miércoles, 3 de noviembre de 2010

UNA HISTORIA DE GUERRA Y HONOR.


Nos encontramos a día 9 de Noviembre del año 1808, en un lugar concreto, exactamente entre las poblaciones de Gamonal y Villafria, en la actual provincia de Burgos, en esos mismos momentos, el ejercito francés, con su emperador a la cabeza, se dirige a realizar una reconquista, la de la ciudad de Burgos. Napoleón, y sus chicos se mueven desde la Bureba hacía la capital, a reconquistar la plaza que el día 22 de septiembre habían perdido, por la fiereza de los burgaleses.
El francés, no iba solo evidentemente, además de sus húsares y mamelucos, lo acompañaban, los dragones y los terribles lanceros polacos, el cuerpo de ejercito I, II, III, IV y VI, así como su guardia Imperial y la reserva de la división del general Merle. Un total de 20.040 hombres, así como 4000 fuerzas de caballería y 62 piezas de artillería.
Por el otro lado, el español, los hombres que hacían frente al petit cabrón-como le conocían algunos en la época-, era la Primera División del Cuerpo del ejercito de Extremadura, mal dirigidos y peor representados por Ramón Patiño, Conde de Belveder, que pasó de ser un simple Guardia de Corps a General. Reforzados por el Batallón de Escolares de Benavente y el Provincial de Tuy, junto a un pequeño grupo de artillería con 4 piezas del Ejercito de Galicia. Aguantando y esperando la aparición del ejercito inglés, que debería llegar a manos del general Blake.
Bueno, a parte de los datos cronológicos y cronográficos, datos que siempre caracterizan cualquier detallada descripción de un batalla, por pequeña u olvidada por la historia y sus libros que sea. Pero, lo que me interesa de esta historia de guerra, no es solo la guerra en si, me interesan otras muchas más cosas que en un momento narraré, esos pequeños detalles, que hacen que la historia haya ido hacía una u otra dirección, así como las malas decisiones de los malos mandos, o la capacidad de decisión y los atributos bien puestos de otros personajes, y lo narrado a continuación, es una caso claro y correcto de lo que quiero decir.
El día 9 de noviembre de 1808, el Conde de Belveder, recibió, la orden clara por parte de generales mucho más expertos y veteranos. Esa orden decía, que defendiera la plaza de Burgos llevando a cabo una defensa periférica de la ciudad desde los cerros cercanos, mientras esperaban la llegada de los ingleses, pero el inepto del Conde de Belveder decidió hacer lo que le vino en gana y salió con sus tropas a campo abierto, entre las poblaciones de Gamonal y Villafria, situando su vanguardia en Rubena, quedando al descubierto y vendidos. Por ello, cuando el día 10 de noviembre de 1808, en el momento en el que ambos ejércitos se juntaron en el campo de batalla, lo que en un momento inicial fue un choque de ejércitos, se convirtió en una matanza, en una tragedia donde los españoles fueron masacrados en unos minutos, y un poco después de las once de la mañana, solo unos pocos vencidos, huían entre las calles de Gamonal o buscaban la huida a través de la ribera del ría Arlanzón.
El avance Imperial era imparable a esa hora, mucho más sabiendo que el Conde de Belveder había dejado la defensa de la ciudad en manos de una población, pauperricamente armada y atemorizada, como si de un niño abandonado y asustado se tratase. Pero, como en todas las historias, al igual que hay un inepto descerebrado-el nuestro ya lo tenemos-, también hay un héroe, que tiene todo donde lo tiene que tener. Este, no fue otro que Vicente Genaro de Quesada, que ese día accidentalmente se encontraba al mando del batallón que defendió con sus pocos hombres la ciudad, ante la entrada enfervorizada y en busca de sangre y oro, de la caballería gabacha. Se mantuvo de pie con sus hombres, hasta que herido en todo su cuerpo, exhausto y con el sabor dulce y espeso de su propia sangre en la boca, defendió su vida y la de sus 74 hombre hasta las últimas consecuencias, por su honor y por sus huevos-un tipo que se vestía por los pies-. Un tipo, que cuando tenía todo perdido, y con un pie en el otro barrio, saco fuerza de flaqueza y cuando el general Bessiers le ordenó que entregara su sable, este le mando a paseo. Este tipo, sabia lo que era el honor y sabia defender el suyo y lo demostró a costa casi de su vida.
Pero en esta historia, hay otro personaje que demostró su honor y valía, así como su respeto ante los valientes, aunque sean enemigos. Cuando unos días después, Napoleón hacía su entrada en la ciudad sin triunfalismos y se asentaba en el Consulado del Mar, un individuo de su ejercito, el general Bessiers, se acercó al hospital de Sangre, donde Vicente Genaro de Quesada se debatía entre la vida y la muerte, y haciendo valer su honor como militar y como persona, se acerco a aquel que se había defendido a sablazos contra sus hombres, y quitándose el sombrero Imperial, le entregó su espada, la misma que el militar español se había negado días antes a entregar al ejercito del francés.
Como ven a pesar de ser una guerra abierta, de sangre y machetazos, una guerra dura y a muerte, como lo son todas a fin de cuentas, hay pequeños detalles como estos, que demuestran que a pesar de ser enemigos, y a pesar de pasarse unos a otros por la calandria sin rechistar. A pesar de todo esto, se puede demostrar que lo cortes no quita lo valiente y que hay gente que además de un uniforme y un cargo tiene también honor y respeto.

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