miércoles, 18 de agosto de 2010

DE McGEE´S A McLAREN´S.



No suelo ver la televisión-o casi-, no me gusta. Algún informativo y poco más, siempre he preferido para entretener mis ratos muertos u ociosos un libro-malo o bueno, que de todo hay-, pero sea como fuese, siempre me he decantado por el papel escrito, cada uno tiene sus manías-otros van al fútbol o a los toros-.
Aunque cierto es también, que suelo ver a menudo películas y series, eso si, en DVD, nunca me ha gustado que un programador televisivo, me diga lo que tengo o no tengo que ver, por ello, elijo cuidadosamente que películas o series echo a mi faltriquera. Tengo muchas en la recamara, aún por ver, otras muchas ya las he devorado con ganas. Una de las últimas en pasar por mis garras ha sido “The Pacific”, de los creadores de otra gran serie, que ya tengo digerida, “Band of Brother”. Ambas recrean a la perfección ciertos momentos de la Segunda guerra Mundial, a manos de un grupo de paracaidistas-una-, o narrando la lucha de marines americanos, contra el imperio japones en el Pacifico-la otra-. Otras son más ligeras, más humorísticas, como “The big bang theory”, y la que me lleva a escribir esta página, “How i met your mother”(Como conocí a vuestra madre).
La serie, cuenta la historia de unos jóvenes que viven en Nueva York, con sus aventuras y desventuras, todo gira alrededor del protagonista, un joven que busca a su mujer perfecta. La historia corre treinta años hacia adelante y atrás en el tiempo. Pues el chico, cuenta a su hijos la historia de como conoció a su madre. La serie gira en torno a ello, pero como toda serie que se precie, tiene un lugar de encuentro: un bar, realmente un pub irlandés, que existe-o existió-, y es de ese bar y de uno de sus camareros, de lo que hoy quiero hablar.
El pub de la serie se llama McLaren´s, y se encuentra en Manhattan. En realidad el pub se llama McGee´s, también es irlandés y por supuesto se encuentra en Manhattan, relativamente cerca- en Nueva York, la distancia siempre es relativa-, de Times Square. Concretamente, podrán encontrarlo en el oeste de la ciudad, en la cincuenta y cinco, entre Broadway y la octava avenida.
El caso, es que junto a unos amigos-que también siguen, o siguieron la serie-nos presentamos en su puerta. El pub, cuenta con dos pisos, el de abajo pertenece al bar y en el superior se encuentra el restaurante. La entrada, se encuentre cubierta con un toldo azul-algo típico de los negocios de Manhattan-, donde se puede leer el nombre del establecimiento y el número de la calle, las puertas y ventanas-tres en total-, se forman de grandes cristaleras de madera, pintadas en un llamativo rojo inglés.
El interior, pues que les voy a contar, el típico pub irlandés, con su larga barra de madera oscura, banquetas, realizadas por supuesto en madera, tapizadas en el mismo rojo que cubre la madera de la entrada, al lado contrario, unas mesas con divanes y al fondo una gran bandera de la República de Irlanda con un arpa en el centro y dos enormes tréboles-San Patricio, había sido unos días antes-, rematando la decoración con varias televisiones de plasma, en la cual se pueden ver varios tipos de deporte en vivo.
Mientras dábamos cuenta de unas cervezas locales, hablábamos sobre la serie. Cuando se acerco un camarero. Moreno de pelo, ojos oscuros, enorme y blanca sonrisa. Nos explico primero en inglés y luego en castellano la historia del bar y de la serie. Atento y agradable a la conversación, nos dijo, que el antiguo McGee´s era exactamente como aparece en la serie, pero que por problemas de alquiler, se tuvieron que trasladar unas calles hacía arriba, tan solo un par de años antes, y la distribución del pub cambio un poco, pero no la idea, ni el sentimiento del pub-eso es cierto-.
El camarero que nos atendió, se llamaba Roberto Moller, y le prometí que a mi vuelta a España, escribiría aquí un articulo sobre el pub, sobre él, la serie y muchas experiencias individuales y colectivas que viví en la ciudad de los rascacielos. Es cierto, he tardado bastante en cumplir mi palabra, pero aquí esta esto, para demostrar que no olvide la palabra que un día le di. Además, en estos tiempos que corren, en las que las promesas, en muchos casos caen en saco roto, aquí queda esto, para que vean que las palabras de honor, a veces se cumplen.
Puesto que yo he cumplido mi palabra, espero que todos los que lean esto y que alguna vez viajen a Nueva York, se pasen por el pub McGee´s- que para mi, siempre será el pub McLaren´s- y se tomen una cerveza local-la Brooklyn-, y si tiene algo más de tiempo, cenen o vean un partido de la NBA o de la NFL, en alguna de sus múltiples televisiones.

miércoles, 11 de agosto de 2010

UNA PARTIDA DE AJEDREZ.


El alfil blanco se retira de su posición en C4, retrocediendo en su campo, hasta colocarse en la cercana casilla D3, lo cual, permitió la posibilidad de llevar a cabo un jaque doble. El primero de ellos, de la dama blanca al rey negro. El segundo, por parte del propio alfil blanco a la dama negra.
Uno de los jugadores-el que lo hace con las figuras blancas-, deja escapar una leve sonrisa de su boca, un leve destello de alegría, una mueca lobuna, de contenida suficiencia, era consciente del golpe de efecto que acababa de infligir a su contrincante. Este, pensativo, finalmente lleva a cabo su movimiento, sabiéndose alcanzado y perdido, elige del mal el menos y huye con su rey de A4 a B3, dejando a la dama negra a su suerte.
La partida tocaba a su fin, o eso parecía, y eso que el reloj no marcaba más que un par de minutos sobre las ocho de la mañana.
Yo me dirigía a una cafetería del barrio de El Raval barcelonés, un lugar cercano a la casa donde pasó sus últimos años Terenci Moix, cerca de una de las sedes de la CNT y al lado del Museo de arte Contemporáneo de Barcelona. Allí, en uno de los rincones más sombríos de la Plaza de los Ángeles-aún vacía a aquella hora-apareció algo que me llamo la atención. Detuve mis pasos antes de proseguir en busca de mi desayuno, justo ante un grupo de unos tres o cuatro individuos. Estaban tumbados en el suelo, rodeados de litronas de cerveza y cartones de vino vacíos, vestían ropas ajadas y sucias, no había que pensar mucho para darse cuenta de que eran unos de las muchas personas sin casa de la capital catalana, ellos, como otros pasan las noches en esa plaza, unos en las esquinas sucias, otros en las escaleras y otros refugiándose en los entrantes y salientes del moderno edificio del MACBA.
Se encontraban despiertos en torno a algo que los entretenía de sobremanera, manteniéndolos callados y observando atentamente el artilugio que se situaba en medio del grupo, me acerque lentamente, y ví como dos de ellos jugaban una apasionada partida de ajedrez, cabizbajos, concentrados, vislumbrando como serán los próximos movimientos de uno y otro jugador. Estuve unos minutos parado ante ellos, viendo como llevaban a cabo la partida, eran técnicos, valoraban cada situación posible antes de mover una u otra pieza.
El tiempo que transcurrió entre las dos jugadas arriba descritas, me dió la posibilidad de analizar a las personas que allí estaban, sus caras a pesar de estar abotargadas por el alcohol e invadidas de un color escarlata-supongo que por lo mismo-, eran de personas inquietas, pero a la vez escondían un toque de vivacidad, tal vez de inteligencia. Algunos de ellos, cruzaron unas palabras, sus acentos eran de procedencia balcánica. Tal vez-pensé-, eran algunas de esas personas que en sus países de origen eran ingenieros, médicos o profesores, quien sabe. Y que tras ver como su país se iba al garete, tuvieron que huir a otros para buscarse la vida, y llegando a su situación actual por distintos motivos: falta de trabajo, desconfianza de la sociedad, por que la economía del nuevo país tampoco estaba muy boyante e iba siendo engullida poco a poco por una cruel crisis, o simplemente por la comodidad de no hacer nada salvo malvivir en la calle. Quien sabe.
El caso, es que no jugaban por jugar, sabían lo que hacían y como lo hacían, como si lo hicieran desde hace años. Tal vez aprendieron el juego mientras asistían al colegio en algún país perteneciente a la órbita soviética-la U.R.S.S fue la superpotencia ajedrecística durante casi un siglo-, o tal vez simplemente el aburrimiento de las calles les había apremiado a aprenderlo, tras haber encontrado las piezas y el tablero en algún lugar indeterminado de la ciudad.
Pero, tras sopesar esta idea, finalmente la rechace y supuse que habían aprendido de niños, y que alguno de ellos guardaba el juego como si de un trofeo de guerra, o un recuerdo de su lejano país se tratara, pues, el ajedrez, era de gran tamaño, con las piezas aparentemente realizadas a mano-o casi-, eran totalmente de madera, no de mal plástico, como las que se ven ahora en la mayoría de las tiendas. Tal vez-volví a pensar-, fueran de boj y ébano, al igual que la caja rectangular donde las guardaban. Apartada y cerrada en esos momentos, justo al lado de unas mantas arrugadas y amontonadas.
Después de dos movimientos más, el jugador de blancas dió jaque mate a su oponente, las otras personas, sentados junto a ellos rompieron a aplaudir, el ganador comenzó a colocar su fichas de nuevo, esperando una nueva partida, y yo seguí camino en busca de mi café.

miércoles, 4 de agosto de 2010

CARTA A UN LICENCIADO (y II).


En el anterior articulo, esboce unas pinceladas sobre algunas cosas que saben o deberían saber los licenciados, presentes y futuros, y todos aquellos que piensan en lanzarse a la aventura de serlo algún día. De ser licenciado, o como leches se llame ahora, ya saben, que con los cambios del plan Bolonia, el titulo de Licenciado desaparece, para convertirse en diplomado o no se que inventos, que ni siquiera ellos saben en realidad como van a llamarse.
Este, es uno de los mayores problemas que tienen que soportar los estudiantes de este país, pues los políticos que se encargan de llevar a cabo los planes de estudio y los cambios dentro de la universidad-y educación en general-, pública, no tienen la más mínima idea de como funciona la universidad-o la expendiduría de títulos superiores, que decía un profesor que conocí hace años-, tal vez sea, por que han olvidado como era esta, cuando ellos pasaron por allí, o tal vez, por que algunos de estos políticos, nunca dieron con sus huesos en un aula de facultad, que de todo hay.
Lo que es más complicado, es la convivencia-la de los futuros licenciados, no la de los políticos-, no es que me este poniendo romántico, pero es lo que hay. Desde un primer momento, como ya comente en el anterior articulo, veras a tipos y tipas que te serán afines y otros y otras que se convertirán en enemigos, o simplemente en trozos de carne sentados ante o tras tuyo en un aula, que entrarán, se sentarán, escucharán la retahíla que tengan que oír, y se largarán por la misma puerta por la que habían entrado unas horas antes, sin ni siquiera decir negros ojos tienes- esos son lo de menos, realmente-, gente borde o maleducada siempre la hay, aunque en según que ciudades abundan más que en otras.
Los otros, los que se convertirán en tus enemigos o esos es lo que ellos creen-pues piensan que todos los que allí estamos somos competencia y como tal somos enemigos-, que equivocados están. En serio, ya hay personas así ya en la facultad, estos al salir de ella, e incluso antes, sufren una transformación, convirtiéndose, en los que todos conocemos como trepas, y que harán todo lo posible por dinamitar el buen rollismo que te rilas, el cual se supone debería reinar en un lugar donde se dan cita un grupo de jóvenes, ilusionados con lo que hacen y harán, que comparten edad y sueños de futuro y de presente.
Pero como ya he comentado, no todo es malo. Con el paso del tiempo, aprendes a distinguir a estos trepas de la gente normal, de la gente a la que te puedes acercar sin tener que estar pendiente de que te acuchille por detrás, mientras saboreas ese sucedáneo de café que te ofrecen en la cafetería del centro. Esas personas, serán las que a lo largo de los años te harán ver el mundo académico con otros ojos, forjando una amistad como la que solo te brindan los amigos de la infancia. Poco a poco, surge el compañerismo-el de verdad, sin esperar nada a cambio-, poco a poco vas quedando fuera de la facultad, pronto te verás organizando junto a ellos viajes por Europa, cenas y salidas de fin de semana a cualquier ciudad cercana. Mientras tanto, a la vez que se va fortaleciendo el núcleo de tu grupo, vas observando y sintiendo, como estos ciertos personajes un tanto engreídos, futuros trepas de pantalones flojos y rodilleras recias-siempre preparadas por si acaso-, comienzan a miraros con desconfianza, incluso con un leve matiz de ira, pues su maquiavelico cerebro, comienza a darse cuenta, de que no podrá minar la moral de un grupo tan grande y que aparentemente se entienden y soportan -aunque ellos no puedan entender, ni el como, ni el por que-. Por supuesto como en todas las batallas, siempre habrá alguno que se pasará al enemigo cuando menos lo pienses, pero así es la vida.
Con el paso del tiempo, poco a poco cada uno de ese pequeño grupo comenzará a tirar para un lado o para otro, a centrarse en lo que más le gusta, a viajar, otros se irán a estudiar al extranjero-lo que por otro lado, se convertirá en una gran excusa para viajar y echarte unas risas transfronterizas-, y para vivir experiencias, que siempre recordareis, porque habéis pasado de ser simples compañeros de clase, de veros unas horas al día en un aula, o como mucho durante un rato en la cafetería, a pasar a ser unos verdaderos amigos, dentro y fuera de la facultad.
Incluso, tras el paso el tiempo, y aunque el grupo se separe -todos tienen sus vidas-, y todos, incluso tu, iras a otra ciudad, a otro país-es irremediable-, buscaras, y encontraras un trabajo-si tienes suerte de lo tuyo-, y seguirás con tu vida, buscando lo mejor para ti y para tu futuro. Pero ten una cosa clara, estés donde estés, hagas lo que hagas, o pienses lo que pienses, habrá dos cosas que has conseguido en la facultad, y que es probable no pierdas nunca, el titulo de licenciado y los amigo de la facultad.
Ten en cuenta este y otros consejos, no vayas de duro, pero tampoco de pardillo, y sobre todo, no te dejes pisar por los que no tiene poder para hacerlo-con otros no te quedara más remedio si quieres licenciarte-, y poco a poco, encontraras tu sitio y los años de facultad se convertirán en una gran experiencia, rematada por un titulo académico. Pero no solo te dediques a estudiar, también, disfruta, vive. Pues en la facultad, se aprenden más cosas que historia o matemáticas, cosas simples, que te serán mucho más útiles en la vida, que la teoría que aprenderás en las aulas.