miércoles, 5 de septiembre de 2012

SOBRE ELECTRICISTAS Y SECRETARIOS VATICANOS.

Hay cosas que no suelen fallar, es cerrar el secreto de sumario y es abrirse las especulaciones, les soy sincero, yo me lo esperaba, pues no es de recibo que el Codex Calixtinus se perdiera de buena manera y apareciera por obra y gracia del santo tal y como ocurrió, no es ni de novela negra ni fantasiosa, es de risa.

Me explico, el robo del siglo, como lo catalogaban muchos, va a resultar, que se ha convertido en el robo de los Tonetti. Puesto que el malísimo electricista de la catedral de Santiago, ahora se achanta, y dice que él, no quiere saber nada, que a él ni la va ni le viene, y que en el asunto del robo, él no fue más que un mandado. Un mandado de las altas instancias del templo compostelano, como se puede entender. Algo poco o nada descabellado para el españolito de a pie, yo ya les digo, me lo esperaba, esto, o algo por el estilo.

Resulta que según el gran ladrón de joyas medievales, ha confesado que él se llevó el libro de marras, después de que el deán de dicha catedral se lo diera, que ese “secuestro”, por supuesto fue perfectamente planeado por ese tipo, y otro personaje de más nivel dentro de la institución compostelana, que el dicho deán, aquí les dejo que hagan sus apuestas, yo ya he realizado las mías. El caso, es que además del Códice, y de otros santos libros, también medievales, que se encontraron en el trastero del electricista-libros que parece ser el deán no echo de menos en ningún momento-, fueron sustraídos de su lugar a sabiendas del cabildo de la catedral compostelana, no solo eso, planeado por máximo representante.

Ahora si, ahora me explico mejor el origen de la gran cantidad de dinero-millones de euros, que no es lógico en casa de un autónomo-, que se le requisó al ex-electricista de la catedral de Santiago, pues ya se imaginan el trueque: “Usted amigo electricista, se lleva a su casa este libro, me lo cuida bien, no lo ponga a la luz, ni a la humedad, y ya dentro de unos meses yo se lo pido y santas pascuas, por su puesto, yo le doy una bolsa llena de dinero para que este callado y no me busque problemas”.

Y yo, ya lo siento, pero me creo la teoría del electricista, ya ven, y me lo creo porque hace no mucho-días antes de la aparición del Codex Calixtinus-, el famoso deán, decía a la prensa, que tenía el presentimiento de que en breve aparecería el Codex sano y salvo, y además-milagro-,el día del santo. Resultó fianlmente, que se equivoco, tal vez porque se fue de la lengua y si hubiese aparecido el día que profetizó, la gente mal pensada se hubiera mosqueado, por eso apareció días después, pero bien sabía él, que pronto aparecería, en donde y en que estado. Por eso me creo al electricista, por eso, y porque a lo largo de mi vida-por motivos profesionales-, he visitado en varias ocasiones el Vaticano y he tenía la suerte-o lo que sea-, de estrechar las manos de embajadores de la Santa Sede, Nuncios y Camarlengos, y se de buena tinta, que esa gente, no dejaría mangonear, portar llaves de cámaras de seguridad, ni pasearse por los entresijos de una de las catedrales más importantes del cristianismo, a un simple y triste electricista, que además ya ni trabajaba en el lugar. Yo soy un incrédulo sin fe, y sin remedio, ya ven. Pero allá cada cual. Solo digo que desde el último año compostelano-2010-, y hasta el próximo, pasarán mucho años, y la catedral, el santo y el negocio de marras, necesita publicidad. Y que mejor.

Pero lo peor de todo, es que no es el último chivo expiatoria de la santa iglesia católica, pues un asunto similar a lo acaecido en la capital de Galicia, ocurre, o está ocurriendo en el centro del mundo cristiano, la Ciudad del Vaticano. Los topos del Vaticano, vuelven a dar que hablar en cada rincón del mundo, los topos vaticanos no son asunto nuevo, pero si es nuevo el chivo expiatorio al que apuntan con dedos ansiosos de poder y dinero, capaces de vender a su madre, o a su hijos-llámenlos sobrinos-, por ascender en el seno del Señor-y sino pregúntele a Juan Pablo I-.

Pues bien, este no es otro que Paolo Gabriele “Paoletto”, el secretario personal del Papa, al que una parte de la curia vaticana, hace responsable de la filtración de ciertos documento confidenciales, y al cual, oh!, casualidad, también le han encontrado en su casa un montón de estos papeles clasificados como reservados.

Me lo imagino en su casa por las mañanas, tomando su capuccino y su cornetto de crema, y leyendo estos documentos, eligiendo con cual extorsionaría a Benedicto XVI, para ascender en su puesto, buscando ser supongo Vice Papa o algo por el estilo, mientras se los muestra a su señora y sus tres hijos, soltando una risa diabólica de malo malicioso de película yanqui.

Y mientras tanto los miembros de la curia vaticana, arzobispos, cardenales-papables y no papables-, temblando de miedo en sus fríos y austeros aposentos, temerosos del joven secretario vaticano, que tiene al Estado Vaticano cogido por la coquilla. Todavía me estoy riendo, mientras intento que no me salte la válvula y presentarme en la catedral de Santiago, o en la Plaza de San Pedro, para leerles la biblia a unos cuantos, mientras me cisco el ciertos individuos, y llamarles como mínimo caraduras.

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