miércoles, 11 de julio de 2012

EL SITIO DE TARIFA. (y II).


Les contaba la semana pasada como se dio el asunto este del asedio de la ciudad gaditana de Tarifa, pues bien continuemos donde lo dejamos.

Tras la respuesta del general Copons al general Levall, este no tuvo otra que dar la cara, a sabiendas de que se la iban a partir, pero mejor eso que una pataleta de Napoleón y una temporada en el frente ruso, degradado a petit caporal-ya saben que cuando el petit se cabreaba, se ascendía o descendía en el escalafón que daba gusto-, asique haciendo de tripas corazón, cogió a su chicos y tras decirles que rezaran lo que supieran, pero mañana nos vamos a meter de cabeza en la boca del lobo, asique monsieurs, agárrense los machos, que mañana no vamos a llenar de gloria, y de heroísmo, y de todo eso, ya saben mon cheris, Liberté, Egalité y etceteré.

De lo que nos vamos a llenar es de metralla y pólvora que te rilas-dijo por lo bajíni un oficial rubio y fortachón-. Situado al fondo de los oficiales de coraceros.

-Usted se calla, si no le importa, y ahora me dice su nombre, y dese por arrestado a partir de mañana, si es que sigue de una pieza, comprépan o rian.

Por aquel entonces, la ciudad de Tarifa estaba fortificada, fortificación que consistía en en el Castillo de Guzmán, y un frágil cuadrilátero con 26 torreones donde se guarecía la población, a salvo del fuego enemigo, teniendo a su espalda para poner pies en polvorosa si fuese necesario, la Isla de las Palomas y el Fuerte de Santa Catalina. Copons artilló el fuerte, y preparó una cisterna y almacenes en la isla, sirviéndose de un subterráneo, que ya existía por entonces, y que todo el pueblo conocía como “Cueva de las moras”, por si a los franceses se les ocurría tomarse en serio lo de tomar la plaza.

Todas las personas que se encontraban en Tarifa, se pusieron manos a la obra, todos se pusieron codo con codo, cortaron calles, las barricaron con rejas de ventanas arrancadas, incluso 300 marineros de la ciudad se alistaron de forma voluntaria, estas fuerzas junto a los soldados españoles y unos cuantos más ingleses, se postularon, esperando el ataque francés, ataque que se produjo, pasadas las dos horas que el general Levall dio de margen.

Los franceses, destruyeron el torreón de Jesús, abriendo una gran brecha, por donde se colaron nada menos que 23 compañías francesas, las cuales fueron recibidas como se merecían por supuesto, con una lluvia de pólvora y metralla desde cada una de las ventanas que se abrían a su paso, y desde las cuales los vecinos tenían posibilidad de zumbarle la badana al francés de turno, caía aceite hirviendo desde las ventanas mal altas, hasta los chiquillos les lanzaban piedras desde lo alto de las tapias lejanas. Hay que joderse con estos españoles-pensaba Lavall, se toman la Gran Armada de Francia a chirigota, y hasta hacen caricaturas del Emperador, mientras nosotros les matamos de hambre. Tiene guasa el asunto. Una explosión lo sacó de su ensimismamiento, las explosiones de artillería, venían acompañadas de las cargas de turno llevadas a cabo por el personal que allí se encontraba para la ocasión. Esos campesinos bravos, pequeños, se van a hacer botas para el vino con las tripas de mis soldados, pensaba el general Levall, mientras veía caer puntos azules a lo lejos.

Tal fue la batalla que presentaron los militares y la población civil de Tarifa, que el general Levall, no tubo más remedio que recular, dejando atrás entre muertos y herido a 500 hijos de Francia. Teniendo que volver, bajándose los pantalones y pidiendo parlamento al general Copons, mucho más crecido de ánimo el español, y bastante menos el francés, dejando de exigir que se rindieran, para pasar a decir que silvuplé, que si podemos hablar y ya de paso me dejes recoger a los chicos, que se están desangrando, y como se entere Napoleón allá en la Francia de la escabechina, me voy a comer un marrón del tamaño del sombreo de un togueador, que dicen ustedes.

A lo que el general Copons contestó, que de toreador nada, que si eso, será de un picador, y que vale, que le da esa tregua y que además serán los propios tarifeños los que ayuden a evacuar a los heridos gabachos. Al final va a resultar buen tio el Copons este, mascullaba por lo bajo el general francés Levall, además los tiene bien puestos, que pena que sea español y no un hijo del petit Emperador de las narices, más cojones y menos parafernalia es lo que nos hace falta en este país.

Unos días después, y tras la bajada de pantalones del mandamás gabacho, el tiempo se puso del lado de el general Copons y de los tarifeños, pues comenzó a llover sobre la zona como si no hubiera mañana, tanto fue lo que jarreó que el arroyo que cruzaba la ciudad no dio más de sí, y el torrente de agua se desbordó directamente sobre las trincheras francesas, privando de lugar de asedio y de abrigo a los sitiadores, los cuales el 5 de enero de 1812, tuvieron que levantar el sitio de Tarifa, huyendo con el rabo y las bayonetas entre las piernas, dando otro disgusto al petit cabrón, y a los mariscales emperifollados que revoloteaban a su alrededor, vestidos como si fueran a salir a una opereta, en vez de a un campo de batalla.

Tras esto, los tarifeños encomendados a la Virgen de la Luz-la llevaron a hombros hasta la muralla-, y los sacerdotes que hablaban de cepillarse a los gabachos como si nada, que además no es pecado-decían, expoleándo al ciudadano, para que les sacaran las asaduras a esos perros infiles gabachos-, esos curas de sotana raída, que morían muchas veces fusilados en medio de la plaza del pueblo, mientras escupían en la cara a los soldados franceses que les iba a picar el billete. Esas personas valientes que morían por defender el honor de un rey que no era valiente, ni tenía ese honor por el que sus súbditos derramaban sangre, y se dejaban pintar muriendo y matando por Francisco de Goya.

Ese si que sabe pintar bien la furia española, y el sufrimiento francés, que pena que no estuviese aquí para pintarnos hoy, pensaba el general Levall, mientras volvía sobre sus pasos, retrocediendo en la plaza. A ver quien nos pinta a nosotros cuando regresemos a París....Si es que regresamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario