miércoles, 30 de enero de 2013

PAMPLONA, PROVINCIA DE SANTANDER.




     Hace unos días paseaba por el centro de una ciudad española, una de las más antiguas y bellas, de calles estrechas y empedradas. Me van a permitir que omita tanto el nombre del barrio, así como el de la ciudad en la que me encontraba, no es importante para el asunto en cuestión y alguien podría acusarme de hacer un flaco favor a la ciudad.

     Era un grupo de tres o cuatro chicas jóvenes de unos dieciocho o veinte años-no más-, caminaban unos pasos por delante de mí, mientras hablaban de sus cosas supongo, eso sí, cada una de ellas llevaba en sus manos un teléfono móvil de última generación. Algo normal a día de hoy, cualquiera puede verlo en las plazas o parques, incluso a niños pequeños que antes corrían tras una pelota entre los bancos y los rosales, y que ahora se pasan el día con las posaderas en uno de esos bancos, jugando al fútbol en sus pequeñas consolas o teléfonos. Como les digo era algo normal, por lo que no llamó mi atención, hasta que en un momento dado del camino, una de las chicas- la situada más a la izquierda-, interrumpió la conversación de la otras planteando una pregunta; ¿Pamplona de dónde es?. La más cercana a ella respondió que era de Bilbao o de por ahí, pero rápidamente una tercera amiga la corrigió, diciendo que de eso nada, que Pamplona es de Santander, tal cual, ni siquiera nombró la provincia, sino la ciudad. Rematando el asunto con la frase; lo sé bien porque mis padres han ido un par de veces. Al escuchar tal atrocidad geográfica de la boca de una adulta o pre-adulta, me planteé muchas cosas, y muy pocas buenas.

     No culpo de ese estrepitoso desconocimiento del suelo patrio a las chicas, por lo menos no de todo, son jóvenes, todos lo hemos sido-con lo que eso implica-, y si además no te resultan  interesante ciertos temas, desconectas y dejas a tú profesor que cuente lo que le salga del cimbrel, total-piensas-, con tres suspensas paso de curso. Pero el problema más grave, el que realmente tiene la culpa de fomentar esta ignorancia, de esta laguna cultural, son los planes educacionales de este patio de vecinos que algunos llamamos España.

     Como se dice en mi tierra, no se puede pedir peras al olmo, y con los ejemplares de ministros de educación que hemos tenido en los dos últimos gobiernos españoles-por no hablar del actual ministro del ramo, al cual prefiero ni nombrar-, bastante bien estamos. Como la ex-presidenta de Madrid Esperanza Aguirre, que en su anterior etapa como ministra de educación del Pepé, confundió, en medio de la Feria del Libro de Madrid al premio Nobel de literatura José Saramago con la pintora Sara Mago, y se quedó tan ancha, o la socialista Carmen Calvo que cuando le demandaron una aclaración sobre la mala ortografía del estudiante medio, contestó con más retranca que sentido; que los jóvenes españoles no escribían mal, sino que ellos usaban su propia lengua, los sms y el chat. Para echarse a temblar, mientras haces el macuto y te largas.

     España tiene, ha tenido y tendrá un problema básico, pero de difícil solución según pintan los bastos, esa dificultad viene dada porque desde hace muchas décadas, España no ha contando con un ministro o ministra de educación y cultura que cuente con educación y cultura, esa falta de  conocimiento sobre el tema hace que sólo den palos de ciego, y a veces esos palos alcanzan a los estudiantes. No puedo aceptar que un ministro de sanidad no haya sido médico, o no tenga una preparación cercana al campo que le toca dominar y ordenar, y tampoco lo permito por supuesto, en el campo de la educación, pero nuestros presidentes si lo hacen, demasiado a menudo por cierto, solo recopilen los estudios y los puestos de los últimos ministros españoles, y verán el porqué de muchos males de este solar hispano.

      En cuanto a los planes de educación que nos sacan los colores, qué decir, asuntos tan importantes para crear la base de las futuras generaciones, que son realizados por botarates con despacho público, valija diplomática y sueldo vitalicio, cuya máxima preocupación es cantar bien fuerte por la mañana. Dejando la educación bajo mínimos, con sus leyes nacionales, que después se cambian en las autonomías por problemas ideológicos o religiosos-casi siempre-, y no por la búsqueda de la mejora, que tras ello, deben pasar por los tentáculos del mamoneo y del caciquismo antes de aterrizar en las aulas. Haciendo de todo este compendio una serie de catastróficas desdichas,  que se convierten en datos desagradables cuando se publica el informe PISA, que todos los años nos da un guantazo cultural en nuestra ignorante cara. Haciéndonos pasear nuestro ridículo sistema socio-económico y político por el mundo, permitiéndonos la desfachatez de despreciar los cerebros más brillantes de nuestro país desde los tiempos de los Reyes Católicos, y mandarlos al exilio para que otros aprovechen su labor. Ya saben, pasen, vean y por favor. Llévenselos.  

miércoles, 23 de enero de 2013

TEORÍA Y PRAXIS DEL POLÍTICO ESPAÑOL.


     A veces, y los que sean lectores habituales de esta página lo sabrán, me gusta inventarme situaciones posibles, o no, tal vez descabelladas no lo sé, eso ya queda al libre entendimiento del lector. Pues bien, hoy me he levantado con la mosca detrás de la oreja, con una idea rondándome la quijotera, y como escribir es mi analgésico personal preferido me he puesto a hundir tecla.

     Pues bien, imagine querido lector un país cálido, un país que se creó, que se formó gracias a un aglutinamiento de pueblos de todo tipo, de culturas, de conocimientos, de distintas religiones, un bello país, de magníficos monumentos, grata gastronomía y vieja historia. Un país que tuvo, que tiene y que posiblemente tendrá, grandes personajes que escribirán muchas y transcendentales páginas en la historia general de la humanidad, y que lo harán en todos su ámbitos; medicina, educación, historia, literatura, arte. Ya me entienden, un país de aquellos, a los que se puede tildar de avanzado, social y culturalmente. Lo que los más políticamente correctos, esos que se la sujetan con papel de fumar en el uso de terminologías, llamarían primer mundo. 

     Imagine también, que desde hace no mucho tiempo esté país tan avanzado vive en un estado democrático, un poco complicado de mantener en algunos casos, pero que a trompicones se ha ido llevando a cabo, un lugar donde se ata los perros con longanizas, donde se construyen cientos  o miles de edificios, de pisos y que todos se venden a precios desorbitados, porque todo el mundo tiene dinero para pagarlos a tocateja y sino, lo tiene el banco o la caja de turno, que por supuesto y sin problema alguno se lo presta, a un alto tanto por ciento por supuesto. Ya se lo vas devolviendo cuando puedas, o cuando quieras incluso llegan a decir. Unos bancos que empiezan a tener en sus filas de directores y consejeros a esos fecundos responsables de la democracia sana y salva del país, ya que sí son capaces-piensan-, de llevar a cabo a la perfección la economía y el futuro del país, como no van a poder hacerlo con un simple banco, con una simple caja de ahorros, que al fin y al cabo solo son  pequeñas empresas.

     Cierto que es fácil de imaginar, ¿verdad?. Es una situación increíble, estupenda que te rilas oye, como si se tratara de un país futurista o nórdico. 

      Pero resulta que tras esa cara de buen rollismo popular, de sol y fiesta, se asoma una sombra oscura, una sombra pesada, y larga, tanto como la de los cipreses. Observamos que tras las buenas palabras, las supuestas buenas intenciones-que normalmente no son tales-, se esconde el verdadero país, sus verdaderos problemas y sobre todo, sus verdaderos políticos. Tipos y tipas paniaguados, cetrinos y cínicos. Que prometen y prometen para conseguir el apoyo de los habitantes, o por lo menos su voto, que al fin y al cabo es lo único que de verdad les interesa, para seguir haciendo el bien y tal.

     El asunto se enquista cuando nos acercamos más y observamos ese llamado proceso democrático, o lo que venden como tal. Vemos entonces, que esa democracia es en realidad un  compadreo, que en ciertos casos-bastantes-, se vuelve en mamoneo puro y duro, perlado de bolsas de basura llenas de dinero público, de espías privados pagados por dinero de todos, que ya no sólo investigan a la oposición política, sino que buscan sacar los trapos sucios de su propio partido, de sus "compañeros" de filias y fobias. 

     Cuanto más te aproximas, más claro ves los nubarrones de color plomo y  con olor a azufre, pues tras la fachada reluciente-fachada diseñada por un arquitecto moderno, casi de sueldo autonómico de la costa mediterránea. Fachada que sale a testículo de palmípedo, y que tanto cuesta mantener en buen estado pues esta realizada con pésimos materiales-, se esconden elementos menos vistosos, digamos. Poco a poco las trama de corrupción comienzan a salirse por los laterales, y ya no se tapa ni con esa magnífica fachada, haciendo que el futuro de ese gran país huela a pútrido desde lejos. Haciendo que nadie se fíe de nadie, que la gente este más tiempo en la calle pidiendo derechos que en su casa, y que la policía en vez de estar investigando y deteniendo a estos corruptos que gobiernan el país, se dedican a resaltar la marca de dicho país en la espalda de lo que piden explicaciones y derechos.

     Hablamos de un país donde ni siquiera se salva la familia más "digna" y "real" de las allí presentes, con su escudo heráldico de sangre azur sobre campo de gules, y con un yerno que ha pasado de meter goles con la selección española, a meter la mano en la bolsa de los españoles, ya ven, cosa de la terminología de nuevo y de la cara dura.

      Mientras tanto la educación y la sanidad pública se va al mismo tiempo que se van sus trabajadores y sus estudiantes, esos mismos que antes decíamos tienen en sus manos escribir páginas importantes de la próxima historia, y que muy posiblemente la escribirán en nombre de los países de acogida. Este país ideal, que cambia de gobiernos por castigo y no por premio, donde la oposición, solo tiene que esperar a que los gobernantes metan la pata para que la gente les de todos sus votos, su mayoría. Que tiene un presidente que no sabe manejar ni su despacho, y que bastante tiene con esconderse tras el sillón para que no le den los cuchillos y las balas que se tiran sus propios subordinados.

     Un país en el que Alí Babá y los cuarenta ladrones no llegarían ni a concejaluchos, en donde un gran número de miembros de un partido político están imputados a lo largo y ancho de todo el país,  imputación que finalmente se solucionó imputando y condenando al juez que les buscaba las cosquillas. Un gran y bonito país, en donde se privatizan empresa públicas mientras se está en el gobierno, y que cuando se deja de estar en ese gobierno se trabaja de director o de consejero en las empresas antes privatizadas, un lugar donde se lleva a cabo una amnistía fiscal para que los mafiosos se rían aún más si cabe de los trabajadores, y que curiosamente, sirve para que un tipo limpie los millones públicos que robó durante sus años al frente de la tesorería del partido que aplicó esta amnistía. 

     Suena a novela negra, policiaca, incluso parecería exagerado para una obra literaria, pero no lo es tanto. Y además, no hay que buscar muy lejos.

miércoles, 16 de enero de 2013

LOS CIEGOS Y EL ELEFANTE.



     Hace unos días me recordaron una anécdota o cuento que leí hace ya unos cuantos años, pero que sin duda se podría aplicar a nuestra sociedad contemporánea, la verdad es que no hay nada como mirar de forma global para darse cuenta de que esto, a lo que llamamos vida, se forma de movimientos circulares y repetitivos, avisándonos de que todo se repite, tanto lo bueno como lo malo.

     El cuento en sí, es una historia de origen indio, seguro que alguno de ustedes lo ha escuchado o leído con anterioridad. Les pongo en antecedentes, nos encontramos en un pequeño pueblo en algún lugar remoto de la India, en un tiempo indefinido y en un lugar también indefinido, pero en todo caso, estamos en un pequeño pueblo de la India, tan pequeño y tan alejado de las grandes ciudades, que se daba el caso de que en ese exiguo lugar, nunca nadie había visto un elefante. Pues bien, dio la casualidad de que cierto día llegó a la aldea uno de estos animales, lo que desató el correspondiente revuelo en la población y sobretodo de la chiquillería que corrían en torno a él, chillándose los unos a los otros de forma entusiasta, como si sus compañeros de juego no hubieran visto al animal, evidentemente todo el pueblo se lanzó a la calle para ver la extraordinaria bestia. Todos quedaron sorprendidos, unos por su tamaño, otros por su forma, otros por el global de las cualidades del voluminoso y robusto animal.

     Se da la circunstancia de que el pueblo contaba con tres hombres ciegos, a los cuales, al igual que a todos sus vecinos les había hecho mucha ilusión la llegada del extraño animal a su humilde y paupérrima aldea, como todos, se lanzaron a la calle con la idea de acercarse a la bestia, evidentemente por su problema visual, ninguno de ellos podían hacerse cargo de la envergadura del bicho en cuestión. Entonces, uno de los individuos que se encontraban a su lado tuvo una idea. Esta idea, consistía en que los ciegos se acercaran al animal de uno en uno y tocándolo, se hicieran una idea de como era el elefante. Bueno, pues tras la asimilación de la idea, se fueron acercando según la manera establecida, el primero de ellos, se puso delante del animal y agarró su trompa, tocándola poco a poco y con tranquilidad, cuando el primer ciego se apartó, se acercó así el segundo, este decidió tocar una de las patas del animal, tras tomárselo con calma y cuando creyó que ya tenía suficiente se apartó también, dejando su sitio al tercer ciego, el cual se aproximó por detrás y tocó la cola del elefante.

     Cuando el elefante se hubo ido y todo el pueblo se había vuelto a introducir en su cruel y desdichada monotonía, uno de esos hombre del pueblo, de los que se habían deleitado con la extraña presencia, se dirigió a los ciegos interesándose por lo que este animal había suscitado a sus convecinos. A la pregunta de que les había parecido el animal, el primer ciego, el que había tocado su trompa, dijo, que el elefante era como una serpiente larga y gorda. El segundo, el que se había hecho con la pierna, dijo que de eso nada, que el elefante era como una columna fuerte, rígida y de gran espesura, a lo que el tercer ciego les espetó que si estaban tontos o se habían pasado con el curry, que el elefante, realmente era como una cuerda. Como entre los tres no llegaron a ponerse de acuerdo de manera pacifica, decidieron arreglar sus desavenencias golpeándose en la cabeza con sus bastones.

   Como ven ninguno tenia razón por un simple motivo, porque ninguno tuvo la oportunidad o el interés por admirar o tocar el animal de forma global, sino que se conformaron con tocar y analizar la zona que más cerca le quedaba, olvidándose del resto. Pues bien, resulta que la moraleja de este cuento indio me recuerda mucho a la sociedad política y social en la que nos encontramos actualmente en España. En mi subconsciente, el elefante haría referencia a España, y cada uno de los ciegos se transformaría en distintivos miembros públicos de nuestra vida, véase, el primero de ellos sería el presidente del gobierno de la nación, el segundo seria el presidente del primer partido de la oposición y el tercero de ellos, seria una amalgama o un cajón de sastre, en el que se entremezclarían los distintos sindicatos y los miembros de la patronal. Como bien habrán comprobado no doy nombres, sinceramente me da igual que o quienes y cual sea su ideología- si es que alguno todavía la conserva-, pues como en alguna ocasión he dicho son el mismo perro con distinto collar, y como se dice en mi tierra, entre lobos no se muerden. Pero lo que si es cierto de nuestros políticos y representantes es que no entienden lo que acontece en su país, ni lo que les pasa a sus habitantes-sean votantes suyos o no-, pues no son capaces de ver más allá de la parte del terreno que les toca, es decir, se hacen fuertes en su feudo, sin pensar en ningún momento que el resto del país puede ser distinto o pensar de otra manera a lo que ellos creen. Esto de la globalidad y de observarlo todo desde el punto de vista general, haciéndonos una idea más global, es una cosa que si hacemos los ciudadanos, los que estamos en la calle. Puede ser que para darse cuenta de esto haya que estar en la calle a diario y no parapetado en sus caros despachos, solo saliendo de ellos a darse palos en el congreso o donde toque con sus oponentes, como hacían los ciegos.

     Pues lo dicho, que cada uno haga suya la historia y la similitud arriba presentada, y saque de ellas sus conclusiones o su tesis más acertadas, pero lo cierto, es que puede cambiar el gobierno, y los personajes que los componen, pueden cambiar los sindicatos y sus representantes y pueden cambiar al director de la patronal, pero lo que no cambiara nunca será la pasividad y la incapacidad de estos para ver la globalidad de un país y de sus habitantes.