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  5. Hola Edu,

    no es tanto lo que fue Lisboa como lo que será la próxima ciudad... y a esa espero poder ir a verte (pero la de los bodegones te la guardo)

    un beso

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  6. Bueno no te preocupes, a la próxima exposición prometo ir a verte el primer día.

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  7. Muy buenas Eduardo (supongo q Edu para los amigos)¡¡¡

    Ahora leyendo tus breves relatos entiendo ese concurso que ganaste...y la verdad es que nos lo pones dificil para ponernos a tu altura y redactar el trabajo...tu tienes ventaja jodio¡¡¡ja ja ja.

    Muchas gracias por dejarme conocer algo, que supongo que para ti tendra mucho valor, ya que estos relatos seran fruto de tus sentimientos y de tu "inspiración".

    Espero que lo pases super bien en tu escapada y que lo observes todo muy atento para que luego nos lo puedas contar a los que no pudimos ir y escribas otras de tus joyitas,ok?

    Un besito. Ana.(Espero q sepas quien soy,jajaja)

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  8. Muchas gracias Ana, jeje, me alegro de que te guste lo que escribo en mis ratos libres, pues nada espero pasarlo bien y dormirme un poco en el viaje, por que sino se me va a hacer un poco largo- siempre podre escribir., y por supuesto aquí habra noticias del viaje y de las personas que me encuentre en el.
    Un beso.

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  9. Como cantaría la caboverdiana Sara Tavares (cada vez que la escucho me teletransporto, todo por culpa de Maruxa), Lisboa kuya, kuya bué!!

    Beijinhos!

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  10. Pues sí, jeje, yo hay muchos días que también me teletrasporto, a mis recuerdos y sensaciones.
    P.D:En las próximas semamas,mostrare mis recuerdos y sensaciones de Nueva York.
    Muchos Besos.

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