miércoles, 27 de agosto de 2014

EL FAUSTO


            La tranquila tarde del 20 de julio de 1968 no parecía distinta a las otras. El clima cálido de aquella época en las Canarias acompañaba al motopesquero El Fausto cuando arribaba al embarcadero de Las Puntas, junto a las costas de La Frontera en la isla del Hierro, portando plantones de plataneros para una finca del valle del golfo de la isla. Esa misma madrugada, la del 21 de julio volvían con el trabajo realizado al puerto de Tazacorte en la Isla de la Palma.

            Justo antes de partir del puerto de Las Puntas, un hombre joven, mecánico y paisano de la isla les pidió que por favor le acercaran hasta casa, pues era tarde y su niña recién nacida se encontraba enferma. Ellos conociéndolo le dijeron que claro, además ese día los tripulantes no eran cuatro como solían, sino tres, pues uno de ellos había decidido quedarse en tierra celebrando las fiestas patronales de la localidad. Deberían haber llegado a sus casas seis o siete horas después. Pero algo fue mal.

            El barco se retrasaba más de lo normal, las familias preocupadas se pusieron en contacto con el propietario de El Fausto, y éste inquieto por no saber nada de sus chicos alertó a la ayudantía militar de marina de Santa Cruz de la Palma. Ellos, mediante la estación de radio dieron el primer toque a los barcos que se encontraban en la zona por si veían algo extraño, pero nadie vio ni escucho nada, a pesar de que El Fausto tenía prácticamente catorce metros de eslora.

            Hasta que la madrugada del día 25 un buque inglés, de nombre La Duquesa, dio con El Fausto a 95 millas de la Palma, según el capitán los encontró cansados, y aseguró que en un primer momento decidieron quedarse a bordo del buque, pero que después cambiaron de opinión y prefirieron volver a El Fausto para continuar camino a casa. El capitán del buque inglés, Raimon Philips les marcó rumbo y les dejó agua, víveres y gasoil para 18 horas de navegación. Poniéndose a su vez en contacto con la estación Radio Costera, avisando de que El Fausto llegaría al puerto de Tazacorte a lo largo de la siguiente tarde. Pero de nuevo esa llegada nunca se produjo.

            Así pasaron los días, el SAR de Canarias comenzó a buscar la embarcación, tanto por mar como por aire, movilizando al avión Heinkel He-111 de la base de Jerez, el hidroavión de alto alcance Gruman Albatross que se encontraba trabajando en la Punta de Igualada al oeste de La Gomera, la fragata Magallanes, el hidrográfico Castor y los remolcadores de la armada RA-2, RA-4 y RA-5. Incluso se intentó movilizar un avión de largo alcance que pertenecía al SAR de Dakar, pero no se encontraba disponible. Como ven fue un dispositivo de altura, y de carácter internacional. Se peinó una superficie aproximada a la de la Península Ibérica, llegando a gastar más de un millón de pesetas en el infructuoso rescate. Tras diecisiete días, el día 7 de agosto las autoridades dieron por finalizada la búsqueda de El Fausto oficialmente. Lo que en un primer momento se creyó una leve avería de motor, que hubiera llevado al motopesquero a mar abierto por culpa de viento del nordeste, se había convertido en una extraña desaparición.

            Hasta que el 9 de noviembre del año 1968 llegó una nueva noticia al archipiélago canario, el carguero genovés Anna Di Maio, que se dirigía a Panamá para cruzar al Pacifico encontró El Fausto a unas 1200 millas de Las Canarias, y casi a mitad de camino de Venezuela. La certeza de la noticia se llegó cuando el capital del Di Maio confirmó la matricula del motopesquero español. En esa primera comunicación informaron que habían encontrado un único hombre muerto a bordo, éste apareció en la sala de máquinas semi-momificado, debido a la falta de ingesta de agua. Pero gracias a una marca de nacimiento la familia pudo reconocer a Julio García Pino, justamente el único ocupante que no era tripulante del barco, sino el palmero que se había subido a la embarcación para que sus tripulantes lo acercaran a casa, junto a su mujer y su hija. También en este primer mensaje los marineros avisaron que no había ningún tipo de papeles a bordo, ni rastro del rol, del flete o de cartas náuticas entre otros.

            Poco después llegaría una segunda comunicación contradictoria, en la que se decía que se entregarían los papeles encontrados a bordo a las autoridades judiciales en Puerto Cabello, localidad venezolana donde el Di Maio iba a realizar una escala técnica. Con este segundo mensaje llegaría también la tercera y definitiva desaparición de El Fausto.

            Como confirmarían en la rueda de prensa ofrecida en tierras venezolanas por los tripulantes del carguero italiano, el barco con nombre El Fausto había desaparecido de forma misteriosa a eso de las seis y media de la madrugada, después de que el capitán ordenara vigilancia del motopesquero, que se llevaba a la pendura del carguero atado con un mecate muy grueso y del cual en un momento de despiste desapareció. Nunca se supo si se soltó, lo robaron o algún elemento chocó contra El Fausto, abriéndole una vía de agua y llevándole al fondo del Atlántico.

            En cuanto a los papeles que entregaron a las autoridades pertinentes, se trataban de una especie de diario que llevaba encima el único cadáver encontrado, era una libreta de anillas, de las que muchos llevamos encima para anotar cualquier cosa. La libreta contaba con 28 páginas, pero solo apareció en si interior la última, las otras 27 anteriores habían sido arrancadas. En la última se podía leer a modo de despedida, con mala caligrafía y a lapicero el adiós del finado a su mujer, en el que le decía que no le contara a su hija como había acabado. Lo cierto es que esa última hoja, era el final de un relato narrado con todo lujo de detalles y pormenores de la historia que habían vivió los tripulantes de El Fausto. Pero nunca se recuperaron esas veintisiete páginas, que aclararan el misterio. Al igual que nunca se volvió a saber nada del cómo, ni del porqué de la misteriosa desaparición de El Fausto y de sus otros tres tripulantes.

miércoles, 6 de agosto de 2014

CONSPIRACIONES VATICANAS O EL NO PAPA GREGORIO XVII


Todos los que están leyendo esta página lo han vivido alguna vez en su vida, en mí caso ha ocurrido en dos ocasiones. Me refiero al tiempo que va desde que el maestro de ceremonias Litúrgicas Pontificias cierra las puertas de la Capilla Sixtina, durante la ceremonia del Extra Omnes, hasta que las puertas de la balconada de la basílica de San Pedro del Vaticano se abren, y antes de que aparezca un nuevo Papa en escena, se dice el famoso Habemus Papam. Me refiero al Cónclave.

            Es una formula medievalista de dar a conocer al que va a ser el representante religioso y quasi político del mundo cristiano. Ya saben, la incomunicación con el exterior durante días o semanas, los votos secretos quemados en una vieja estufa, que da a conocer al exterior la decisión de los purpurados mediante el color del humo que de ella sale. Cierto es que se han cambiado los métodos, ya no se usa paja húmeda o seca para dar el color negro o blanco a las fumatas, sino que se usan productos químicos. Pero si hay algo que no ha cambiado durante el paso de los años en los cónclaves, son las jugadas sucias por hacerse con el papado, las zancadillas y la conspiración en las paredes vaticanas. El de hoy es un ejemplo de ello, curioso y que ha pasado bastante desapercibido en la sociedad, pero no dentro del hermético Estado Vaticano.

            Me gustaría hablarles de Giuseppe Siri, de origen italiano y cardenal de la diócesis de Génova-Bobbio hasta el año 1987. El tipo en cuestión es prácticamente un desconocido, pero en un par de ocasiones estuvo a punto de ser el nuevo Papa de Roma. O para ser más exactos, lo llegó a ser al menos en dos ocasiones. Me explico.

            Cuando en el año 1958 muere Pio XII, todos los purpurados en edad de ser papables acuden raudos a Roma. Tras llevar a cabo los ritos necesarios, se encierran en la sala ricamente decorado por los frescos de Miguel Ángel para llevar a cabo las primeras votaciones del nuevo Cónclave. Todo muy normal, incluso como es costumbre los primeros días se pasan sin llegar a ninguna decisión, y los dos favoritos-Il Preferiti- siguen siendo el progresista Giovanni Battista Montini y el conservador Giuseppe Siri. Hasta que una tarde, el humo de la chimenea que aparece en la plaza de San Pedro es banco, blanquísimo, no hay duda: fumata bianca. Incluso la propia radio Vaticana comunica en directo, que sin duda en el interior estaban teniendo lugar los ritos de aceptación del nuevo Papa.

            Pero de repente, ese humo blanquísimo comienza a tornarse grisáceo, y tan solo cinco minutos después de que la plaza comenzara a celebrar la decisión de los purpurados, el humo que salía de la vieja chimenea se había convertido en una humareda negra. Habría que esperar dos días más para conocer al nuevo Papa, definitivamente el honor recayó sobre Angelo Giussepe Roncalli, que pasaría a la historia como Juan XXIII. ¿Pero que había ocurrido realmente dos días antes? ¿Por qué lo que fue claramente fumata blanca se convirtió repentinamente en negra?

            La respuesta la encontró el investigador Paul. L. Williams, cuando el 10 de abril de 1961 se hizo con los documentos desclasificados que la C.I.A había dedicado al cónclave de 1958. En ellos, se aclara que en efecto el cardenal Giuseppe Siri había sido elegido nuevo Papa por los dos tercios de votos necesarios. El propio Siri había aceptado la elección, e incluso había elegido su nombre como Papa: Gregorio XVII. Pero minutos después de la proclamación, los cardenales pertenecientes a la Europa Oriental (por aquel entonces la Guerra Fría se encontraba en sus momentos más tensos), habían hecho ver a Siri, que si asumía esa responsabilidad habría grandes desordenes y asesinatos de clérigos tras el Telón de Acero. Tras esta advertencia y las siguientes presiones, Giuseppe Siri renunciaría por primera vez a su papado, solo cinco minutos después de ser nombrado Sumo Pontífice.

            Pero no sería la única vez. En el año 1963, tras la muerte de Juan XXIII, y con el Concilio Vaticano II aún abierto, hubo un nuevo Cónclave. El carácter conservador de Siri no le daba muchas oportunidades esta vez, pues la curia buscaba seguir con el Concilio y para ello necesitaban el ala progresista del Vaticano. Pero investigadores como el padre Malachi Martin, aseguran que tras arduas votaciones, Giuseppe Siri volvió a ganar la votación. De nuevo eligió el nombre de Gregorio XVII, y de nuevo una advertencia, o amenaza-esta vez en papel-, le hizo retirar su candidatura y renunciar al trono de Pedro. Dejando paso libre a Giovanni Montini, Pablo VI.

            Años después, en 1978 el cónclave que eligió como Papa a Albino Lucciano, Juan Pablo I, también contó con Siri como favorito hasta las últimas votaciones. Y un mes y medio después tras la muerte de Lucciano, Siri volvió a aparecer en todas las quinielas. El Vaticano buscaba un Papa conservador, más aún si era cierto como se decía que los aires reformistas de Juan Pablo I le habían costado la vida. Pero la igualdad de las votaciones, hizo que los cardenales buscaran un candidato de consenso, y el beneficiado como saben fue un casi desconocido Karol Wojtyla, que por una avería de coche a unos cincuenta quilómetros de Roma, casi no llega al que sería el conclave que lo entronaría como Juan Pablo II.

            No es de extrañar que desde que se comenzó a fraguar la leyenda del no Papa Gregorio XVII, naciera una corriente dentro del catolicismo denominada Sedevacantismo, que no reconoce a ninguno de los pontífices posteriores a 1958, pues creen que el verdadero Papa debió de ser Gregorio XVII, y no Juan XXIII, y por ello para los seguidores de esta corriente, todos los cardenales que han ocupado la cátedra de Pedro desde entonces son conocidos como los anti-Papa.

            Como ven las puertas de la Capilla Sixtina lleva muchos años escondiéndonos muchas más cosas que las simples y limpias votaciones de un grupo de cardenales. Sus complots, mecanismos de poder y puñaladas nos quedan a veces demasiado lejos, y demasiado ocultas. Aunque con el tiempo la luz se va posando sobre ellas. ¿Qué no nos quedará por saber de las últimas sacudidas, y rocambolescos acontecimientos acaecidos en las entrañas del centro neurálgico y económico de la cristiandad?