lunes, 29 de septiembre de 2014

V PREMIO HISTÓRICO LITERARIO REVISTA HADES



V Concurso de trabajos de historia sobre el entorno de la Bahía Gaditana de la Revista Hades

 

 
 
El pasado Jueves se hizo publico el fallo del jurado del V concurso de trabajos históricos literarios organizado por la revista HADES, sobre el entorno de la Bahía de Cádiz. En el que he sido reconocido con dos premios.
 
 
1) Primer premio y publicación del trabajo en la revista que se publicará en noviembre de 2014, cuyo título es : "Alejandro Malaspina y José de Bustamante, dos innovadores expedicionarios".
 
2) Primer accésit y publicación del trabajo en la revista que se publicará en noviembre de 2015, cuyo título es: "Benito Soto Aboal, el último pirata español".
 
 
 
En un corto periodo de tiempo colgaré en esta página suya y mía el artículo, y la revista de este año, y pronto espero hacer lo mismo con la del siguiente año.
 
Un saludo.
 
 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

UNA FURTIVA LÁGRIMA D´AMORE


           Hay en este país muchas circunstancias y personajes importantes que pasan de puntillas, desapercibidos para la sociedad actual a pesar de la importancia que tuvieron, o tienen para la historia de este patio de vecinos mal avenidos a la que algunos se empeñan en seguir llamando España. En esta página-suya y mía-, me gusta sacarlos de vez en cuando a relucir, ya saben: un pirata olvidado, un diputado doceañista soñador, una rebelión oculta, una conspiración ahogada, un aventurero que cayó con un rey analfabeto y que en vez de valorar- y pagar-, sus descubrimientos lo metió en la trena…etc.

            Pues bien hoy vamos a sacar a flote a un personaje que no descubrió nuevas tierras, ni confabuló contra ningún gobierno, sino que fue un tipo que cambió para bien la historia de la ópera en España, llegando a convertirse-según muchos entendidos-, en el mejor tenor de todos los tiempos.

            Era navarro-con todo lo que eso significa-, de Roncal. Donde nació un 9 de enero de 1844. Sus padres decidieron llamarlo Julián, Julián Gayarre Garjón. Comenzó a trabajar de pastor en los valles cercanos, hasta que más tarde pasó a trabajar de dependiente en una mercería de Pamplona. Allí fue donde entró, a la edad de catorce años en contacto con la música por primera vez, cuando por la puerta de la mercería pasó una banda de música que atrajo la atención del joven Julián, llegando a salir detrás de ella, siguiéndola por las calles cercanas. Lo que le costó el puesto de trabajo.

            Será ya con 21 años cuando decide cambiar su vida, dejando atrás su trabajo como herrero y probando suerte con la música. Se presentó a las pruebas que llevaban a cabo para crear el nuevo Orfeón pamplonés, su nivel de canto era tal que rápidamente le contratan como primer tenor. Gracias al apoyo de Hilarión Eslava, consiguió un beca para estudiar solfeo en el conservatorio de Madrid con Lázaro Mª Puig, presentándose por primera vez al público en Tudela en el año 1867.

            Un año después estallará la Revolución de “La Gloriosa” que acabaría con el reinado de Isabel II. Revolución que él apoyaría, pues su ideología liberal y de corte republicano así se lo pedía, aunque pronto se arrepintió. Pues uno de las primeras medidas que tomó el nuevo gobierno estatal, fue la supresión de las plazas de pensionados del conservatorio en el que él estudiaba. Se quedó en la calle.

            Durante este tiempo decidió seguir en Madrid, ganándose la vida como buenamente pudo. Hasta que un año después de quedarse sin beca, decidió presentarse ante el maestro Gaztambide. El rechazo que el tenor navarro sufrió por parte de este, lo hundió en la depresión. Tanto que decidió volver a Navarra con el rabo entre las piernas. Pero además de contar con una voz única, Gayarre contaba también con unos buenos y bien posicionados amigos, que no pararon hasta que consiguieron que la diputación Foral de Navarra lo becara con 6.000 reales para seguir sus estudios en Italia.

            De aquí en adelante la vida de Gayarre cambió totalmente, al fin consiguió el éxito. Éxito, que él siempre vinculó a un golpe de suerte, pero un golpe desgraciado en su día. Pues justo antes de debutar como primer tenor el 21 de octubre de 1869 en el teatro de Varesse, recibió un telegrama anunciándole la muerte de su madre. Aquel día representaba la ópera cómica “L´elisir d´amore” de Donizetti, y cuando salió a escena para interpretar la romanza “Una furtiva lágrima d´amore” lo hizo con tanto sentimiento desgarrado y con tal emoción que cautivó al público presente.

            Sus éxitos se sucedieron a partir de esa noche, su nombre sonaba en todo el mundo y apareció en los libretos de los principales auditorios y teatros del mundo: Pisa, Como, Roma, San Petersburgo, Moscú, Viena, Scala de Milán, Colón de Buenos Aires, Covent Garden de Londres, Los Italianos de París, el San Carlos de Lisboa, Liceo de Barcelona, Monteacarlo, y sobre todo Teatro Real de Madrid, entre otras muchos. Incluso llegó a actuar en el año 1888 en las funciones regias de la Exposición Universal de la ciudad Condal. El diario Le Figaro dio en París una fiesta en su honor. El rey Luis I de Portugal le condecoró con la Orden de Santiago, la Reina María Cristina de España le concede la Cruz de Carlos III, y el gobierno español le otorgó la Cruz de Isabel La Católica.

            Su fama llegó a su zenit en el año 1889, representando en el Teatro Real de Madrid “Los pescadores de perlas” de Georges Bizet. Mientras pisaba las tablas del por entonces más importante teatro del país, Julián Gayarre se desmayó en mitad de su actuación. Pocos meses después Gayarre fallecía. Posiblemente, debido a un cáncer de laringe-la cual le extrajeron-, que se vio agravado por una fuerte gripe.

            En 1890 fue despedido por una de las mayores manifestaciones de dolor y duelo recordado en la ciudad de Madrid, camino a su pueblo natal de Roncal, donde desde entonces descansa su cuerpo embalsamada. Con él, se fue posiblemente el mejor tenor de todos los tiempos, o al menos uno de los más capaces de la historia. Más de ciento treinta años después de su fallecimiento, Gayarre ha quedado como un genio tan solo para los entendidos y lo melómanos, pasando desapercibido para el gran público. Convirtiéndose su vida y obra en una cicatriz más, de las que marcan y desfiguran la memoria cultural de un país rico en genialidad y pobre en reconocimiento.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

LA CONSPIRACIÓN DEL TRIÁNGULO


Siempre he dicho que el siglo XIX español tiene su aquel, ya saben: nuevas constituciones, viejos reyes mal nacidos, invasiones varias, guerras de la Independencia, en donde quizás deberíamos habernos unido en lucha del tufo a sacristía y a Borbón rancio. Y sobre todo mucha conspiración. Las hay muy conocidas como la que hizo triunfar el pronunciamiento de Riego, y otras menos como la que llevaron a cabo grandes personajes de este país, para acabar estrangulando al general Prim en su propia cama. Hoy quería compartir con ustedes una de estas últimas.        

            Pues bien, nos encontramos en el año 1816, dos años después de la restauración de la monarquía absolutista de ese cernícalo con capa llamado Fernando VII, a la sazón “El Deseado” para unos, “El rey Felón” para otros. El ordeno y mando para todos. Y aunque tras su vuelta todo volvió a ser como antes de 1808, el rey no las tenía todas consigo, pues bien sabía o creía saber, que un gran número de sus súbditos no lo tragaban. Estaba en lo cierto, pues aquel febrero de 1816, se volvieron a activar las alarmas en Madrid. Y digo se volvieron, porque ya en el año 1814 Espoz y Mina, y en el 1815 Díaz Polier intentaron varios pronunciamiento infructuosos contra el Borbón Fernando el VII. Y más tarde volvería a ocurrir, en 1817 en dos ocasiones con el general Luis Lacy y el militar gaditano Juan Van Halen, con el coronel Joaquín Vidal en 1819, y finalmente con el general Rafael del Riego en 1820.

            Pero no adelantemos acontecimientos, estamos como ya les he dicho en febrero de 1816. Y el general de los Reales Consejos, Ramón Vicente Richart, de origen valenciano y tendencia liberal se estaba hartando del trato recibido por el rey repuesto. Él, había luchado en favor de ese rey en la Guerra de la Independencia contra el francés, pero ahora no podía soportar los abusos, y se puso a disfrutar del deporte nacional por entonces, la conspiración. Richart acudía a menudo a la tertulia de un barbero en la calle Leganitos de Madrid, y allí, entre parrafada y parrafada se fue solidificando una idea, acabar con Fernando VII y volver a imponer la Constitución de 1812. Su constitución.             

            El barbero conocía a muchos militares de los cercanos cuarteles que iban allí a solicitar sus servicios, y en una de esas tertulias mantenidas en la barbería de Baltasar Gutiérrez, Richart propuso a este que le presentara dos militares de su confianza para llevar a cabo un complot. El barbero Gutiérrez no lo dudo, y al poco le presentó a dos sargentos de infantería de Marina de su confianza, unos tales Francisco Leyva y Victorino Illán, a quienes sabiéndoles de idea liberal Richart no dudó en contarles en qué consistía su idea.    

            Usaron como sistema organizativo el método del triángulo, ideado para la propagación de Los Perfectibilistas-grupo que pasaría a la historia con el nombre de Illuminati-, por Adam Weissaupht unos años antes. Consistía en que cada miembro de la conspiración buscaba otros dos miembros de su confianza, haciendo éstos lo mismo con otros dos cada uno, y así sucesivamente hasta el infinito. Creando de esta manera un entrelazado triangular de nombres y conspiradores. Pero con un detalle importante, cada uno de los conspiradores en caso de ser detenido, solo podría acusar a dos miembros de la trama, quedando el resto libre pues nadie los conocía.

            La idea de Richart era clara, acercarse por la noche a las inmediaciones de la madrileña Puerta de Alcalá, pues sabía de buena mano que el rey Fernando VII salía a pasear cada noche con el duque de Alagón y su fiel Chamorro; un aguador de la Fuente del Berro que había caído en gracia a Fernando VII por sus ocurrencias populares, y que hacía además, la labor de espía con el resto de criados reales, pues el Rey tenia temor fundado de que algún sirviente quería envenenarlo. Su destino siempre era el mismo, un lupanar de la calle del Ave María, donde se encontraba Pepa La Malagueña, meretriz por la que el insigne Borbón sentía predilección.

            Cuando este se encontrara en el interior de la habitación de La Malagueña-les confesó Richart a los dos nuevos miembros del complot-, vosotros deberéis entrar y  requerirle que os acompañe a una carroza que le espera en la puerta. Si se negara-apuntilló-, cosa poco probable dado su carácter cobarde y dócil, deberéis matarlo allí mismo, y así luego proclamar de nuevo la Constitución.

            Los sargentos Leyva e Illán, sintiendo miedo a las represalias al verse sus manos manchadas de sangre real, le hicieron ver a Richart que así lo harían, pero poco después de abandonar la barbería se presentaron ante el capitán Rafael Morales, refiriéndole con todo detalle la conspiración para llevar a cabo el regicidio, asumiendo su lugar y su culpa dentro del cónclave.

            Quiso la casualidad que el general Vicente Richart se enterara de que su plan había sido traicionado, y sin conocer quién era el culpable de tal confesión, corrió raudo hacía los sargentos a los que había enviado a secuestrar al Rey, para avisarles de que debían darse a la fuga. Pero al llegar a su altura, éstos para limpiar sus culpas, lo arrestaron a punta de pistola y lo llevaron hasta su capitán.

            La respuesta no se hizo esperar, y seguidamente se detuvieron a más de 50 sospechosos, entre ellos al barbero Gutiérrez. Las malas lenguas decían por los mentideros de la capital, que la conspiración la formaron desde la sombra grandes militares que habían llevado-y llevarían a posteriori-, otros pronunciamientos contra el Borbón, e incluso trabajadores del Palacio Real. Y que todos ellos, pertenecían a una logia masónica que se encargaba de propagar los sentimientos liberales por España. Finalmente nada se demostró, y los detenidos fueron puestos en libertad por falta de pruebas, pues además nadie-a pesar de la tortura, el método del triángulo funcionó-, dio nombres. Eso sí, los dos principales acusados, el general Vicente Richart y el barbero Gutiérrez, fueron acusados de intento de regicidio, y condenados a morir por ahorcamiento el día 6 de Mayo en la céntrica Plaza de la Cebada. Siendo además, el militar decapitado tras ser ahorcado-como años después le ocurriría a su correligionario Rafael del Riego-. Y su cabeza expuesta a quinientos pasos de la Puerta de Alcalá, en el conocido como Camino Real, para escarnio y aviso de los próximos conspiradores.