miércoles, 16 de noviembre de 2011

PICOLANDIA S.A.


Hace unos días, leí una noticia sobre la salvación a manos de las tropas especiales españolas de una rehén francesa, presa de un grupo de piratas somalíes en aguas del Indico. Noticia, que curiosamente paso casi desapercibida en la mayor parte de diarios ibéricos. A partir de esto, comencé a leer otros muchos artículos similares, o algunas columnas de opinión, que tocaban un tema un tanto espinoso, según parece por la gran controversia que había entre unas y otras opiniones.
El caso, es que unos decían o eran partidarios, de que el ministerio de interior cediera algunas de sus misiones, u ocupaciones a empresas privadas de seguridad. Situación esta utilizada ya en algunos países, y que es España ya se da en algunos casos concretos de escoltas privados. Mientras que otros, defendían como si les fuera la sopa de la noche en ello, que de eso nada, que como vamos a dejar que se privatice las fuerzas de orden nacionales, que eso no podía ser así de ningún modo ni manera.
El caso, es que un artículo me llevo a otro, y una noticia a distintos comentarios, y estos a seguir investigando más. ¿Y sabe una cosa querido lector?, resulta que esto de la privatización de los cuerpos y fuerzas del estado-en algunas misiones-, no es tan raro. Pues llegue a una información que desconocía por completo. Y es que resulta que en muchos cuarteles de este país, ya no hacen las guardias de noche los picoletos de turno, ya saben en la garita todo la noche, junto a una maquina de escribir y un flexo picado, como toda la vida.
Resulta, que esa labor de seguridad, ahora la llevan a cabo empresas de seguridad privada, como esas que se pasean por las estaciones de tren o autobús, o en la puerta del centro comercial de turno, y el caso es que me hizo gracia imaginarme alguna situación de necesidad o seguridad.
A ver si me explico. Usted, llega un día a su casa, y ve que esta, está siendo robada, asaltada o profanada, pongamos por ejemplo por un grupo de albano kosovares, entrenados en el África subsahariana por grupos terroristas del medio oriente, que a su vez son financiados por las mafias colombianas y de primos murcianos-por poner un ejemplo entendible por todos-.
Pues resulta que ve esto, y raudo como es lógico y normal-pues sus niños, su parienta y su televisor de plasma de cincuenta pulgadas están en la casa-, va al cuartelillo más cercano. Son las tres de la mañana, y llama apresurado al timbre de picolandia, esperando también como es lógico y normal, que le salga al paso un tipo fuerte, vestido de verde oliva, con bigote y mala leche, de esos que lo dan todo por la patria. Pero no, resulta que quien le abre la puerta es un joven imberbe con cara de pardillo, con el traje de prosecuritas o vaya usted a saber. Que tiene como arma un walky-talkie sin pilas y un contrato temporal de seis meses. Y que le dice que muy bien, pero que el por lo que le pagan, a lo más que se va a arriesgar, es a comerse un bocata chungo de la maquina del fondo. Y que si quiere vaya rellenando la ficha de control y que ya mañana al mediodía cuando se levante el teniente se la pasa y que él haga lo que le parezca.
Usted, sorprendido por su actitud, se lo recrimina y le dice que de eso nada, que a esas alturas los malos, pueden estar maltratando a sus hijos, picándole el billete a su señora, o lo que es peor, llevándose su tele de plasma. Y que llame inmediatamente al teniente o al maestro armero. Y él, con la misma cara de pardillo, te dice que nones, que el teniente tiene muy mala baba y si lo despierta a media noche, seguro que luego se como un marrón como el sombrero de un picador.
Entonces, es cuando usted. Harto de este sistema de ayuda al ciudadano, saca una escopeta de posta lobera del maletero, y hace la aparición sorpresa en medio de su salón, pegando tiros a diestro y siniestro y echando espumarajos de rabia por la boca. Resultado: dos atracadores con un tiro en la cabeza y pajaritos al cielo, los niños llorando, la señora temblando de miedo y la televisión de plasma hecha unos zorros. Además de haber despertado a todo el vecindario, que a su vez asustado ha tenido que llamar al cuartelillo. Y como se han acumulado muchas llamadas, el joven segurata, se ha visto en la necesidad de avisar al teniente de turno, que acto seguido con malos modos y la sabana marcada en la cara, se ha personado en su casa, y que le esta echando una bronca de las gordas.
Imagínenselo, gritando: ¡Pero hombre!, ¿como ha hecho usted algo así?, menuda matanza, ¿pero esta usted loco?. Madre mía, que de sangre. Haber como se lo explico yo esto a mi superiores, ¿como se le ocurre tomarse la justicia por su mano?. ¿Es usted consciente del puro que le va a caer?.
Y usted, con un cabreo que te rilas, le contesta, que que es eso de que me va a caer un puro, si esos tipos habían entrado a la fuerza en mi casa y además armados. Pues si hombre si-le contesta el teniente-, porque eso no se puede hacer hombre, ya vera como se van a poner los de la embajada. Además, usted tampoco podía saber a que han entrado, no se puede demostrar que vengan a robar, a lo mejor han entrado aquí a felicitarle por lo bien que tiene usted el jardín, Además-diría solemne el teniente-, para que estamos nosotros. ¿Eh?, ¿para que estamos nosotros?.

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