miércoles, 16 de enero de 2013

LOS CIEGOS Y EL ELEFANTE.



     Hace unos días me recordaron una anécdota o cuento que leí hace ya unos cuantos años, pero que sin duda se podría aplicar a nuestra sociedad contemporánea, la verdad es que no hay nada como mirar de forma global para darse cuenta de que esto, a lo que llamamos vida, se forma de movimientos circulares y repetitivos, avisándonos de que todo se repite, tanto lo bueno como lo malo.

     El cuento en sí, es una historia de origen indio, seguro que alguno de ustedes lo ha escuchado o leído con anterioridad. Les pongo en antecedentes, nos encontramos en un pequeño pueblo en algún lugar remoto de la India, en un tiempo indefinido y en un lugar también indefinido, pero en todo caso, estamos en un pequeño pueblo de la India, tan pequeño y tan alejado de las grandes ciudades, que se daba el caso de que en ese exiguo lugar, nunca nadie había visto un elefante. Pues bien, dio la casualidad de que cierto día llegó a la aldea uno de estos animales, lo que desató el correspondiente revuelo en la población y sobretodo de la chiquillería que corrían en torno a él, chillándose los unos a los otros de forma entusiasta, como si sus compañeros de juego no hubieran visto al animal, evidentemente todo el pueblo se lanzó a la calle para ver la extraordinaria bestia. Todos quedaron sorprendidos, unos por su tamaño, otros por su forma, otros por el global de las cualidades del voluminoso y robusto animal.

     Se da la circunstancia de que el pueblo contaba con tres hombres ciegos, a los cuales, al igual que a todos sus vecinos les había hecho mucha ilusión la llegada del extraño animal a su humilde y paupérrima aldea, como todos, se lanzaron a la calle con la idea de acercarse a la bestia, evidentemente por su problema visual, ninguno de ellos podían hacerse cargo de la envergadura del bicho en cuestión. Entonces, uno de los individuos que se encontraban a su lado tuvo una idea. Esta idea, consistía en que los ciegos se acercaran al animal de uno en uno y tocándolo, se hicieran una idea de como era el elefante. Bueno, pues tras la asimilación de la idea, se fueron acercando según la manera establecida, el primero de ellos, se puso delante del animal y agarró su trompa, tocándola poco a poco y con tranquilidad, cuando el primer ciego se apartó, se acercó así el segundo, este decidió tocar una de las patas del animal, tras tomárselo con calma y cuando creyó que ya tenía suficiente se apartó también, dejando su sitio al tercer ciego, el cual se aproximó por detrás y tocó la cola del elefante.

     Cuando el elefante se hubo ido y todo el pueblo se había vuelto a introducir en su cruel y desdichada monotonía, uno de esos hombre del pueblo, de los que se habían deleitado con la extraña presencia, se dirigió a los ciegos interesándose por lo que este animal había suscitado a sus convecinos. A la pregunta de que les había parecido el animal, el primer ciego, el que había tocado su trompa, dijo, que el elefante era como una serpiente larga y gorda. El segundo, el que se había hecho con la pierna, dijo que de eso nada, que el elefante era como una columna fuerte, rígida y de gran espesura, a lo que el tercer ciego les espetó que si estaban tontos o se habían pasado con el curry, que el elefante, realmente era como una cuerda. Como entre los tres no llegaron a ponerse de acuerdo de manera pacifica, decidieron arreglar sus desavenencias golpeándose en la cabeza con sus bastones.

   Como ven ninguno tenia razón por un simple motivo, porque ninguno tuvo la oportunidad o el interés por admirar o tocar el animal de forma global, sino que se conformaron con tocar y analizar la zona que más cerca le quedaba, olvidándose del resto. Pues bien, resulta que la moraleja de este cuento indio me recuerda mucho a la sociedad política y social en la que nos encontramos actualmente en España. En mi subconsciente, el elefante haría referencia a España, y cada uno de los ciegos se transformaría en distintivos miembros públicos de nuestra vida, véase, el primero de ellos sería el presidente del gobierno de la nación, el segundo seria el presidente del primer partido de la oposición y el tercero de ellos, seria una amalgama o un cajón de sastre, en el que se entremezclarían los distintos sindicatos y los miembros de la patronal. Como bien habrán comprobado no doy nombres, sinceramente me da igual que o quienes y cual sea su ideología- si es que alguno todavía la conserva-, pues como en alguna ocasión he dicho son el mismo perro con distinto collar, y como se dice en mi tierra, entre lobos no se muerden. Pero lo que si es cierto de nuestros políticos y representantes es que no entienden lo que acontece en su país, ni lo que les pasa a sus habitantes-sean votantes suyos o no-, pues no son capaces de ver más allá de la parte del terreno que les toca, es decir, se hacen fuertes en su feudo, sin pensar en ningún momento que el resto del país puede ser distinto o pensar de otra manera a lo que ellos creen. Esto de la globalidad y de observarlo todo desde el punto de vista general, haciéndonos una idea más global, es una cosa que si hacemos los ciudadanos, los que estamos en la calle. Puede ser que para darse cuenta de esto haya que estar en la calle a diario y no parapetado en sus caros despachos, solo saliendo de ellos a darse palos en el congreso o donde toque con sus oponentes, como hacían los ciegos.

     Pues lo dicho, que cada uno haga suya la historia y la similitud arriba presentada, y saque de ellas sus conclusiones o su tesis más acertadas, pero lo cierto, es que puede cambiar el gobierno, y los personajes que los componen, pueden cambiar los sindicatos y sus representantes y pueden cambiar al director de la patronal, pero lo que no cambiara nunca será la pasividad y la incapacidad de estos para ver la globalidad de un país y de sus habitantes.

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