miércoles, 21 de abril de 2010

EL SÍNDROME AIDO

Hace unos días, me encontraba tranquilamente esperando la partida de mi autobús, la tarde, no tenía nada de extraño, era una como otra cualquiera, una de esas tantas veces en las que se espera la salida de un medio de trasporte, supongo que este tiempo de espera – a veces más de lo que se debería-, es tiempo perdido, en estaciones de autobús, ferrocarril y aeropuertos, es el peaje que se ha de pagar para poder moverse y viajar por cualquier parte del mundo.

El caso, es que me encontraba de pie, junto a mi maleta, rodeado de gente de todos los tipos y edades en una pequeña estación de autobuses de una capital media. De repente, apareció en escena un tipo alto y escuálido, de hirsuto pelo negro, zaino y despeinado y con el cabello sucio. Portaba unos pantalones vaqueros, descoloridos, los cuales le quedaban cortos, dejando ver unos calcetines blancos y unas zapatillas también blancas, una de ellas rota en la parte delantera. Aunque hacía buen tiempo, y el primer sol de la primavera invitaba a enseñar brazo y quitarse los jerséis, el llevaba una parca, espesa, que me pareció que en algún momento de su vida fue blanca, pero que en ese momento era una mezcla de ocre blanquecino, mezclado con otros colores menos atrayentes a la vista. Por si fuera poco, cuando la gente pasaba a su lado, el individuo gruñía maldiciones por lo bajo, demostrando una mala catadura y peor jaez. Lo cierto es que su forma de comportarse, hacía, que todo el que pasaba a su vera le miraba un tanto sorprendido, todos los que hacían este automático gesto, pensaban después, que si el carácter demostrado por el tipo, se bebía a que se trataba de un genio desaliñado, un perturbado trastornado, o simplemente un loco de manual.

Tras permanecer un largo rato parado en el mismo sitio, de repente, comenzó a moverse, se dirigía hacía el final de las dársenas, más o menos por donde yo me encontraba, pero cuando se situaba más o menos a la mitad del camino, se paro en seco, miro a su alrededor esbozando una sonrisa, que creo haber visto anteriormente en alguna película de serie B, y levantando la cabeza grito al viento, con todo la fuerza y poderío-que dicen de las folclóricas-, que le permitieron sus pulmones y cuerdas bocales: “Viva España y los españoles y las españolas, somos los mejores y las mejoras”. Así, tal cual, cito textualmente, no me he inventado ni una sola coma, se lo juro por mi colección de Mortadelos.

Cuando unos minutos después subí a mi autocar, y mientras buscaba mi sitio para acomodarme antes de comenzar el viaje, pensé, seriamente, si tal uso de la lengua de Cervantes realizado por aquel individuo, se debía a que era autodidacta y pensaba por su cuenta como se podría evolucionar o hundir su lenguaje-según como se mire-, o si tal vez, había oído las declaraciones sobre el tema referente al uso del genero y la genera, que ya hace unos meses realizo la ministra y ministro de igualdad e igualdod, Bibiana Aido. Ya saben, lo de los miembros y las miembras.

Me imagine acto seguido -he de reconocer que tengo mucha imaginación en según que casos-, a la ministra barra ministro de igualdad barra igualdod aplaudiendo al individuo barra individua, increpador de transeúntes equipados con maletas y culpable del sentimiento de intranquilidad y miedo que mostraban los niños y las niñas, y los barras las viejos barra viejas, que allí se encontraban, Pensé acto seguido, que la Bibi, cogería a ese hombre y se lo llevaría así, tal cual, al congreso de los diputados, para mostrar como se debe usar el lenguaje, tras mostrarlo al alto numero de diputados semi analfabetos y analfabetos completos-incluidos e incluidos ex-ministros y ex-ministras de cultura y culturo seguiría el paseo por las demás cámaras de representantes.

Acto seguido-sigo con mi imaginación-, lo llevaría a la Real Academia de la Legua, donde esos tradicionales de libro y pluma-estilográfica-, se apoltronan en sus sillones tocados por letras mayúsculas y minúsculas y que van-siempre según la ministra-, a la cola de la sociedad, y poniendo zancadillas a las personas y personos como ella que quieren hacer del lenguaje castellano una punta de lanza donde todo el que tenga alguna idioted cerebral que aportar al lenguaje, lo haga.

Este tipo de gente-sobretodo los que ocupan un cargo público-, me recalienta el espejuelo y me hace saltar la válvula. Miren a su alrededor, fíjense en todas esas personas, individuos, personajillos y cabestros, que solo por que saben usar-más o menos-, un lenguaje, creen que tienen la capacidad y la libertad de cambiarlo, usando las palabras a su libre albedrío. Hay muchos ejemplos, pero hay tres que me trepanan las entrañas especialmente. Uno de ellos, tal vez el más grave, sea, el de denominar a nuestros mayores como tercera edad, haciendo un claro paralelismo con la denominación de tercer mundo-otra muestra de lo grotesco de la manipulación del lenguaje-, quitándoles, a esas personas la oportunidad y el orgullo de que se les pueda llamar mayores o viejos, como si ese adjetivo fuera un insulto, cuando debería ser un alago-ojala todos llegáramos a viejos-.

Las otras dos, son si quieren más relamidas, más políticamente correctas para los tiempos que corren, más empalagosas en según que buces, como la aplicación del termino “personas de color”, para referirse a la raza negra, cuando a ellos les sienta peor esta discriminación lingüística- por lo menos a los que yo conozco-, pues a mi tampoco, me molesta cuando me llaman blanquito. O la de perder la frescura del lenguaje castizo, al referirse a las lumis o prostitutas de toda la vida, dándoles el apelativo de señoritas de compañía o de cenicientas de saldo y esquina-esta última por lo menos es un tanto poética-.

El caso es que según va el paso y según caza la perra-que dicen en mi tierra-, en un futuro, nos marcaran la evolución del lenguaje los politicuchos y politicuchas, los mismos, que cuando abren la boca no saben si matan o espantan, y los mismos-tanto los de ahora como los de antes-, que han hecho que la educación y la cultura de este país sea escasa y cara. Poniendo, además, un peaje generacional a nivel ideomatico, entre los jóvenes españoles y el resto de jóvenes europeos. Peaje, que ahora quieren arreglar con ese desproposito llamado Plan Bolonia, pero esto, lo dejaremos para otro día, que hoy ya esta bien de palos.

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