miércoles, 14 de abril de 2010

EL SAMAÍN ESTADOUNIDENSE


            ¿En cuantas películas, series o documentales grabados en los Estados Unidos hemos visto las famosas calabazas de Halloween? Ya saben, esas calabazas naranjas, vaciadas por dentro y con muecas tétricas en su frente. Cuando las vemos, todos pensamos que esta tradición de calabazas, dulces y sustos es típicamente yankee, pero al igual que ocurre con tantas otras cosas que damos por sentadas, no hay nada más lejos de la realidad.

            El número de elementos intercambiados entre América y Europa, durante los primeros viajes de ida y vuelta fueron ingentes, entre ellos, se mezclaron comidas, elementos culturales, creencias religiosas y costumbres varias. Una de estas costumbres culturales que se intercambiaron por medio de los viajes en barcos entre ambos continentes, fue esta tradición de las calabazas. Además, como por todos es sabido, una de las grandes aportaciones a América vino dada por el pueblo celta, sobretodo de la zona irlandesa, pero sin dejar atrás a muchas personas de nuestra cercana Galicia, asentándose en tierras americanas con un gran peso, peso que se aprecia hoy en día -solo hay que fijarse en el día de San Patricio (santo de origen irlandés), que es la mayor festividad de la ciudad de Nueva York-.

            Para llegar al núcleo de esta tradición celta, hay que irse un poco atrás en el tiempo, más o menos, unos 3000 años de nuestra historia, cuando el pueblo bárbaro y conquistador celta se extendía por toda Europa. Pueden hacerse una idea del asunto en cuestión, ya saben, un pueblo conquistador, fuerte y raudo, que pasa a rodillo y a cuchillo a todos los que se pongan delante intentando poner freno a sus ambiciones. Como todas las culturas, la celta también llevaba a cabo unas jornadas de celebración o digamos, una jornada de acción de gracias a su dios, dioses, o a quien sea por sus triunfos o por lo que venga a cuento. Ya saben, cada uno con sus cosas, ahora no quiero meterme en camisas de once varas, ni en trabajos antropológicos, pues lo que me interesa aclarar es otra cosa más simple.

           El caso, es que el pueblo celta, celebraba una de sus fiestas más importantes el último día del mes de octubre, esta fiesta, era considerada por ellos como el año nuevo celta, fecha que curiosamente coincide con la fiesta cristiana de la noche de los difuntos, como ven, de nuevo la religión se apropia de una fiesta pagana para usarla en su provecho y allanarse el terreno para conseguir la aceptación de su nueva religión, por parte de un pueblo analfabeto y necesario de creencia a pies puntillas.

          El caso, es que esa noche, la del 31 de octubre, en todas las casas celtas era costumbre colocar un elemento muy parecido a las calabazas americanas en sus puertas, como evidentemente hace 3000 años en la vieja Europa no se conocían las calabazas, el elemento elegido por estas familias, era la de las calaveras de sus enemigos, vencidos durante el año. Un tanto tétrico, tal vez, pero más que tétrico, para ellos, era un elemento y una costumbre beneficiosas para su pueblo y sus pobladores, pues, con la exposición de las calaveras de sus enemigos, pretendían espantar a los malos espíritus de sus aldeas.

         Cuando años después, el pueblo celta, dejo de ser un pueblo bárbaro, para convertirse en un pueblo asentado, de costumbres fijas y cultura abierta -como hoy más se les conoce y recuerda-, dejaron a un lado la costumbre de colocar ante sus puertas las calaveras de sus enemigos, para colocar una especie de nabos gigantes, que se cultivaban especialmente para ello, a estos tubérculos de grandes dimensiones, se les ahuecaba, se les calaban los ojos y boca y se les colocaba dentro un facho encendido.

         Como ven, en esta época avanzada del pueblo celta, la tradición ya se parecía mucho a lo que ahora vemos en las películas de América del Norte, pero, no acaban aquí la similitudes, pues ya saben, que una de los elementos más importantes del Halloween, es que los niños recojan dulces durante la tarde y coman después de ellos junto a su familia. Pues bien, esto también proviene del Samaín celta-noche en la que la puerta entre el mundo de vivos y muertos desaparece y las almas de los muertos volvían a visitar los lugares terrenales-, pues los antiguos pueblos celtas, se juntaban esa noche de fin de año para degustar dulces. Y hoy en día, no es raro ver en los pueblos irlandeses y en muchos gallegos, a las personas que los habitan degustando distintos dulces realizados con calabaza o cabello de ángel.

         Como ven, el pueblo celta fue y es muy importante a nivel cultural y tradicional, además, aunque en nuestro subconsciente pensemos que ciertas tradiciones de un país en concreto pertenecen a su cultura desde el principio de los tiempos, manejando ciertas informaciones, nos damos cuenta que no lo son tanto, por lo que es importante saber de donde vienen las cosas que celebramos o que realizamos en ocasiones especiales. Pues, en la mayoría de los casos nos llevaríamos una gran y grata sorpresa.

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