miércoles, 11 de enero de 2012

SOBRE AEROLÍNEAS Y DICTADORES.


Iba a ser un día de perros y de la fulana que lo acunó, lo supe en cuanto puse el primer pie en el aeropuerto. No habían dado las tres de la tarde y ya me había ciscado en los familiares más cercanos de varios trabajadores de cierta compañía aérea-de esas mal llamadas de bajo coste-, una compañía inglesa-la Pérfida Albión nunca trajo nada bueno, y menos a los españoles-, esa de aviones Airbus-320, decorados de blanco y naranja, que no te deja en paz ni un misero minuto en todo el viaje, vendiéndote comida, juguetes perfumes y hasta la vida eterna, firmando un leve papel a nombre de un tal Belzebú, si te dejas, o estas más espeso de lo normal.
El asunto, es que nada más llegar a la terminal de la capital de España, la cosa empezó ha torcerse, mientras esperaba en una interminable cola, donde facturaban el equipaje todos los pringados como yo, fueran donde fueran, pues no había separación, todos para una, y una-cola-, para todos, y a esperar, con más paciencia que el capitán Malaspina en la cárcel del Imperio, esperando el reconocimiento de su rey. En esas estábamos, cuando me dió por mirar uno de los cientos de paneles que se reparten por la terminal, y fue cuando vi, que mi vuelo se había adelantado dos horas, y que nadie de la compañía se había dignado a avisarme, ni a mandarme un misero correo electrónico alertando de la vicisitud cambiante. Resultado, si algo no salia como se esperaba perdería el avión.
Y como estaba claro que nada sale según lo pensado, al llegar mi turno, una señorita rubia me confirmó que según su ordenador, yo, no tenía facturada ninguna maleta, por lo tanto no podía facturar el bulto que me acompañaba. Antes de que me acabara de decir, que si tenía alguna queja me pasara por el mostrador central, yo ya estaba allí, ciscándome en la sombra de los que allí me atendían sin escucharme y rellenando una hoja de reclamaciones tan grande, que la podrían vender por fascículos, y después, tras explicarle-y gritarle un poco-, a un tipo en tres idiomas, resultó, que apareció mi ficha y resultó también-fíjese usted querido lector, que casualidad-, que el abajo firmante si que había pagado religiosamente su maleta, y por tanto, tenía derecho a decirle a la señorita rubia de antes, que o me facturaba la maleta ya, o íbamos a salir todos en El Caso.
Cuando ya me las veía felices-infeliz de mí-, llegué a la cola de entrada en la zona de embarque, otra enorme cola, de las de una para todos y todos para una. Allí unos señores de seguridad, educados para ser mal educados, me obligaron a quedarme en camiseta y con los vaqueros sujetos de una mano, más que nada para no acabar enseñando la ropa interior, hacer-más-, el ridículo, que me saltara la válvula y acabar todos como el rosario de la Aurora, o como en Puerto Hurraco, vive Dios, que solo falto un punto más para la primero y lo segundo. Cuando recorrí la terminal sujetándome los pantalones con una mano, con la otra mis pertenecías y las botas, y tras barrer toda la porquería del suelo con mis calcetines y el bajo de mis pantalones, conseguí sentarme y vestirme, recobrando así parte de mi dignidad robada por esos proyectos leves de dictadorcillos, que gustan de cantar por las mañanas. Finalmente acabe por recobrar la compostura y la dignidad, saboreando un café con aroma a detergente en una de esas garitas trasnochadas, que algunos desalmados se atreven a llamar cafeterías.
Pero ese día aún no había acabado, y aunque ya no estaba el aceite para buñuelos, los trabajadores eficientes de la aerolínea, se atrevieron a rizar el rizo, y en tono amenazante, dijeron voz en grito y por el altavoz de la mesita a modo de recibidor, que era posible que debido al exceso de equipaje a bordo, se vieran obligados a facturárnos en las bodegas del avión todos los equipajes de mano. A lo que yo mascullé, bajo la voz del altavoz, que no había nacido quien, y tras una larga lucha con un tipo repeinado, conseguí subir mi ínfima bolsa de mano, con un ordenador y un par de libros a bordo del maldito aparato.
Cuando luchaba con la gente de abordo, por encontrar un simple sitio, pues otro de los grandes encantos de esta compañía, es que no asignan un asiento propio, ya saben esa simple letra junto al número, que te coloca en algún lugar del aparato y no tienes que ver como familias o grupos de amigos te barren a su paso, buscando sentarse juntos, o junto al ala, o lo más alejado de el ala, o lo más cerca de la pelirroja con pecas que habían visto facturar antes que ellos. Y mientras colocaba mi bolsa de mano en un lugar seguro, donde mi ordenador no pudiera despegar a la vez que lo hacía el avión, se me acercó un azafato, para decirme, que si no me importaba quitar mi bolsa de allí-le falto decir mi asquerosa bolsa, aunque con la cara ya hizo el atisbo-, para poder poner otra maleta. Tras mirarle de soslayo y apunto de espetarle a la cara, que si la maleta de aquel tipo era más importante que la mía, para que yo, que he llegado antes, tenga que cederle mi sitio-al fin y al cabo, es eso por lo que aboga su aerolínea, que corramos y mostremos nuestros más bajos instintos por quitarle el sitio al pobre incauto que va delante nuestro-.
Al final cedí mi brazo, porque en algún momento del día me gustaría despegar y llegar a mi destino, y tras agarrar él tipo mi bolsa, de malos modos y peores cuidados, la colocó a la otra punta del avión, y al volverse a mi, me comentó con una cara de avinagrado profesional: la bolsa pesa bastante, a la vuelta vas a tener que tenes más cuidado con el peso. A lo que yo ya harto del mundo, y odiando a la humanidad entera-salvo a la pelirroja con pecas sentada tras de mí-, conteste con toda serenidad, que la vuelta-si es que la hay-, la haré andando antes de volver a caer en sus garras maquiavélicas, y mientras se giraba sin decir ni negros ojos tienes, volví a llamarle para preguntarle una curiosidad que me abordaba desde el comienzo de la jornada, ¿Su empresa les paga más cuando peor traten a sus clientes?. Evidentemente, aún sigo esperando su respuesta.

2 comentarios:

  1. Esta muy bien el blog, no lo conocía hasta ahora, me pasaré más a menudo a leerlo. Aprovecho para felicitarte el 2012, un saludo!!

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  2. Muchas gracias, espero que sigas pasandote por esta página-tuya y mia-, y comentando, y por cierto a pesar de las fechas Feliz año.
    un saludo.

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