miércoles, 23 de enero de 2013

TEORÍA Y PRAXIS DEL POLÍTICO ESPAÑOL.


     A veces, y los que sean lectores habituales de esta página lo sabrán, me gusta inventarme situaciones posibles, o no, tal vez descabelladas no lo sé, eso ya queda al libre entendimiento del lector. Pues bien, hoy me he levantado con la mosca detrás de la oreja, con una idea rondándome la quijotera, y como escribir es mi analgésico personal preferido me he puesto a hundir tecla.

     Pues bien, imagine querido lector un país cálido, un país que se creó, que se formó gracias a un aglutinamiento de pueblos de todo tipo, de culturas, de conocimientos, de distintas religiones, un bello país, de magníficos monumentos, grata gastronomía y vieja historia. Un país que tuvo, que tiene y que posiblemente tendrá, grandes personajes que escribirán muchas y transcendentales páginas en la historia general de la humanidad, y que lo harán en todos su ámbitos; medicina, educación, historia, literatura, arte. Ya me entienden, un país de aquellos, a los que se puede tildar de avanzado, social y culturalmente. Lo que los más políticamente correctos, esos que se la sujetan con papel de fumar en el uso de terminologías, llamarían primer mundo. 

     Imagine también, que desde hace no mucho tiempo esté país tan avanzado vive en un estado democrático, un poco complicado de mantener en algunos casos, pero que a trompicones se ha ido llevando a cabo, un lugar donde se ata los perros con longanizas, donde se construyen cientos  o miles de edificios, de pisos y que todos se venden a precios desorbitados, porque todo el mundo tiene dinero para pagarlos a tocateja y sino, lo tiene el banco o la caja de turno, que por supuesto y sin problema alguno se lo presta, a un alto tanto por ciento por supuesto. Ya se lo vas devolviendo cuando puedas, o cuando quieras incluso llegan a decir. Unos bancos que empiezan a tener en sus filas de directores y consejeros a esos fecundos responsables de la democracia sana y salva del país, ya que sí son capaces-piensan-, de llevar a cabo a la perfección la economía y el futuro del país, como no van a poder hacerlo con un simple banco, con una simple caja de ahorros, que al fin y al cabo solo son  pequeñas empresas.

     Cierto que es fácil de imaginar, ¿verdad?. Es una situación increíble, estupenda que te rilas oye, como si se tratara de un país futurista o nórdico. 

      Pero resulta que tras esa cara de buen rollismo popular, de sol y fiesta, se asoma una sombra oscura, una sombra pesada, y larga, tanto como la de los cipreses. Observamos que tras las buenas palabras, las supuestas buenas intenciones-que normalmente no son tales-, se esconde el verdadero país, sus verdaderos problemas y sobre todo, sus verdaderos políticos. Tipos y tipas paniaguados, cetrinos y cínicos. Que prometen y prometen para conseguir el apoyo de los habitantes, o por lo menos su voto, que al fin y al cabo es lo único que de verdad les interesa, para seguir haciendo el bien y tal.

     El asunto se enquista cuando nos acercamos más y observamos ese llamado proceso democrático, o lo que venden como tal. Vemos entonces, que esa democracia es en realidad un  compadreo, que en ciertos casos-bastantes-, se vuelve en mamoneo puro y duro, perlado de bolsas de basura llenas de dinero público, de espías privados pagados por dinero de todos, que ya no sólo investigan a la oposición política, sino que buscan sacar los trapos sucios de su propio partido, de sus "compañeros" de filias y fobias. 

     Cuanto más te aproximas, más claro ves los nubarrones de color plomo y  con olor a azufre, pues tras la fachada reluciente-fachada diseñada por un arquitecto moderno, casi de sueldo autonómico de la costa mediterránea. Fachada que sale a testículo de palmípedo, y que tanto cuesta mantener en buen estado pues esta realizada con pésimos materiales-, se esconden elementos menos vistosos, digamos. Poco a poco las trama de corrupción comienzan a salirse por los laterales, y ya no se tapa ni con esa magnífica fachada, haciendo que el futuro de ese gran país huela a pútrido desde lejos. Haciendo que nadie se fíe de nadie, que la gente este más tiempo en la calle pidiendo derechos que en su casa, y que la policía en vez de estar investigando y deteniendo a estos corruptos que gobiernan el país, se dedican a resaltar la marca de dicho país en la espalda de lo que piden explicaciones y derechos.

     Hablamos de un país donde ni siquiera se salva la familia más "digna" y "real" de las allí presentes, con su escudo heráldico de sangre azur sobre campo de gules, y con un yerno que ha pasado de meter goles con la selección española, a meter la mano en la bolsa de los españoles, ya ven, cosa de la terminología de nuevo y de la cara dura.

      Mientras tanto la educación y la sanidad pública se va al mismo tiempo que se van sus trabajadores y sus estudiantes, esos mismos que antes decíamos tienen en sus manos escribir páginas importantes de la próxima historia, y que muy posiblemente la escribirán en nombre de los países de acogida. Este país ideal, que cambia de gobiernos por castigo y no por premio, donde la oposición, solo tiene que esperar a que los gobernantes metan la pata para que la gente les de todos sus votos, su mayoría. Que tiene un presidente que no sabe manejar ni su despacho, y que bastante tiene con esconderse tras el sillón para que no le den los cuchillos y las balas que se tiran sus propios subordinados.

     Un país en el que Alí Babá y los cuarenta ladrones no llegarían ni a concejaluchos, en donde un gran número de miembros de un partido político están imputados a lo largo y ancho de todo el país,  imputación que finalmente se solucionó imputando y condenando al juez que les buscaba las cosquillas. Un gran y bonito país, en donde se privatizan empresa públicas mientras se está en el gobierno, y que cuando se deja de estar en ese gobierno se trabaja de director o de consejero en las empresas antes privatizadas, un lugar donde se lleva a cabo una amnistía fiscal para que los mafiosos se rían aún más si cabe de los trabajadores, y que curiosamente, sirve para que un tipo limpie los millones públicos que robó durante sus años al frente de la tesorería del partido que aplicó esta amnistía. 

     Suena a novela negra, policiaca, incluso parecería exagerado para una obra literaria, pero no lo es tanto. Y además, no hay que buscar muy lejos.

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