miércoles, 30 de noviembre de 2011

EL SIRIO.


He confesado en muchas ocasiones que amo el mar, que no la playa, por su grandeza y por su peligro, por su engaño óptico, pues su gran llanura parece que te ofrece la más pura y verdaderas de las libertades y sin embargo lo único que te ofrece es una prisión de por vida. Y sino, pregunten a cualquier persona de las que se ganan la vida en él. Esos marineros duros, rudos, de piel oscura, morena, acartonada por el sol y el salitre, de tatuajes verdes y decolorados por el paso de los años y las malas jugadas. Soy de tierra adentro, tal vez por eso, lo miro con fascinación y respeto como se mira a una mujer a la que amas, pero siendo consciente de que en cualquier momento puede destruirte por completo con una sola frase, con una sola mirada.
Los viejos lectores de esta página-suya y mía-, ya sabrán que al abajo firmante le encanta acercarse a los puertos de mercancías, y allí, en sus bares de toda la vida compartir barra y copa de ginebra holandesa con los viejos marinos de bigote o barba cana, que cuentan algunas de sus experiencias mientras mastican con desgana-como si alimentarse solo fuera una cosa secundaria en su vida- alguna vianda ofrecida por el dueño de la tasca, y luego se saca un Ducados o un Portugués o un Gauloises-o lo que toque dependiendo del país-, del bolsillo de su camisa y se van a la calle a encenderlo ciscándose en las leyes de tierra a dentro.
Pues bien, en esas estaba yo dándole a la lectura de unos de mis libros de barcos preferidos, el que lleva en la solapa el nombre de Francisco José García Echegoyen, y en la tapa un titulo claro e iracundo-en su segunda acepción-: Los grandes naufragios españoles. Y allí encontré, o más bien reencontré una curiosa historia, de barcos, marineros, ahogados valientes y supervivientes cobardes, en este caso como todo o casi, los héroes lo son por necesidad y los cobardes por aptitud y actitud.
El barco en cuestión es de origen italiano, bautizado como EL Sirio, fabricado en los astilleros de Glasgow, como el Galeata, otro viejo conocido de esta página y sus lectores. Quince metros de eslora, doce metros con siete y medio de manga y siete con cinco su puntal, con popa de clipér en espejo, y motor a vapor. Tres mástiles y dos esbeltas chimeneas un tanto zozobradas hacía la zona de la popa formaban su impresionante aparejo. Pintado de negro y rojo su casco surco las aguas, salvo un leve tiempo que lo hizo de blanco aséptico y airoso.
Creado para surcar el océano Atlántico desde su puerto, el de Nápoles hasta Brasil y Argentina, y llevar en su interior a ricos y burgueses que soñaban con ver los verdes ríos y las grandes selvas del nuevo mundo, y a inmigrantes, pobres que se hacinaban de mala manera en la vieja Europa y querían probar suerte como hacinados en el nuevo continente, esta fue su particular tarea hasta su destrucción, salvando algún que otra ayuda al ejercito y al gobierno italiano, cuando este, decidió comenzar su política colonialísta en Etiopía, portando a soldados, incluso en estas fechas, llego a sufrir el abordaje por parte de una fragata argentina, así como en los viejos tiempos de bucaneros o corsarios.
Pero llego un día, concretaménte el 2 de agosto de 1906, y salió el marrano mal capado, algo que suele suceder cuando se va a contracorriente y poniendo la cara por delante para que te la partan. El Sirio, partió del puerto napolitano, para comenzar viaje, un par de días más tarde recaló en Barcelona, de donde salió-el día 4-,con más de 822 personas entre viajeros y tripulación, supuestamente, pues en la tercera clase a los niños y mujeres se las contada de cuatro en cuatro y ocupaban una sola plaza. El Sirio, debería salir con destino Río de Janeiro, pero el pícaro capitán, con ganas de sacarse un dinero extra, decidió, parar de nuevo cerca de Alcira y recoger a un número indeterminado de obreros pobres, que viajaban sin billete tras pagar una pequeña suma al capitan-como ven, lo de las mafias de patera y cayuco no es un invento moderno-.
Así llegaron a las cercanías de la costa de Cartagena, cerca del Puerto de Palos, donde el buque iba pasado de revoluciones y a toda maquina para ganar tiempo. El sol, comenzaba a consumarse en el horizonte de estribor, el mar estaba en calma y la brisa tan solo era eso, brisa dócil. Pero el barco precipitado por la arrogancia y lo apresurado de su movimiento flaqueó a estribor, y se llevó por delante unas rocas submarinas, que parece ser, eran menos submarinas de lo que deberían y se clavaron como un arpón, abriendo una enorme vía de agua, y dejando a El Sirio herido de muerte y a los asistentes con más miedo que letras impagadas.
Un golpe seco, casi sordo, un corte profundo y afilado en el caso, que a la vez que inundaba el casco, acabó con la vida de todas las personas que trabajaban en la sala de maquinas, aplastados y desgarrados por las placas de metal, y que llevo al buque a quedarse varado junto a la Isla Hormigas. El pánico, rápidamente se apoderó de los viajeros, que empezaban a correr por el barco como pollo sin cabeza. Mientras, la estructura del buque crujía, del casco empezó a brotar agua y vapor, hasta que finalmente el motor de carbón exploto, llevándose por delante la vida de la mayor gente de tercera clase. En tan solo cuatro minutos toda el tercio perteneciente a la parte de la popa quedo totalmente hundida.
Mientras el caos se apoderaba del personal, el capitán del barco-de nombre Piccone-,y sus subalternos, escaparon de allí en un bote salvavidas y con los bolsillos llenos de dinero. Como ven, la historia es trágica que te rilas, pero es española, y por eso no se habla de ella, ni se hacen películas, ni se recrean escenas. Por que preferimos las historias americanas, pero no se preocupen, si el Titanic, se hubiese hundido en la costa de Cádiz, nosotros españoles de a pie, nos hubiésemos encargado de que su historia también hubiera muerto en una esquina polvorienta de la historia.

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