miércoles, 15 de diciembre de 2010

MILAGRO EN BARAJAS.


El té, estaba servido en vaso de cartón y además, sabia a jabón. La leche por su lado, estaba fría, pero la novela que portaba en mis manos, por lo menos era buena. Aunque, el barullo que reinaba en toda la terminal del aeropuerto de Madrid Barajas, no me permitía llevar a cabo una lectura tranquila y sosegada, la cual me hubiese gustaría.
Pero el asunto, no era para menos, las cuatro terminales del aeropuerto de la capital, estaban saturadas de gente y de maletas, que iban y venían sin rumbo establecido, debido a que los informadores de Aena y las compañías aéreas, les mandaban de un lado para otro sin darles explicación alguna, de por que no salían sus vuelos. Apenas unas leves explicaciones, diciendo que los controladores aéreos, se habían puesto malos, o se habían sentido indispuestos, todos a la vez y se encontraban reponiéndose de sus vahídos-curiosamente todos juntos y en comandita-, en el gran salón de actos, de un importante y conocido hotel, cercano al aeropuerto madrileño.
El caos, montado por el boicot de los controladores, era aterrador, de repente, la gente, que antes hacía cola, regular y tranquilamente, ante los mostradores de facturación, comenzaron a alborotarse, a pedir aclaraciones, a perseguir a la gente de Aena, y a pedir inmediatamente una explicación creíble y justa-la cual se merecían, y la cual nadie les dio-. El asunto, comenzaba a enquistarse, según iban pasando los minutos y al pasar las horas, comenzaba a mascarse la tragedia. Una tragedia aeroportuaria.
Yo, que tan solo esperaba, que no iba a ningún sitio, cerré mi libro-era imposible seguir leyendo-, y me paseé por la terminal en la que me encontraba, el alboroto ya era general-no sin razón-, pues este grupo de trabajadores, los cuales cuentan con unos sueldos que ya quisiéramos los demás, con una jornada laboral, que ya la quisiéramos los demás, y que hacen de su capa un sayo y se pasan por el arco del triunfo las leyes, y lo que es peor, las ilusiones y los sueños, de la gente que les paga el sueldo.
Muchas personas se desesperaban, pues veían como se cernía sobre ellos la oscura sombra de la perdida de las reservas de sus vuelos y sus hoteles en el extranjero, otros, equipados con un número ingente de maletas y niños, veían como se alejaba la oportunidad de llevar a sus hijos a un parque temático francés, a la vez que veían como junto a los sueños de sus hijos por conocer a Pluto, se alejaban también, los miles de euros gastados en la actividad. Algunos-la mayoría extranjeros-, veían como se quedaban aislados en Madrid, sin conocer el país, ni el idioma, porque se encontraban allí esperando un segundo vuelo que los llevase a sus países de origen. Otros-no pocos-, ponían la voz en el cielo, porque por culpa de estos individuos, no podrían volver a sus puestos de trabajo a tiempo, y pensaban-no sin razón-, que esta ocurrencia podría costarles el puesto. Una mujer joven, de unos veintitantos, lloraba en una esquina sentada sobre una maleta rosa, mientras habalba por su móvil, diciendo a su interlocutor, que o mucho cambiaba la película o que iban a a tener que anular la boda, simple y llanamente, por que ella-la novia-, no iba a llegar a tiempo al altar.
El momento del cenit, llegó, cuando se sumó a estos, el grupo de viajeros que habían sido evacuados de un vuelo transcontinental, cuando su avión ya rodaba por la pista de despegue. El asunto estaba espinoso, muy espinoso. Las voces amenazantes y desilusionadas se oían por encima del resto de la gente. Muchos, no sabían aún a que se debía el hecho de no poder volar, cuando ya habían llegado los primeros periodistas a cubrir la noticia. Todo era un caos, las colas se multiplicaban antes decenas de mostradores, los insultos y los malos modos-repito, que con toda la razón-, se repetían cada vez en más idiomas y la desesperación de muchos- que no veían otra forma de llegar a su destino-, se notaba y se masticaba en el ambiente.
Pero, como en la mayoría de los casos de desesperación y de mala leche colectiva, ocurrió una cosa, increíble, memorable. Cerca de donde se encontraba el grueso del vituperio y el ultraje, un grupo de personas, de varias edades y de ambos sexos, comenzaron a cantar, con voces angelicales profundas, un grupo de voces celestiales, dentro de cuerpos humanos y en medio de una situación irrespirable, donde el agobio y la mala baba era constante.
El grupo de voces, comenzó a llevar a cabo una canción de opereta, calentando las cuerdas vocales. De repente, todo el mundo se giró-o nos giramos-, hacía ellos, de repente, el murmullo y las voces generales comenzaron a descender poco a poco, hasta llegar un momento-unos segundos-, en que la mayor parte de la terminal permaneció en silencio, escuchando y maravillados por el tema a cappella interpretado por este grupo. Grupo que por otro lado, esperando un vuelo con el que llegar a su actuación en Londres, dedicaba la espera a ensayar.
Cuando la agrupación cesó en la practica del ensayo con este primer tema, el barullo volvió a la terminal, las voces se apoderaron de nuevo de las personas que veían su puente volar, a los llantos por no poder llegar a su propia boda, y a las caras de niños y padres defraudados por culpa de unos individuos que cobran más de lo que merecen y que piden a la gente de la calle que comprendan lo incomprensible.

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