miércoles, 14 de diciembre de 2011

SOBRE MALETAS Y EMIGRANTES.


            Seguro que ya los conocen, seguro que muchos de ustedes queridos lectores, tuvieron algún caso cercano, familiar o amigo, tal vez incluso usted mismo. No hay que avergonzarse por haber sido uno de ellos, todo lo contrario, hay que levantar la cabeza y decir con la fuerza y el saber estar que le proporcionó la situación: si, yo fui uno de ellos. Contarles la experiencia a hijos y nietos, mientras enseñan antiguas fotos ajadas por el paso de los años y los recuerdos, orgullosos de ellos, y respetándolos sobre todo. Pues los recuerdos del pasado lejano-y en ocasiones cercanos-, son una mujer a la que no conviene desnudar.

            Supongo que ya sabrán por dónde van los tiros, esas mujeres o hombres que esperaban al lado de un andén de estación de ferrocarril, que los llevaría al París de la Francia, como dicen aún algunas abuelas de la época, mientras un tren llegaba echando tanto humo que nublaba la visión de los que allí aguardaban, y las lágrimas de los despedidos y los despedidores caían por sus mejillas. Maleta de cartón en la mano, con un par de mudas y una camisa en el interior, los que tenían suerte, incluso llevaban un pantalón de pana de repuesto. O los que se fueron a La Argentina como decían entonces, a buscarse la vida en otro continente tan desconocido como la luna para ellos. O esos de ideas políticas distintas a las dominantes, o sin ideas políticas circunstanciales, pero que les tocó apechugar por la caza de brujas, y que cruzaron la frontera portuguesa o gabacha-dependiendo donde se encontraran-, con un puñado de tierra en la mano y un serillo con ropa al hombro, girando la cabeza para observar-tal vez por última vez-, su tierra.

            Pues bien, esos recuerdos que parecen tan lejanos, tan del pre N.O.D.O, tan de la España de principios o de mediados de siglos pasados, es la España que muchos se encuentran-nos encontramos-, hoy. Evidentemente, ya no se usan las maletas de cartón, ni se va con una muda, usan  maletas de marca, a veces, rígidas de colores estridentes, llenas a rebosar de ropa en muchos casos innecesaria. El trapo amarillento y ajado, donde se llevaban las viandas para el viaje, se han cambian ahora por ordenadores y teléfonos de última generación. Y ya casi nunca se despiden en puertos o estaciones de ferrocarril, sino en modernos aeropuertos-eso sí, buscando las ofertas de low coast-, diseñados por arquitectos de renombre internacional, e inaugurados por políticos corruptos, también de renombre internacional, esos que cortan la cintita inaugural con unas grandes tijeras, las mismas que más tarde usan para los recortes sociales y educacionales, mientras se suben sus sueldos y sus dietas.

            Fíjense en su alrededor, pero háganlo rápido porque están desapareciendo, son licenciados y diplomados, gente preparada, con masters, doctorados e idiomas, que se cansan de enviar y entregar curriculums en todos los lugares inimaginables. Que hartos de que les digan nones en todos los sitios, o de que les contraten en un gran almacén, gran supermercado, o macro-librería, explotándoles  por cuatro míseros duros, mientras se pasan su preparación académica por el arco del triunfo. Lo que hace que cada día de trabajo, sea un pequeño paso por el infierno económico y pluriempleado de ese paraíso del corrupto llamado España.

            Son-o somos-, los nuevos emigrantes, los nuevos exiliados, pero esta vez no por temas políticos, por lo menos no la mayoría, son-somos-, exiliados económicos, frustrados por no poder trabajar en nada que valga la pena, en nada que nos llame la atención lo más mínimo, nada que los incentive a levantarse cada mañana de la cama. Ya hablé aquí hace tiempo de mi amiga Paulette, la librera del Sena, que se cansó de que la explotaran en un trabajo que dejaba mucho que desear, para cobrar algo menos y ser feliz. Eso, es lo que buscamos muchos, además de la experiencia adquirida y los idiomas aprendidos tras pasar varias temporadas anuales en varios países del mundo.


            Es evidente, que el fondo tampoco es el mismo, normalmente buscan trabajos en restaurantes, cocinas, tiendas de recuerdos para turistas, como baby siter, camareros de barra, o incluso guías turísticos, nada que envidiar por supuesto, pero tampoco son las interminables horas apretando tornillos en la Citroën, llorando cuando se llega a casa por los mucho que echa de menos a la familia. Son otros tiempos y los avances en las telecomunicaciones ayudan a tener cerca a los que están lejos. Pero a pesar de lo que muchos piensan, no es una situación cómoda ni agradable, no todos son los estupendos y sonrientemente engominados españoles por el mundo, que ganan miles de euros al mes y los pueden despilfarrar en gastos superfluos.


            La mayoría sobreviven como pueden, comiendo pasta y arroz, o compartiendo las sobras de las tiendas de comida rápida o de los restaurantes que sus compañeros traen a casa a la última hora del día. Así son los nuevos inmigrantes, los nuevos exiliados. Pero con todo, a muchos les preguntas, y sonríen, confesando que a pesar de las penalidades, de compartir habitación, de tener que aprender un nuevo idioma a marchas forzadas, son felices, porque se sienten más realizados que en España, y porque aquí, tienen la oportunidad de juntar un dinero, de conocer gente que de otra manera no conocerían y de vivir experiencias que mucho otros no vivirán. Y a la pregunta de si volverán a España, te contestan que sí, vagamente, pero que no por el momento. Aún tienen muchas cosas por vivir, buenas y malas, cosas que algún día contaran a sus nietos o hijos, usando una pantalla de cristal líquido para ver sus fotos con una media sonrisa en la cara, pero orgullosos de lo vivido. Y de lo luchado.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

EL SIRIO.


He confesado en muchas ocasiones que amo el mar, que no la playa, por su grandeza y por su peligro, por su engaño óptico, pues su gran llanura parece que te ofrece la más pura y verdaderas de las libertades y sin embargo lo único que te ofrece es una prisión de por vida. Y sino, pregunten a cualquier persona de las que se ganan la vida en él. Esos marineros duros, rudos, de piel oscura, morena, acartonada por el sol y el salitre, de tatuajes verdes y decolorados por el paso de los años y las malas jugadas. Soy de tierra adentro, tal vez por eso, lo miro con fascinación y respeto como se mira a una mujer a la que amas, pero siendo consciente de que en cualquier momento puede destruirte por completo con una sola frase, con una sola mirada.
Los viejos lectores de esta página-suya y mía-, ya sabrán que al abajo firmante le encanta acercarse a los puertos de mercancías, y allí, en sus bares de toda la vida compartir barra y copa de ginebra holandesa con los viejos marinos de bigote o barba cana, que cuentan algunas de sus experiencias mientras mastican con desgana-como si alimentarse solo fuera una cosa secundaria en su vida- alguna vianda ofrecida por el dueño de la tasca, y luego se saca un Ducados o un Portugués o un Gauloises-o lo que toque dependiendo del país-, del bolsillo de su camisa y se van a la calle a encenderlo ciscándose en las leyes de tierra a dentro.
Pues bien, en esas estaba yo dándole a la lectura de unos de mis libros de barcos preferidos, el que lleva en la solapa el nombre de Francisco José García Echegoyen, y en la tapa un titulo claro e iracundo-en su segunda acepción-: Los grandes naufragios españoles. Y allí encontré, o más bien reencontré una curiosa historia, de barcos, marineros, ahogados valientes y supervivientes cobardes, en este caso como todo o casi, los héroes lo son por necesidad y los cobardes por aptitud y actitud.
El barco en cuestión es de origen italiano, bautizado como EL Sirio, fabricado en los astilleros de Glasgow, como el Galeata, otro viejo conocido de esta página y sus lectores. Quince metros de eslora, doce metros con siete y medio de manga y siete con cinco su puntal, con popa de clipér en espejo, y motor a vapor. Tres mástiles y dos esbeltas chimeneas un tanto zozobradas hacía la zona de la popa formaban su impresionante aparejo. Pintado de negro y rojo su casco surco las aguas, salvo un leve tiempo que lo hizo de blanco aséptico y airoso.
Creado para surcar el océano Atlántico desde su puerto, el de Nápoles hasta Brasil y Argentina, y llevar en su interior a ricos y burgueses que soñaban con ver los verdes ríos y las grandes selvas del nuevo mundo, y a inmigrantes, pobres que se hacinaban de mala manera en la vieja Europa y querían probar suerte como hacinados en el nuevo continente, esta fue su particular tarea hasta su destrucción, salvando algún que otra ayuda al ejercito y al gobierno italiano, cuando este, decidió comenzar su política colonialísta en Etiopía, portando a soldados, incluso en estas fechas, llego a sufrir el abordaje por parte de una fragata argentina, así como en los viejos tiempos de bucaneros o corsarios.
Pero llego un día, concretaménte el 2 de agosto de 1906, y salió el marrano mal capado, algo que suele suceder cuando se va a contracorriente y poniendo la cara por delante para que te la partan. El Sirio, partió del puerto napolitano, para comenzar viaje, un par de días más tarde recaló en Barcelona, de donde salió-el día 4-,con más de 822 personas entre viajeros y tripulación, supuestamente, pues en la tercera clase a los niños y mujeres se las contada de cuatro en cuatro y ocupaban una sola plaza. El Sirio, debería salir con destino Río de Janeiro, pero el pícaro capitán, con ganas de sacarse un dinero extra, decidió, parar de nuevo cerca de Alcira y recoger a un número indeterminado de obreros pobres, que viajaban sin billete tras pagar una pequeña suma al capitan-como ven, lo de las mafias de patera y cayuco no es un invento moderno-.
Así llegaron a las cercanías de la costa de Cartagena, cerca del Puerto de Palos, donde el buque iba pasado de revoluciones y a toda maquina para ganar tiempo. El sol, comenzaba a consumarse en el horizonte de estribor, el mar estaba en calma y la brisa tan solo era eso, brisa dócil. Pero el barco precipitado por la arrogancia y lo apresurado de su movimiento flaqueó a estribor, y se llevó por delante unas rocas submarinas, que parece ser, eran menos submarinas de lo que deberían y se clavaron como un arpón, abriendo una enorme vía de agua, y dejando a El Sirio herido de muerte y a los asistentes con más miedo que letras impagadas.
Un golpe seco, casi sordo, un corte profundo y afilado en el caso, que a la vez que inundaba el casco, acabó con la vida de todas las personas que trabajaban en la sala de maquinas, aplastados y desgarrados por las placas de metal, y que llevo al buque a quedarse varado junto a la Isla Hormigas. El pánico, rápidamente se apoderó de los viajeros, que empezaban a correr por el barco como pollo sin cabeza. Mientras, la estructura del buque crujía, del casco empezó a brotar agua y vapor, hasta que finalmente el motor de carbón exploto, llevándose por delante la vida de la mayor gente de tercera clase. En tan solo cuatro minutos toda el tercio perteneciente a la parte de la popa quedo totalmente hundida.
Mientras el caos se apoderaba del personal, el capitán del barco-de nombre Piccone-,y sus subalternos, escaparon de allí en un bote salvavidas y con los bolsillos llenos de dinero. Como ven, la historia es trágica que te rilas, pero es española, y por eso no se habla de ella, ni se hacen películas, ni se recrean escenas. Por que preferimos las historias americanas, pero no se preocupen, si el Titanic, se hubiese hundido en la costa de Cádiz, nosotros españoles de a pie, nos hubiésemos encargado de que su historia también hubiera muerto en una esquina polvorienta de la historia.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

MEMORIAS DE UN NEOAFRANCESADO.


Supongo que siendo la fecha que es, y tras los cambios políticos acontecidos en los últimos días en España, usted, ávido lector esperará que esta página suya y mía, fuese un grito mudo, de desesperanza o de alegría incontenible, como lo están siendo hasta hoy la mayor parte de columnas y artículos que llevan la palabra actualidad en su solapa. Pero no, siento decirle que se equivoca, no porque usted, querido lector no sea observador y paciente que lo es. Y sin duda lo es mucho más que el abajo firmante. Pero si me lo permiten hoy, voy a utilizar la segunda parte de la pestaña que describe esta página, esa que la describe como historia, para hacer de esta página de hoy, un canto de cisne a favor de una ciudad muy visitada pero poco conocida. Y si me lo permiten, también hacerme a mi mismo un poco de publicidad, un poco de autobombo.
Pues bien, en fin, el caso es que como ya les he dicho, el abajo firmante es tan obstinado como el que más y decide nadar en contra de la marea, remontando el río en contra de la corriente, como si de un salmón pre-ahumado se tratara. El asunto es que como dice un amigo, el saber no embota lanza, y además yo escribo sólo por matar las tardes y las madrugadas, por no ponerme a deshacer las maletas o a hacer otras nuevas, por no arrastrarme por las estaciones y los aeropuertos. Pues un día como otro cualquiera, paseando por las calles de la antigua Lutecia, cerca del antiguo circo romano, donde ahora los abuelos pasan las tardes jugando a la petanca y contando historias de cuando eran jóvenes y atrevidos, decidí, que yo también debería atreverme a hacer, a llevar a cabo, un asunto que me recorría las neuronas desde hace unos meses.
Fue entonces cuando llegue a casa y me puse manos al asunto, abrí mi libreta y busque mis bolígrafos, y comencé a esbozar lo que algún día próximo sería la presentación final vía blog. Lo primero el nombre, muchas vueltas y revueltas hasta que lo decidí, nunca quede muy convencido, tal vez aún no lo estoy, tal vez no lo estaré nunca. Luego la organización, y la foto principal. Finalmente tras horas arduas de creación de la página comencé a preparar los contenidos, tras sopesarlo mucho, decidí, que la publicación sería diaria, y que la pequeña entrada literaria, sería siempre acompañada de una foto-también hecha por el abajo firmante-, a modo de ayuda en la situación de lo abajo narrado.
El blog en sí, tiene un único tema, que engloba o encierra otros muchos temas dentro de él, espero que entren en él y lo vayan descubriendo poco a poco, día a día, tal como yo las descubro día a día, paso a paso por la ciudad del Sena. Pues en él, con la simple excusa de hablar de París, se tocan muchos otros temas, temas importantes en la vida parisina y en la de los nuevos afrancesados, pos napoleónicos que por estas tierras nos encontramos.
La intención, o la pretensión, si es que se puede ser pretencioso e intentar escribir prosa poética a la vez, sin caer en la falsa modestia o en la fácil critica, es querer llevar a cabo con esta nueva publicación-suya y mía-, una nueva guía de la ciudad, nada más lejos de las guías turísticas que atestan las librerias y los nuevos centros comerciales llenos de libros, pero vacios del alma bibliofilo, que muchos buscamos en esos almacenes de libros, que algunos simplemente llaman librerias.
Allí, podrá encontrar querido lector, historias curiosas de la ciudad, curiosas y poco conocidas, tan poco, que incluso la mayor parte de los parisinos, pasan por delante de ellas sin saber de que se tratan. Verán lugares curiosos, como cementerios, placas o situaciones nada convencionales, y que por supuesto no aparecen en esas tan preparadas y caras guías turísticas, llenas de colores y fotos de archivo. Tendrán la oportunidad de ver y casi oler los barrios más periféricos de la capital francesa, esos mismos barrios que los egocentrístas parisinos califican como suburbios. Aprenderán a ver y diferenciar los olores de cada uno de sus barrios, de la gastronómica de estos, dependiendo de que tipo de gente vive y cocina en ellos, de sus tiendas y de sus gastronomía, más allá de los croissans y del champagne. De sus gentes.
En fin un nuevo proyecto, para el abajo firmante y para usted lector. Un proyecto, que nada más comenzar ya tiene fecha de caducidad, pues las entradas se actualizaran a diario mientras un servidor viva en la ciudad de la Torre Eiffel, una vez que este pobre diablo de con sus huesos y sus libros en otra ciudad del globo, el blog cerrara sus puertas, almacenando en su interior todos y cada uno de los recuerdos, de las formas y de la imágenes que un día decidí trasvasar de mi cabeza a una página de papel, o en realidad a una página digital.

Pueden leerlo y disfrutarlo en : http://retazossobreparis.blogspot.com

miércoles, 16 de noviembre de 2011

PICOLANDIA S.A.


Hace unos días, leí una noticia sobre la salvación a manos de las tropas especiales españolas de una rehén francesa, presa de un grupo de piratas somalíes en aguas del Indico. Noticia, que curiosamente paso casi desapercibida en la mayor parte de diarios ibéricos. A partir de esto, comencé a leer otros muchos artículos similares, o algunas columnas de opinión, que tocaban un tema un tanto espinoso, según parece por la gran controversia que había entre unas y otras opiniones.
El caso, es que unos decían o eran partidarios, de que el ministerio de interior cediera algunas de sus misiones, u ocupaciones a empresas privadas de seguridad. Situación esta utilizada ya en algunos países, y que es España ya se da en algunos casos concretos de escoltas privados. Mientras que otros, defendían como si les fuera la sopa de la noche en ello, que de eso nada, que como vamos a dejar que se privatice las fuerzas de orden nacionales, que eso no podía ser así de ningún modo ni manera.
El caso, es que un artículo me llevo a otro, y una noticia a distintos comentarios, y estos a seguir investigando más. ¿Y sabe una cosa querido lector?, resulta que esto de la privatización de los cuerpos y fuerzas del estado-en algunas misiones-, no es tan raro. Pues llegue a una información que desconocía por completo. Y es que resulta que en muchos cuarteles de este país, ya no hacen las guardias de noche los picoletos de turno, ya saben en la garita todo la noche, junto a una maquina de escribir y un flexo picado, como toda la vida.
Resulta, que esa labor de seguridad, ahora la llevan a cabo empresas de seguridad privada, como esas que se pasean por las estaciones de tren o autobús, o en la puerta del centro comercial de turno, y el caso es que me hizo gracia imaginarme alguna situación de necesidad o seguridad.
A ver si me explico. Usted, llega un día a su casa, y ve que esta, está siendo robada, asaltada o profanada, pongamos por ejemplo por un grupo de albano kosovares, entrenados en el África subsahariana por grupos terroristas del medio oriente, que a su vez son financiados por las mafias colombianas y de primos murcianos-por poner un ejemplo entendible por todos-.
Pues resulta que ve esto, y raudo como es lógico y normal-pues sus niños, su parienta y su televisor de plasma de cincuenta pulgadas están en la casa-, va al cuartelillo más cercano. Son las tres de la mañana, y llama apresurado al timbre de picolandia, esperando también como es lógico y normal, que le salga al paso un tipo fuerte, vestido de verde oliva, con bigote y mala leche, de esos que lo dan todo por la patria. Pero no, resulta que quien le abre la puerta es un joven imberbe con cara de pardillo, con el traje de prosecuritas o vaya usted a saber. Que tiene como arma un walky-talkie sin pilas y un contrato temporal de seis meses. Y que le dice que muy bien, pero que el por lo que le pagan, a lo más que se va a arriesgar, es a comerse un bocata chungo de la maquina del fondo. Y que si quiere vaya rellenando la ficha de control y que ya mañana al mediodía cuando se levante el teniente se la pasa y que él haga lo que le parezca.
Usted, sorprendido por su actitud, se lo recrimina y le dice que de eso nada, que a esas alturas los malos, pueden estar maltratando a sus hijos, picándole el billete a su señora, o lo que es peor, llevándose su tele de plasma. Y que llame inmediatamente al teniente o al maestro armero. Y él, con la misma cara de pardillo, te dice que nones, que el teniente tiene muy mala baba y si lo despierta a media noche, seguro que luego se como un marrón como el sombrero de un picador.
Entonces, es cuando usted. Harto de este sistema de ayuda al ciudadano, saca una escopeta de posta lobera del maletero, y hace la aparición sorpresa en medio de su salón, pegando tiros a diestro y siniestro y echando espumarajos de rabia por la boca. Resultado: dos atracadores con un tiro en la cabeza y pajaritos al cielo, los niños llorando, la señora temblando de miedo y la televisión de plasma hecha unos zorros. Además de haber despertado a todo el vecindario, que a su vez asustado ha tenido que llamar al cuartelillo. Y como se han acumulado muchas llamadas, el joven segurata, se ha visto en la necesidad de avisar al teniente de turno, que acto seguido con malos modos y la sabana marcada en la cara, se ha personado en su casa, y que le esta echando una bronca de las gordas.
Imagínenselo, gritando: ¡Pero hombre!, ¿como ha hecho usted algo así?, menuda matanza, ¿pero esta usted loco?. Madre mía, que de sangre. Haber como se lo explico yo esto a mi superiores, ¿como se le ocurre tomarse la justicia por su mano?. ¿Es usted consciente del puro que le va a caer?.
Y usted, con un cabreo que te rilas, le contesta, que que es eso de que me va a caer un puro, si esos tipos habían entrado a la fuerza en mi casa y además armados. Pues si hombre si-le contesta el teniente-, porque eso no se puede hacer hombre, ya vera como se van a poner los de la embajada. Además, usted tampoco podía saber a que han entrado, no se puede demostrar que vengan a robar, a lo mejor han entrado aquí a felicitarle por lo bien que tiene usted el jardín, Además-diría solemne el teniente-, para que estamos nosotros. ¿Eh?, ¿para que estamos nosotros?.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

CÁBALAS Y CICATRICES.


La culpa fue mía, las cosas como son, y lo fue, porque pensaba que podría presentarme en una clase magistral de historia de Francia en la Sorbona, y salir de allí sin ciscarme en la patria vecina y en sus queridos súbditos. Era un día triste ya desde primera hora, parecía que el invierno había echo por fin aparición en la ciudad del Sena, casi era mediados de noviembre, y los turistas seguían atestando las calles cercanas al Panteón.
El curso prometía. Historia de Francia, primera ponencia: Napoleón. La primera en la frente-pensé-, y así fue, pero no fue como me la esperaba. El profesor en si, era uno de esos jóvenes ancianos, que pululan por las universidades, esos que la ver los piensas unos hachas en lo suyo, pero que en cuanto abren la boca, te los imaginas siendo primo, cuñado o hermano de alguien con el poder suficiente para darle ese puesto, que de otra forma jamás le hubiera pertenecido.
El asunto pintaba bien-me dije-, el personal del aula magna-una treintena-, comenzaban a dar cabezazos a mi alrededor, hasta cuatro personas profundamente dormidas pude observar desde mi asiento. Y mientras tanto, el profesor emérito de la universidad de la Sorbona de París, seguía a lo suyo. Que era leer unos apuntes que colgaban de su mano izquierda, mientras en su derecha sujetaba un micrófono, con la mismas ganas y formas que si fuera un pescado húmedo.
Seguía con su perorata, que si Bonaparte, era un gran estratega, que si Bonaparte fue un honor de Francia, que si Bonaparte evolucionó la armada francesa hasta convertirla en la mejor del mundo. En fin, papanatadas nimias, de cura de misa de doce y púlpito. El contubernio que estaba a mi alrededor, comenzaba a bostezar más raudo y ruidoso cada vez que el dócil docente, paraba de hablar y se disponía a abrir carpetas de su ordenador, sin saber muy bien por donde se andaba, clicando de forma continua en distintas imágenes de cuadros bellos de Napoleón, pintado por pintores de cámara, en los que se representaban a le petit cabrón, como emperador, a caballo y etc, etc, convirtiendo la clase de historia en una especie de pasarela Versalles del siglo XVIII.
Hasta aquí bien, me dije. El tipo es un inepto dando clases, pero tampoco mucho peor que otros ineptos que se pasean por las aulas españolas. Pero llego el momento de voltear el folio, y comenzar con el siguiente punto del temario, este se titulaba: Las campañas de Napoleón. Ahora si me dije, ahora empieza lo bueno. Y así fue, el tipo comenzó a hablar de lo bueno que fue siempre Napoleón, de lo obedientes que fueron los países donde llegó, y lo fácil que se lo pusieron, y lo raudo que le dieron sus territorios, porque todos lo respetaban y amaban, y lo fuerte que se hizo el Imperio. Muy bonito todo, supondría por lo oído hasta aquí, que todo fueron disparos de flores y besos con lengua. Si no fuera porque se algo más de historia.
Y hay fue, en ese preciso instante, cuando mi amigo el profesor sacó a relucir las campañas napoleónicas en España. Simplemente dijo a sus alumnos durmientes, que Napoleón consiguió hacerse rápidamente con el dominio del país vecino y colocar allí a su hermano José, y todos tan felices y comieron perdices. Nada más, y luego se puso como si nada, a hablar de la batalla de Trafalgar, en la que dijo que lucharon las grandes marinas de Francia y del Reino Unido, sin mencionar una simple vez la palabra España o españoles. Supongo que para este tipo, los españoles andábamos por allí rascándonos los huevos y llevando el botijo.
Pues bien, al final cuando solo quedaban unos minutos para que mi amigo acabase su clase maestra, me saltó la válvula y a punto estuve de levantar la mano, o levantarme yo entero. Interrumpirle en su ensueño napoleónico, y preguntarle por el gran estadista. Ese que se fue a invadir Rusia en invierno, con los mismo uniformes que invadió España en verano, sin tener en cuenta las temperaturas. O me gustaría preguntarle que opinaba del 2 de mayo de 1808 en Madrid, o de la batalla de Bailén, o la de Buçaco, o de la de Gamonal, o que opinión tenía sobre las navajas de siete puntos-clack, clack, clack....-, o sobre la labor del mal nacido de Fernando VII.
También me dio muchas ganas de recordarse, que su le petit cabrón, jamás llegó a conquistar toda España, pues una pequeña ciudad llamada Cadíz, se les atraganto bastante. Y que mientras su armada los asediaba para que se rindieran, se dió la situación de que los asediados vivían bastante mejor que los que les asediaban. Y que esa ciudad, la que no consiguieron ocupar, era una de las más avanzadas y cosmopolitas de su tiempo. Y además una de las más cachondas, y que se reían de ellos, cada vez que uno de sus obuses de última generación no conseguía cruzar la bahía y explotaba en medio de la nada. Mientras ellos comían bazofia y luchaban para que las chinches no se los comieran a ellos.
Para terminar tal vez le hubiera mencionado a un tal Francisco de Goya y Lucientes, pintor y afrancesado. Que nos pintó a españoles y franceses como nadie, zurrándonos la badana a manos llenas, mientras por la boca salia rabia y juramentos. Esas si que son las pinturas de las campañas de Napoleón, y no las que mostraba este señor en sus clases. Pero, como además de ser historiador, soy educado y español, pensé que mejor me callaba la boca, y los dejaba bañándose en su mentira y ensueños. Al fin y al cabo en el pecado tienen la penitencia. Supongo, que son tan engreídos que se creen esa historia. También se han creído que su universidad es la mejor de Europa.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

UN CUBANO EN EL METROPOLITAN.


El fin del invierno se paseaba, como que tal cosa por las calles del barrio de Harlem en Nueva York, el sol apretaba como si le fuera la vida en ello, y a mi me sorprendió gratificantemente a la salida de los Cloisters En lo alto de ese monte desde el que se podía divisar todo el barrio, y un poco más allá, cruzando con la vista el enorme cauce del río Hudson, nacía con toda intensidad el temeroso-para algunos-, barrio del Bronx. Justo delante de mis narices, un bello puente metálico unía la isla donde me encontraba con el resto de la ciudad. El día era agradable como ya he dicho, y decidí seguir con mi visita, tras llevarme en la retina, tantos claustros, retablos y vidrieras medievales europeas, que ahora pasaban los días en la parte alta de Nueva York, decidí seguir con la visita de joyas europeas en suelo norteamericano.
Una hora después y tras rodear la parte trasera de la isla en un autobús vació, y tras recorren unos de los barrios más increíbles de la ciudad, di con mis huesos-y los de algún amigo más-, en un edificio presidido por nada más ni nada menos, que un estatua ecuestre del Cid campeador, hay queda eso. Estaba, ante la puerta de la Hispanic Society de Nueva York, decidido a contemplar al fin el gran mural pintado por el artista valenciano Joaquin Sorolla. Pero de nuevo-otra vez más con estas pinturas-, la suerte me fue esquiva y la sala que las contenía estaba en restauración, y por ende, las pinturas guardadas a buen recaudo lejos de mi cornea.
Pero el día, que seguía soleado y caluroso en el exterior, comenzó a enderezarse. Pues uno de los responsables del edificio, viendo que eramos españoles y viendo nuestra desesperanza tras la última noticia, decidió premiarnos con una sorpresa increíble. Llevándonos a la sala de la biblioteca, nos enseño y nos dejo contemplar varios incunables, y varias primeras ediciones de la literatura patria, entre ellas: la primera edición del El Quijote y de La Celestina.
Aún sorprendido de lo visto y contemplado-y fotografiado con precaución y profesionalidad-, me dispuse junto a mis acompañantes a comer algo, pensamos en pasarnos alguna delicatessen nacional por la calandria, ya saben: hot dog y pepsi cola, pero no encontramos nada por la zona, y decidimos volver al autobus, y llegar al Metropolitan Museum of New York. Allí nos fuimos.
El viaje fue larguísimo, más de una hora viendo solo bloques de edificios de colores oscuros, decorados simplemente en el exterior con las famosas escaleras metálicas de incendios, pero cuando llegamos a la parte trasera de Central Park, hizo aparición un tipo espigado y flacucho, de grandes ojos y mayores ojeras, que vino a sentarse a mi lado. Durante unos minutos permanecimos en silencio, pero cuando el hombre de las ojeras vio que hablaba en castellano con mis amigos, pronto comenzó a preguntarme de donde venía y a que me dedicaba.
Al pasar por delante del Guggenheim, el tipo comenzó a contarme cosas interesantes de su vida, le encantaba hablar, y lo mejor es, que lo que tenía que contar era una de las historias más interesantes, que nunca me habían contado en un trasporte público-salvo la de aquel portugués de Lisboa, que me explicó como se ganaba la vida con el contrabando de bicicletas en la frontera española-. El caso, es que el individuo en si, era de origen cubano, como bien marcaba su acento, era dicharachero y agradable a la palabra y muy correcto. Pronto llego nuestra parada que era la del museo más centrico de Manhattan. Nos apeamos juntos, y allí a la sombra de un árbol, mientras comíamos un perrito caliente, comprado en una de esas casetas móviles, que pertenece a algún lisiado de guerra o al hijo de algún veterano de guerra-en una placa explica incluso, a que batallón y que graduación ostentaba el muerto o herido por su país-.
El viejo cubano, me contó uno de sus más grandes secretos. Yo-dijo-, era atleta de la selección cubana, sabes. Podría haber llegado a ser campeón olímpico, era una de las estrellas de mi equipo en las olimpiadas del Montreal del año 1976, pero me pudo el genio chico-decía mientras sonreía mostrando su grande y blanca dentadura-. Me fui del hotel, deje la expedición, y me fui al hotel de la expedición americana, me di a la fuga y abandone mi país. Ahora, evidentemente no puedo volver, pero aquí, después de tanto tiempo tampoco estoy muy seguro, sabes. A pesar de que los americanos me trajeron aquí, una vez pise suelo de los Estados Unidos, nadie más se preocupó por mí, y dese entonces trabajo haciendo lo que puedo.
Sobrevivo bien no te vayas a creer, y de vez en cuando algún amigo me visita y me trae unos buenos puros y una botella de ron. Y nos la tomamos en mi casa, y nos reímos de muchas cosas, y al final acabamos llorando por lo que tenemos, por lo que pudo ser y no fue, y porque la idea del sueño americano, chico. Solo vale para los norteamericanos.

miércoles, 26 de octubre de 2011

PERMITIDME QUE OS SEÑALE, SINVERGÜENZAS.


           Hoy me he levantado caliente, no en tono sexual, sino intelectual y socialmente hablando, entiéndanme. Me hincha la zona inguinal, y me hace saltar la válvula, ver la forma en la que la estupidez se repite. Y no solo eso, sino como crece hasta puntos surrealistas, y lo peor, es ver a la vez como la lucidez-si es que alguna vez hubo un mandatario lucido-, se va a varas de forma acelerada y sin remedio. Se me cansa la mirada de leer a diario tantas insensateces, tantos adornos salvapatristas, tantas bravuconadas y tantas chulerías enquistadas bajo el odio y el resentimiento patrio.

           Me sale pus por la boca, de ver como esta panda de hijos de la gran puta-y ya sé que prometí a mi madre y a un amigo que me lo recriminó no volver a usar esta acepción tan castellana aquí. Pero, hoy no puedo evitarlo, ya lo siento-, llenarse los bolsillos, comprarse palacetes, y tener un mayordomo personal, que supongo hasta le limpiará el cimbrel, por una salvajada de dinero al mes. Mientras el resto del país, prácticamente vive en la indigencia, con desalojos de familias diarios y con las colas de Caritas y semejantes desbordadas. Los bancos de alimentos de la Cruz Roja, sobrepasados en sobre manera, debido a la cantidad de personas que necesitan de ellos para alimentarse a sí mismas, y lo que es peor, porque es la única manera que tienen de alimentar a sus hijos.

          Para rematar el asunto, hoy me entero de la última, bueno mejor dicho, la primera. Porque pintan bastos, y permítanme que les diga, que por mucho que cambie todo el famoso 20-N, dudo mucho que sea a mejor. Y que si los señores del puño y la rosa, no han sido capaces de defender al trabajador, perdónenme, pero dudo mucho que los de la gaviota lo vayan a hacer, aunque ahora prometan el oro y el moro. ¿De verdad alguien se imagina a un banquero dando parte de su sueldo a alguien que lo necesite? ¿O a un empresario diciendo, os voy a subir el sueldo, y os voy a llevar a todos los currantes de vacaciones al Caribe, por la cantidad ingente de dinero, que me habéis hecho ganar este año?

            O mejor aún, ¿se imaginan a un empresario, apoyar la idea de que el obrero consiga más y mejores derechos laborales, y que se niegue a su vez, a que a sus trabajadores se les pueda echar sin previo aviso y sin indemnización? Sigan soñando-con todos mis respetos-, pero sigan haciéndolo. Llámenme radical o lo que les plazca, pero soy historiador, y a lo largo de la historia, en ningún país ha existido un gobierno de derechas, por y para el trabajador-cierto es que pocos de izquierdas lo han sido-. Y si no se lo creen, es muy sencillo, tomen, lean e interioricen los libros de historia. Se darán cuenta, de que son el mismo perro con distinto collar. Eso sí, el collar siempre lo pagamos usted y yo. Y en estos tiempos, el radicalismo solo sirve para salir en los periódicos. Y la cultura, para no gritar mientras se cae el avión.

            Además, es mucho más sencillo. Lean un periódico, el del pasado domingo por ejemplo, sin ir más lejos, donde pude leer la noticia. La que  más ganas me ha dado de comprarme una escopeta con posta lobera, y presentarme en el ayuntamiento de la capital de España, y hacer de él una nueva sucursal de Puerto Hurraco. No sé si la habrán leído, pero sino, aquí mismo les dejo el titular: “El ayuntamiento de Madrid aprobará mañana una ordenanza para multar con 750 euros, a las personas que “roben” comida en la basura”. Con dos cojones.

           Y yo me pregunto, y le pregunto a usted señor Gallardón, a la sazón alcalde de Madrid y a la señora Botella, su segunda de abordo y futura alcaldesa rebotada-que esto ya huele-, ambos dos a la cabeza del asunto. Ustedes, parte de un entramado político y de unas siglas, que aspiran a gobernarnos a todos, y que juran y perjuran, que se romperán el espinazo luchando por salir de la crisis y por ayudar al trabajador a subsanar sus entuertos, como si fueran súper héroes de cómic americano. Ustedes, me pueden explicar como ayuda a la gente que lo pasa mal, que no tiene dinero para alimentar a su familia y tiene que buscar ese alimento en los contenedores de basura. ¿Cómo puñetas ayuda a solucionar la crisis matar a la gente de hambre? A lo mejor, ¿han decidido también privatizar las basuras, tras la sanidad y la educación? Tal vez, ¿han decidido que tras quitarnos el dinero y la cultura, ahora también van a quitarnos el alimento? Supongo que nadie con el poder suficiente me responderá a estas preguntas, porque supongo que cuando se alcanza el poder suficiente para llevar a cabo estas políticas contra las personas, cuando se llega al punto de querer ganar tanto que da igual a cuanta gente dejes sin nada, o a cuanta gente mates de hambre. Se alcanza también la capacidad de escurrir el bulto y no dar la cara, y supongo también, que ustedes lo denominan ser consecuentes con un estilo de gobierno.

           Y yo, llámenme loco o idealista, me imagino a esta gente robando día a día en los supermercados para alimentar a su familia, y cuando no les dejen pasar del zaguán de ningún supermercado, pues se buscaran una buena navaja albaceteña de esas de siete puntos-clack, clack, clack....-, que tanto se llevaron en Madrid, y sino que les preguntes a los gabachos de Napoleón. Y los imagino apostados a la puerta de ministerios, alcaldías, diputaciones, para cobrarse por su cuenta y riesgo lo que ustedes les han robado a ellos, y lo que nos han robado a todos. Y yo, sabiendo que nos vamos todos al carajo-y siendo consciente de que yo soy el primero que se va por el sumidero-, abriré una botella de vino, y me sentare tranquilamente con media sonrisa en la boca, a ver cómo la gente a la que ustedes han hecho tanto daño, corre a sus espaldas, echando espumarajos de rabia por la boca, mientras os pican el billete.

             Y yo, seguiré preguntándome cosas. Ya ven señores políticos, alcaldes y demás. Paniaguados rascatertulias a sueldo de sus altos cargos, que se fuman puros y se rascan los huevos, sentados en sus grandes sillones en los grandes salones de sus palacios. Mientras ven desde su atalaya, como la población se va al carajo, por todo lo que ustedes derrochan y debido a todas la meteduras de pata de sus amigos banqueros, a los que ustedes salvan el cuello una y otra vez con nuestro dinero, dándoles golpecitos de amistad en la espalda y diciéndoles: no te preocupes fulanito, que si vuelves a meter la pata, yo te vuelvo a salvar el culo con el dinero público, total estos tontos que nos votan cada cuatro año, pensando que vamos a ayudarles no se dan cuenta, y si acaban buscando comida en la basura de la capital del reino, pues les ponemos una multa por hacerlo, que además dan muy mala imagen, a los turistas que viene aquí a hacernos más rico a ti y a mí. Sin darse cuenta que esto explotará por algún lado. Y mientras tanto brindan con un coñac de mil euros la botella. Hijos de la grandísima puta.

miércoles, 19 de octubre de 2011

SOBRE PADRES Y CAMAREROS.


             Cuando tengo tiempo y ganas, que no suele ser siempre, suelo recorrer casi mecánicamente sitios y lugares de las ciudades en las que vivo, viví o que conozco, como si hubiese vivido allí desde mi tierna infancia. Me gusta pasear por sitios conocidos y saludar al librero del barrio, dar de mano al frutero de la esquina o sonreír a la joven camarera del café de costumbre, mientras comentamos a vuela pluma nuestras últimas novedades. Esto es así, por muy intrépido que se sea-o se crea ser-, y por muchos paraísos lejanos o infiernos cercanos que se conozcan, a todos y a todas, nos gusta volver a nuestro barrio, a nuestra calle, a nuestro punto de partida. A veces, con la intención de hacer un punto y seguido en nuestra vida, otras con la intención de hacer un punto y a parte. Y cuando llegamos a cierta edad-supongo-, volvemos allí, con la idea de marcar en este lugar nuestro punto final.

           El caso, es que el asunto me viene que ni pintado para contar, que desde hace unos meses, he sumado otro de estos lugares a mi lista de sitios de confianza y tranquilidad, alejada de la sociedad de cotilleo y genios balompédicos. Los hay muy dispares, desde el rompeolas occidental de una pequeña playa de Estoril, hasta una vieja cafetería al pie del Panteón de Roma, pasando por el mirador del Carmo en el barrio de Graça de Lisboa, una librería de la calle Canuda de Barcelona, la parte baja de un pub irlandés de Nueva York, o un pequeño restaurante, que sirve los mejores mejillones en salsa de cebolla y pan de centeno de toda Irlanda, y que se sitúa en lo alto de un acantilado, en Howth, a pocos quilómetros de Dublín. Y ahora, se suma una más a la lista, esta es curiosa la verdad, pues es la parte pública de la Gran Mezquita de París. Allí, voy a veces, me siento en un taburete bajo de madera y me trinco como si nada un té moruno, mientras leo cualquier cosa, o paso a limpio las últimas notas sobre la historia de Estrellita “la puñales”, que hace meses me acompañan allá donde voy, tanto en la cabeza, como en algunos esbozos en papel. Que quieren, son manías que tiene uno, otros van al fútbol o a los toros.

          Bueno, pues un día del pasado verano, estaba yo como buen animal de costumbres tomándome mi té moruno, mientras diseccionaba un buen libro del golpe de Estado de Tejero, sentado en la terraza de la Mezquita, que curiosamente, es el antiguo patio de abluciones. En medio de él, una pequeña fuente -que en otra época supongo sería mucho más utilizada que hoy-, se alza delicada, impávida al paso del tiempo y la gente. La fuente deja salir aún algunos chorros de agua, que hacen la delicia de los oídos de los que allí intentamos relajar nuestros sentidos. No es una maravilla, pero tampoco es fea, decorada con formas estrelladas y mixtilíneas, en color blanco, amarillo y azul oscuro. Un grupo de mesas circulares, de metal repujado, se apelotonaban junto a un número indeterminado de taburetes bajos de madera a su alrededor, casi todas ellas ocupadas por los traseros de gente conocida. Otras, las del fondo, junto a la pequeña tienda de jabones e inciensos, son ocupadas por turistas, no olviden que estamos en París, la ciudad más turística del mundo, y hasta este punto apartado llegan los turistas con sus chanclas, sus shorts y sus lorzas asomando bajo la ropa de quinceañero, ropas que no entiendo porque, que se empeñan en colocarse para recorrer la ciudad del Sena, y todas las demás ciudades del globo terráqueo.

            Entre las mesas, se movían como colas de lagartija varios camareros, viejos conocidos, todos árabes, la mayor parte de ellos procedentes de Argelia-antigua colonia francesa-, y que con grandes bandejas doradas, se pasean repartiendo té y otras bebidas “típicas” de un lugar como ese, como la coca-cola-que también tiene guasa la cosa-. El asunto, es que yo llegué y me situé en una de las pocas mesas que quedaban libres a esa hora, una de las más pequeñas, con un solitario taburete, justo al lado de la puerta donde venden los típicos dulces árabes, ya saben, almendra, miel y azúcar, riquísimos pero una bomba calórica. Allí, una joven chica de grandes y profundos ojos negros, se recoge su larga y brillante cabellera con un pañuelo oscuro, mientras sirve las viandas a las personas que no quieren tomarse el té a palo seco. Pronto, el camarero me llama desde la puerta, tomando comanda de mi pedido, y raudo, se acerca a mi mesa con el té moruno de costumbre.

            Todo normal, hasta que hacen aparición un matrimonio con una niña pequeña, los supongo turistas, por las pintas, y porque como buen turista, entran mirando hacia arriba con la boca abierta, la niña pronto comienza a corretear entre las mesas, mientras sus padres se acomodan al fondo y se esfuerzan en hacer foto a todo lo que se mueve. En esas, que el aplicado camarero salé de la cocina hasta los telerines de vasos de té, y la niña, se cruza en su camino, con el correspondiente tropezón y derrame de líquido altamente caliente, que como era de suponer, parte de él-ínfima eso sí-, va a caer sobre la blanca piel de la niña, que irremediablemente comienza a llorar desconsolada.

            Lo normal, dirán ustedes, astutos lectores, es que la madre o el padre, se levanten cojan a su retoño y pidan perdón al camarero accidentado. Pero no, allí no se movió ni el padre, ni la madre, ni el Espíritu Santo, salvo eso sí, el camarero. Rápido recogió el estropicio y entró en la cocina. Saliendo segundos después sin bandeja, pero con un pequeño tubo de pomada en la mano, se sentó junto a la niña en la antigua fuente de abluciones, y hablándola dulcemente, le untó la pomada en la mano que había recibido el líquido abrasador, poco a poco, consiguió que la niña dejara de hacer pucheros y volviera a sonreír. Para entonces, la chica de los ojos grandes del quiosco de dulces, había despachado la cola y se acercaba a la niña con un baklava para acabar de consolarla.

             Minutos después, los padres de la niña-que hasta ese momento no habían movido su turístico culo del taburete de madera-, decidieron, que ya habían absorbido suficiente coca-cola, o que ya tenían suficientes fotografías para lucirse ante sus amistades, de lo étnicos y tolerantes de sus viajes. Recogieron a la niña, y sin decir, ni negros ojos tienes, y sin dar las gracias ni al maestro armero salieron por la puerta. Mientras, la niña, miraba hacia atrás, moviendo su mano derecha y despidiéndose del camarero del bigote y de la chica del pañuelo.

miércoles, 12 de octubre de 2011

LA BATALLA DE LOS HOTELES.

        Hace unos días leí la noticia en un viejo diario francés, mientras practicaba la lengua de Alejandro Dumas,  a pesar de que mi francés ciertos días deja mucho que desear, el titular no dejaba error al entendimiento. La empresa Godrej&Boyce, cierra sus puertas para siempre, y ustedes se dirán- y con toda razón-, que según esta la situación económica y a estas alturas de la película, les importa un testículo de palmípedo cojo, lo que yo venga a contarles sobre otra quiebra más o menos.

            Pues aunque tengan razón en todo-o casi-, en una cosa sí que se equivocan, pues la empresa afincada en Bombay, se dedicaba a fabricar máquinas de escribir, y aún voy más allá, era la única empresa que se dedicaba tamaña labor, y es que como ahora, hasta los indios Mapuches de Chile revindican sus derechos mediante un ordenador de pantalla liquida, pues la romántica máquina de escribir se ha ido a tomar por donde se rompen los calderos, por decirlo de forma delicada. Por supuesto, rápidamente mandé un correo electrónico-lo que antiguamente hubiéramos llamado, una carta de mi puño y letra-, contándole lo ocurrido, y dándole unos golpecitos virtuales en la espalda, a un amigo filosofo sevillano, que aún escribe con su vieja Olivetti Línea 98. Y que la quiere tanto, que hasta es capaz de hacerse viajes a Madrid, en busca de una pieza-al puro estilo Indiana Jones de la letra impresa-, cuando a su amada le sale una caries, y alguna letra deja de marcar su silueta oscura sobre el blanco papel.

            Y ustedes de nuevo se preguntarán, que tiene que ver, la historia de la máquina de escribir del amigo sevillano del abajo firmante, con la famosa batalla de los hoteles. Pues paciencia y barajar que ahora los destripo el final de la historia. Pues el viejo cacharro con el que mi amigo escribe aún su tesis, y con la que se pelea cada noche casi hasta el amanecer, para dar buena presencia a lo que algún día presentará ante un tribunal, y que será su mejor tarjeta de visita para dedicarse a lo que le plazca, es una máquina de estas, con más historia a las acuestas que el mochilero de Ambrosio Espinola en Flandes, tras guerra de los 80 años y toma de Breda incluida. Pues, es la vieja máquina con la que un ya jubilado periodista catalán, escribía sus crónicas durante la famosa batalla de los hoteles del año 1976 en Beirut. Imagínense la situación, él, bajo una mesa de hotel, clack,clack,clak, dándole que te pego a la Olivetti, y en la calle, a unos metros, la peña tirando unos obuses del tamaño de un submarino soviético. No conozco al periodista en cuestión, pero me atrevería a decir aquí, que los tiene como dos monas de Pascua.

            Comenzaba el día como un día más, en el puro corazón de la vieja ciudad Libanesa, la desesperación por la injusticia de verse metidos en donde nadie quiere estar, había llegado a ese punto, en que ya es un familiar más sentado a la mesa, que te acompaña por la calle y que te lleva mecido en sus brazos, a los más profundos sueños de anhelada libertad y soñada fortaleza. Las tropas y las ametralladoras hacía tiempo que amenazaban en la noche-como un lobo esperando el momento más propicio para la caza-,casi sin fuerza, disparaban a veces por hacer algo, por rellenar el expediente y es que el ruido de mortero, era tan normal en la zona como el botar de una pelota, y la gente moría con tanta normalidad que parecía un grabado de Francisco de Goya. Pero el asunto de hoy no era igual que el de costumbre, parecía que pintaban bastos en el horizonte y parecía que la gente acostumbrada a los malos augurios, perros viejos olfativos-como viejos lobos de mar, oliéndose una mala jugada de la marea-, miraban con recelo a su alrededor. Hasta los dos zocos principales de la ciudad, el de Hamra y el de Rauchi, que nunca habían dejado de ser el centro del bullicio mañanero con el mercado, y lleno también a cualquier hora de la tarde, con la gente conversando sobre las últimas noticias del día, y compartiendo té verde con hierbabuena,  acomodándolo entre pecho y espalda, con unos dulces y pesados Baklavas, estaba vacío, como una extensión del terreno desértico.

            Lo cierto, es que no era para menos, unas horas después, la aviación del ejército israelí comenzaba a bombardear sin previo aviso la ciudad. Intentando parar la fuerza palestina, que dominaba las calles de la ciudad, las comunicaciones y por ente el país-ocurría lo que ocurrió unos años antes en Jordania-. Los palestinos, conscientes de la situación de fuerza sobre el gobierno libanés, habían pedido unos meses antes la celebración de un referéndum, para hacerse por las buenas con las funciones de autoridad del país, función que por otra parte ya desempeñaban en la práctica. Los israelíes-el pueblo elegido-, no podían permitírselo, y se pusieron a ello. La población que ya había superado el miedo inicial a los conflictos entre palestinos y ejército libanés y que ahora aguardaba con paciencia de anciano tísico a que esta terminara, de pronto se vio envuelta en una nueva fase de bombardeos y tiroteos. Tras el bombardeo inicial, tras las explosiones trepidantes, acompañadas por la  negra parca recogiendo a los suyos, vino el silencio, el más absoluto y cruel silencio.

             Pero no un silencio sin más, ese silencio que todos los que habían vivido en esa y otras guerras sabían que era el peor de los presagios, era el silencio que anunciaba la vuelta del olor a sangre y pólvora quemada, la nueva aparición de la artillería. Así estuvieron durante todo el día, y durante la noche, la cosa empeoró-como era de esperar-, los francotiradores de ambos bandos entraban y salían de las casas, de la casa de Omar o de la de Nabila, pues en el antiguo Beirut así era, no hacía falta números ni direcciones. Todos se conocían y por tanto todos sabían a quién o a quienes pertenecían las cabezas ensangrentadas que aparecían en mitad de las calles cuando llegaba el alba. Finalmente, todo el centro de Beirut quedó tomado por unas y otras fuerzas, sobre todo los hoteles principales, donde se apostaba también la prensa internacional. Unos y otros, se zurraban la badana a manos llenas, mientras palestinos, libaneses e israelíes, hacían su propia campaña a la sombra de los misiles, de las metralletas y de las bombas de racimo. Pescaban en las aguas revueltas.

            Es curioso todo lo que te lleva a pensar o recordar una simple o nimia noticia del cierre de una fábrica de máquinas de escribir, leída en un viejo diario francés.


miércoles, 5 de octubre de 2011

EL CENTINELA DE ZAMORA.


Es la esencial defensa de la ciudad, o por lo menos lo fue en otro tiempo, un lugar agreste, duro y sucio, no era un palacio, ni un castillo palaciego, y nunca ejerció como tal, por eso digo que fue sucio y rudo, como un centinela malhumorado bajo el cierzo del norte en el invierno zamorano, si las piedras centenarias del castillo de Zamora pudieran hablar, seguramente sus primeras palabras fueran un pardiez, un voto a tal, o mascullaría un improperio, un juramento o un maldición.
Lo cierto es que no es la primera vez que me refiero a él, aunque si es la primera vez que lo hago directamente, y no para enclavar en sus alrededores una de mis historias de abuelo cebolleta, los que sean seguidores de esta página suya y miá, seguro que recuerdan hace unos años un artículo del abajo firmante titulado “El motín de la trucha”, u otro más reciente de nombre “La puerta de la traición”. Donde pude aprovecharme del mejor enclave posible que la zona medieval de la capital del Duero me ofrecía, use y aproveche para centrar varios capítulos de la historia de mi ciudad. Que quieren, la cabra tira al monte, y los zamoranos a nuestra historia y nuestras leyendas, igual que al cordero, al vino tinto y a las aceitadas. Cada perro se lame su pija, y mira receloso la de su vecino, por si acaso oigan, sobre todo, si además por hacerlo no te dan sebo a la ostaga, que le vamos a hacer.
Bueno a lo que iba, que se me llena la boca antes de tiempo, y a noto la saliva cayéndome por el colmillo, mientras tecleo apresurado y casi epiléptico esta página de hoy, que quieren cuando se trata de mi tierra, o de de mentarle la madre a los hijos de la Gran Bretaña, me sube la bilirrubia, me salta la válvula, y me sale la mala baba escondida y edulcorada a diario, para pasar desapercibido-o intentarlo al menos-, en nuestra culta sociedad de fútbol y cotillos verduleros de chicha, pomelo y puti club televisivo de la hora de la siesta.
Allá en el siglo XI, comenzó a levantarse-el castillo digo-, por orden del rey Fernando II de León y a la sazón conde de Castilla, pues cabe recordar que en este momento Castilla tan solo era un pequeño condado bajo el reino de León, y no como nos quieren hacer creer los modernos historicidas, que deben creer que las viejas rencillas se iban a cerrar, y las heridas históricas y la mala ostia compartida iban a desaparecer como arte de birlibirloque-pero alguien echo sal en la veta sangrante-, aumentando las miradas por encima del hombro, con emergentes cumulos de despropósitos, y acabando por unir las dos provincias bajo un mismo nombre Castilla y León, sin pararse a pensar en la cultura, la historia y los dos dedos de frente necesarios para darse cuenta que los leoneses son leoneses y los castellanos castellanos, diga lo que diga el político canta mañanas o el libro historicamente manipulado de turno. Y lo siento por los amigos castellanos, los cuales seguramente mañana me abrasaran el correo ciscándose en todo lo ciscable.
Esta obra esta situada en un altiplano natural junto al río Duero, desde donde se puede controlar la lontanaza y defender la ciudad por entonces leonesa de las abatidas de las hordas moras y más tarde de las castellanas ordenadas por el rey Don Sancho II, para recuperar un territorio que él creía suyo, pero que nunca le pertenecio, y que nunca llego a conquistar, pues un mal retortijón al borde de la muralla, lo llevo a hacer sus cosas tras unos arbustos, donde un gallego, llamago Bellido Dolfos, hijo de Dolfos Bellido le pico el billete, pasandolé por la calandría y le dió lo suyo, y lo de su primo el de Amaya, por invasor y por cabronazo.
El caso, es que esta mole de piedra y mampostería que durante tantos siglos a defendido mi ciudad, ahora esta ahora totalmente restaurada, parece como nuevo oigan, ni rastro de lo que un día fue la escuela de artes y oficios, la de artes y de la antigua cárcel o cuartel de la Guardia Civil, donde hasta las cuadras de los equinos ocupaban su parte palacial, dejando sus reales heces en un monumento histórico nacional. Ojo, que no me parece mal, si el castillo no hubiera sido parte del aparato depresor del gobierno y luego sede de la Benemérita verde oliva, seguramente hubiese desaparecido engullido por la naturaleza y el olvido hasta que hubiese acabado convertido en un montón de escombros, o sus centenarias piedras trasladadas hasta un bonito patio rural del diputado provincial de turno.
Hoy luce como nueve les digo, se puede pasear por todo su interior, y además ahora alberga un nuevo pseudo negocio, si es que la cultura en una pequeña ciudad de provincias, manipulada por caciques se puede llamar negocio, porque en vez de generar ingresos, suele generar gastos. Además allí podrán disfrutar de la colección permanente de escultura de un zamorano, vecino de comarca del que escribe y que a pesar de no ser un museo que culturice y que nos haga pensar, que esa y no otra es la labor básica de un museo. Pero, pardiez es un museo, y eso voto a Dios, es una victoria.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

DOS MONJAS DE DURANGO.


El reloj de la iglesia del templo de Analco en Durango, marcaba las dos y media de la mañana, cuando una troca blanca, de grandes ruedas y llamativas llantas comenzó a moverse por las calles de la ciudad, en su interior iban dos morras, una de ellas, güera y más espigada que su acompañante, prieta y chaparrita. Ambas, a pesar de las altas horas del día, iban ataviadas con hábitos de monjas. La luz de las cachimbas que se repartían por la zona, eran realmente tenues esa noche.
La troca avanzaba a buen ritmo por las carreteras del norte de México, rauda a su destino, la ciudad de Tijuana, hasta que cerca de Nogales tuvieron que detenerse. Allí, como en tantos otros puntos de la geografía mexicana, esa noche se posicionaba una inspección de carreteras. Las dos monjas, no se alteraron lo más mínimo, pues sabían de buena onda, que los federales no revisaban a las monjas, y las dejarían pasar en cuanto supieran de su condición, Ademas, más que otra cosa, parecía que los federales estaban echando un relajo, unos también comían -un tanto apartados-, machaca de verduras y frijoles con queso fresco y tortillas de maíz, y a pesar de estar en servicio, lo acompañaban con unas chelas dos equis. Incluso por los ojos de alguno de ellos, se podría asegurar que le habían estado dando al chacaleño y a la mota.
Pero la pinche noche, comenzó a torcerse pronto, pues el agente que estaba de turno, no parecía ser muy creyente, y quiso quitarse la espina. Comenzó a hacer preguntas a las dos monjitas, que contestaban con total tranquilidad. Él, les dijo, disculpen hermanitas, pero voy a hacerles la revisión de costumbre, y que si se podían bajar del auto y abrirle la dropa de la troca. Cuando el agente, vestido de calle, con tejanos, cinturón piteado y chamarra oscura se acercó a la parte trasera de la camioneta, observo unos paquetes. Pregunto que era aquello.
Las monjas contestaron breves, que iban rumbo a un orfanatorio, y que esos paquetes eran tecitos y leche en polvo para los huerfanitos, y si usted no lo cree señor agente, pues ni modo. No me charoleen con chingaderas, hermanitas-contesto el agente federal-, pues yo presiento que la leche en polvo ya se les convirtió en cocaína.
Y es que las morras vestidas de monjas, eran dos grandes contrabandistas, que en sus barbas la droga pasaban, aprovechando el respeto al convento por parte de los federales, y que se dedicaban al negocio desde bien chavas, por ello las corrieron de sus casas y ahora no se iban a dejar quebrar la madre en medio de la nada. Hijos de vuestra pinche madre, me vale vergas que sean tan pendejos-rezongaba el agente sobre sus federales-, mientras pedía a las narcos que se identificaran. Pero estas resabiadas en el negocio, le ganaron el jalón y mientras daban sus nombres, se alzaron a un tiempo el habito, y sacaron de ellos dos fusiles de AK-47, que agarraron confundidos a los federales, matándolos a todos en el acto, dejando al agente de calle con gran sorpresa en su rostro y dejando rígido su bigote norteño a lo Pedro Armendáriz.
Las narcos, vestidas de monjitas, bajaron la puerta de la dropa y se subieron a la troca acelerando con la carga de mariguana y cocaína en su interior. La carga de “tecitos y leche en polvo”, evidentemente fue entregada a esos “huerfanitos” de Tijuana que tanto la necesitaban, y ambas morras desaparecieron para siempre, hoy muchos las buscan por la propia Tijuana, otros por Durango, y otros dicen que se han puesto muy pesadas y que viven en Sacramento, allá en los Estado Unidos de Norte América.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

UN PARAÍSO NEGROCRIMINAL.


No, no me estoy volviendo loco, tampoco les estoy vendiendo una película de serie B, tranquilos, es algo mucho más literario lo que hoy me pasa por la cabeza. El paraíso es terrenal, acotado en un pequeño perímetro a tan solo unos metros de la playa de la Barceloneta, en el barrio barcelonés del mismo nombre. Vaya por delante, que con esta página no estoy haciendo publicidad, sino justicia, justicia con un negocio que apostó por un género poco usual, y que se ha convertido en la única especializada en él de todo el país.
Muchos ya lo habrán adivinado, pero para los que no, yo les aclaro el misterio. Hablo de una librería, una pequeña librería de toda la vida, con las estanterías y una mesa central a rebosar de libros, nuevos y de viejo, con el mayor número de títulos de novela policíaca, de misterio y de asesinatos que se puedan echar a la cara. Casi cualquier titulo publicado digo, desde los primeros de Agatha Christie, hasta la última obra de Andreu Martín, pasando por supuesto por los grandes títulos de Eduardo Mendoza. Y eso, sin ponerme a contar con los nombres de autores extranjeros, que llenan a día de hoy las estanterías de mi propia biblioteca, mientras escribo estas lineas.
Les decía, que el paraíso negrocriminal, es un paraíso terrenal convertido en librería temática. Todo lo que tenga que ver con policías chusqueros, chulos de barrio, traficantes que se pasan en una dosis, criminales de gorra y manguitos, lumis de otra época, macarrillas de poca monta y de los asesinos con menos escrúpulos y más inteligencia de la zona, o de comisarios de la vieja escuela o detectives privados, aficionados y amantes de la gastronomía, lo encontrará allí.
Muchos de los recuerdos literarios de Barcelona, están unidos a los libros de los mejores autores catalanes-una de las mejores canteras de literatura negrocriminal-, que describen la ciudad de ahora y la de antes con tanto detalle y cariño, que casi puedo decir que conocía la ciudad condal antes de haber puesto un pie en ella. Y, cuando unos años después de comenzar a apasionarme por esa literatura, di con mis huesos en Barcelona, casi podía decir que era una ciudad perfectamente conocida para mi, tras las cientos de horas pasadas ante esos libros.
Si les soy sincero, he de reconocer, que aunque no tengo problema con echarme a la faltriquera cualquier titulo y autor que me parezca interesante, tengo cierta debilidad por los autores de casa, y por sus personajes. Recuerdo con mucho cariño el día que conocí a Francisco Gónzalez Ledesma, en la propia librería, un sábado soleado de abril. Él, presentaba un libro con las últimas aventuras de Silver Kane, seudónimo con el que firmaba sus libros durante los años en los que fue señalado por el dedo de la censura-a la vez que era reconocido con el premio Planeta-. De su personaje más carismático, Méndez, un policía de la vieja escuela, que nos narra su vieja ciudad, mientras nos muestra la diferencia de la sociedad podrida y la sociedad menos podrida pero con más picardía.
O la inmortal obra de Manuel Vázquez Montalban, y nuestro querido Carvallo, que mientras resolvía los casos más extraños, que solo un genio del género pudieran imaginar, te enseña a hacer una liebre con piñones al vino del Penedès. O el día que conocí a Andreu Martín, mientras volvía hacía la Rambla, tras realizar las últimas compras en la Negra y Criminal. Fue en la Calle Canuda, allí lo pillé escribiendo por la calle, en una pequeña libreta, sin duda preparando su nueva obra, y me dedicó el libro que la propia librería creó, gracias a la colaboración de varios autores asiduos a esa cripta de lo negrocriminal, entre ellos él.
Ahora los libreros, lo están pasando mal-como todo el mundo-, un local es muy caro de mantener, y todos sabemos que cuando hay que recortar gastos, la compra de libros se frena, sobre todo en las pequeñas librerías, donde te atienden con cariño y familiaridad, tanta que aunque pases solo unas horas por la ciudad, no puedes dejar de pasarte por la calle de la Sal y asomar la cabeza entre esos libros y saludar a los libreros-por lo menos yo no puedo-, mientras compras la última de Andrea Camilleri, o la primera de Anna Jansson o de Juan Madrid.
Personalmente, no podría concebir Barcelona sin la librería Negra y Criminal, sin la colección de libros nuevos y de viejo de mis autores y personajes favoritos. No me imagino la Barceloneta sin las reuniones literarias, acompañadas de mejillones y vino de los sábados por la mañana, junto a los más grandes autores de novela negra del ámbito nacional e internacional. Al igual que tampoco me imagino la ciudad sin el Cal Papi. Pero eso es otro tema, que otro día trataremos. Asique ya saben, si les gusta el género y pasan por Barcelona, no dejen de pasarse por ella y luego ya me cuentan.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

CIUDADES DE OTRO TIEMPO.

          
           Cualquier calle decrépita, en cualquier lugar del mundo siempre me parece una calle de Lisboa, la ciudad que tú serías si alguna vez fueras ciudad. La cita no es mía ─aunque podría firmarla perfectamente, sin ruborizarme─. Porque la realidad es esa, que cada vez que veo una calle con chaperones, adoquines o escaleras con una barandilla de metal en el centro de su tiro pienso inmediatamente en la capital lusa. Les decía, que la frase que encabeza la página de hoy, no es del abajo firmante, sino de una escritora o periodista ─no recuerdo bien─, portuguesa, y servía de encabezamiento de uno de estos artículos de viajes que tan de moda se han puesto ahora en los diarios de toda la vieja Europa.

            El caso es que al leerlo de nuevo se llenó mi cabeza con imágenes de la vieja ciudad del Tejo, de sus fados y de sus piezas de bacalao en salazón colgadas en los zaguanes de las antiguas tiendas de ultramarinos. Hace tiempo que no paseo por sus calles, incluso hace tiempo que no hablo de ella en esta página ─suya y mía─. He seguido viajando, viviendo y escribiendo de otras muchas ciudades, de otras muchas personas que se han cruzado en mi vida, de algunos conozco sus nombres, de otros no, tan solo sus historias, lo que no es poco.

            Pero hace tiempo caí en la cuenta de que desde hace mucho tiempo, allá donde voy veo detalles de mi querida Lisboa. No hace mucho mientras paseaba por las cercanías de la basílica del Sagrado Corazón de París, entre las calles embarulladas de Montmartre, me tope de repente con una de esas calles, estrecha, con escaleras y una barandilla de metal, un poco más abajo comenzaban los adoquines y una empinada cuesta que llevaba hasta una calle un poco más ancha, allí los coches zumbaban al pasar a más velocidad de la adecuada por los citados adoquines, colocados de manera un tanto azarosa. Desperdigados. De pronto me sentí en medio de la capital portuguesa, muy lejos de París, pero sin embargo estaba allí, rodeado de bistros y tiendas de recuerdos, alicatadas con imágenes de la torre Eiffel y Notre Dame.

            Que quieren que les diga, todas y cada una de las ciudades que he visitado tienen una de esas calles, una de esas plazas, uno de esos lugares tranquilos, tradicionales y de las que día a día van quedando menos, engullidas por las grandes construcciones de estéril cemento y las manadas de turistas profesionales, de los grandes almacenes y de las macro librerías, donde los empleados, lejos del librero de toda la vida ─que conoce al dedillo los libros que ocupan sus viejas estanterías─, tienen que mirar en un moderno ordenador para saber si en sus fondos cuentan con alguna edición de El Quijote, o  de El Conde de Montecristo.

            Supongo, o creo realmente, que ese es el mayor encanto de la capital vecina, por eso la echo tanto de menos, sobre todo cuando me encuentro en medio del caos, enmarañado de coches, claxons, y peatones moviéndose sin apenas levantar la vista, o corriendo por el metro como alma que lleva el diablo. Es entonces, cuando te das cuenta de lo mucho que odias a la humanidad ─Mónica Bellucci a parte─. Es entonces cuando me gustaría estar de nuevo en mi tranquila casa lisboeta, a tiro de piedra de donde atracan los cargueros y de los viejos bares de marineros, donde se habla de antiguos barcos y viejos marineros. Donde se come pescado recién sacado del océano bravo, y se bebe ginebra azul acodado en una barra de zinc marcada por los codos de los vecinos, rasgados de la desdicha y la ilusión zancadilleada que tanto abunda en los barrios marineros.

            El asunto, me digo siempre, es que no es casualidad el hecho de que todas las antiguas capitales europeas tengan algo de Lisboa, sobre todo en sus olvidados rincones, en las zonas más desamparadas y lejanas del turismo negocio. El tema, es que algún día muy lejano, o no tanto, todas las ciudades fueron ciudades tradicionales, con sus típicas construcciones, sin moles de hormigón, sin grandes centros comerciales donde los domingueros se apelotonan a la mínima oportunidad. Con sus cafés de madera y mármol, con tiendas de ultramarinos donde los tenderos de toda la vida te ofrecían el producto de la temporada, y donde los malditos tomates, eran rojos como la escarlata y sabían a tomate.

            Esas ciudades de otra época, de otras personas lejanas a lo que hoy vemos, a lo que hoy sentimos cuando paseamos por ellas, donde cada vez más grupos de gente caminan pastoreadas por una guía que les dice hasta en que sitio tienen que entrar a mear, que les coarta la libertad de encontrar esas calles, escondidas y lejanas de la mano asesina de los políticos corruptos y de las constructoras urbanicidas que todo lo cogen, y que son capaces de plantar un bloque de hormigón y ferralla en mitad del Coliseo romano, o crear un campo de golf privado en el centro del Jardín de las Tuileries, y hasta si me apuran, recalificar el portal de Belén y mandar al niño, a la virgen y al carpintero a un piso de protección oficial de treinta metros cuadrados.

            No lo puedo evitar, estos pensamientos me asaltan una y otra vez cuando veo que las ciudades van reformando su estructura, dejando sólo edificios de cristal en el horizonte, eliminado a su vez bancos y fuentes. Por no hablar de las autopistas de peaje, que últimamente salen como hongos y de cuyo alrededor han desaparecido todos los árboles, extirpados como tumores malignos, para evitar que los que conducen más rápido de lo que deben se dejen los cuernos en cualquier curva. Es entonces, cuando sintiéndome vencido pongo rumbo a mi casa, a mis libros, pensando y sabiendo que la única salvación de los vencidos, es no esperar salvación alguna.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

MISMOS CLAVOS, DISTINTA CRUZ.


Hoy me he levantado un poquito talibán, con la pierna izquierda vamos. Asique ya saben, paciencia y barajar, porque pintan bastos, por lo menos para algunos. Me van a permitir que hoy me cisque en todo lo ciscable. Que le vamos a hacer, es lo que tiene desayunarse leyendo ciertas noticias de nuestros políticuchos, esos que se pasan la vida cantando por la mañana, y haciéndonos creer que los españolitos de a pie, somos tan tontos del pijo y de la pija como ellos y ellas.
La última noticia es la de la lideresa del pepe-a la sazón exministra de Educación y Cultura del gobierno del amigo Ansar-, y sus misivas a los docentes de la comunidad que dirige, pidiéndoles en un folio repleto de faltas ortográficas, que hagan un esfuerzo en esta época de crisis, justo unos días después de ponerles a caer de un burro, haberles llamando vagos y decir, que solo trabajan veinte horas a la semana. Declaraciones, por las que la ilustre dama, ha tenido que bajarse los pantalones y pedir perdón, pues debió olvidar que este año hay elecciones, y alguien desde Génova la habrá tirado de las orejas. Asegurando, que ella sabe de sobra las horas que trabajan los maestros-lo ha demostrado-, y que la que tiene boca se equivoca-sobre todo, la que la abre sin pensar antes lo que va a decir-, y por supuesto ha aprovechado para quitarse de encima el muerto de las cartas con faltas ortográficas, diciendo que eso, es cosa de la imprenta, de los que han reescrito la carta, o del maestro armero, que pasaba por allí.
Pero eso es una anécdota, teniendo en cuenta lo que pasa en España a diario, y desde hace tantos años que muchos ya hemos perdido la cuenta. Hemos perdido la cuenta del tiempo pasado y del ingente número de ministros y ministras de educación y cultura que han pasado por la poltrona del ministerio de turno, demostrando que de lo que menos saben o entienden es de cultura o educación, de las cuales andan, ciertamente bastante cortitos. Ya no es solo, el hecho especifico de que Zapatero no sepa inglés, y que no haya sido capaz de aprenderlo en siete años que lleva de presidente del gobierno, o que Rajoy, este aprendiendo a la carrera mil palabras en inglés, como han confirmado sus asesores. Va a ser gracioso oírle hablar en inglés, sin conocer los tiempos verbales, las pasivas o los phrasal verbs, porque saber mil palabras en inglés-memorizadas de carrerilla y con prisas-, es similar o peor que reconocer que no se sabe nada del idioma de la Pérfida Albión.
Por no seguir, con el alcalde de un pueblo cercano a Puertollano, que ha borrado las calles de Pablo Neruda, Pablo Iglesias o Tierno Galván, porque dice el “erudito”, desconocer lo que hicieron o lo que eran, supongo, que las rebautizara como de Belén Esteban, Cristiano Ronaldo o el coño de la Bernarda. Dando la imagen de la España más bizarra e inculta, y dejando a todos sus paisanos a la altura del betún y del analfabetismo paupérrimo, que él y sus concejales enarbolan como bandera. O que Rajoy no entienda su propia letra en los debates del Estado de la Nación, o los que prefieren gastarse el dinero en cultura y educación que les toca, en crear museos del pan, de los trillos, o de las caras de Velmez. Mientras los señores del pepe, del pesoe, y de ciu, intentan convencernos, con grandes palabras vaciás, de lo necesario que son los recortes en educación y cultura, para salvaguardar el país de la inminente quiebra económica, sin darse cuenta que lo están hundiendo en una quiebra cultural, de la que no se sale por mucho dinero que se tenga.
Digo esto, porque nuestra sociedad, esa sociedad que se parte la boca por su equipo de fútbol, o por su grupo político, como si les fuera la herencia en ello, no ha cambiado nada desde los grabados de Francisco de Goya-esos en los que salimos zurrándonos la badana como que tal cosa-. Nos siguen gobernando los mismos individuos, analfabetos y chulescos, porque dese cuenta, los que están metidos en todos los circos, en todas las salsas, suelen ser los más tontos de la zona, y sino miren a su alrededor. Hemos cambiado de forma de gobierno, de partidos políticos, de siglas y de colores, pero en el fondo nos gobiernan los mismos.
Durante toda nuestra historia, nos han mandado y ordenano los más analfabetos de cada época, esos que en su días acusaron a los afrancesados de anti-patriotas, esos que mataron a Lorca, los que encarcelaron y diéron decenas de palizas a Miguel Hernández, los de las dos Españas de Machado, o los que raparon la cabeza y dieron aceite de ricino a Miguel de Molina. Y no, no me refiero a los que enarbolaban la bandera del fascismo o del golpe, porque si la historia hubiese sido al revés, la situación no hubiese sido distinta. Por que el problema no nace, ni reside, en que le hayan picado el billete a alguien por motivos políticos, religiosos o sexuales-que también, ojo-, pero el problema nace en la insensatez, alimentada por el fanatismo y la intolerancia, que vienen generadas por la falta de cultura y de inteligencia de la turba que eleva al poder a unos y otros, de la falta de respeto al prójimo y de la falta de respeto a uno mismo, respeto al que solo se llega, mediante la educación.
Sin darse cuenta de una trágica noticia, una noticia que de una forma no directa, lleva apareciendo desde hace años en los diarios. La noticia del fracaso cultural y educacional de un país, al que denominamos primer mundo. Señores políticos, señores banqueros, señores constructores-culpables de lo que ahora estamos sufriendo, ellos y solo ellos, crearon lo que ahora estamos pagando y vamos a pagar todos nosotros, los españolitos de a pie-, recuerden, que un país del primer mundo, no lo es por tener la costa abarrotada de hoteles y pisos, no lo es porque sus políticos tengan los sueldos más altos, no lo es porque sus banqueros sean los más ricos del continente, no lo es porque sus políticos sean los más bizarros en comprensión o porque su selección sea campeona del mundo. Sino que un país del primer mundo, lo es por el nivel de cultura y educación de su población. Y por mucho que le pese a nuestros políticos y a los salvapatrias de medio pelo, España, hoy por hoy, es un país tercermundista.

miércoles, 24 de agosto de 2011

EL GOLPISTA GOLPEADO.


Dieciocho horas y veintitrés minutos del día 23 de febrero de 1981. En el hemiciclo del Congreso de los Diputados se celebra la votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, que está a punto de ser elegido presidente del gobierno en sustitución de Adolfo Suárez, dimitido hace veinticinco días y todavía presidente en funciones tras casi cinco años de mandato durante los cuales el país ha terminado con una dictadura y ha construido una democracia. […] Pero el imprevisto surge, en ese momento se oye un rumor anómalo, de pronto entra por la puerta derecha un ujier con uniforme y se dirige con pasos urgentes al semicírculo central. Un segundo grito, y la cámara de TVE, enfoca a la izquierda del hemiciclo: pistola en mano, el teniente coronel de la guardia civil Antonio Tejero sube con parsimonia las escaleras de la presidencia del Congreso.
El resto, es de sobra conocidos por todos. Comienzan los tiros hacía el techo del Congreso, el se sienten todos, la imágenes de los congresistas agachados bajo sus escaños, salvo dos, dos formas estatuarias y casi espectrales, en medio de una desolación de escaños vacíos: Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, sentados tranquilamente en sus mesas, y un tercero, el general Gutiérrez Mellado, a la sazón vicepresidente del gobierno, levantado enfrentándose a los golpistas, a los que intentaba hacer desistir de su idea y deponer las armas ante su superior, lo hace rodeado de seis guardias civiles.
Mientras Tejero ordena a sus hombres que dejen de disparar, otros guardias civiles, intentan obligar al viejo general a tumbarse en la alfombra. Este, que contaba con 72 años, agarrado al brazo de su sillón permanece impavido, tenaz y terco, como un paquidermo con otitis, de pie mirando con furia a los golpistas y manteniéndose en pie, ordenándolos a gritos como superior suyo, que abandonarán inmediatamente el Congreso. Mientras tanto, ocho personas, muchos más jóvenes que él y mucho más fuertes, no son capaz de hacerle caer-parecía un presentimiento del futuro del golpe-, es entonces cuando el general Gutiérrez Mellado, se gira con los brazos en jarras hacia el lugar donde se encuentran sus compañeros en el hemiciclo-la cámara de TVE recoge el gesto del general hacia sus compañeros-, como preguntándose que hacen, ¿porque no se levantan y defienden a su país?, ¿donde estaba Calvo Sotelo, futuro presidente del gobierno?-otro presagio de lo que nos esperaba 30 años después con esos políticos que deben defender a su país y la gente que supuestamente representan-. La imagen cambia de nuevo y el presidente saliente, Adolfo Suárez, se levanta, coge con cuidado el brazo del general Gutiérrez Mellado, y como si fuera una discusión entre padre e hijo, consigue que se siente en su escaño, y allí se queda el general, esperando a que ocurra lo que tenga que ocurrir, enfurecido y maldiciendo al ejercito y a sus compañeros, después de ser el único que defendió ese día a España.
Todo parece muy bonito, el héroe que defendió la democracia española. Y vaya por delante, que esta hoja más que una critica es mi homenaje a el general Gutiérrez Mellado, vuelvo a repetir, que fue el único que planto realmente cara a los golpistas, fue el único que ese día defendió la democracia y con ello, el único que defendió a España. Pero lo que trato de demostrar aquí, es el cambio que todas las personas experimentamos a lo largo de nuestra vida.
En el caso del general Gutiérrez Mellado, es muy claro. En el año 1936, cuando los chicos de Francisco se levantaron contra el legitimo gobierno democrático de la república, Gutiérrez Mellado, fue uno de los que se pasó la mañana del 19 de julio de ese año, encaramado al tejado de su cuartel, disparando con su metralleta convencional a los Breget XIX procedentes del aeródromo de Getafe. Efectivamente, el general nunca negó estos hechos-hubiese sido de locos-, pero tampoco se arrepintió de ellos-por lo menos no lo hizo en público-, y hay es donde quiero llegar.
Nunca lo hizo en público, tal vez nunca lo hizo en privado, pero si lo hizo en su interior. Cuando el levantamiento del 36, era joven-con todo lo que eso implica-, y los periódicos y publicaciones que llegaban a los cuarteles, no eran del todo neutros, por otro lado, la iglesia en vez de apaciguar los ánimos entre hermanos, no hizo otra cosa que apagar el fuego con gasolina. Nunca negó lo que hizo ni se arrepintió públicamente digo, pero si interiormente. Y no solo eso, sino que durante los últimos años de su vida lo demostró. No solo al morir el dictador, mucho antes ya era un militar partidario de una democracia parlamentaria, y luchó por ella. Cuando el presidente Suárez, le ofreció un puesto en su gobierno como ministro lo rechazó, porque no se veía capaz de llevar un ministerio, pero cuando le ofreció por segunda vez el ministerio de defensa y la vicepresidencia del gobierno, la aceptó. Llevando a buen puerto sus ideas para defender la democracia y a su presidente, poniéndose en su contra con ello, a todos los militares españoles, a los altos cargos de la guardia civil y a la mayoría de los periodistas de la derecha española, los cuales no dudaban de llamarlo traidor en público, llegando a agredirle públicamente, como ocurrió en el cuartel general del ejercito de Madrid, durante las honras fúnebres, de Constantino Ortín-gobernador militar de Madrid-, asesinado por E.T.A, en enero de 1979.
Y acabó demostrando su cambio total, la tarde del lunes 23 de febrero de 1981, cuando fue la única persona que defendió con su vida la democracia española, y el futuro de nuestro país. Por eso, a pesar de recordar su oscuro pasado como militar del franquismo, también hoy quiero recordarlo por su afán desmedido de la defensa de la democracia. Cuando el 15 de diciembre de 1995, el Opel Omega en el que viajaba a Barcelona patino en una curva y se salió de la calzada, desapareció con él, el más fiel político que tuvo a su lado Suárez, el único militar que se sentó en el congreso y un hombre que enmendó sus pecados de juventud, defendiendo como nadie su país, ante un golpe de estado, que encaminaba al país a otra dictadura, esta vez encabezada por el general Alfonso Armada.

miércoles, 10 de agosto de 2011

LA LIBRERA DEL SENA.


            No debe de ser mayor que yo, a lo sumo un par de años. Lo que es una ventaja o desventaja-según se mire-, mínima, casi ínfima. Lleva a cabo su labor como expendedora de cultura en una de las orillas del río Sena, en París. Trabaja alrededor de una estampa onírica es cierto, sino fuera por las oleadas de guiris, pastoreados por una chica o chico joven, que los guía como a preescolares alzando un paraguas de color chillón por las calles de la antigua Lutecía.

 
            Digo que sería un trabajo de ensueño, onírico, porque el pequeño quiosco de color verde, y lleno a rebosar de antiguas ediciones de novelas en francés o inglés, y mapas del país-completo y por demarcaciones territoriales-, está situado en uno de los sitios más carismáticos de la vieja ciudad. Se encuentra en la parte de atrás de la iglesia de Notre Dame, allí donde el gótico adquiere su mayor repercusión en la creación de la Isla de la Ciudad, donde la aguja del edificio resplandece en la parte central del crucero, y donde el gran rosetón mixtilíneo resalta sobre los árboles que caen como lagrimas verdes en la orilla del Sena.

 
             Es la zona conocida como Quai de Montebello de la Tournelle, casi a la entrada del puente de Enrique IV, el que parte la isla en dos, dejando a un lado la original Isla de la Ciudad, y al otro un pequeño parque en homenaje a los deportados franceses, caídos en las manos de los chicos de Adolfo durante la Segunda Guerra Mundial-la ciudad es un museo de placas en homenaje a la gente que perdió la vida en la segunda gran guerra-. Por allí circulan al día cientos, quizás miles de turistas, que pasan de largo no solo ante los libros de Paulette, sino ante la mayor parte de los libros, de libreros y de buquinistas que hacen su labor cultural a la orilla del río. Algunos, si se paran a comprar viejas postales, o a intentar regatear el precio de algún imán de nevera con la forma de las placas de las calles más importantes de la ciudad. Otros se acercan, soban y resoban los libros, como si fueran melones y buscaran por el tacto saber cuál está más lleno o más maduro. Dejándolo después todo manga por hombro, sin conocer ni tan siquiera minimamente la importancia de lo que han sopesado con tamaña descortesía entre sus manos.

 
            Paulette, una joven francesa de la alta Normandía, que vino a cursar sus estudios de historia del arte y traducción a la universidad de París, y que una vez terminada la época universitaria se dio cuenta-como tantos hacemos-, que lo importante no es encontrar un trabajo de lo tuyo, o por lo menos un  trabajo en lo tuyo pero que no te guste, que te agobie, y que te haga llegar cada día a casa exhausto y malhumorado. Sino uno que te libre de la terrible presión psicológica a la que te pueden llegar a someter los viejos buitres, vestidos de brontosaurios, con trajes de cuadros marrones, y que se creen que la única forma de realizar tal o cual labor es la que ellos aprendieron, sin darse cuenta que cuando ellos comenzaron a hacerlas la Legión Cóndor sobrevolaba la ciudad, y que la vida y la cultura ha evolucionado mucho desde las filminas transparentes, que usan para llevar a cabo sus soporíferas clases magistrales.

 
            El caso es que tras estar trasteando con fotocopiadoras y cafeteras de sobremesa unos años, mi amiga se dijo a si misma: se acabó, de que me sirve ganar mil euros si vivo totalmente amargada, pudiendo ganar novecientos haciendo algo que realmente me llena, fue entonces cuando se puso manos a la obra junto a una amiga de toda la vida. Tras mucho luchar por un crédito, lo consiguieron y abrieron una librería-pequeña y con el suelo de madera-, con olor a libro de viejo y a obras recién impresas. Una librería como las de toda la vida, como Dios manda, sin ordenador ni tonterías, un lugar de esos donde saben exactamente los volúmenes con los que cuentan y donde está situados cada uno. Uno de esos sitios-que como he dicho tantas veces-, te reconcilian con el mundo. Al mismo tiempo, consiguieron una licencia para regentar uno de estos pequeños quioscos al borde del cauce del Sena. Allí, una tarde de junio coincidí con ella por primera vez, y a pesar de que mi francés era muy básico-al igual que su castellano-, pronto comenzamos a hablar en inglés de libros y de autores. La joven librera del Sena, no solo es un hacha en historia-gracias a lo cual nos pasamos horas hablando y discutiendo-, sino que además ama la literatura clásica y contemporánea por encima de todo, lo cual es una de los mayores placeres de esta ciudad.

 
            Hace un par de días volví a pasarme por el quiosco del Sena, en busca de algún libro que echarme a la faltriquera-por suerte estoy haciendo grandes avances en mi francés y casi puedo leerme un libro de seguido-. Sus grandes ojos azules estaban casi totalmente tapados por su castaña melena, que caía suavemente sobre sus hombros mientras apilaba con sumo cuidado todos los ejemplares. Tras un rato de charla, me comentó lo mucho que había bajado la venta de libros en los últimos meses de verano-lo que ellos llaman verano es nuestro otoño en temperatura-. ¿Y qué vas a hacer?-pregunté-, pues lo que están empezando a hacer todos estos-dijo señalando al resto de quioscos cerrados que nos rodeaban-. Ponerme a vender candados “del amor”. Me sorprendí cuando me enseño una caja de candados de toda la vida. Si me -dijo-, se ha puesto de moda entre los enamorados llegar a París, comprar un candado y tras escribir sus nombres, lo cierran sujetándolo a la valla del puente cercano y tiran la llave al cauce del río. ¿Y te funciona? Si-contestó-, hoy he hecho la misma caja con ellos, que en la última semana vendiendo libros.

 
           Bueno pensé, hay quien sacrifica sus obras más caras para poder pagar el mantenimiento del resto de su biblioteca, y hay quien debe sacrificar un sitio en sus sueños para poder llevar a buen puerto el resto de ellos. Me parece bien-asentí-, mientras haya turistas que van como borregos, y repiten por que sí los gestos de los demás, siempre habrá una forma de mantener la cultura. Tras lanzar esa leve reflexión al viento, nos fuimos a tomar un café a un bistró cercano, mientras seguíamos hablando de las últimas protestas en Bastilla.

miércoles, 27 de julio de 2011

EL COPAGO SANITARIO Y OTRAS FLORES DE MI JARDÍN.


Como de costumbre, evitaremos nombres y cargos públicos, no vienen al caso, ni importan mucho dentro de lo que aquí se cuenta, además cada uno lleva su cruz y los que andamos metidos entre noticias y periódicos ya le conocemos de viejas entregas. El tipo en cuestión, pertenece al gobierno de la Xunta de Galicia, realiza su “trabajo” dentro de las filas del pepe, pero eso también son florituras, pues si hubiera sido uno del pesoe, del benega o del upede, me hubiesen dado las mismas ganas de presentarme en su casa, y sacudirle en el cielo de la boca con los dos tomos del diccionario de la Real Academia de la lengua española, y uno más de regalo con el María Moliner-versión extendida, oiga-. Y lo hubiera hecho por dos razones, la primera por analfabeto, y la segunda por ir demostrándolo por el mundo con la cabeza bien alta. Siempre he dicho que es mejor estar callado y parecer estúpido, que abrir la boca y disipar todas las dudas.
El caso, es que el arriba mencionado como cabeza bien pensante del gobierno gallego, estaba dando una comparecencia, tirándose flores-supongo-, hablando de la mala situación económica que atraviesa el país en general y su tierra en particular, y alabando a su carismático líder nacional, el cual resolverá la crisis no solo española, sino mundial, justo el día después de ocupar el despacho de la Moncloa, con una barita mágica que guarda, a buen recaudo de lideresas autonómicas, en su faltriquera. Cuando un periodista avispado, sacó a relucir el tema del copago sanitario. Ya saben, el sistema por el cual, la sanidad pública española deja de ser gratis, y por el cual solo por pisar una consulta o unas urgencias te sacuden la badana económicamente hablando-en principio-.
Lo nuevo no es el tema, hace años que se viene hablando, incluso algunas comunidades autónomas, a modo de referencia, y para que sepan lo que cuesta cada intervención, dan una factura simbólica a sus pacientes, para que estos, se conciencien del gasto que ocasionan al estado. Además el tema, últimamente esta en el candelero europeo, pues la sanidad italiana, acaba de hacer efectivo el copago sanitario en todo su territorio. Por eso les digo, que lo que me interesa no es el tema, sino la salida del filosofo metido a político. Él cual, indignado con el descarado periodista, que le cortó su arenga populista contra el gobierno vigente, le espeto a su cara-y a la de todos los ciudadanos-, que ya estaba bien de malgastar el dinero del estado, que se podía invertir en cosas más necesarias que la sanidad-hay supongo que se refería a comprarse trajes, por seguir la linea de su partido-, y que ya era hora de que cada españolito, se hiciera cargo del cincuenta por ciento de los gastos que ocasionaban a la sanidad pública. A lo que el alocado periodista, contestó, que si, que vale, que eso esta muy bien, que el paciente pagará el cincuenta por ciento de su bolsillo. Y pregunta pícaro él: ¿y el otro cincuenta por ciento, a cargo de quien corre?. De repente, el político se hincha de satisfacción, y espeta, cual niño sabiondo y henchido de gloria: pues evidentemente, el estado. Ese estado-interviene de nuevo el periodista-, el mismo, que financia la sanidad pública con los impuesto que pagan los ciudadanos. Exactamente-remarca el político-. Bien entonces dígame, si el cincuenta por ciento de la consulta, la paga el enfermo de su bolsillo, y el otro cincuenta por ciento lo paga el estado con el dinero que recauda al ciudadano enfermo, ¿donde esta el copago?, porque yo solo veo que afloje la guita uno-zanja el periodista avispado-. Pues......., y así seguimos semanas después, el político sigue buscando la respuesta a su propia metedura de pata.
A lo mejor, la solución a este problema es muy simple, mucha gente en la calle lo pide, es la supresión del senado español, de la cámara alta si lo prefieren, la supresión de los 264 senadores, de los 264 coches oficiales, y de lo 264 sueldos que no sirven para nada, porque el senado no aporta nada en este país, salvo alguna que otra noticia escabrosa y que indigna al españolito medio, como diría el gobernante gallego.
Y para ejemplo otra flor de mi jardín. Pongámonos en situación, centro de Madrid, de noche, uno de los prostíbulos de lujo de la capital. Un senador del pesoe por Lanzarote, parece ser que desea hacer un hombre a su hijo y algún sobrino, y se los lleva de putas por la capital-supongo que con el sueldo de senador-, entran en el puti-club, y tras ponerse hasta las trancas de todo, monta un escándalo en el lugar, los porteros de dicho local, que no entienden de senadores, lo sacan de allí con cajas destempladas, amenzándole con calzarle una hostia sino deja de montar el espectáculo. Él, tan digno, tan senador, no solo no se calla, sino que llama a la policía nacional, para denunciar que le han echado de un burdel, a él, a todo un senador. Como se atreven. Cuando unos coches “z” de la policía se personan en el lugar, piden la identificación al senador alborotador, y este en vez de avenirse a la autoridad, monta en cólera una vez más, espetando a los representantes del orden: “ojala os muráis de cáncer” o “yo me meo en las putas” y “yo no pago putas”. Tomándola a continuación con un policía ibicenco, que estaba de servicio, el cual tenia un tono más moreno de lo habitual, al que espeto “y tu moro de mierda, que seguro que eres de Ceuta, vete a tu puto país”, y otras lindezas por el estilo.
En estos señores, nos gastamos el dinero los españolitos de a pie, en un analfabeto que se enreda con su propia lengua a la mínima pregunta, y en un senador putero, chulesco y grosero, que se piensa que vivimos en la España de los caciques y el derecho de pernada. Y luego esta gentuza nos viene dando lecciones de moral cristiana y de recortes socio-culturales.