miércoles, 23 de mayo de 2012

MI AMIGO EL EX COMISARIO.



Estudiamos juntos, codo con codo, compartiendo pupitre, sueño, y aumento de dioptrías-supongo-, tras pasar más de siete horas al día, cinco días a la semana, en un aula en semi oscuridad, observando filminas y diapositivas. Cuando nos conocimos yo era un crío, un cachorro que entraba por primera vez en una universidad, que se quería comer el mundo, y lo que es peor, que pensaba que iba a comérselo, que nadie como él había entrado nunca por esa puerta del templo de la cultura.

Él, por otro lado, llevaba mucha mili a las espaldas, quizás demasiada, viejo comisario, ya jubilado, hijo también de comisario. Él, lo fue durante años de dictadura, de transición, su padre, comisario en la misma ciudad, lo fue durante los años de la segunda república, y estuvo en el frente durante la guerra civil, luchó por lo que pensaba que era su deber. En Madrid, en la universidad complutense, junto a las Brigadas Internacionales, intentando que los sublevados no entraran en Madrid. Ya saben ¡No Pasarán!, pero que al final si que pasaron, y como pasaron.

Recuerdo muchas anécdotas que me contaba durante los descansos entre clase y clase, ya saben, entre arte del antiguo Egipto e historia contemporánea de Alemania, mi amigo el ex comisario, me soltaba una batallita propia, o ajena, de su padre o de algún amigo que aún sigue vivo, y ahora estudia filosofía en la universidad de en frente.

Nunca le oí referirse a los acontecimientos en los que aparecían dependiendo del día, de la época, de la situación del país, o de si la batalla era suya o de su padre, de modo despectivo o partidário. Daba igual que los protagonistas fueran brigadístas, quintacolumnistas, de la ugeté, de la ceeneté, o de la Ceda, que el tipo hubiera hecho la mili en los Regulares de Ceuta o Melilla, o de que lado del frente dieran al contrario las suyas y la de su prima la de Alpedrete, en la batalla de Guadarrama. No importaba, si el que salia perdiendo era un comunista intentando pasar desapercibido en el Madrid del 45, o era un gris, chusco y de mala catadura, que mascaba tabaco mientras sacudía a algún estudiante que pedía amnistía para sus compañeros. No importaba, ya les digo, nunca le escuché condenar a unos o a otros, decir que unos eran los buenos y otros los malos, que si este tiene razón y aquel es un descerebrado. Nunca, se lo prometo por mis Asterix. Él hablaba, contaba y después callaba, nos miraba y cuando aún se podía fumar, encendía un cigarrillo negro, después, sacaba un caramelo de menta y chascaba la lengua. Tras ello, nos decía desde lo alto de la atalaya que le donaba la experiencia recibida: pensadlo chicos, no todo lo que dicen los libros tiene que ser como dicen, no olvidéis que los libros los escriben personas, igual que los periódicos. La verdad esta en los libros, es cierto, pero para atisbarla, hay que leer muchos, comparar y pensar, sobre todo pensar.

Es cierto, unos cuantos años después, lo veo claro, pero también veo claro, que además de leer muchos libros, varios periódicos al día, de todas las tendencias políticas y lo mismo con las radios, me atrevería a añadir, que hay otra cosa importante, y esa es escuchar, escuchar y escuchar, el doble o el triple que hablar, escuchando se aprende más que leyendo-o casi-, sobre todo cuando el que habla tiene mucho que ofrecer. Ese es uno de los errores claros de la juventud de hoy, creemos que lo sabemos todo, solo por haber leído un libro, por haber escuchado una opinión de un profesor, de un periodista, o de cualquier cantamañanas que sale en la televisión. Pensando que tenemos la verdad, la única y que nadie podrá ofrecernos nada nuevo, nada que no sepamos.

Una de las historias que recuerdo con cariño, fue una que nos contó en la puerta del Museo del Prado de Madrid, una lluviosa mañana del mes de diciembre. Eran los últimos años de la dictadura del caudillo, la situación estaba muy movida en todo el país, también lo estaba en la ciudad donde él llevaba a cabo su labor como comisario principal, uno de los detenidos esos días en la zona, era uno de los delincuentes más peligrosos de la región, a sus espaldas más de cincuenta atracos a mano armada, un secuestro, y cuatro o cinco fiambres. Detenido en la comisaria central, encerrado sin derecho a comer, hasta que no soltara todo el hilo que tenía enmarañado en su cabeza, y en el expediente que el comisario tenía entre sus manos. Así pasaron las horas, supongo que alguna que otra paliza le caería en el calabozo-no estaba el aceite para buñuelos en España, y tampoco eran tiempos para la lírica-. Cuando ese día llegó la hora de comer y de cenar, mi amigo el ex comisario salió a la tasca más cercana, tras llenar la barriga, compró un bocadillo de embutido-tanto a la hora de comer, como a la de cenar-, y en ambos momentos, al entrar en la sala donde estaba el detenido, se lo ofreció, diciendo: “ Anda, toma come, que estos te quieren matar de hambre. Pero yo eso tampoco voy a permitirlo”. El reo comía, sin abrir casi la boca, sin agradecer que el comisario, le pagara la comida de su propio bolsillo.

Pero ese agradecimiento llegó días después, pues en un intento de fuga, este delincuente, hirió a varios policías, no recuerdo si tras su actuación murió alguien, pero cuando estuvo a punto de huir, el comisario se le planto delante, el delincuente levantó el arma y le apuntó al pecho, pero, al darse cuenta que la persona que estaba ante él era el comisario que le había subido los bocadillos, apartó la pistola y lo golpeo con la culata en la cara, dejándolo herido, pero sano y salvo. Tras ser de nuevo detenido y puesto a buen recaudo, mi amigo el ex comisario le preguntó el porque de su acto. A lo que él contesto sin más: “Eres el único polizonte que me ha tratado como un ser humano, no merecías morir de una forma tan cruel”.

Hoy me acordaba de esta anécdota, que mi amigo nos contó con todo lujo de detalles, mientras nos calábamos hasta los huesos en la puerta del museo más importante de España. La he recordado con más cariño si se puede, pues mi amigo no murió de una forma cruel aquel día, sino que lo ha hecho ayer, en su casa, rodeado de su familia. Que la tierra le sea leve.


2 comentarios: