miércoles, 6 de julio de 2011

SOBRE LADRONES DE GUANTE BLANCO Y TONTOS DEL PIJO.


Lo cierto es que el tema es viejo, creo haberme ciscado en ellos en varias ocasiones, y supongo que como esta vida es cíclica, no tardaré en volver a hacerlo. La última vez que los saqué a relucir en esta página-suya(de usted) y mía-, fue hace ya casi un año, a partir de un mensaje que me hizo llegar una amiga editora, junto a un manifiesto firmado por José Luis Sampedro, para que los amantes de la literatura y de la libertad de creación nos indignáramos, pues esa panda de sabandijas chupa sangres, que se alzan a la defensa de la cultura-sin que nadie se lo pida-, querían cobrar un canon de veinte céntimos de euro, por cada libro que las bibliotecas públicas prestasen a sus usuarios, supongo que esa medida era para fomentar la cultura y la lectura entre la juventud española, ya bastante desarraigada de la cultura del papel impreso.
Pues bien, perdónenme, pero después de la intervención judicial en la fortaleza madrileña de esas aves carroñeras, llevo regocijándome días con las imágenes de los ladrones encubiertos, con la valija diplomática que les da el Ministerio de Cultura, y su ministra, esa directora de cine reconvertida en bandolera de la serranía de Ronda. Ya era hora de que alguien con el suficiente poder, fuera capaz de sumar dos y dos sin perderse entres sobornos y amenzas, y ver que en la fortaleza de la Calle Fernando VI de Madrid, pasan cosas, digamos no muy normales y que parecían estar alejadas de la ley, esa ley por la que ellos luchan a brazo partido, como Robin Hoods modernos, robando a los pobres con nocturnidad y alevosía, para dárselo a los ricos, que ven el asunto desde su poltrona, riéndose con una copa de coñac en una mano, mientras con la otra se rascan sus partes.
Estoy harto de ver a tipejos como ese tal Ramón, el rey del pollo (re)frito, y el “señor”-entiéndanme bien las comillas-, Bautista, ir de salva orgullos y dignidades, cuando son ellos los que más se enriquecen explotando al sector discográfico y al editorial, pues muchos nos olvidamos a veces que no solo viven de exprimir la capacidad creativa de los músicos, sino que con los escritores hacen exactamente lo mismo, y personalmente me están tocando bastante la linea de flotación de linotipia, que algunos de esos supuestos creadores, defiendan ahora a los ladrones de guante blanco. El caso más desternillanante-sino fuera porque es para echarse a llorar-, es de ese canta autor asturiano, que tenía un abuelo picador allá en la mina, que salé diciendo con cara desencajada, que en el Tribunal Supremo hay una garganta profunda, sin darse cuenta que lo que realmente hay es mucho tonto del pijo y tonta de la pija, en esa asociación de ladrones que ellos llaman Sociedad General de Autores. Me llama mucho la atención que este individuo y su señora se las vayan dando de comunistas con el puño en alto, mientras meten el otro en la cartera de su vecino.
No piensen que es nada personal, no tengo nada contra ninguno de estos tipos, simplemente creo que es justicia divina. Me rio lo mismo viendo a Roldán bajando del avión tras ser detenido en Laos, mientras la curiosa situación se ameniza con el sonido del himno de España, supongo que debido al ensayo de la banda de música de la banda de la base aérea. O cuando veo sentado en el banquillo a cualquier individuo de estos, que hacen de su capa un sayo y se rían a carcajadas mientras roban a la gente de la calle, a la gente como usted y como yo.
Aunque he de confesar, que realmente no creo en la justicia común, y en la española bastante menos ciertamente, los periódicos dan a diario noticias y motivos para no hacerlo. Pensando por ello, que el “señor”-vuelvanme a entender lo de las comillas-, Bautista y el resto de golfos apandadores que lo acompañaron en el romántico paseo en el furgón de picolandia, van a salir libres de polvo y paja. Ya habrá quien se encargue de ello, entre lobos no se muerden, aunque se ladren. Es una pequeña satisfacción para la sociedad, que ve como se la vilipendia, cuando esbirros de esta sociedad, se cuela en sus bodas, en sus negocios, para saber si usan música, si escuchan la radio, para denunciarlos ante el tribunal de la inquisición contemporánea, nuestra sociedad necesita un chivo expiatorio, pero esta vez, y sin que sirva de precedente ha dado de lleno con uno que se merece todos los calificativos y las pedradas-verbales, por favor, que nadie me acuse luego de potenciar la violencia-, que tengan a bien darle.
Pero, lo que más hace que me salte la valvúla de toda esta historia, es la imagen que damos, nosotros, usted y yo, el españolito de a pie, que vive en el extranjero, o que se mueve por el mundo. Créanme que se de lo que hablo y lo que digo, cuando abro a diario la prensa francesa y busco la página de internacional, me sonrojo cual colegiala ante la mirada de su primer amor. Veo que mi país da la imagen de una república bananera, con un presidente en chándal de color chillón y una clase política que no sabe hablar sin meter la pata hasta el fondo, que no saben idiomas-ni quieren aprenderlos-, y que se pasean por el mundo, con orgullo con sus denuncias acusándoles de trapicheos, robos, corrupción, trupitas y reboches bajo el brazo. Lo dicho, no hay pan para tanto chorizo.

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