miércoles, 30 de noviembre de 2011

EL SIRIO.


He confesado en muchas ocasiones que amo el mar, que no la playa, por su grandeza y por su peligro, por su engaño óptico, pues su gran llanura parece que te ofrece la más pura y verdaderas de las libertades y sin embargo lo único que te ofrece es una prisión de por vida. Y sino, pregunten a cualquier persona de las que se ganan la vida en él. Esos marineros duros, rudos, de piel oscura, morena, acartonada por el sol y el salitre, de tatuajes verdes y decolorados por el paso de los años y las malas jugadas. Soy de tierra adentro, tal vez por eso, lo miro con fascinación y respeto como se mira a una mujer a la que amas, pero siendo consciente de que en cualquier momento puede destruirte por completo con una sola frase, con una sola mirada.
Los viejos lectores de esta página-suya y mía-, ya sabrán que al abajo firmante le encanta acercarse a los puertos de mercancías, y allí, en sus bares de toda la vida compartir barra y copa de ginebra holandesa con los viejos marinos de bigote o barba cana, que cuentan algunas de sus experiencias mientras mastican con desgana-como si alimentarse solo fuera una cosa secundaria en su vida- alguna vianda ofrecida por el dueño de la tasca, y luego se saca un Ducados o un Portugués o un Gauloises-o lo que toque dependiendo del país-, del bolsillo de su camisa y se van a la calle a encenderlo ciscándose en las leyes de tierra a dentro.
Pues bien, en esas estaba yo dándole a la lectura de unos de mis libros de barcos preferidos, el que lleva en la solapa el nombre de Francisco José García Echegoyen, y en la tapa un titulo claro e iracundo-en su segunda acepción-: Los grandes naufragios españoles. Y allí encontré, o más bien reencontré una curiosa historia, de barcos, marineros, ahogados valientes y supervivientes cobardes, en este caso como todo o casi, los héroes lo son por necesidad y los cobardes por aptitud y actitud.
El barco en cuestión es de origen italiano, bautizado como EL Sirio, fabricado en los astilleros de Glasgow, como el Galeata, otro viejo conocido de esta página y sus lectores. Quince metros de eslora, doce metros con siete y medio de manga y siete con cinco su puntal, con popa de clipér en espejo, y motor a vapor. Tres mástiles y dos esbeltas chimeneas un tanto zozobradas hacía la zona de la popa formaban su impresionante aparejo. Pintado de negro y rojo su casco surco las aguas, salvo un leve tiempo que lo hizo de blanco aséptico y airoso.
Creado para surcar el océano Atlántico desde su puerto, el de Nápoles hasta Brasil y Argentina, y llevar en su interior a ricos y burgueses que soñaban con ver los verdes ríos y las grandes selvas del nuevo mundo, y a inmigrantes, pobres que se hacinaban de mala manera en la vieja Europa y querían probar suerte como hacinados en el nuevo continente, esta fue su particular tarea hasta su destrucción, salvando algún que otra ayuda al ejercito y al gobierno italiano, cuando este, decidió comenzar su política colonialísta en Etiopía, portando a soldados, incluso en estas fechas, llego a sufrir el abordaje por parte de una fragata argentina, así como en los viejos tiempos de bucaneros o corsarios.
Pero llego un día, concretaménte el 2 de agosto de 1906, y salió el marrano mal capado, algo que suele suceder cuando se va a contracorriente y poniendo la cara por delante para que te la partan. El Sirio, partió del puerto napolitano, para comenzar viaje, un par de días más tarde recaló en Barcelona, de donde salió-el día 4-,con más de 822 personas entre viajeros y tripulación, supuestamente, pues en la tercera clase a los niños y mujeres se las contada de cuatro en cuatro y ocupaban una sola plaza. El Sirio, debería salir con destino Río de Janeiro, pero el pícaro capitán, con ganas de sacarse un dinero extra, decidió, parar de nuevo cerca de Alcira y recoger a un número indeterminado de obreros pobres, que viajaban sin billete tras pagar una pequeña suma al capitan-como ven, lo de las mafias de patera y cayuco no es un invento moderno-.
Así llegaron a las cercanías de la costa de Cartagena, cerca del Puerto de Palos, donde el buque iba pasado de revoluciones y a toda maquina para ganar tiempo. El sol, comenzaba a consumarse en el horizonte de estribor, el mar estaba en calma y la brisa tan solo era eso, brisa dócil. Pero el barco precipitado por la arrogancia y lo apresurado de su movimiento flaqueó a estribor, y se llevó por delante unas rocas submarinas, que parece ser, eran menos submarinas de lo que deberían y se clavaron como un arpón, abriendo una enorme vía de agua, y dejando a El Sirio herido de muerte y a los asistentes con más miedo que letras impagadas.
Un golpe seco, casi sordo, un corte profundo y afilado en el caso, que a la vez que inundaba el casco, acabó con la vida de todas las personas que trabajaban en la sala de maquinas, aplastados y desgarrados por las placas de metal, y que llevo al buque a quedarse varado junto a la Isla Hormigas. El pánico, rápidamente se apoderó de los viajeros, que empezaban a correr por el barco como pollo sin cabeza. Mientras, la estructura del buque crujía, del casco empezó a brotar agua y vapor, hasta que finalmente el motor de carbón exploto, llevándose por delante la vida de la mayor gente de tercera clase. En tan solo cuatro minutos toda el tercio perteneciente a la parte de la popa quedo totalmente hundida.
Mientras el caos se apoderaba del personal, el capitán del barco-de nombre Piccone-,y sus subalternos, escaparon de allí en un bote salvavidas y con los bolsillos llenos de dinero. Como ven, la historia es trágica que te rilas, pero es española, y por eso no se habla de ella, ni se hacen películas, ni se recrean escenas. Por que preferimos las historias americanas, pero no se preocupen, si el Titanic, se hubiese hundido en la costa de Cádiz, nosotros españoles de a pie, nos hubiésemos encargado de que su historia también hubiera muerto en una esquina polvorienta de la historia.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

MEMORIAS DE UN NEOAFRANCESADO.


Supongo que siendo la fecha que es, y tras los cambios políticos acontecidos en los últimos días en España, usted, ávido lector esperará que esta página suya y mía, fuese un grito mudo, de desesperanza o de alegría incontenible, como lo están siendo hasta hoy la mayor parte de columnas y artículos que llevan la palabra actualidad en su solapa. Pero no, siento decirle que se equivoca, no porque usted, querido lector no sea observador y paciente que lo es. Y sin duda lo es mucho más que el abajo firmante. Pero si me lo permiten hoy, voy a utilizar la segunda parte de la pestaña que describe esta página, esa que la describe como historia, para hacer de esta página de hoy, un canto de cisne a favor de una ciudad muy visitada pero poco conocida. Y si me lo permiten, también hacerme a mi mismo un poco de publicidad, un poco de autobombo.
Pues bien, en fin, el caso es que como ya les he dicho, el abajo firmante es tan obstinado como el que más y decide nadar en contra de la marea, remontando el río en contra de la corriente, como si de un salmón pre-ahumado se tratara. El asunto es que como dice un amigo, el saber no embota lanza, y además yo escribo sólo por matar las tardes y las madrugadas, por no ponerme a deshacer las maletas o a hacer otras nuevas, por no arrastrarme por las estaciones y los aeropuertos. Pues un día como otro cualquiera, paseando por las calles de la antigua Lutecia, cerca del antiguo circo romano, donde ahora los abuelos pasan las tardes jugando a la petanca y contando historias de cuando eran jóvenes y atrevidos, decidí, que yo también debería atreverme a hacer, a llevar a cabo, un asunto que me recorría las neuronas desde hace unos meses.
Fue entonces cuando llegue a casa y me puse manos al asunto, abrí mi libreta y busque mis bolígrafos, y comencé a esbozar lo que algún día próximo sería la presentación final vía blog. Lo primero el nombre, muchas vueltas y revueltas hasta que lo decidí, nunca quede muy convencido, tal vez aún no lo estoy, tal vez no lo estaré nunca. Luego la organización, y la foto principal. Finalmente tras horas arduas de creación de la página comencé a preparar los contenidos, tras sopesarlo mucho, decidí, que la publicación sería diaria, y que la pequeña entrada literaria, sería siempre acompañada de una foto-también hecha por el abajo firmante-, a modo de ayuda en la situación de lo abajo narrado.
El blog en sí, tiene un único tema, que engloba o encierra otros muchos temas dentro de él, espero que entren en él y lo vayan descubriendo poco a poco, día a día, tal como yo las descubro día a día, paso a paso por la ciudad del Sena. Pues en él, con la simple excusa de hablar de París, se tocan muchos otros temas, temas importantes en la vida parisina y en la de los nuevos afrancesados, pos napoleónicos que por estas tierras nos encontramos.
La intención, o la pretensión, si es que se puede ser pretencioso e intentar escribir prosa poética a la vez, sin caer en la falsa modestia o en la fácil critica, es querer llevar a cabo con esta nueva publicación-suya y mía-, una nueva guía de la ciudad, nada más lejos de las guías turísticas que atestan las librerias y los nuevos centros comerciales llenos de libros, pero vacios del alma bibliofilo, que muchos buscamos en esos almacenes de libros, que algunos simplemente llaman librerias.
Allí, podrá encontrar querido lector, historias curiosas de la ciudad, curiosas y poco conocidas, tan poco, que incluso la mayor parte de los parisinos, pasan por delante de ellas sin saber de que se tratan. Verán lugares curiosos, como cementerios, placas o situaciones nada convencionales, y que por supuesto no aparecen en esas tan preparadas y caras guías turísticas, llenas de colores y fotos de archivo. Tendrán la oportunidad de ver y casi oler los barrios más periféricos de la capital francesa, esos mismos barrios que los egocentrístas parisinos califican como suburbios. Aprenderán a ver y diferenciar los olores de cada uno de sus barrios, de la gastronómica de estos, dependiendo de que tipo de gente vive y cocina en ellos, de sus tiendas y de sus gastronomía, más allá de los croissans y del champagne. De sus gentes.
En fin un nuevo proyecto, para el abajo firmante y para usted lector. Un proyecto, que nada más comenzar ya tiene fecha de caducidad, pues las entradas se actualizaran a diario mientras un servidor viva en la ciudad de la Torre Eiffel, una vez que este pobre diablo de con sus huesos y sus libros en otra ciudad del globo, el blog cerrara sus puertas, almacenando en su interior todos y cada uno de los recuerdos, de las formas y de la imágenes que un día decidí trasvasar de mi cabeza a una página de papel, o en realidad a una página digital.

Pueden leerlo y disfrutarlo en : http://retazossobreparis.blogspot.com

miércoles, 16 de noviembre de 2011

PICOLANDIA S.A.


Hace unos días, leí una noticia sobre la salvación a manos de las tropas especiales españolas de una rehén francesa, presa de un grupo de piratas somalíes en aguas del Indico. Noticia, que curiosamente paso casi desapercibida en la mayor parte de diarios ibéricos. A partir de esto, comencé a leer otros muchos artículos similares, o algunas columnas de opinión, que tocaban un tema un tanto espinoso, según parece por la gran controversia que había entre unas y otras opiniones.
El caso, es que unos decían o eran partidarios, de que el ministerio de interior cediera algunas de sus misiones, u ocupaciones a empresas privadas de seguridad. Situación esta utilizada ya en algunos países, y que es España ya se da en algunos casos concretos de escoltas privados. Mientras que otros, defendían como si les fuera la sopa de la noche en ello, que de eso nada, que como vamos a dejar que se privatice las fuerzas de orden nacionales, que eso no podía ser así de ningún modo ni manera.
El caso, es que un artículo me llevo a otro, y una noticia a distintos comentarios, y estos a seguir investigando más. ¿Y sabe una cosa querido lector?, resulta que esto de la privatización de los cuerpos y fuerzas del estado-en algunas misiones-, no es tan raro. Pues llegue a una información que desconocía por completo. Y es que resulta que en muchos cuarteles de este país, ya no hacen las guardias de noche los picoletos de turno, ya saben en la garita todo la noche, junto a una maquina de escribir y un flexo picado, como toda la vida.
Resulta, que esa labor de seguridad, ahora la llevan a cabo empresas de seguridad privada, como esas que se pasean por las estaciones de tren o autobús, o en la puerta del centro comercial de turno, y el caso es que me hizo gracia imaginarme alguna situación de necesidad o seguridad.
A ver si me explico. Usted, llega un día a su casa, y ve que esta, está siendo robada, asaltada o profanada, pongamos por ejemplo por un grupo de albano kosovares, entrenados en el África subsahariana por grupos terroristas del medio oriente, que a su vez son financiados por las mafias colombianas y de primos murcianos-por poner un ejemplo entendible por todos-.
Pues resulta que ve esto, y raudo como es lógico y normal-pues sus niños, su parienta y su televisor de plasma de cincuenta pulgadas están en la casa-, va al cuartelillo más cercano. Son las tres de la mañana, y llama apresurado al timbre de picolandia, esperando también como es lógico y normal, que le salga al paso un tipo fuerte, vestido de verde oliva, con bigote y mala leche, de esos que lo dan todo por la patria. Pero no, resulta que quien le abre la puerta es un joven imberbe con cara de pardillo, con el traje de prosecuritas o vaya usted a saber. Que tiene como arma un walky-talkie sin pilas y un contrato temporal de seis meses. Y que le dice que muy bien, pero que el por lo que le pagan, a lo más que se va a arriesgar, es a comerse un bocata chungo de la maquina del fondo. Y que si quiere vaya rellenando la ficha de control y que ya mañana al mediodía cuando se levante el teniente se la pasa y que él haga lo que le parezca.
Usted, sorprendido por su actitud, se lo recrimina y le dice que de eso nada, que a esas alturas los malos, pueden estar maltratando a sus hijos, picándole el billete a su señora, o lo que es peor, llevándose su tele de plasma. Y que llame inmediatamente al teniente o al maestro armero. Y él, con la misma cara de pardillo, te dice que nones, que el teniente tiene muy mala baba y si lo despierta a media noche, seguro que luego se como un marrón como el sombrero de un picador.
Entonces, es cuando usted. Harto de este sistema de ayuda al ciudadano, saca una escopeta de posta lobera del maletero, y hace la aparición sorpresa en medio de su salón, pegando tiros a diestro y siniestro y echando espumarajos de rabia por la boca. Resultado: dos atracadores con un tiro en la cabeza y pajaritos al cielo, los niños llorando, la señora temblando de miedo y la televisión de plasma hecha unos zorros. Además de haber despertado a todo el vecindario, que a su vez asustado ha tenido que llamar al cuartelillo. Y como se han acumulado muchas llamadas, el joven segurata, se ha visto en la necesidad de avisar al teniente de turno, que acto seguido con malos modos y la sabana marcada en la cara, se ha personado en su casa, y que le esta echando una bronca de las gordas.
Imagínenselo, gritando: ¡Pero hombre!, ¿como ha hecho usted algo así?, menuda matanza, ¿pero esta usted loco?. Madre mía, que de sangre. Haber como se lo explico yo esto a mi superiores, ¿como se le ocurre tomarse la justicia por su mano?. ¿Es usted consciente del puro que le va a caer?.
Y usted, con un cabreo que te rilas, le contesta, que que es eso de que me va a caer un puro, si esos tipos habían entrado a la fuerza en mi casa y además armados. Pues si hombre si-le contesta el teniente-, porque eso no se puede hacer hombre, ya vera como se van a poner los de la embajada. Además, usted tampoco podía saber a que han entrado, no se puede demostrar que vengan a robar, a lo mejor han entrado aquí a felicitarle por lo bien que tiene usted el jardín, Además-diría solemne el teniente-, para que estamos nosotros. ¿Eh?, ¿para que estamos nosotros?.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

CÁBALAS Y CICATRICES.


La culpa fue mía, las cosas como son, y lo fue, porque pensaba que podría presentarme en una clase magistral de historia de Francia en la Sorbona, y salir de allí sin ciscarme en la patria vecina y en sus queridos súbditos. Era un día triste ya desde primera hora, parecía que el invierno había echo por fin aparición en la ciudad del Sena, casi era mediados de noviembre, y los turistas seguían atestando las calles cercanas al Panteón.
El curso prometía. Historia de Francia, primera ponencia: Napoleón. La primera en la frente-pensé-, y así fue, pero no fue como me la esperaba. El profesor en si, era uno de esos jóvenes ancianos, que pululan por las universidades, esos que la ver los piensas unos hachas en lo suyo, pero que en cuanto abren la boca, te los imaginas siendo primo, cuñado o hermano de alguien con el poder suficiente para darle ese puesto, que de otra forma jamás le hubiera pertenecido.
El asunto pintaba bien-me dije-, el personal del aula magna-una treintena-, comenzaban a dar cabezazos a mi alrededor, hasta cuatro personas profundamente dormidas pude observar desde mi asiento. Y mientras tanto, el profesor emérito de la universidad de la Sorbona de París, seguía a lo suyo. Que era leer unos apuntes que colgaban de su mano izquierda, mientras en su derecha sujetaba un micrófono, con la mismas ganas y formas que si fuera un pescado húmedo.
Seguía con su perorata, que si Bonaparte, era un gran estratega, que si Bonaparte fue un honor de Francia, que si Bonaparte evolucionó la armada francesa hasta convertirla en la mejor del mundo. En fin, papanatadas nimias, de cura de misa de doce y púlpito. El contubernio que estaba a mi alrededor, comenzaba a bostezar más raudo y ruidoso cada vez que el dócil docente, paraba de hablar y se disponía a abrir carpetas de su ordenador, sin saber muy bien por donde se andaba, clicando de forma continua en distintas imágenes de cuadros bellos de Napoleón, pintado por pintores de cámara, en los que se representaban a le petit cabrón, como emperador, a caballo y etc, etc, convirtiendo la clase de historia en una especie de pasarela Versalles del siglo XVIII.
Hasta aquí bien, me dije. El tipo es un inepto dando clases, pero tampoco mucho peor que otros ineptos que se pasean por las aulas españolas. Pero llego el momento de voltear el folio, y comenzar con el siguiente punto del temario, este se titulaba: Las campañas de Napoleón. Ahora si me dije, ahora empieza lo bueno. Y así fue, el tipo comenzó a hablar de lo bueno que fue siempre Napoleón, de lo obedientes que fueron los países donde llegó, y lo fácil que se lo pusieron, y lo raudo que le dieron sus territorios, porque todos lo respetaban y amaban, y lo fuerte que se hizo el Imperio. Muy bonito todo, supondría por lo oído hasta aquí, que todo fueron disparos de flores y besos con lengua. Si no fuera porque se algo más de historia.
Y hay fue, en ese preciso instante, cuando mi amigo el profesor sacó a relucir las campañas napoleónicas en España. Simplemente dijo a sus alumnos durmientes, que Napoleón consiguió hacerse rápidamente con el dominio del país vecino y colocar allí a su hermano José, y todos tan felices y comieron perdices. Nada más, y luego se puso como si nada, a hablar de la batalla de Trafalgar, en la que dijo que lucharon las grandes marinas de Francia y del Reino Unido, sin mencionar una simple vez la palabra España o españoles. Supongo que para este tipo, los españoles andábamos por allí rascándonos los huevos y llevando el botijo.
Pues bien, al final cuando solo quedaban unos minutos para que mi amigo acabase su clase maestra, me saltó la válvula y a punto estuve de levantar la mano, o levantarme yo entero. Interrumpirle en su ensueño napoleónico, y preguntarle por el gran estadista. Ese que se fue a invadir Rusia en invierno, con los mismo uniformes que invadió España en verano, sin tener en cuenta las temperaturas. O me gustaría preguntarle que opinaba del 2 de mayo de 1808 en Madrid, o de la batalla de Bailén, o la de Buçaco, o de la de Gamonal, o que opinión tenía sobre las navajas de siete puntos-clack, clack, clack....-, o sobre la labor del mal nacido de Fernando VII.
También me dio muchas ganas de recordarse, que su le petit cabrón, jamás llegó a conquistar toda España, pues una pequeña ciudad llamada Cadíz, se les atraganto bastante. Y que mientras su armada los asediaba para que se rindieran, se dió la situación de que los asediados vivían bastante mejor que los que les asediaban. Y que esa ciudad, la que no consiguieron ocupar, era una de las más avanzadas y cosmopolitas de su tiempo. Y además una de las más cachondas, y que se reían de ellos, cada vez que uno de sus obuses de última generación no conseguía cruzar la bahía y explotaba en medio de la nada. Mientras ellos comían bazofia y luchaban para que las chinches no se los comieran a ellos.
Para terminar tal vez le hubiera mencionado a un tal Francisco de Goya y Lucientes, pintor y afrancesado. Que nos pintó a españoles y franceses como nadie, zurrándonos la badana a manos llenas, mientras por la boca salia rabia y juramentos. Esas si que son las pinturas de las campañas de Napoleón, y no las que mostraba este señor en sus clases. Pero, como además de ser historiador, soy educado y español, pensé que mejor me callaba la boca, y los dejaba bañándose en su mentira y ensueños. Al fin y al cabo en el pecado tienen la penitencia. Supongo, que son tan engreídos que se creen esa historia. También se han creído que su universidad es la mejor de Europa.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

UN CUBANO EN EL METROPOLITAN.


El fin del invierno se paseaba, como que tal cosa por las calles del barrio de Harlem en Nueva York, el sol apretaba como si le fuera la vida en ello, y a mi me sorprendió gratificantemente a la salida de los Cloisters En lo alto de ese monte desde el que se podía divisar todo el barrio, y un poco más allá, cruzando con la vista el enorme cauce del río Hudson, nacía con toda intensidad el temeroso-para algunos-, barrio del Bronx. Justo delante de mis narices, un bello puente metálico unía la isla donde me encontraba con el resto de la ciudad. El día era agradable como ya he dicho, y decidí seguir con mi visita, tras llevarme en la retina, tantos claustros, retablos y vidrieras medievales europeas, que ahora pasaban los días en la parte alta de Nueva York, decidí seguir con la visita de joyas europeas en suelo norteamericano.
Una hora después y tras rodear la parte trasera de la isla en un autobús vació, y tras recorren unos de los barrios más increíbles de la ciudad, di con mis huesos-y los de algún amigo más-, en un edificio presidido por nada más ni nada menos, que un estatua ecuestre del Cid campeador, hay queda eso. Estaba, ante la puerta de la Hispanic Society de Nueva York, decidido a contemplar al fin el gran mural pintado por el artista valenciano Joaquin Sorolla. Pero de nuevo-otra vez más con estas pinturas-, la suerte me fue esquiva y la sala que las contenía estaba en restauración, y por ende, las pinturas guardadas a buen recaudo lejos de mi cornea.
Pero el día, que seguía soleado y caluroso en el exterior, comenzó a enderezarse. Pues uno de los responsables del edificio, viendo que eramos españoles y viendo nuestra desesperanza tras la última noticia, decidió premiarnos con una sorpresa increíble. Llevándonos a la sala de la biblioteca, nos enseño y nos dejo contemplar varios incunables, y varias primeras ediciones de la literatura patria, entre ellas: la primera edición del El Quijote y de La Celestina.
Aún sorprendido de lo visto y contemplado-y fotografiado con precaución y profesionalidad-, me dispuse junto a mis acompañantes a comer algo, pensamos en pasarnos alguna delicatessen nacional por la calandria, ya saben: hot dog y pepsi cola, pero no encontramos nada por la zona, y decidimos volver al autobus, y llegar al Metropolitan Museum of New York. Allí nos fuimos.
El viaje fue larguísimo, más de una hora viendo solo bloques de edificios de colores oscuros, decorados simplemente en el exterior con las famosas escaleras metálicas de incendios, pero cuando llegamos a la parte trasera de Central Park, hizo aparición un tipo espigado y flacucho, de grandes ojos y mayores ojeras, que vino a sentarse a mi lado. Durante unos minutos permanecimos en silencio, pero cuando el hombre de las ojeras vio que hablaba en castellano con mis amigos, pronto comenzó a preguntarme de donde venía y a que me dedicaba.
Al pasar por delante del Guggenheim, el tipo comenzó a contarme cosas interesantes de su vida, le encantaba hablar, y lo mejor es, que lo que tenía que contar era una de las historias más interesantes, que nunca me habían contado en un trasporte público-salvo la de aquel portugués de Lisboa, que me explicó como se ganaba la vida con el contrabando de bicicletas en la frontera española-. El caso, es que el individuo en si, era de origen cubano, como bien marcaba su acento, era dicharachero y agradable a la palabra y muy correcto. Pronto llego nuestra parada que era la del museo más centrico de Manhattan. Nos apeamos juntos, y allí a la sombra de un árbol, mientras comíamos un perrito caliente, comprado en una de esas casetas móviles, que pertenece a algún lisiado de guerra o al hijo de algún veterano de guerra-en una placa explica incluso, a que batallón y que graduación ostentaba el muerto o herido por su país-.
El viejo cubano, me contó uno de sus más grandes secretos. Yo-dijo-, era atleta de la selección cubana, sabes. Podría haber llegado a ser campeón olímpico, era una de las estrellas de mi equipo en las olimpiadas del Montreal del año 1976, pero me pudo el genio chico-decía mientras sonreía mostrando su grande y blanca dentadura-. Me fui del hotel, deje la expedición, y me fui al hotel de la expedición americana, me di a la fuga y abandone mi país. Ahora, evidentemente no puedo volver, pero aquí, después de tanto tiempo tampoco estoy muy seguro, sabes. A pesar de que los americanos me trajeron aquí, una vez pise suelo de los Estados Unidos, nadie más se preocupó por mí, y dese entonces trabajo haciendo lo que puedo.
Sobrevivo bien no te vayas a creer, y de vez en cuando algún amigo me visita y me trae unos buenos puros y una botella de ron. Y nos la tomamos en mi casa, y nos reímos de muchas cosas, y al final acabamos llorando por lo que tenemos, por lo que pudo ser y no fue, y porque la idea del sueño americano, chico. Solo vale para los norteamericanos.