miércoles, 26 de mayo de 2010

KATYN, 1940.



Hoy, les invito a hacer un viaje, un viaje en la historia, un viaje al año 1939. Europa se veía encaminada sin remedio a una nueva guerra mundial, España, acaba una guerra cainita y fraticida que había dividido a su población en dos bandos enfrentados, tal vez para siempre. Mientras tanto, Polonia veía como dejaba de existir como país, y como dos de las principales potencias se la repartían, como si de una tarta al borde de la putrefacción se tratase, su zona occidental para la Alemania nacional socialista y la parte oriental para la Unión Soviética.

Supongo, que todos se harán cargo de la época y de la situación histórica a la que nos acabamos de trasladar, una época tétrica en cuanto a derechos humanos, en cuanto a libertad de cualquier tipo, una época en la que lo único importante para muchos, para casi todos, era intentar llegar vivo al día siguiente. Esto, que hoy damos por sentado y por lo que no nos preocupamos, era una quimera para la gente del 39. En esta perspectiva y viendo como avanzaban las cosas por norte de Europa, se pueden dar cuenta, que la historia de hoy no es feliz ni alentadora, todo lo contrario, pero lo que si va a ser -se lo aseguro-, es un intento por aclarar una laguna histórica-una de tantas que quedan por aclarar-, una laguna, que ha estado culpando a quien no debía durante muchos años.

El asunto, es básicamente así, a groso modo. Cuando Polonia deja de existir, la parte oriental se ve desahuciada, las tropas de Stanlin comienzan a detener, y a trasportar a miles de personas a campos de concentración, campos que nada tenían que envidiar a los conocidos campos de la muerte nazis, obligando al gobierno legitimo a exiliarse en Londres. De lo que por entonces ocurría en la Polonia occidental, prefiero no entrar en detalles, todos conocemos la historia del guetto de Varsovia y de los abusos del ejercito nazi en esta ciudad y en otras cercanas.

Pasado el momento inicial, parecía que todo se había detenido, hasta, que durante el año de 1941, el gobierno polaco en el exilio, pidió explicaciones al gobierno encabezado por Stanlin, sobre el paradero de todos sus paisanos, desaparecidos desde el año 1939. Él, abrigado por la comodidad de poder y dentro de ese marco de cinismo que ofrece cualquier régimen totalitario contestó, que él no sabia nada, que hacía tiempo que los había perdido de vista. Pero como siempre, se coge antes a un mentiroso que a un cojo y dada la situación mundial, un buen día del año 1943 Hitler ordenó a sus muchachos que invadieran la URSS, pasando por Polonia.

La marcha parecía un paseo, el ejercito alemán cruzó prácticamente Polonia en la mitad del tiempo predispuesto, pero cuando llegaron a la frontera con la URSS, los chicos de Adolfo se asombraron de lo que se encontraron en su camino. De repente, se encontraron en medio de un frondoso bosque, de altos abedules, de cierto aire melancólico, incluso fantasmagórico, silencioso y decadente. Los jóvenes miembros de las S.S alemanas se vieron seriamente sorprendidos ante cientos de fosas comunes, fosas, tímidamente profundas, dejaban a la vista numerosas manos, miembros y cabezas, algunas de las partes de los finados, al asomar al aire habían sido devorados en parte por aves carroñeras, el espectáculo dantesco, informaba a simple vista, que los cuerpos habían sido enterrados con prisa y de mala manera.

Confundidos, los nazis preguntaron a los ciudadanos polacos a que se debía aquello, ellos, en principio callaron, por miedo a las tropas de Stanlin, pero pronto se dieron cuenta de que las tropas de Hitler no eran mucho mejor, y pronto contaron su versión de la historia. Rápidamente, las S.S avisaron a su Führer, de lo que se habían encontrado, y este, viendo en ello un gran punto de propaganda a su favor y en contra de la amenaza roja asesina de la cual tenía pensado salvar al mundo, avisó a la Cruz Roja Internacional, los cuales aseguraron que los cadáveres eran de polacos y que posiblemente habían sido asesinados por armas soviéticas.

Pero, Stanlin rápidamente llevo a cabo una contrapartida, acuso ferozmente al gobierno nazi alemán de haber entrado con toda su fuerza en su territorio polaco, abatiendo y asesinando a todo bicho viviente, además de acusar, el gobierno soviético lanzó a los cuatro vientos de la escena internacional, la culpabilidad alemana. Sus aliados más cercanos, como Inglaterra, o la parte de Francia aún libre, se lo creyeron, ya saben, por aquello de evitar roces y por razones políticas. Además, lo importante en ese momento era acabar con Hitler, después ya se vería. No hace falta decir, que el gobierno polaco exiliado no se creyó ni una palabra, y uno de los más férreos acusadores del gobierno soviético, Sikorski, murió en extrañas consecuencias en un accidente aéreo en Gibraltar, el mismo año de 1943. Además secretamente los aliados comenzaron a llevar a cabo investigaciones por su cuenta.

Los cruces de acusaciones fueron amplios, incluso en gobierno soviético grabó un film totalmente propagandístico sobre la masacre de Katyn, por su puesto dando su versión, acusando a los nazis, y dando todo tipo de detalles sobre como actuaron en tierra polaca.

Como era lógico, los aliados descubrieron la verdad en muy poco tiempo, pero no dijeron nada, por mantener las apariencias. Pero, tal vez el silencio duró demasiado. Llegando en silencio hasta los famosos juicios de Nuremberg, donde el gobierno de Stanlin, acuso a un amplio grupo de las S.S alemanas, de ser los culpables de la matanza del bosque de Katyn, la verdad por todos sabida, pero por nadie reconocida ni aclarada, salió a la superficie, pero no de una forma clara. Simplemente, el jurado de Nuremberg declaró a todos los acusados inocentes de la masacre.

Lo cierto, es que a día de hoy esa matanza perpetrada por el gobierno soviético, hacía su propia población, se ha cerrado sin culpables, a pesar de estar demostrada, que la matanza, no fue otra cosa, que una purga más a manos de Stanlin. Esta purga, consistió en acabar con 22.000 personas polacas, entre ellos, militares, profesores, médicos, abogados, periodistas e intelectuales-los mejores en sus respectivas profesiones-, estos, salieron de los campos de concentración soviéticos, durante la primavera de 1940, día a día en distintas camionetas hacía el bosque de Katyn, allí tras desnudarles-dejándoles solo con su ropa interior-, eran obligados a arrodillase y a agachar la cabeza, y allí, ante uno de eses grandes abedules eran cruelmente asesinados de un tiro en la nuca, después, eran levemente enterrados en grandes fosas comunes.

Como ven, los ganadores escriben la historia, la suya, no la verdadera. Por suerte, hay gente que no se queda en la verdad políticamente correcta, la de los vencedores, la de los poderosos. Siendo capaces de ir más allá y demostrar la verdad, sin casarse con nadie y acusando a quien lo hizo, sin medias tintas ni paños calientes, sean los vencedores o los vencidos. Como ven, en las guerras no hay buenos ni malos, solo muertos. Los nazis fueron los culpables del holocausto judío, pero Stanlin nunca tuvo nada que envidiar a los crueles asesinos de las S.S, y en capítulos de la historia como este, lo demostró de amplia manera.

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