miércoles, 9 de marzo de 2011

UN INDIVIDUO PECULIAR.


Lo cierto, es que la historia de hoy tiene miga. Hoy en día sería algo bastante normal, algo a lo que estaríamos perfectamente acostumbrados, la basura, en forma de programas de prensa rosa y en revistas de papel cuché, nos tiene curados de espanto. Pero, lo curioso de este caso, es que nos encontramos a caballo entre el final del siglo XVI y principios del XVII. Y por si fuera poco, el ambiente en el que se movía este individuo peculiar, no es otro que la corte real española, lo que trae más chanza aún. Digamos, que nuestro personaje, era el tema de actualidad en todos los mentideros de la corte, el tema favorito de todas las verduleras y de todos los correveidiles del reino-el perfecto caldo de cultivo para la prensa del corazón actual-.
El individuo, se llama-o se llamaba-, Juan de Tassis y Peralta, II Conde de Villamediana, natural de Lisboa, e hijo del primer Conde de Villamediana, por ello, desde pequeño vivió en un ambiente palatino, formándose con los mejores de la época, incluso Bartolome Jiménez Patrón, le dedicó su obra “Mercurius Trimegistus”. Llego a tener un conocimiento tan férreo del conocimiento clásico, que compuso excelentes poemas en latín humanístico. Llego a ir a la universidad, y digo que llego a ir, porque fue, pero no realizó ninguna carrera, pues le gustaba más otro tipo de vida, un tipo de vida, que le marcaría para el resto.
A pesar de todo, pronto, fue nombrado por el rey Felipe III, correo mayor del reino,-en 1603-, y también, fue nombrado gentilhombre de su casa, cuando este acompaño al monarca al Reino de Valencia para contraer matrimonio con Margarita de Austria. Allí, entre juerga y juerga, conoció a Magdalena de Guzmán y Mendoza, viuda del II marqués del Valle de Oaxaca. Mantuvo con ella una relación de amor-odio, que acabo de mala manera, como atestiguan los anónimos sonetos que circularon por Madrid y que contaban que el noble, se había comportado de forma innoble con ella, llegando a abofetearla en medio de la representación de una comedia.
No fue, su última relación sentimental, pues cuando el reino se traslado a Valladolid,se casó con Doña Ana de Mendoza y de la Cerda. Pero su talante temerario, agresivo, y sobre todo mujeriego, acabó aflorando y por ello obtuvo una reputación de libertino, amante de las mujeres, los caballos y los naipes. Lo cual, le trajo dos destierros e hizo que la Inquisición, le abriera un proceso secreto, acusándolo de sodomía. De su segundo destierro, no pudo volver hasta la muerte del rey Felipe III, y de la salida del poder del Valido Duque de Lerma, del cual había hecho correr ciertos sonetos por la corte.
Pero el nuevo valido, el Conde Duque de Olivares y el rey Felipe IV, le perdonaron y le volvieron a acoger en el seno del reino-sin saber a lo que se enfrentaban-. Al poco de volver a la corte, comenzó de nuevo a lanzar sonetos acusatorios y con el afán de ridiculizar a los miembros de la corte, y de los grandes hombres de España, en los que mostraba sus defectos y flaquezas, los cual, conocía perfectamente, ya que el pertenencia al mismo estamento. Pronto, también, afianzó su confianza con Gongora, y por ende, afianzó, su enfrentamiento con Francisco de Quevedo, enemigo conocido del cordobés. Su afición a los naipes, también fue creciendo, y su gusto por las mujeres, no varió lo más mínimo. Rápidamente, se le relaciono con una guapa mujer, de origen portugués. Dama de la reina, y amante del rey Felipe el cuarto. Su ansia amatoria, llevó a Juan de Tassis, a incendiar premeditadamente el coliseo d la ciudad de Aranjuez, para después, salvar entre sus propias manos a la reina-de la cual, parecía estar enamorado-, pudiendo así abrazarla, algo que en la época estaba penado con la muerte.
El asunto, como se imaginaran no quedó así. Pronto, tras la historia del coliseo en llamas. Los escarceos amorosos de la reina y Juan de Tassis fue en aumento, a la vez que aumentaba también el consiguiente enfado del rey. Pero la guinda del pastel, la puso el II conde de Villamediana, cuando se presento en un baile organizado por el rey, ataviado con una capa de rica tela, en ella, cosidos con finos hilos, había mandado coser un ingente números de reales. Rematando la creación con una frase bordada, en la que se podía leer claramente “Mis amores son reales”. Pueden imaginarse la reacción del rey Felipe el cuarto, ante tal provocación, pues el individuo en si, no solo mantenía relaciones ilícitas con la reina, sino que se vanagloriaba de ello, y en su propia casa.
Poco tiempo después, Juan de Tassis, II conde de Villamediana, apareció asesinado en una calle de Madrid, según los testigos, fue muerto por un arma terrible de cuchillo. La explicación oficial, es que tanto el rey como otros grandes miembros de la nobleza española, pudieron quitarlo de en medio, por miedo a lo que pudiese decir ante el tribunal de la Inquisición, y que tal vez les afectara de lleno. Pero la explicación oficiosa, es mucho más clara y fácil de entender, pues el rey parapetándose y valiéndose de tales excusas, ordenó acabar con el perro que mordió la mano que le dio de comer. Como ven, genio y figura.

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