miércoles, 12 de octubre de 2011

LA BATALLA DE LOS HOTELES.

        Hace unos días leí la noticia en un viejo diario francés, mientras practicaba la lengua de Alejandro Dumas,  a pesar de que mi francés ciertos días deja mucho que desear, el titular no dejaba error al entendimiento. La empresa Godrej&Boyce, cierra sus puertas para siempre, y ustedes se dirán- y con toda razón-, que según esta la situación económica y a estas alturas de la película, les importa un testículo de palmípedo cojo, lo que yo venga a contarles sobre otra quiebra más o menos.

            Pues aunque tengan razón en todo-o casi-, en una cosa sí que se equivocan, pues la empresa afincada en Bombay, se dedicaba a fabricar máquinas de escribir, y aún voy más allá, era la única empresa que se dedicaba tamaña labor, y es que como ahora, hasta los indios Mapuches de Chile revindican sus derechos mediante un ordenador de pantalla liquida, pues la romántica máquina de escribir se ha ido a tomar por donde se rompen los calderos, por decirlo de forma delicada. Por supuesto, rápidamente mandé un correo electrónico-lo que antiguamente hubiéramos llamado, una carta de mi puño y letra-, contándole lo ocurrido, y dándole unos golpecitos virtuales en la espalda, a un amigo filosofo sevillano, que aún escribe con su vieja Olivetti Línea 98. Y que la quiere tanto, que hasta es capaz de hacerse viajes a Madrid, en busca de una pieza-al puro estilo Indiana Jones de la letra impresa-, cuando a su amada le sale una caries, y alguna letra deja de marcar su silueta oscura sobre el blanco papel.

            Y ustedes de nuevo se preguntarán, que tiene que ver, la historia de la máquina de escribir del amigo sevillano del abajo firmante, con la famosa batalla de los hoteles. Pues paciencia y barajar que ahora los destripo el final de la historia. Pues el viejo cacharro con el que mi amigo escribe aún su tesis, y con la que se pelea cada noche casi hasta el amanecer, para dar buena presencia a lo que algún día presentará ante un tribunal, y que será su mejor tarjeta de visita para dedicarse a lo que le plazca, es una máquina de estas, con más historia a las acuestas que el mochilero de Ambrosio Espinola en Flandes, tras guerra de los 80 años y toma de Breda incluida. Pues, es la vieja máquina con la que un ya jubilado periodista catalán, escribía sus crónicas durante la famosa batalla de los hoteles del año 1976 en Beirut. Imagínense la situación, él, bajo una mesa de hotel, clack,clack,clak, dándole que te pego a la Olivetti, y en la calle, a unos metros, la peña tirando unos obuses del tamaño de un submarino soviético. No conozco al periodista en cuestión, pero me atrevería a decir aquí, que los tiene como dos monas de Pascua.

            Comenzaba el día como un día más, en el puro corazón de la vieja ciudad Libanesa, la desesperación por la injusticia de verse metidos en donde nadie quiere estar, había llegado a ese punto, en que ya es un familiar más sentado a la mesa, que te acompaña por la calle y que te lleva mecido en sus brazos, a los más profundos sueños de anhelada libertad y soñada fortaleza. Las tropas y las ametralladoras hacía tiempo que amenazaban en la noche-como un lobo esperando el momento más propicio para la caza-,casi sin fuerza, disparaban a veces por hacer algo, por rellenar el expediente y es que el ruido de mortero, era tan normal en la zona como el botar de una pelota, y la gente moría con tanta normalidad que parecía un grabado de Francisco de Goya. Pero el asunto de hoy no era igual que el de costumbre, parecía que pintaban bastos en el horizonte y parecía que la gente acostumbrada a los malos augurios, perros viejos olfativos-como viejos lobos de mar, oliéndose una mala jugada de la marea-, miraban con recelo a su alrededor. Hasta los dos zocos principales de la ciudad, el de Hamra y el de Rauchi, que nunca habían dejado de ser el centro del bullicio mañanero con el mercado, y lleno también a cualquier hora de la tarde, con la gente conversando sobre las últimas noticias del día, y compartiendo té verde con hierbabuena,  acomodándolo entre pecho y espalda, con unos dulces y pesados Baklavas, estaba vacío, como una extensión del terreno desértico.

            Lo cierto, es que no era para menos, unas horas después, la aviación del ejército israelí comenzaba a bombardear sin previo aviso la ciudad. Intentando parar la fuerza palestina, que dominaba las calles de la ciudad, las comunicaciones y por ente el país-ocurría lo que ocurrió unos años antes en Jordania-. Los palestinos, conscientes de la situación de fuerza sobre el gobierno libanés, habían pedido unos meses antes la celebración de un referéndum, para hacerse por las buenas con las funciones de autoridad del país, función que por otra parte ya desempeñaban en la práctica. Los israelíes-el pueblo elegido-, no podían permitírselo, y se pusieron a ello. La población que ya había superado el miedo inicial a los conflictos entre palestinos y ejército libanés y que ahora aguardaba con paciencia de anciano tísico a que esta terminara, de pronto se vio envuelta en una nueva fase de bombardeos y tiroteos. Tras el bombardeo inicial, tras las explosiones trepidantes, acompañadas por la  negra parca recogiendo a los suyos, vino el silencio, el más absoluto y cruel silencio.

             Pero no un silencio sin más, ese silencio que todos los que habían vivido en esa y otras guerras sabían que era el peor de los presagios, era el silencio que anunciaba la vuelta del olor a sangre y pólvora quemada, la nueva aparición de la artillería. Así estuvieron durante todo el día, y durante la noche, la cosa empeoró-como era de esperar-, los francotiradores de ambos bandos entraban y salían de las casas, de la casa de Omar o de la de Nabila, pues en el antiguo Beirut así era, no hacía falta números ni direcciones. Todos se conocían y por tanto todos sabían a quién o a quienes pertenecían las cabezas ensangrentadas que aparecían en mitad de las calles cuando llegaba el alba. Finalmente, todo el centro de Beirut quedó tomado por unas y otras fuerzas, sobre todo los hoteles principales, donde se apostaba también la prensa internacional. Unos y otros, se zurraban la badana a manos llenas, mientras palestinos, libaneses e israelíes, hacían su propia campaña a la sombra de los misiles, de las metralletas y de las bombas de racimo. Pescaban en las aguas revueltas.

            Es curioso todo lo que te lleva a pensar o recordar una simple o nimia noticia del cierre de una fábrica de máquinas de escribir, leída en un viejo diario francés.


2 comentarios:

  1. Muy interesante la nota que escribiste aunque un poco extensa jaja, pero es así uno tiene que escribir lo que le resulta claramente interesante justo estoy de vacaciones cuando me tope por casualidad con tu blog, estoy pasándola de maravilla en un hotel en Punta Cana y descansando un poco .
    Saludos.

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  2. Muchas Gracias Rocio, si a veces me meto tanto en la historia que es dicicil cortar, jajaja, los árticulos a veces se me quedan un poco cortos, tal vez debería dar el salto a publicaciones más extensas. Espero que hayas disfrutado de tus vacaciones y que los hoteles fueran más tranquilos que los que narro en el árticulo.
    saludos.

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