miércoles, 6 de agosto de 2014

CONSPIRACIONES VATICANAS O EL NO PAPA GREGORIO XVII


Todos los que están leyendo esta página lo han vivido alguna vez en su vida, en mí caso ha ocurrido en dos ocasiones. Me refiero al tiempo que va desde que el maestro de ceremonias Litúrgicas Pontificias cierra las puertas de la Capilla Sixtina, durante la ceremonia del Extra Omnes, hasta que las puertas de la balconada de la basílica de San Pedro del Vaticano se abren, y antes de que aparezca un nuevo Papa en escena, se dice el famoso Habemus Papam. Me refiero al Cónclave.

            Es una formula medievalista de dar a conocer al que va a ser el representante religioso y quasi político del mundo cristiano. Ya saben, la incomunicación con el exterior durante días o semanas, los votos secretos quemados en una vieja estufa, que da a conocer al exterior la decisión de los purpurados mediante el color del humo que de ella sale. Cierto es que se han cambiado los métodos, ya no se usa paja húmeda o seca para dar el color negro o blanco a las fumatas, sino que se usan productos químicos. Pero si hay algo que no ha cambiado durante el paso de los años en los cónclaves, son las jugadas sucias por hacerse con el papado, las zancadillas y la conspiración en las paredes vaticanas. El de hoy es un ejemplo de ello, curioso y que ha pasado bastante desapercibido en la sociedad, pero no dentro del hermético Estado Vaticano.

            Me gustaría hablarles de Giuseppe Siri, de origen italiano y cardenal de la diócesis de Génova-Bobbio hasta el año 1987. El tipo en cuestión es prácticamente un desconocido, pero en un par de ocasiones estuvo a punto de ser el nuevo Papa de Roma. O para ser más exactos, lo llegó a ser al menos en dos ocasiones. Me explico.

            Cuando en el año 1958 muere Pio XII, todos los purpurados en edad de ser papables acuden raudos a Roma. Tras llevar a cabo los ritos necesarios, se encierran en la sala ricamente decorado por los frescos de Miguel Ángel para llevar a cabo las primeras votaciones del nuevo Cónclave. Todo muy normal, incluso como es costumbre los primeros días se pasan sin llegar a ninguna decisión, y los dos favoritos-Il Preferiti- siguen siendo el progresista Giovanni Battista Montini y el conservador Giuseppe Siri. Hasta que una tarde, el humo de la chimenea que aparece en la plaza de San Pedro es banco, blanquísimo, no hay duda: fumata bianca. Incluso la propia radio Vaticana comunica en directo, que sin duda en el interior estaban teniendo lugar los ritos de aceptación del nuevo Papa.

            Pero de repente, ese humo blanquísimo comienza a tornarse grisáceo, y tan solo cinco minutos después de que la plaza comenzara a celebrar la decisión de los purpurados, el humo que salía de la vieja chimenea se había convertido en una humareda negra. Habría que esperar dos días más para conocer al nuevo Papa, definitivamente el honor recayó sobre Angelo Giussepe Roncalli, que pasaría a la historia como Juan XXIII. ¿Pero que había ocurrido realmente dos días antes? ¿Por qué lo que fue claramente fumata blanca se convirtió repentinamente en negra?

            La respuesta la encontró el investigador Paul. L. Williams, cuando el 10 de abril de 1961 se hizo con los documentos desclasificados que la C.I.A había dedicado al cónclave de 1958. En ellos, se aclara que en efecto el cardenal Giuseppe Siri había sido elegido nuevo Papa por los dos tercios de votos necesarios. El propio Siri había aceptado la elección, e incluso había elegido su nombre como Papa: Gregorio XVII. Pero minutos después de la proclamación, los cardenales pertenecientes a la Europa Oriental (por aquel entonces la Guerra Fría se encontraba en sus momentos más tensos), habían hecho ver a Siri, que si asumía esa responsabilidad habría grandes desordenes y asesinatos de clérigos tras el Telón de Acero. Tras esta advertencia y las siguientes presiones, Giuseppe Siri renunciaría por primera vez a su papado, solo cinco minutos después de ser nombrado Sumo Pontífice.

            Pero no sería la única vez. En el año 1963, tras la muerte de Juan XXIII, y con el Concilio Vaticano II aún abierto, hubo un nuevo Cónclave. El carácter conservador de Siri no le daba muchas oportunidades esta vez, pues la curia buscaba seguir con el Concilio y para ello necesitaban el ala progresista del Vaticano. Pero investigadores como el padre Malachi Martin, aseguran que tras arduas votaciones, Giuseppe Siri volvió a ganar la votación. De nuevo eligió el nombre de Gregorio XVII, y de nuevo una advertencia, o amenaza-esta vez en papel-, le hizo retirar su candidatura y renunciar al trono de Pedro. Dejando paso libre a Giovanni Montini, Pablo VI.

            Años después, en 1978 el cónclave que eligió como Papa a Albino Lucciano, Juan Pablo I, también contó con Siri como favorito hasta las últimas votaciones. Y un mes y medio después tras la muerte de Lucciano, Siri volvió a aparecer en todas las quinielas. El Vaticano buscaba un Papa conservador, más aún si era cierto como se decía que los aires reformistas de Juan Pablo I le habían costado la vida. Pero la igualdad de las votaciones, hizo que los cardenales buscaran un candidato de consenso, y el beneficiado como saben fue un casi desconocido Karol Wojtyla, que por una avería de coche a unos cincuenta quilómetros de Roma, casi no llega al que sería el conclave que lo entronaría como Juan Pablo II.

            No es de extrañar que desde que se comenzó a fraguar la leyenda del no Papa Gregorio XVII, naciera una corriente dentro del catolicismo denominada Sedevacantismo, que no reconoce a ninguno de los pontífices posteriores a 1958, pues creen que el verdadero Papa debió de ser Gregorio XVII, y no Juan XXIII, y por ello para los seguidores de esta corriente, todos los cardenales que han ocupado la cátedra de Pedro desde entonces son conocidos como los anti-Papa.

            Como ven las puertas de la Capilla Sixtina lleva muchos años escondiéndonos muchas más cosas que las simples y limpias votaciones de un grupo de cardenales. Sus complots, mecanismos de poder y puñaladas nos quedan a veces demasiado lejos, y demasiado ocultas. Aunque con el tiempo la luz se va posando sobre ellas. ¿Qué no nos quedará por saber de las últimas sacudidas, y rocambolescos acontecimientos acaecidos en las entrañas del centro neurálgico y económico de la cristiandad?

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