miércoles, 21 de septiembre de 2011

UN PARAÍSO NEGROCRIMINAL.


No, no me estoy volviendo loco, tampoco les estoy vendiendo una película de serie B, tranquilos, es algo mucho más literario lo que hoy me pasa por la cabeza. El paraíso es terrenal, acotado en un pequeño perímetro a tan solo unos metros de la playa de la Barceloneta, en el barrio barcelonés del mismo nombre. Vaya por delante, que con esta página no estoy haciendo publicidad, sino justicia, justicia con un negocio que apostó por un género poco usual, y que se ha convertido en la única especializada en él de todo el país.
Muchos ya lo habrán adivinado, pero para los que no, yo les aclaro el misterio. Hablo de una librería, una pequeña librería de toda la vida, con las estanterías y una mesa central a rebosar de libros, nuevos y de viejo, con el mayor número de títulos de novela policíaca, de misterio y de asesinatos que se puedan echar a la cara. Casi cualquier titulo publicado digo, desde los primeros de Agatha Christie, hasta la última obra de Andreu Martín, pasando por supuesto por los grandes títulos de Eduardo Mendoza. Y eso, sin ponerme a contar con los nombres de autores extranjeros, que llenan a día de hoy las estanterías de mi propia biblioteca, mientras escribo estas lineas.
Les decía, que el paraíso negrocriminal, es un paraíso terrenal convertido en librería temática. Todo lo que tenga que ver con policías chusqueros, chulos de barrio, traficantes que se pasan en una dosis, criminales de gorra y manguitos, lumis de otra época, macarrillas de poca monta y de los asesinos con menos escrúpulos y más inteligencia de la zona, o de comisarios de la vieja escuela o detectives privados, aficionados y amantes de la gastronomía, lo encontrará allí.
Muchos de los recuerdos literarios de Barcelona, están unidos a los libros de los mejores autores catalanes-una de las mejores canteras de literatura negrocriminal-, que describen la ciudad de ahora y la de antes con tanto detalle y cariño, que casi puedo decir que conocía la ciudad condal antes de haber puesto un pie en ella. Y, cuando unos años después de comenzar a apasionarme por esa literatura, di con mis huesos en Barcelona, casi podía decir que era una ciudad perfectamente conocida para mi, tras las cientos de horas pasadas ante esos libros.
Si les soy sincero, he de reconocer, que aunque no tengo problema con echarme a la faltriquera cualquier titulo y autor que me parezca interesante, tengo cierta debilidad por los autores de casa, y por sus personajes. Recuerdo con mucho cariño el día que conocí a Francisco Gónzalez Ledesma, en la propia librería, un sábado soleado de abril. Él, presentaba un libro con las últimas aventuras de Silver Kane, seudónimo con el que firmaba sus libros durante los años en los que fue señalado por el dedo de la censura-a la vez que era reconocido con el premio Planeta-. De su personaje más carismático, Méndez, un policía de la vieja escuela, que nos narra su vieja ciudad, mientras nos muestra la diferencia de la sociedad podrida y la sociedad menos podrida pero con más picardía.
O la inmortal obra de Manuel Vázquez Montalban, y nuestro querido Carvallo, que mientras resolvía los casos más extraños, que solo un genio del género pudieran imaginar, te enseña a hacer una liebre con piñones al vino del Penedès. O el día que conocí a Andreu Martín, mientras volvía hacía la Rambla, tras realizar las últimas compras en la Negra y Criminal. Fue en la Calle Canuda, allí lo pillé escribiendo por la calle, en una pequeña libreta, sin duda preparando su nueva obra, y me dedicó el libro que la propia librería creó, gracias a la colaboración de varios autores asiduos a esa cripta de lo negrocriminal, entre ellos él.
Ahora los libreros, lo están pasando mal-como todo el mundo-, un local es muy caro de mantener, y todos sabemos que cuando hay que recortar gastos, la compra de libros se frena, sobre todo en las pequeñas librerías, donde te atienden con cariño y familiaridad, tanta que aunque pases solo unas horas por la ciudad, no puedes dejar de pasarte por la calle de la Sal y asomar la cabeza entre esos libros y saludar a los libreros-por lo menos yo no puedo-, mientras compras la última de Andrea Camilleri, o la primera de Anna Jansson o de Juan Madrid.
Personalmente, no podría concebir Barcelona sin la librería Negra y Criminal, sin la colección de libros nuevos y de viejo de mis autores y personajes favoritos. No me imagino la Barceloneta sin las reuniones literarias, acompañadas de mejillones y vino de los sábados por la mañana, junto a los más grandes autores de novela negra del ámbito nacional e internacional. Al igual que tampoco me imagino la ciudad sin el Cal Papi. Pero eso es otro tema, que otro día trataremos. Asique ya saben, si les gusta el género y pasan por Barcelona, no dejen de pasarse por ella y luego ya me cuentan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario