miércoles, 30 de marzo de 2011

CORTA LA CINTA Y CORRE.

Puede parecer el titulo de una pésima película norteamericana. Pero no, nada más lejos de la realidad. Durante los últimos días, las páginas de los periódicos, y las pantallas de los telediarios, se llenan de gente, trajeados y acompañados de chalecos reflectantes de colores cantosos, y con cascos blancos, que en la mayoría de las ocasiones les sientan como a un cristo, dos pistolas. Supongo, que ya habrán adivinado, que me refiero a los políticos españoles, que se arremolinan, allá donde haya unas vallas y una maquina trabajando, como si les fuera la vida en ello. Parece una carrera de relevos, al sprint, de una inauguración a otra, pasando por una foto con unos niños y la plantación de unos árboles, los cuales dejarán de regarse en mismo día de las votaciones. Mientras se les llena la boca, diciendo y comentando lo que ha dicho y hecho para hacer que esa obra sea posible, sin saber de que va el asunto, habiéndose enterado unos minutos antes de que esa obra estaba allí. Pongamos, un pequeño ejemplo de lo que a acontecido esta última semana. Empecemos por Madrid-por eso de que es la capital-, donde se han partido la cara alcalde, presidenta y ambos opositores por hacerse fotos, en la inauguración de la pasarela de Arganzuela, presumiendo de las obras para la famosa “playa” de Madrid, inauguración vaciá de sentido, pues las obras siguen, y seguirán durante mucho tiempo, lo se de buena tinta, porque cruzo por encima varias veces al día. Mientras en la otra punta de la ciudad, se inauguraba una nueva zona del hospital 12 de octubre, que aún no funciona, o las nuevas paradas de metro, que podían haberse inaugurado hace ya una buena temporada. Siguiendo, vayámonos a Barcelona, donde el fin de semana pasado, el alcalde se pasó el día en la calle, de acto en acto, quemando gasolina pública en el coche oficial, pues en tan solo dos días, llevó a cabo trece inauguraciones. Tal vez, la más sonada, no solo por la importancia que le ha dado la prensa, sino, sonada también por la pitada que se llevó Camps y su secuaz en Castellón, mientras inauguraban un aeropuerto sin aviones, y sin licencias-y lo que es peor, sin intención de tenerlas-. Por otro lado, el presidente de Extremadura, dice con más cara que espalda, que lo normal en España, es inaugurar cosas, y celebrarlo invitando a sus amigos, al igual que hacemos el resto cuando inauguramos una casa. La diferencia, es que nosotros las hacemos con nuestro dinero, y no lo usamos en campañas políticas. Pero bueno, deben de ser nimiedades de pueblo llano. El último día que se permite las inauguraciones de obras públicas, o mejor dicho de publicidad electoralista, fue el no va más, las agencias de noticias, no daban abasto a sacar fotos de esta tropa. Los políticos de Castilla la Mancha-un ejemplo, a bote pronto-, han llevado a cabo una inauguración al día la última semana, desde “otro” museo del Hidalgo, hasta una tubería de agua-hay que joderse-. He de reconocer, que la que más me ha inflado el arco del triunfo y me ha tocado la paz interior, es la última del presidente de Castilla y León-supongo que por lo que me toca-, es ver a toda la tropa polítiquera, lametraseros y cantamañanas, inaugurar una carretera que lleva varios meses funcionando, y de la cual, nadie ni de la Junta, ni de la diputación correspondiente, se habían interesado en los últimos años. Supongo que ese día, les darían de comer un buen lechazo y unas buenas botellas de Ribera, porque sino no se entiende que estos individuos, se dejan ver a la luz del sol. Eso si, he de reconocer, que la que más gracia me ha hecho, por no decir la que más caradura me ha permitido ver en la clase política, es el grupito político de Asturias. Allí, concretamente en Oviedo, se ha construido-o se esta construyendo-, el hospital general de la comunidad autónoma, y lo mejor viene ahora, en los últimos días, este hospital ha sido inaugurado hasta cuatro veces, cada una de ella por un individuo de una distinta jerarquía dentro del partido gobernante, montando cuatro veces el paripé, y gastando cuatro veces el dinero del bolsillo de los ciudadanos, a los cuales, me los imagino todo simpáticos y amables-como son los asturianos-, ciscándose en la madre que acunó a esta calaña, que se piensan que sus paisanos son tontos. En conclusión, digamos, que esta página de hoy-la de siempre, en realidad-, la suelo usar en unos casos para pensamientos propios, con situaciones diarias de la vida, que pasan desapercibidas- o casi-, y para contar situaciones graciosas. Pero sobre todo, me gusta utilizarla para ajustar cuentas con lo podrido de la sociedad, con ciertas cosas que todos vemos, pero que pocos se atreven a decir en voz alta, o a escribirlo. Pues que este ajuste verbal de cuentas, vaya por ellos.

miércoles, 23 de marzo de 2011

LA DIGNIDAD ANTE EL DESASTRE.


A todos nos suenan las imágenes, lo hemos visto cada minuto durante la última semana, y lo seguiremos viendo, durante bastante tiempo más. Todos, hemos visto la gran ola negra que arrasaba las localidades costeras de Japón, todos hemos visto el gran movimiento de la tierra, o como caían las placas de escayola de algunos edificios, y muchos hemos visto, con bastante preocupación-y seguimos viéndolo así-, las imágenes de la central nuclear de Fukushima. Contemplamos aún a diario, casi hora a hora la evolución de la central, y nos sobrecogemos, cada vez que los trabajadores que allí se encuentran, tienes que poner pies en polvorosa porque, a uno de los reactores le ha dado por dejar escapar humo, u otros elementos de toque radiactivo.
Pero, lo que hemos visto menos, por lo menos al principio, han sido las imágenes de los nipones. Cuando el maremágnum de imágenes, del agua arrasando ciudades, el fuego consumiendo las pertenencias de los desgraciados, que se vieron envueltos y abofeteados por la naturaleza, y de las continuas explosiones de la central nuclear. Las cámaras, de todos los medios de comunicación del mundo se han posado en ellos, ellos, son los tristes protagonistas de esta historia. Los japoneses, que sobrevivieron al terremoto y al tsunami, esos que aguantan colas interminables, sin mover una ceja, sin levantar la voz y sin caer en el pánico.
Los hemos visto, esperando largas colas, para conseguir algo de comida, para conseguir unos litros de gasolina para llenar los depósitos de sus coches-y salir de la zona-, o para las pequeñas garrafas naranja rojizo, con la que poder encender sus calefacciones-los que han podido conservar su casa-, y no morir de frío, pues la madre naturaleza, tras los desastres del terremoto y la alarma nuclear, los ha premiado con una copiosa y gélida nevada. Incluso, los hemos visto aguantando estoicamente, colas kilométricas para usar una cabina pública. Sin cambiar su rostro, puedo contar con los dedos de las manos, los japoneses que han aparecido en pantalla derramando lagrimas, a pesar de que muchos de ellos lo han perdido todo.
Ahora, les propongo un juego, o más bien un ejercicio de imaginación y suposición. Imagínense, que lo mismo que ha acontecido en tierras del Imperio del sol naciente, hubiese ocurrido en cualquier país de Europa. Ya no digo aquí, sino, en tierras de los cuadriculados alemanes, o en territorio de los educados y estirados ingleses. Ante la más mínima catástrofe natural, caeríamos en una circulo de miedo y pánico, acompañado por la necesidad de salir a la calle y saquear lo que más cercano nos quede, seguramente, en cuestión de horas, todos los centros comerciales, que comercializan con electrodomésticos y elementos de segunda o tercera necesidad, quedarían barridos. Lo que demuestra lo estúpido de la sociedad, pues esta muy bien que te hayas llevado una televisión de plasma, con HD y no se cuantas mandangas más, tres ordenadores de última generación y dos cafeteras futurístas, que anuncia cierto actor norteamericano, pero dime una cosa, donde piensas enchufarlas. Genio.
Supongo que más tarde, tras abastecer nuestro ego consumista-que de otra forma nuca podríamos haber conseguido-, nos daría por pensar, en que de algo hay que llenarse el estomago si el asunto va para largo, y nos lanzaríamos a acabar con todo lo que hubiera en restaurantes y supermercados. Más tarde, cuando el agua y los alimentos escaseasen y las hambrunas se generalizaran, aparecerían los militares enviados por al OTAN, y tras oír sus recomendaciones de esperar en una cola bien formada, nos lanzaríamos en avalancha contra los soldados y no solo les quitaríamos la comida y el agua, sino que le arrancaríamos un brazo a un casco azul si fuera necesario. Acaparando toda la comida y bebida posible, para poder, si se da el caso, venderlos al mejor postor. Así, y no de otra manera, reaccionaríamos ante una catástrofe como la sufrida en tierra japonesa.
Sinceramente, pensé, o pienso así. Pienso que el hombre es malo por naturaleza-como ya he dicho aquí alguna vez-, y al desaparecer la ley, que nos controla y nos mantiene dentro de una reserva social, donde nos enseñan a comportarnos y en la que nos castigan con el código penal, si sacamos los pies del tiesto, actuaríamos así, y no de otra manera. Nos convertiriamos en lobos, capaces de cualquier cosa por salir adelante, llegando a matar-lo hemos visto en otras catástrofes naturales-.
Pero, el pueblo japones me ha hecho tener o ver una luz al final del túnel, simplemente, porque el pueblo nipón, ha demostrado como comportarse ante una catástrofe de estas dimensiones, y en un país de las características de Japón. Allí, todos los miembros de la sociedad piensan en conjunto y en el conjunto. El individuo particular es secundario, y por eso sobrevivirán y saldrán adelante, porque en vez de lanzarse a acaparar y a devastar, se ponen manos a la obra, hombro con hombro, y son capaces de esperar horas y horas por su turno, tan solo por conseguir un bol de arroz. Porque tienen claro, que en un mundo como el nuestro, un individuo, no puede sobrevivir a la adversidad en singular.

miércoles, 16 de marzo de 2011

SOBRE CHULERIAS Y METROBÚS.


Hace ya unos meses, encontré en la pared de unos baños del Harlem neoyorquino, una pintada, que me hizo bastante gracia. En ella, se podía leer, en primer termino: “Dios no existe. Firmado Nietzsche”, y alguien con bastante gracia, retranca, o coña marinera-llamenló como gusten-, había añadido justo debajo, con otro tipo de letra y con un bolígrafo en otro color: “Nietzsche no existe. Firmado Dios”.
Cuento esta anécdota personal, porque me resultó graciosa la doble negación de estos dos importantes personajes de la humanidad. Y lo saco a colación, por lo acaecido hace unos días en la sesión del parlamento madrileño. Pero, vayamos paso a paso. Como ya les he dicho situémonos en la última sesión parlamentaria de la Comunidad de Madrid, ya saben, uno de esos hemiciclos donde los políticos se dedican a insultarse mutuamente, sin hacer nada de provecho para los ciudadanos-los cuales cometieron el error de votarlos-, mientras se ríen de los grandes sueldos que perciben por no hacer nada, mientras el resto de la población, se rompe el espinazo a trabajar por un sueldo misero.
Pues bien, la discusión, comenzó pronto entre la bancada socialista y popular. ¿A cuento de que? se preguntaran, pues bien, el asunto revoloteaba alrededor de los altos precios del transporte público de la capital. El cual, ha subido de precio a principio de año por enésima vez. El diputado socialista-permitanme que me ahorre nombres, que no nos llevan a ningún sitio y que no me apetece renombrar aquí-, preguntó al Consejero de Transportes y de infraestructuras de la Comunidad de Madrid, del pepe. Porque no bajaba el precio del metrobús, para así incentivar el uso de los medios de movilidad pública, ahorrando así combustible y contaminación-que falta le hace a la capital-.
Lo cierto, es que todos los diputados, tanto los del pepe, como los del pesoe, esperaban una negación rotunda, como ocurre siempre que uno de estos partidos pide al otro que tomen alguna medida. Pero la respuesta sorprendió a propios y extraños. Pues el señor del pepe-no olviden, que este individuo es el consejero y máximo responsable del transporte público de la capital-, contestó con altanería y chanza lo siguiente, y cito textualmente: “¿Pero qué titulo utiliza usted para coger el transporte público? Yo creo que no lo utiliza nunca, porque el metrobús yo creo que no existe, y si usted tiene el título del metrobús. ¡Pues nos vamos todos!”. Esta bufonada, fue acompañada de forma inmediata con el esperpento de sus compañeros de bancada. Los cuales parece ser que también aseguran que el metrobús no existe, porque albergaron las palabras con un gran aplauso, que daban a entender que nunca habían asomados sus hocicos en una boca de metro.
Además, no quedándose contento con la barbaridad que acababa de soltar, se permitió la chulería de recomendar al miembro de la oposición: “Estudiesé la materia de la que habla, si va a hablar usted de transporte y de títulos, ¡entérese de que está hablando!”. Y se volvió a sentar como si hubiera realizado la hazaña de su vida, ante el estupor de la bancada socialista, y supongo que también, ante la sorpresa de alguno de los miembros de su grupo político.
Porque resulta, que el metrobús SI existe, y no es un invento de hace un par de días, sino que lleva pasando por las manos de los madrileños y sus visitantes, durante más de trece años. De hecho, la web de la propia consejería, lo denomina, como título de transporte de diez viajes. De todas maneras, me resulta muy curioso que este individuo, no conozca un título de transporte, que él mismo, se ha encargado de encarecer un 21,6 por ciento en el último año.
Tras el paso de las horas, el consejero, se fué dando cuenta de la metedura de pata, incrementada por su chulería innata, de otras épocas, más del blanco y negro. Pues una cosa es meter la pata- que todo lo hacemos alguna vez-, y otra chulearse, vanagloriarse y tratar de estúpido a todo el que te rodea. Y no contento con esto, horas después, en una emisora de radio cercana a su ideología, quiso explicar su error con una explicación rocambolesca. En la que dijo, que le termino metrobús, le sonaba bastante anticuado y que a él, tenían que hablarle de billete de diez viajes. Vaya por Dios, resulta que estos individuos novecentistas-en cuanto a ideas no al romanticismo-, han decidió modernizarse en cuanto a términos de transporte. Para no echar gota, de verdad.
Pero bueno, tranquilos, no piensen que va a dimitir por la monumental cagada, sino que se ha reforzado diciendo, que por eso no va a dimitir, que lo hubiera hecho si hubiera robado o estafado-al igual que ha hecho Camps supongo-. Pero si el cree que no ha estafado a nadie, debería preguntar a los ciudadanos de la calle, si se sienten estafado por un dirigente de transportes, que no sabe ni lo que tiene en sus manos. Pero además, como la lideresa le ha acogido, haciéndole caricias, y defendiéndole, porque como dice ella, todos podemos confundirnos en la vida. Ella, lo sabe bien, y si no que le pregunten a la escritora Sara Mago, ¿no?.
Pues lo dicho, el metrobús no existe, son los padres.

miércoles, 9 de marzo de 2011

UN INDIVIDUO PECULIAR.


Lo cierto, es que la historia de hoy tiene miga. Hoy en día sería algo bastante normal, algo a lo que estaríamos perfectamente acostumbrados, la basura, en forma de programas de prensa rosa y en revistas de papel cuché, nos tiene curados de espanto. Pero, lo curioso de este caso, es que nos encontramos a caballo entre el final del siglo XVI y principios del XVII. Y por si fuera poco, el ambiente en el que se movía este individuo peculiar, no es otro que la corte real española, lo que trae más chanza aún. Digamos, que nuestro personaje, era el tema de actualidad en todos los mentideros de la corte, el tema favorito de todas las verduleras y de todos los correveidiles del reino-el perfecto caldo de cultivo para la prensa del corazón actual-.
El individuo, se llama-o se llamaba-, Juan de Tassis y Peralta, II Conde de Villamediana, natural de Lisboa, e hijo del primer Conde de Villamediana, por ello, desde pequeño vivió en un ambiente palatino, formándose con los mejores de la época, incluso Bartolome Jiménez Patrón, le dedicó su obra “Mercurius Trimegistus”. Llego a tener un conocimiento tan férreo del conocimiento clásico, que compuso excelentes poemas en latín humanístico. Llego a ir a la universidad, y digo que llego a ir, porque fue, pero no realizó ninguna carrera, pues le gustaba más otro tipo de vida, un tipo de vida, que le marcaría para el resto.
A pesar de todo, pronto, fue nombrado por el rey Felipe III, correo mayor del reino,-en 1603-, y también, fue nombrado gentilhombre de su casa, cuando este acompaño al monarca al Reino de Valencia para contraer matrimonio con Margarita de Austria. Allí, entre juerga y juerga, conoció a Magdalena de Guzmán y Mendoza, viuda del II marqués del Valle de Oaxaca. Mantuvo con ella una relación de amor-odio, que acabo de mala manera, como atestiguan los anónimos sonetos que circularon por Madrid y que contaban que el noble, se había comportado de forma innoble con ella, llegando a abofetearla en medio de la representación de una comedia.
No fue, su última relación sentimental, pues cuando el reino se traslado a Valladolid,se casó con Doña Ana de Mendoza y de la Cerda. Pero su talante temerario, agresivo, y sobre todo mujeriego, acabó aflorando y por ello obtuvo una reputación de libertino, amante de las mujeres, los caballos y los naipes. Lo cual, le trajo dos destierros e hizo que la Inquisición, le abriera un proceso secreto, acusándolo de sodomía. De su segundo destierro, no pudo volver hasta la muerte del rey Felipe III, y de la salida del poder del Valido Duque de Lerma, del cual había hecho correr ciertos sonetos por la corte.
Pero el nuevo valido, el Conde Duque de Olivares y el rey Felipe IV, le perdonaron y le volvieron a acoger en el seno del reino-sin saber a lo que se enfrentaban-. Al poco de volver a la corte, comenzó de nuevo a lanzar sonetos acusatorios y con el afán de ridiculizar a los miembros de la corte, y de los grandes hombres de España, en los que mostraba sus defectos y flaquezas, los cual, conocía perfectamente, ya que el pertenencia al mismo estamento. Pronto, también, afianzó su confianza con Gongora, y por ende, afianzó, su enfrentamiento con Francisco de Quevedo, enemigo conocido del cordobés. Su afición a los naipes, también fue creciendo, y su gusto por las mujeres, no varió lo más mínimo. Rápidamente, se le relaciono con una guapa mujer, de origen portugués. Dama de la reina, y amante del rey Felipe el cuarto. Su ansia amatoria, llevó a Juan de Tassis, a incendiar premeditadamente el coliseo d la ciudad de Aranjuez, para después, salvar entre sus propias manos a la reina-de la cual, parecía estar enamorado-, pudiendo así abrazarla, algo que en la época estaba penado con la muerte.
El asunto, como se imaginaran no quedó así. Pronto, tras la historia del coliseo en llamas. Los escarceos amorosos de la reina y Juan de Tassis fue en aumento, a la vez que aumentaba también el consiguiente enfado del rey. Pero la guinda del pastel, la puso el II conde de Villamediana, cuando se presento en un baile organizado por el rey, ataviado con una capa de rica tela, en ella, cosidos con finos hilos, había mandado coser un ingente números de reales. Rematando la creación con una frase bordada, en la que se podía leer claramente “Mis amores son reales”. Pueden imaginarse la reacción del rey Felipe el cuarto, ante tal provocación, pues el individuo en si, no solo mantenía relaciones ilícitas con la reina, sino que se vanagloriaba de ello, y en su propia casa.
Poco tiempo después, Juan de Tassis, II conde de Villamediana, apareció asesinado en una calle de Madrid, según los testigos, fue muerto por un arma terrible de cuchillo. La explicación oficial, es que tanto el rey como otros grandes miembros de la nobleza española, pudieron quitarlo de en medio, por miedo a lo que pudiese decir ante el tribunal de la Inquisición, y que tal vez les afectara de lleno. Pero la explicación oficiosa, es mucho más clara y fácil de entender, pues el rey parapetándose y valiéndose de tales excusas, ordenó acabar con el perro que mordió la mano que le dio de comer. Como ven, genio y figura.