miércoles, 9 de julio de 2014

UNA HISTORIA DE ROMA (y III)


Como les iba contando hace unos días-cuando nos quedamos en la mejor parte del asunto, cuando empezaba la marcha –estamos en pleno colapso económico y social del Imperio Romano. Y como algunos ya barruntarán, las coincidencias entre esos tiempos lejanos y los actuales no se iban a quedar ahí.

            Pues bien. Fíjense, y esto es de órdago que decía un profesor mío. La corrupción en el Imperio Romano, y la cantidad de denarios quemados en obras públicas innecesarias fue tal, que hasta Roma tuvo sus grupos de indignados en las calles. Como lo oyen, gente cansada de que se lo llevaran muerto los de arriba y pagasen los de siempre. Estos grupos de indignados al estilo romano, llevaron a cabo lo que con el tiempo conoceremos como Revueltas Baugadas-el 15-M de la antigua Roma-. A estos grupos que protestaban contra la corrupción del Imperio, se les conocía como hemos dicho, como Bagaudas, que en galo significa “tropa”. A los que los tertulianos del Ágora digital terrestre, y demás conservadores llamarían despectivamente-supongo, entiéndanme la ironía- Canem cornum, o perroflautas de toda la vida, como les designan ahora los analistas de la derecha mediática.

            Estos movimientos, se pondrán en funcionamiento durante el siglo III a. C, sobre todo en los territorios de Hispania y en la Galia. Los componían básicamente campesinos, gente que había abandonado la ciudad con la crisis, pequeños comerciantes y esclavos huidos. Futuros asamblearios, miembros de círculos ciudadanos, y futuros votantes de Possumus, cuyo líder parece ser, usaba coleta y respondía al nombre de Saulo Basilicum-creo-.

            Estos Bagaudas, no se sublevan buscando la independencia de sus territorios frente al Imperio Romano, como mucho han querido ver. No son nacionalistas tampoco, solamente críticos con el momento y los gobernantes con los que le ha tocado vivir, y luchadores contra la sinrazón de un gobierno, que hacía lo que quería sin escuchar a su pueblo-no sé si les suena-. El historiador romano del siglo V d.C, Salviano de Marsella, escribió sobre ellos lo siguiente: Prefirieron vivir libremente con el nombre de esclavos, que ser esclavos manteniendo solo el nombre de libres.

            Estos grupos de gente comenzaron a manifestarse, y con el tiempo llegaron a producir disturbios por todo el Imperio Romano, pero aunque hubo rebeliones por todas partes, sería sobre todo en Tarraco donde los Bagaudas y sus movimientos cobrarán una especial fuerza. Imagínense la escena, los Indignados del siglo III d.C protestando contra sus gobernantes, y la Guardia Pretoriana de turno sacudiéndoles la badana con las porras de cuero por portar los estandartes de la Roma Republicana, en vez de las de la Roma Imperial. Porque eso era anti constitucional y tal…

            Sin embargo, estos movimientos desde su nacimiento estaban abocados al fracaso, a ser una rebelión sin sentido, pues el gobierno romano por entonces ya no tenía solución, ya estaba muerto y nadie se había dado cuenta aún. Pero como en todos los casos de río revuelto siempre hay ganancias para algunos pescadores, en este no iba a ser menos. Muchos se aprovecharon de la crisis más grave del Imperio para ir montando unas nuevas bases de gobierno, las que más tarde acabarían siendo las bases de la sociedad feudal. Comenzaran a esclavizar a sus empleados, que más tarde serían los siervos de los señores medievales. Trayendo así, con la búsqueda de su propio beneficio, la definitiva caída del Imperio de Roma. Más tarde, llegarían las hordas bárbaras y se alimentarían del cadáver putrefacto de la antigua Roma.

            Por ello, como contaba al principio de esta serie de artículos, cuando paseo por estas viejas ciudades, por las ruinas de lo que fueron centros importantes de población me pregunto, con miedo, o tal vez con preocupación, como de posible sería que el Imperio en el que ahora nos han hecho creer que vivimos, pueda derrumbarse y acabar desapareciendo. Y sobre todo, si ahora con tantos avances y tantos estudios políticos y sociales, seriamos capaces de darnos cuenta de lo que se nos viene encima. Si lo veríamos venir, o si como me temo, solo nos daremos cuenta de ello cuando ya estemos muertos. Aunque tal vez ya lo estemos.

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