miércoles, 13 de octubre de 2010

UN SECUNDARIO DE PRIMERA.




Siempre, o casi siempre, suelo tener escritos o por lo menos pensados con algo de antelación estos artículos, vamos, que no improviso de un momento para otro, se por donde me ando. Por ello, no suelo cambiar nunca-o casi nunca-, su orden, ya ven costumbres o manías de historiador, todo ordenado y colocado. Ya saben defecto profesional. Y digo casi nunca, por que el articulo de hoy si ha sufrido este, digamos “desorden” cronológico, pero les aseguro que tiene un porque.
Ayer, leyendo la publicación virtual de un diario de tirada nacional me sorprendió una pequeña noticia enmarcada en un pequeño recuadro de dicha publicación, la noticia decía así: Fallece Manuel Alexandre. Un pequeño escalofrió me alcanzó por la espalda, un sentimiento parecido al que sientes cuando lees la esquela de un conocido, o de una persona a la que hace tiempo que no veías.
A Manuel Alexadre, lo conocí hace ya unos años, posiblemente en uno de los lugares que más frecuentaba, junto a sus amigos y conocidos, unos ya desaparecidos, otros que aún siguen presentándose allí a diario. Era, un sábado de mayo de hace cuatro o cinco años, en el Café Gijón del Paseo de Recoletos de Madrid. Allí, junto a la puerta de entrada, la primera mesa que queda a la derecha, según se accede al local, justo pegado al recoveco donde años atrás se colocaba Alfonso, cerillero, limpiabotas y anarquista, vestido con un mono azul de dos piezas y rezongando cada vez que alguien se dejaba la puerta abierta. Las puertas están para cerrarse, decía Alfonso, cuando alguien dejaba la puerta sin entornar. Junto a él- a Alexandre-, unos cafés o unas infusiones, que compartía con amigos de toda la vida, uno de ellos, siempre sentado junto a él, el también actor Álvaro de Luna, el eterno Algarrobo.
Recuerdo, como hace años, tras verle dos o tres veces, en la misma mesa del Café Gijón- en la que hoy no se sienta nadie-tan solo hay un retrato del cómico y un ramo de flores-, me acerque y le salude, para felicitarle. Por aquel entonces, le acababan de nominar al premio Goya al mejor actor por su penúltima Película, Elsa y Fred. Este goya no se lo dieron -si le concedieron el de honor, en el año 2003-. Una gran película del director Marcos Carnevale, que con más de ochenta y cinco años le dio la oportunidad, de ser actor principal por primera vez en su vida, junto a la actriz China Zorrilla. Las escenas finales de la película, en la Fontana de Trevi de Roma, simulando la película preferida de ella: La dolce vita de Felini, es una imagen que evoca perfectamente la felicidad de este actor y de todos los que le conocíamos. Fue entonces, cuando él, contento por la situación y esperando supongo la llegada de su inseparable conversador, Álvaro de Luna, me contó algunas escenas de la historia de ese café. La que más recuerdo, sin duda, fue una en la que Camilo José Cela, soltó un guantazo a un amigo común, tal, que lo tiró al suelo, después de que este, le tomara el pelo al dar una aportación económica para hacer un homenaje al premio Nobel. Manuel Alexandre, se partía de risa mientras lo contaba, con sus grandes y cansados ojos abiertos y su sonrisa pícara y galante, con su bigote perfectamente arreglado.
Es curioso, su última obra de teatro, donde si fue un actor de primer orden, fue Tres hombres y un destino, junto a José Luis López Vázquez y Agustín González, que curiosamente, también fue la última interpretación teatral para los otros dos insignes actores. Pero como secundario, apareció en las principales películas españolas, aunque en muchas apareció inadvertido, les pongo un ejemplo. Recuerdan El Verdugo, de Berlanga, pues bien, él era el ejecutado, pero también le pudimos ver en ¡Bienvenido Mister Marshall!, o Muerte de un ciclista, entre otras importantes e inolvidables producciones españolas.
Hoy curiosamente también, el mundo lo despide en el centro del teatro madrileño, en la Plaza de Santa Ana, en el Teatro Español, un lugar importante para él-pues allí debuto en los años cuarenta-, y para el teatro español, hace unos años también se despidió allí al cómico total, amigo intimo de Alexandre. Fernando Fernán-Gómez.
Pero, sin duda, es un teatro importante para mí, allí siendo aún un crío, asistí a mi primera obra de teatro. Esta, no fue otra que Eloisa esta debajo de un almendro, de Enrique Jardiel Poncela, allí he asistido a presentaciones literarias de novelas de los principales escritores de lengua española. Y allí el grueso de la cultura española, junto a los políticos de turno que irán a hacerse la foto, despedirá hoy al otro cómico total, posiblemente al último. A esa persona bonachona y simpática, que llegó a reconocer en varias ocasiones, que era lo que más le gustaba en su vida: el teatro, las mujeres y los percebes, decía seguro y con su pícara sonrisa.

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