miércoles, 19 de diciembre de 2012

ANDANZAS NACIONALES.



 

Creo haberlo dicho en esta página alguna vez, y si no es así lo haré hoy; Hay días en los que es mejor no escuchar las noticias. Seguro que muchos de ustedes tienen la costumbre de leer alguna publicación, diarios, dominicales, o revistas del corazón, incluso escuchar algún programa matinal de radio mientras mojan el churro-entiéndanme bien, no se me vayan por cerros de Úbeda-, o la magdalena. Pues bien, a mí esta mañana se me han atragantado los crispies. Escuchaba una entrevista que me hizo toser desesperadamente mientras daba un trago largo de café con leche, y sacudía esquizofrénicamente el transistor sin dar crédito a lo que estaba oyendo.

Como era de esperar, la “noticia”, o más bien la barrabasada que acababa de oír en la radio pública saltó a la palestra en cuestión de minutos, y todos los medios de comunicación nacionales y alguno extranjero, mostraban el careto del tipo en cuestión junto a alguna de sus perlas entrecomilladas. Hablo del actual presidente del Consejo General del Estado Español, el cual se lamentaba ante el micrófono de todos, de tener que viajar en clase turista, defendiendo esta afirmación con frases tales; “no es la mejor imagen” u “ocupo un cargo muy importante que necesita cierto reconocimiento”.

Lo dice el tipo, que asumió su cargo tras la dimisión de su antecesor en el cargo, el cual, no se iba ni con agua caliente, tras ser acusado de gastar casi treinta mil euros de dinero público en más de treinta viajes privados, y sin justificar. Marchándose un mes más tarde por la puerta trasera, después de pasearse por la calle jurando y perjurando que él no tenía nada que ver con el asunto. Finalmente, hizo lo que debería haber hecho el primer día, dimitir, eso sí, diciendo que lo hacía sin conciencia de culpa y sintiéndose víctima de una campaña en su contra. Supongo que el actual presidente del CGPJ, no se refería a este caso cuando hablaba de “mejor imagen”, porque la que están dando ellos, es una imagen perfecta que te rilas.

Pero a mí, a pesar de tener claro que este individuo es un impresentable con chorreras, que se lamenta de no viajar en business y tener que codearse con la chusma, en vez de preocuparse de la que está cayéndole al país en general y a la justicia en particular-y la que le va a caer, porque esto no lo arregla ni Superman hasta las trancas de ginebra azul-, sus quejas y reproches me hicieron pensar, reflexionar, me hicieron recordar. Pues no hace falta irse a las grandes esferas políticas o financieras para ver como el dinero público se lanza por el sumidero. Esos gastos estúpidos están en la calle, en nuestra vida diaria. Buscarlos, percatarse de ellos y apuntar con el dedo al culpable es un ejercicio muy fácil, es casi analgésico si me apuran.

Recuerdo un caso en concreto, les pongo en situación; Ciudad de Cádiz, una de las más pobres de España, una de las ciudades donde la crisis más daño ha hecho, una ciudad con un alto fracaso escolar, la ciudad española que más población ha perdido en los últimos diez años, y donde el paro alcanza casi a un cuarenta por ciento de la población. Una ciudad donde cualquier apoyo económico y de trabajo es importante, donde cada euro que cae en las arcas públicas se debería usar en la creación de empleo, para que muchas familias de la Tacita de Plata puedan subsistir y encontrar una salida, a lo que unos políticos llaman desaceleración económica y otros llaman herencia socialista, mientras disfrutan del menú más caro en Lhardy por supuesto, dándose besos en la boca y diciéndose que buenos somos, coño.

Pues bien, el consistorio de Cádiz, dirigido por una de esas políticas que hablan de la herencia socialista-lleva como alcaldesa dieciocho años-, ha hecho un gran uso de ese dinero tan escaso en la ciudad. Y esa gran inversión es; Una pantalla interactiva que conecta Cádiz con la ciudad colombiana de Cartagena de Indias. Con dos cojones.

Un tótem de pantalla, cámara y dispositivo de sonido ambiente de última generación, que junto a otro módulo con micrófono y altavoces, sirve para conversar con gente que se encuentra en otra céntrica plaza de la ciudad colombiana. Su objetivo-según nota oficial-, es tratar de unir ambas plazas con una comunicación bidireccional, que permita a los ciudadanos de ambas urbes interrelacionarse, manteniendo un contacto directo y cercano, como si compartieran el mismo espacio. Una ventana virtual para asomarse a la ciudad hermana. Concluye.

El día de la inauguración ya pueden imaginarse, alcaldesa, rector de la universidad y gerente del consorcio del Bicentenario de tiros largos, haciendo el tonto delante de una pantalla carísima donde salían reflejados los mismos cargos de la ciudad latinoamericana. Fotos, frases vacías de contenido y promesas de utilización profesional e inteligente del sofisticado invento. Ya ven un gasto necesario tanto en una ciudad como en la otra, y que supongo no tardaran en desmontar y vender al chatarrero de turno.

Como se podrán imaginar astutos lectores, segundos después de que se marcharan la gente guapa y las cámaras, el uso de la pantalla interactiva dejaba mucho que desear, con conversaciones de tan alto nivel cultural como la que mantenían un hombre con gorra naranja y unos jóvenes colombianos; “Falcao, bueno muy bueno, el otro día metió cinco goles” o grandes observaciones internacionales tales como; “Los taxis de vuestra ciudad son de color amarillo, como el Cádiz, el Cádiz viste de color amarillo”. A lo que los jóvenes del otro lado del océano Atlántico, contestaron con una frase no menos acorde con el alto nivel de la charla; “¿Hay alguna chica por allí?, que salude y la veamos a ver qué tal está”. Lo dicho. País de chirigota.

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