miércoles, 12 de mayo de 2010

LE QUIT EST EXTRAORDINAIRE

Supongo, que recordaran la frase con la que termine esta página la pasada semana. Pero, aunque estoy seguro de que todos la recuerdan perfectamente, voy a traerla a colación, para que les pille a mano en la próxima historia. Como todos bien conocen la famosa frase de Juan José Millás decía lo siguiente: “Cuanto más deprisa huyes de lo que temes antes lo alcanzas”. Pues, tras pensarlo sopesadamente durante esta semana-ya les dije en su día, que la afirmación da pie a numerosos pensamientos-, pues hay vamos.

El asunto, es que tras estar algunas horas trepanándome lo sesos-lo cual a estas alturas de año no es difícil para un estudiante-, llegué a varias conclusiones. Una de ellas, es en lo amplio de la estupidez humana. Pues cuando temes algo tiendes a apartarlo, sin darte cuenta, que la única forma de acabar con ello, es afrontarlo de frente y sin paños calientes. Y no intentando correr en dirección contraría, pues si una cosa sabemos los historiadores, es que este curioso devenir de idas y venidas, a la que nosotros ahora llamamos vida y a lo que nuestros descendientes llamaran historia, es circular y repetitiva. Por lo tanto, tarde o temprano te toparas de lleno con ello, y si nadie lo remedia te reventará en la cara.

La otra conclusión a la que llegué, no sin estimularme antes las neuronas, es que hay otras personas, que se lanzan hacia lo que temen. Saltando hacia ello- en el caso que nos referimos hoy, más que lo que temen se lanzan hacia lo que odian-, tal vez de forma inconsciente, o tal vez no, pero el caso es que lo hacen. Normalmente tratan de evitar algo por todos los medios haciéndole frente, aunque en la mayoría de los casos no lo consiguen, así es la perra e insensata vida. La de a continuación es una de esas historias, y seguro que cuando acaben de leer este articulo lo comprenden mejor.

Es muy probable que muchos ya la conozcan o la hayan oído alguna vez, o si no la conocen, miren en algún libro de filosofía encontraran algún ejemplo como el siguiente.

Imagínense que estamos en una ciudad de Francia, Burdeos, Bourdox, Bordeaux o Bordéu, una ciudad como otra cualquiera, pero en la que tengo unas amigas, por lo cual, Burdeos me viene al pelo. Allí había un joven matrimonio que querían tener descendencia, pero no lo conseguían de ninguna manera. Tras visitar muchos especialistas y tras muchos quebraderos de cabeza un buen día la mujer consiguió quedarse embarazada, lo cual fue recogido con jubillo por toda la familia. Cuando llegó el día del parto, el padre aún no se había hecho a la idea de que por fin tendría descendencia y el medico que atendía a su mujer, lo permitió asistir al parto dentro del quirófano, cuando la comadrona sostenía al bebe, el padre henchido de orgullo dijo: Esto es extraordinario, bueno, supongo que lo diría en francés: “Le qui est extraordinaire”.

Tanto parece ser el fervor con el que el padre dijo esta frase, que la madre decidió que ese era un perfecto nombre para su retoño, por ello, el día del bautizo lo llamaron Extraordinario. El nombre, por poco habitual, llamó la atención de sus vecinos y allegados. Como era normal, lo de su nombre no paso desapercibido tampoco en su colegio y mucho menos en el instituto, se pueden imaginar las bromas sufridas, los niños pueden ser muy crueles. Sobre todo teniendo en cuenta, que el pobre Extraordinario, nació cojo de la pierna derecha, que contaba con un cierto problema en uno de sus ojos, el cual, marcaba ya desde temprana edad, que Extraordinario sufriría estrabismo. Por si fuera poco, su piel lejos de ser color rosácea como la de la mayoría de los niños con los que compartía recreo y juegos, tenía un leve color amarillento, como enfermizo, su voz se torno apolillada con la llegada de la pubertad y los ojos lejos de mantenerse verde azulado, se convirtieron en un un verde musgoso.

Como pueden ver, la vida de Extraordinario no fue un paseo de rosas, ni en su juventud, ni en su madurez. Cuando Extraordinario acabo sus estudios, y comenzó a trabajar en una oficina, las bromas sobre su forma física y su nombre dieron paso a muchos y en algunos casos humillantes juegos de palabras. Toda esta losa, cargada desde su más tierna infancia hasta su jubilación, acabó por pasarlo factura, y Extraordinario, termino odiando su nombre por el resto de sus días.

A tal extremo llego este odio, que cuando se encontraba en su lecho de muerte, su mujer se acerco al jergón donde su querido Extraordinario, yacía esperando que la parca viniera a picarle el billete. Su mujer, a punto de romper a llorar, preguntó, que era lo que deseaba que le pusieran como epitafio sobre su tumba. Él, como no, respondió, pon lo que quieras, menos mi maldito nombre.

Dicho y hecho, tras morir colocaron el epitafio elegido por su mujer, en el rezaba lo siguiente: “ Aquí yace un hombre inteligente, trabajador, y que se mantuvo siempre junto a su mujer y sus hijos”. Quiso la fortuna, que la tumba de este individuo se colocara cercana a la puerta de la necrópolis de la ciudad francesa. Allí, donde todo el que entraba pudiera leer lo escrito en la lapida. Tras leerlo pausadamente, todo los que por allí pasaban hacían la misma afirmación. Pues si es verdad todo esto-decían-, el que esta enterrado aquí era un hombre extraordinario.

Como ven cuanto más luchas contra algo, y cuanto más intentas apartar de ti una cosa a la que temes o a la que odias, más pronto se pondrá en tu contra, y para muestra un botón.

2 comentarios:

  1. En francés continenetal, la acepción correcta es Bordeaux. Pero en idioma occitano-lengua romance hablada entre otros lugares al sur del río Loira,es decir Sur de Francia, así como en Los Valles Occitanos de lo Alpes del Piamonte italianos o en el Valle de Arán, del noroeste de Cataluña- la acepción Bourdox o Bordéu, es totalmente correcta. Por lo tanto ambas se usan de forma indistinta.

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