miércoles, 30 de mayo de 2012

LA CAPTURA DEL STANHOPE.


          Como tantas cosas, tantas batallas, tantas luchas, tantos personajes de la historia de este viejo, desagradecido, cainita de muelle flojo, y perro patio de vecinos, a lo que algunos nos empeñamos en llamar España, la de hoy, es también, y sin duda una de esas historias, que no salen en libros de texto, ni en diccionarios biográficos de gobiernos oportunistas. Y si me permiten la afirmación, según muestra la deriva del país, dudo mucho ya, que ningún día vaya a hacerlo, pues en esta espiral de lo políticamente correcto, estamos abocados a la estupidez vitalicia de los mafiosos con valija diplomática, que son más de cogérsela con papel de fumar, que de saber valorar la historia de su país, y de sus paisanos.

         Supongo que esto es así por varias razones, porque el héroe-o casi-, en cuestión, no vestía lindas ropas, ni se lavaba los dientes con pasta de marca-ni con nada-, posiblemente era alcohólico, como todos los marinos de su época. No corría tras una pelota de cuero cosida por niños en algún país del medio oriente, no se engominaba, ni usaba litros de colonia-si algún liquido usaba por litros, sería el ron o alguno semejante-. Ni llevaba un grupo de fans quinceañeras detrás, mojándose las bragas-chop, chop, chop....ya me entienden-, cada vez que este guiña un ojo, o se atusa el cabello. Es más, en una sociedad como en la que hoy vivimos, nuestro amigo sería un paria, un marginado social, un tipo de esos, de los que al verlo te cambias de acera, o te diriges como un resorte a la otra punta del vagón del metro, o de donde toque. Hoy pediría dinero en la Puerta del Sol, o en la Calle Postas, enseñando sus muñones de guerra. A nuestro paso, casi lo escupiríamos, llamándolo parásito social. Por suerte-para él y para nosotros-, nació en una época donde el país no estaba atiborrado de estúpidos salvapatrias de traje y corbata, cuyo mayor mérito es cantar por las mañanas, a veces en coral.

         Hablo de Blas de Lezo y Olabarrieta, también conocido como “el medio hombre”, por la cantidad de heridas de guerra que fue coleccionando a lo largo de sus andanzas. Natural de Pasajes de San Pedro, Guipúzcoa, y de profesión militar y pirata-dependiendo del día y de la bandera del barco al que se enfrentaba-. Con 17 años ya era guardiamarina de la escuadra francesa, escuadra donde había estudiado. Pues marino de nacimiento, se vio en medio del capricho del rey francés Luis el catorce, el cual se empeñó en que hubiese un mayor intercambio entre las escuadras españolas y francesas, supongo, que así llegado el momento de la traición, poder acuchillar por la espalda lo más cerca posible, y con mejor certeza al vecino.

          Ya en 1704 cerca de la costa de Vélez-Málaga, el barco de Blas de Lezo, junto a otras cuantas galeras españolas, al mando del conde de Fuencalada, se enfrentaron a la escuadra anglo-holandesa, haciendo correr por la cubierta de ésta la sangre y la ginebra azul a partes iguales. Fue su primer enfrentamiento fuerte, chusco, contra los hijos de la Gran Bretaña. Por supuesto no sería el único que tendría en sus días, ni el más fuerte. Pero le sirvió para demostrar a sus mandos gabachos y españoles-y a sí mismo-, de que madera estaba hecho, pues a pesar de haber recibido un cañonazo en la pierna izquierda, siguió en su puesto, sin dar una mala orden, ni mostrar ningún síntoma de dolor. Tras esta batalla, el vasco De Lezo, fue ascendido a alférez de navío.

         Su vida fue rápida y fructífera, también lo fueron sus puestos y sus andanzas, pronto consiguió un nuevo  rango, tras defender los sitios de Peñiscola y Palermo, fue ascendido a teniente de navío. Destinado en Tolón, allí, combatió el ataque que a esta plaza le dio el Duque de Saboya en el año 1707. De Lezo luchó con su acostumbrado saber estar y serenidad, defendiendo hasta la última carga el castillo de Santa Catalina, tanta fue su tenacidad, que perdió el ojo izquierdo. No se achantó ni ante el ejercito del rey Felipe V, pues en una de las ocasiones en la que este asedió y cerró Barcelona, Blas de Lezo encargado de los cargamentos de munición y viandas que llegaban desde Francia para apoyar a la Ciudad Condal, rompió el frente de una forma espectacular y peligrosa, pues prendió fuego a parte de sus buques, lanzándose contra los del rey, detonado a la vez sus cañones, así ante la estupefacción del enemigo, se coló en la costa catalana.

           Fueron pasando los años, y el nombre de Blas de Lezo salía de la boca de propios y extraños con una mezcla entre miedo y orgullo, su fuerza, su locura y su intrepidez, le habían hecho ganarse el respeto de sus compañeros y superiores, había alcanzado el puesto de capitán de fragata, y mandaba una en la escuadra de Andrés del Pez. En esta empresa llevó a cabo numerosas capturas, la menor de ellas de veinte cañones, a la vez que recibía nuevas heridas de guerra.

           Una de estas capturas fue la del Stanhope, un navío británico. La captura, sería una más de tantas, de no ser por las condiciones en las que se llevó a cabo. Una de las pocas obras que recoge esta hazaña, se encuentra en el Museo Naval de Madrid, allí se puede ver como una pequeña fragata fue capaz de apresar un navío inglés, perteneciente a la compañía de Indias. Tal vez, el apresamiento tuvo lugar en 1710, aunque no hay constancia de ello, al igual que se desconoce si la fragata que capitaneaba De Lezo, estaba dentro de una pequeña división española, o era directamente alquilada a Francia. De lo que no cabe duda, es que De Lezo y su tripulación los tenían bien puestos, primero por enfrentarse sin reparos a una embarcación mucho más grande y mejor defendida, y segundo por haber pasado por la calandria a los hijos de la Gran Bretaña, cuando ya le faltaba una pierna y un ojo. Así, de esta manera tan heroica para unos, chusca para otros, desconocida para la gran mayoría, este guipuzcoano entro en la historia de este país, como el hombre que salvó al Imperio Español-o lo que quedaba de él-. Murió en Cartagena de Indias, defendiendo la plaza del asedio inglés. Allí, a día de hoy una estatua lo recuerda como héroe. A diferencia que en su país, donde siendo Teniente General de las Reales Armadas de su Majestad y comandante de sus Reales Galeones, y el tío con más huevos que ha pasado por la piel de toro en muchos años, no solo no se le recuerda, sino que se evita hablar de él, pues fue un asesino y un tipo, que a pesar de ser cojo y tuerto, tuvo el arrojo suficiente para no dejar a su país en la estacada cuando se le necesitaba.

         Igualito que los que hoy se dan golpes en el pecho, mientras juran y perjuran que aman y darían todo lo que tienen por salvar  su patria.



miércoles, 23 de mayo de 2012

MI AMIGO EL EX COMISARIO.



Estudiamos juntos, codo con codo, compartiendo pupitre, sueño, y aumento de dioptrías-supongo-, tras pasar más de siete horas al día, cinco días a la semana, en un aula en semi oscuridad, observando filminas y diapositivas. Cuando nos conocimos yo era un crío, un cachorro que entraba por primera vez en una universidad, que se quería comer el mundo, y lo que es peor, que pensaba que iba a comérselo, que nadie como él había entrado nunca por esa puerta del templo de la cultura.

Él, por otro lado, llevaba mucha mili a las espaldas, quizás demasiada, viejo comisario, ya jubilado, hijo también de comisario. Él, lo fue durante años de dictadura, de transición, su padre, comisario en la misma ciudad, lo fue durante los años de la segunda república, y estuvo en el frente durante la guerra civil, luchó por lo que pensaba que era su deber. En Madrid, en la universidad complutense, junto a las Brigadas Internacionales, intentando que los sublevados no entraran en Madrid. Ya saben ¡No Pasarán!, pero que al final si que pasaron, y como pasaron.

Recuerdo muchas anécdotas que me contaba durante los descansos entre clase y clase, ya saben, entre arte del antiguo Egipto e historia contemporánea de Alemania, mi amigo el ex comisario, me soltaba una batallita propia, o ajena, de su padre o de algún amigo que aún sigue vivo, y ahora estudia filosofía en la universidad de en frente.

Nunca le oí referirse a los acontecimientos en los que aparecían dependiendo del día, de la época, de la situación del país, o de si la batalla era suya o de su padre, de modo despectivo o partidário. Daba igual que los protagonistas fueran brigadístas, quintacolumnistas, de la ugeté, de la ceeneté, o de la Ceda, que el tipo hubiera hecho la mili en los Regulares de Ceuta o Melilla, o de que lado del frente dieran al contrario las suyas y la de su prima la de Alpedrete, en la batalla de Guadarrama. No importaba, si el que salia perdiendo era un comunista intentando pasar desapercibido en el Madrid del 45, o era un gris, chusco y de mala catadura, que mascaba tabaco mientras sacudía a algún estudiante que pedía amnistía para sus compañeros. No importaba, ya les digo, nunca le escuché condenar a unos o a otros, decir que unos eran los buenos y otros los malos, que si este tiene razón y aquel es un descerebrado. Nunca, se lo prometo por mis Asterix. Él hablaba, contaba y después callaba, nos miraba y cuando aún se podía fumar, encendía un cigarrillo negro, después, sacaba un caramelo de menta y chascaba la lengua. Tras ello, nos decía desde lo alto de la atalaya que le donaba la experiencia recibida: pensadlo chicos, no todo lo que dicen los libros tiene que ser como dicen, no olvidéis que los libros los escriben personas, igual que los periódicos. La verdad esta en los libros, es cierto, pero para atisbarla, hay que leer muchos, comparar y pensar, sobre todo pensar.

Es cierto, unos cuantos años después, lo veo claro, pero también veo claro, que además de leer muchos libros, varios periódicos al día, de todas las tendencias políticas y lo mismo con las radios, me atrevería a añadir, que hay otra cosa importante, y esa es escuchar, escuchar y escuchar, el doble o el triple que hablar, escuchando se aprende más que leyendo-o casi-, sobre todo cuando el que habla tiene mucho que ofrecer. Ese es uno de los errores claros de la juventud de hoy, creemos que lo sabemos todo, solo por haber leído un libro, por haber escuchado una opinión de un profesor, de un periodista, o de cualquier cantamañanas que sale en la televisión. Pensando que tenemos la verdad, la única y que nadie podrá ofrecernos nada nuevo, nada que no sepamos.

Una de las historias que recuerdo con cariño, fue una que nos contó en la puerta del Museo del Prado de Madrid, una lluviosa mañana del mes de diciembre. Eran los últimos años de la dictadura del caudillo, la situación estaba muy movida en todo el país, también lo estaba en la ciudad donde él llevaba a cabo su labor como comisario principal, uno de los detenidos esos días en la zona, era uno de los delincuentes más peligrosos de la región, a sus espaldas más de cincuenta atracos a mano armada, un secuestro, y cuatro o cinco fiambres. Detenido en la comisaria central, encerrado sin derecho a comer, hasta que no soltara todo el hilo que tenía enmarañado en su cabeza, y en el expediente que el comisario tenía entre sus manos. Así pasaron las horas, supongo que alguna que otra paliza le caería en el calabozo-no estaba el aceite para buñuelos en España, y tampoco eran tiempos para la lírica-. Cuando ese día llegó la hora de comer y de cenar, mi amigo el ex comisario salió a la tasca más cercana, tras llenar la barriga, compró un bocadillo de embutido-tanto a la hora de comer, como a la de cenar-, y en ambos momentos, al entrar en la sala donde estaba el detenido, se lo ofreció, diciendo: “ Anda, toma come, que estos te quieren matar de hambre. Pero yo eso tampoco voy a permitirlo”. El reo comía, sin abrir casi la boca, sin agradecer que el comisario, le pagara la comida de su propio bolsillo.

Pero ese agradecimiento llegó días después, pues en un intento de fuga, este delincuente, hirió a varios policías, no recuerdo si tras su actuación murió alguien, pero cuando estuvo a punto de huir, el comisario se le planto delante, el delincuente levantó el arma y le apuntó al pecho, pero, al darse cuenta que la persona que estaba ante él era el comisario que le había subido los bocadillos, apartó la pistola y lo golpeo con la culata en la cara, dejándolo herido, pero sano y salvo. Tras ser de nuevo detenido y puesto a buen recaudo, mi amigo el ex comisario le preguntó el porque de su acto. A lo que él contesto sin más: “Eres el único polizonte que me ha tratado como un ser humano, no merecías morir de una forma tan cruel”.

Hoy me acordaba de esta anécdota, que mi amigo nos contó con todo lujo de detalles, mientras nos calábamos hasta los huesos en la puerta del museo más importante de España. La he recordado con más cariño si se puede, pues mi amigo no murió de una forma cruel aquel día, sino que lo ha hecho ayer, en su casa, rodeado de su familia. Que la tierra le sea leve.


miércoles, 16 de mayo de 2012

PENSAMIENTOS DE LA GENERACIÓN PERDIDA, O CARTA ABIERTA AL GOBIERNO. EL DE HOY, EL DE AYER Y EL DE MAÑANA.


Es muy viejo ya, lo de las dos Españas digo, de facto diría que se pasó del monta tanto, tanto monta, a los cainitas enquistados sobre el suelo patrio. Mucho más antiguo que Antonio Machado y su “Españolito que vienes al mudo te salve Dios...”. Tan antiguo que a veces se nos olvida, se nos distorsiona la idea de que luchamos contra enormes molinos de viento.

Hablando de Antonio Machado, hay otra cita que me viene a la memoria en esta época, y que se acerca bastante a la realidad, por lo menos bastante más de lo que se acerca cualquier político o pseudo-político español y europeo. La cita reza así: “En España lo mejor es el pueblo. Siempre he sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan a la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera pero la compra con su sangre.”. Pensaba en ello, mientras leía los periódicos que hablaban sobre las últimas noticias acontecidas en Grecia, mientras la gente se suicida ante su congreso, prefiriendo morir a tener que robar, o buscar comida en la basura, y en la página de al lado-la impar del periódico, por supuesto, que quede claro cual es la noticia importante-, la señora Merkel, con alguno de sus secuaces, diciendo que no deben abandonar el Euro, y casi falta puntualizar a pie de foto: “La canciller alemana, a punto de nacionalizar la Acrópolis y la Musaka, cobrándose la deuda griega, deuda creada por ellos mismos para su disfrute.” Suena a coña marinera de tasca y aceitunas, pero tiempo al tiempo.

En España no estamos mucho mejor, no se crean. No me refiero a la intervención económica, ni a la prima de riesgo, ni a la prima tonta de Alemania, eso ya se verá. En este caso, estoy refiriéndome-o queriendo-, a los gobernantes que llevamos a las espaldas desde hace años, los que tenemos ahora, y los que tendremos en el futuro-más pronto que tarde-, no veo ninguna diferencia entre los políticos paniaguados, soplacaldos de hemiciclo que hoy venden Grecia, Italia, Irlanda, Portugal y un largo etcétera, a los que han vendido España tantas y tantas veces. Las más recientes, el trío de las Azores, con el país entero gritando en las calles NO a la guerra-y no a las guerras, como debió ser-, o el O.T.A.N no, pero con reservas, y luego vino la bajada de pantalones en toda regla, mientras todo el país negaba la mayor. Pero hay muchas más en la historia de este viejo y perro patio de vecinos que algunos llamamos España. Podemos ir más lejos, tanto que hace no mucho celebraron su bicentenario, pues a muchos se les olvida, que la gente, esa gente que calla y lucha por su país, sufriendo por fuera y por dentro vio en esta España, como primero su rey vendía su tierra a los franceses, y cuando los franceses fueron expulsados por ese mismo pueblo y su guerra de guerrillas tanto en la serranía, como en las calles de las ciudades, volvieron los mismos inútiles arropados por el manto y la corona real. No solo contentos con su población, que fue la que salvó y defendió su reino, mientras él-rey Fernado VII, el rey más analfabeto y zoquete de España, que hablando de España es mucho decir-,y su séquito se tocaban los huevos en la campiña francesa, bebiendo vino de Burdeos y comiendo ostras bretonas. Pues bien, no contentos con eso, a la vuelta colgaron y encarcelaron a esos valientes españoles, que habían creado la primera constitución y habían hecho de Cádiz-la única ciudad que resistió-, la ciudad más moderna de Europa, a la altura de Liverpool o Amberes. Pero el pueblo como siempre, calló, achantó la muy y siguieron adelante, defendiendo y respetando su tierra como siempre, hasta el día de hoy.

A eso me refiero, a esa gente que ahora por suerte no sale a la calle a defender lo que es suyo con cañones robados, navajas de siete puntos-clack, clack, clack...-, ni lanzaban aceite hirviendo desde las ventanas cuando pasaba por debajo el enemigo. Ahora desde pequeños estudiamos, estudiamos y estudiamos, obedecemos, porque sino la sociedad que hemos creado nos apuntará con el dedo, nos mandará a la esquina de pensar y nos humillaran de cara a la pared, no nos dejara ser felices, comprando nuestras cosas innecesarias, pero tan útiles en la estúpida sociedad que hemos creado, que nos hace seguir y seguir pasando por el aro, comportándonos, siendo civicamente domesticados, siendo estupidamente infelices porque no tenemos el coche del anuncio, o el vestido de la actriz de turno.

Tras pasar por todos los niveles de la educación obligatoria, llegas a la universidad, de nuevo allí, estudias, estudias y estudias, trabajas en verano, vacaciones o diariamente, dependiendo de como te vaya la cosa, mientras los gobernantes van cambiando, de color, de siglas, de mentalidad, pero tu sigues igual, cada vez las becas son menores, cada vez las ventajas son menos y cada vez las obligaciones son más. Cada vez aumentan más los políticos corruptos, analfabetos de mente cerrada, y que no solo han colocado a sus familiares en instituciones públicas, sino que además se llenan los bolsillos con descaro mientras hablan de recesión y de austeridad, y mientras tanto se ríen en nuestra cara. Algunos de ellos ex-presidentes del gobierno, de esos que privatizaron empresas públicas, para dárselas a algún amigo, y colocarse ellos después como consejeros, cobrando sueldos inflados, a la vez que cobran el sueldo vitalicio por haber pertenecido a ese circo llamado Gobierno de España. Ellos hablan de austeridad a familias donde todos sus miembros están en el paro, y tienen que vivir de la pensión del abuelo, mientras gastan miles de euros públicos a ala semana en estupideces tales como traductores del catalán, el vasco o el gallego en el congreso de los diputados, porque no quieren hablar en el mismo idioma, idioma que todos dominan-o deberían dominar, aunque lo dudo-.

Esos mismos golfos apandadores, ladrones con valija diplomática y puesto gubernamental, que nos intentan convencer de lo necesario que son los recortes de lo público, para salvaguardar el país, y también los bancos privados-sobre todo los bancos privados-, que se van a pique, porque los dirigen los políticos de esos mismos partidos, políticos que lo único que saben de economía, es que tiene que ver con la riqueza, pero no son capaces de ver que la riqueza va más allá de la suya.

No podemos trabajar, solo en el sector servicios, y mal pagados, porque les interesa, las universidades son tan caras, que solo van a poder estudiar los hijos de los ricos, de los señores, de los caciques, asique, tampoco podemos estudiar. Porque no quieren crear un país de grandes mentes que lleven el nombre de España por el mundo, prefieren un país de incultos, de población resentida con la cultura y que prefiera ver fútbol y programas grotescos de la televisión.

Quieren crear una sociedad de siervos, que eso fue España durante tantos años, un lugar de turismo, donde los turistas vienen a pasarlo bien y poco más, no a invertir, no a buscar cerebros. Eso es lo que quieren y lo saben bien, buscan volver atrás, buscan crear un país de gente que no se preocupe de temas económicos, ni políticos, que no salgan a la calle a pedir sus derechos, que voten una vez cada cuatro años-o cada cuarenta-, y por supuesto que sea a ellos. Lo acabaran consiguiendo, ya lo están consiguiendo, porque una crisis económica pasa en unos años, pero una crisis cultural, intelectual, educacional, permanece entre nosotros durante muchas generaciones. No se lo permitamos.

miércoles, 9 de mayo de 2012

SOBRE ESCRUTINIOS Y SENTIMIENTOS ENFRENTADOS.

Antes de las ocho de la tarde hora local, la ciudad del caos y del trafico y del bullicio, tornó, cambió, el ir y venir de la gente era más rápido, más descompasado, de lo que marcaría un domingo habitual, sobre todo en las zonas alejadas del bullicio turístico y de los rebaños de guiris, pastoreados por jóvenes estudiantes, o que se buscan la vida como buenamente pueden, o les dejan, algo digan raro, digan especial se respiraba en las calles y plazas de la villa. El final de la elecciones nacionales llegaba, esa misma noche se sabrían los resultados de la segunda vuelta. Pasé junto a una periodista de France 2, hablaba a cámara, parapetada tras un micrófono azul, decorado con el logotipo de las elecciones, ya empezaba el escrutinio dijo. Los gendarmes, vestidos con sus trajes de gala-entiéndase la ironía-,posicionaban sus porras, y sus gases de pimienta, sobre sus protecciones , y comenzaban a colocar los cascos en un lugar visible, las furgonetas de anti disturbios, comenzaban por decenas a ocupar posiciones por todo el centro de París, sobre todo y en sobre manera en las inmediaciones de la Plaza de la Bastilla. Hacía allí me dirigía.

Los coches, las motos no dejaban de hacer sonar sus claxons, mientras circulaban por las calles de la ciudad, ignoro si con destino fijo, o simplemente paseando su alegría y haciendo participe de ella a sus convecinos. Los policías nacionales, apartados de sus funciones habituales por los miembros de la gendarmería, se dedicaban a regular el trafico, o a cortar las calles colindantes, evitando el jaleo, y el bullicio, todas las avenidas que llegaban desde el río, o desde los bulevares al centro de la plaza de la Bastilla, estaban cortadas a todo el tráfico rodado, daba gusto pasear por las anchas calles, que siempre están repletas de vehículos. En las esquinas, aparecían para hacer negocio, varios carromatos, furgonetas, y cajones, llenas de todo tipos de comida, de todas la nacionalidades y olores, mucha gente ya hacía cola, con su bandera en el hombro y su perrito en la mano. Por delante de uno de estos quioscos de viandas, pasó un padre en una bicicleta con carrito, donde llevaba a su hijo, detrás de ambos, una bandera del partido de la izquierda-cuarto en las primera vuelta-, ondeaba con el río Sena al fondo.

Una manzana antes de entrar en la Plaza de la Bastilla-centro de revoluciones antiguas y ahora tomada por el pueblo como su plaza-, una ambulancia del hospital cercano, su conductor pasaba aporreando su bocina, y el copiloto-ambos vestidos de blanco y la cruz en el pecho-, grababa con un teléfono móvil de última generación toda la gente que aparecía en el recorrido de su regocijo. Desde las ventanas-mucho más concurridas de lo normal-, gente descorchaba botellas de champán, brindaban, y gritaban cada vez que la televisión daba un recuento de los votos, mientras banderas del partido-futuro-,vencedor, colgaban de sus ventanas. Entre tanto, yo avanzaba hacía la plaza donde se levanta la Columna de Julio, en honor a los muertos en la revolución de octubre, bajé la vista y mis ojos vieron en el suelo confeti.

En la puerta del supermercado Monoprix, dos vagabundos habituales de ella, que cuentan con su residencia fija sobre las puertas de este, saltaban contentos, saludaban a la gente que pasaba a su lado, y gritaban a la vez que lo hacían las personas que circulaban en el interior de los coches que hacían sonar sus claxons-nunca les había visto sonreír-, y ahora se abrazaban entusiasmados, como si el cambio fuera a servir de algo en sus vidas, como si sus penalidades, el frío que sufren por las noches, o el tener que buscar la comida que caduca ese mismo día y que los empleados del supermercado, apartan con cautela, sabiendo que ellos la volverán a sacar del contenedor de basuras, solo unos instantes después de que ellos desaparezcan por la puerta del fondo, pero lo cierto, es que la felicidad, al igual que la tristeza o el malestar, se contagia. Aún pensaba en los dos hombres, cuando se cruzo en mi camino una niña, de unos cuatro o cinco años, rubia y con una gran sonrisa, al pasar junto a ella, me fije, con una de sus pequeñas manos agarraba el brazo de su madre, con la otra, agarraba como buenamente podía una rosa roja.

Entrar en Bastilla y ver lo que es la otra cara de la política, la columna de Julio, casi siempre inalcanzable por el trafico rodado, permanecía recta y ducha, a pesar de que su base, llena de restos mortales de sus antiguos héroes, estaba tomada por la muchedumbre y sus banderas, eran de muchos tipos y filigranas, aunque abundaba el color rojo. En la pantalla gigante del fondo, situada donde hasta hace unas horas estaban dos expedidurias de churros y algodón de azúcar, justo donde nacen los bulevares, Sarkozy, aún presidente de la república, sucumbía y con cara sería y bajo los abucheos de las miles de personas que abarrotaban la plaza, reconoció su derrota y felicitó a Hollande, a la sazón nuevo presidente. La plaza estalló en aplausos, y la gente brindaba de nuevo.. Una chica joven, con un gorro con la bandera de Francia, saltaba a hombros de un hombre, mientras otra a su lado, mostraba una foto enorme del ya antiguo presidente de la república junto al desaparecido dictador libio. Eran poco más de las ocho y veinte minutos de la tarde

Seguí con mis pensamientos, comparando Francia y España, y me dí cuenta de algo, ese algo en el que los vecinos nos ganan de largo. En menos de veinte minutos, tanto el presidente saliente, como el entrante, habían dado la cara, ante la prensa y ante los habitantes del país, se habían felicitado, y no se habían regocijado, tirándose mierda el uno al otro, mientras los restos caía de lleno entre el pueblo que les vota.

Esta es mi humilde crónica de las elecciones generales francesas, lejos de datos y discursos. Poco me importan, las he visto y vivido desde lejos, o desde cerca, depende de como se mire Simplemente puedo narran con exactitud lo que ví, y sentí en las calles de la ciudad. La otra política, la otra felicidad.


miércoles, 2 de mayo de 2012

OTRO PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE.


Como todo en la vida, deberíamos comenzar por el principio, que es hacer las cosas como debemos. Lo cierto, o lo problemático en la situación que vivimos hoy, nosotros y mucha más gente afectada por la mal llamada crisis económica internacional, pues más que una crisis es una estafa, una estafa creada por esos mismos que ahora salen a la palestra a defendernos contra el Banco Central Europeo, o las agencias que se dedican a subírnos la prima y a mentarnos la madre a partes iguales, que es en lo que andamos ahora.

El caso, es que ese principio que propongo, sufre un cambio, cuando leo las noticias de los periódicos españoles, y aún peor cuando hecho a mi faltriquera diarios de otros países europeos, donde se ve mejor y más objetiva las políticas españolas, cosas que desde ciertos medios de la vieja España, es imposible, tanto que es hasta insultante, para el oyente, lector o televidente, que no esta afilado a uno u otro partido político, que es lo que se lleva ahora para trabajar en prensa, pues, no vale lo bueno que seas, las notas que hayas tenido durante tu formación universitaria, ni los idiomas que hables, lo importante es tu ideología, y cuanto más radical mejor que mejor, y de paso, si con la entrega del curriculum, mandas una fotocopia de tu carnet de afiliado a uno de los dos partidos, pues miel sobre hojuelas.

Vayamos al grano, cuando hablamos de incertidumbre a secas, nos referimos a un termino muy español, durante toda la historia de nuestro país si hay alguna palabra que la pueda describir a la perfección es esa palabra: INCERTIDUMBRE, por lo menos en los últimos quinientos años.

La Real Academia de la Lengua Española, dice así. Incertidumbre: Falta de certidumbre. Sin más, lo cual nos lleva a buscar la palabra certidumbre. A ella, se refiere el diccionario de la R.A.E, con lo siguiente.
Certidumbre: (Del lat. Certitûdo, Inis).
1.- Certeza. (Conocimiento seguro y claro de algo).
2.- ant. Obligación de cumplir algo.
Y en cuanto al Principio de Incertidumbre, todo cambió un día de 1927, cuando el físico Werner Heisenberg, especialista en mecánica cuántica, formuló la teoría con este mismo nombre. Este principio establece la imposibilidad de que determinados pares de magnitudes físicas sean conocidas con precisión arbitraria. Sucintamente, afirma que no se puede determinar, en términos de la física clásica, simultáneamente y con precisión arbitraria, ciertos pares de variables físicas, como son, por ejemplo, la posición y el momento lineal-cantidad de movimiento-, de un objeto dado. En otras palabras, cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimiento lineal y, por tanto, velocidad. Esto implica que las partículas, en su movimiento, no tienen asociada una trayectoria definida como lo tienen en la física newtoniana.

Hablando en plata, cuanto más te centras en mejorar o en intentar suavizar una situación, pierdes de vista, y dejas de valorar la cantidad de elementos secundarios o cercanos que te afectan, de forma intrínseca, primordial y necesaria. Hay veces, acabando lo dicho, en que cuando la realidad te ahoga, cuando la sociedad se angustia en sobre manera, no viene mal buscar la parte positiva, y reírse a la cara de los problemas. Tal vez solo sea un principio de incertidumbre, pero es un un principio. Tan valido como cualquier otro.

En nuestra historia hay muchos principios de incertidumbre, tantos que en alguna ocasión, se han solapado unos sobre otros, principio de incertidumbre sobre principio de incertidumbre, haciendo que no se vea la luz al final del túnel, ni a lo lejos tan siquiera, esa es una de las situaciones actuales, tan grande son los principios y las incertidumbres que nos rodean, que nos asolan, que nos llevan a la desesperación, al miedo al futuro y al odio a la humanidad, que son más grandes los monstruos que las esperanzas. De eso se valen los gobernantes, del miedo para dominar a las masas, y no hay mejor medicina para eso que la lucha, pero sobre todo el humor.

En eso somos los primeros en el mundo, los mejores, en reírnos de nuestras propias necesidades, de nuestras desgracias, no ha habido principios de incertidumbre, o incertidumbres a secas, por muy grandes y agrias, que no hayan tenido su contestación en forma de humor, esa es nuestro antídoto, nuestra cura, para que durante estos años no nos hayamos ido por el sumidero, o por lo menos no del todo. Pues en España, todo hasta lo más trágico, acaba en chirigota gaditana.

Por ello, les invito a seguir esta publicación, en primer momento quincenal, donde se darán cita, tanto cuantos clásicos llevados a la moderna España, como las nuevas fábulas de nuestra sociedad, lo que es en fin, las antiguas coplas-ya saben esa de con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas tirabuzones-, las siempre presentes y ya nombradas chirigotas y el humor gráfico. En fin, convertir el dolor y la tensión en risas y cachondeo. Algo tan español que duele.

Por eso, si les apetece sacarle la parte buena a la cascada de malas noticias, les invito a disfrutar de esta nueva página, de forma quincenal.
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