miércoles, 1 de octubre de 2014

35 DE MAYO EN PEKÍN


             Supongo que a muchos de ustedes les está ocurriendo estos días lo mismo que a mí, al ver el movimiento de desobediencia civil en el centro de la ciudad china de Hong Kong. Ya saben, esas protestas pacíficas que piden que las próximas elecciones del año 2017 en la ciudad del sur de China sean democráticas, y no tenga efecto la reciente resolución aprobada por el gobierno chino donde se limitan los candidato que puede presentarse a la elección. Movimiento que bebe del “Occupy Wall Street”, una rama de acción protesta pacífica que nació del 15-M, y que en Hong Kong recibe el nombre de “Occupy Central”.
            Y es que como si fuera un trabajo de memoria, mientras leo los periódicos estos últimos días, de vez en cuando no puedo evitar traer a mi mente las imágenes del desalojo violento de la plaza de Tian’anmen en el año 1989. El cruel ataque hacía la gente que se habían reunido allí pidiendo justicia hacía la figura de Hu Yaobang, el que fuera Secretario del Comité Central del Partido Comunista de China. Un hombre de corte liberal, defensor de la democracia, de la libertad de prensa y perseguidor de la corrupción política. Un tipo querido por los universitarios chinos y que fue apartado de su cargo de forma extraña.
            Si bien esa manifestación fue sangrientamente sofocada, acabó abriendo una grieta en el pétreo seno del Partido Comunista, un cisma entre los que apoyaban la intervención, y los que se negaban a sofocar las protestas pacíficas de una forma tan sangrienta por parte del Ejército Popular de Liberación. Esta historia que dejó perplejos a los ciudadanos occidentales, se vio rápidamente secuestrada por el gobierno Chino, desapareció de la prensa y por supuesto de los libros de historia. La mejor forma de evitar que esto se repitiera, era que las nuevas generaciones no oyeran hablar de ello.
            Todo esto, acabo trayéndome a la cabeza a un compañero chino de estudios que conocí mientras realizaba un máster. Un día tomando café saqué a relucir la historia de Tian’anmen, e incluso le mostré la famosa foto tomada por Jeff Widener con el hombre frente a los tanques. Pero nada, me miró como si le hablara en chino-y nunca mejor dicho-. Al día siguiente, le presté una pequeña obra publicada sobre el asunto por una revista mensual internacional. Y yo, me puse a investigar más sobre el tema de la censura china en cuanto a las protestas de 1989.

             El caso es, que tras mucha búsqueda y varias consultas di con un diccionario realizado por intelectuales de origen chino que se encuentran fuera de su país, en este diccionario se encargan de recoger términos y realidades políticas, sociales y económicas de China. Y allí pude aclarar ciertas dudas que me asaltaban desde la conversación con mi amigo.

            Resulta que evidentemente el violento desenlace fue olvidado conscientemente en los libros de texto, y obligado al olvido por parte de  la población bajo duras penas de cárcel. Pero muchos intelectuales se siguen haciendo eco de ello-o al menos intentándolo-, buscando la puerta al mundo que representa internet. En china el término 4 de junio de 1898, día en que se produjo la masacre contra los manifestantes-o como es conocido allí “el 6,4”- está totalmente vetado en la red, y es eliminado de forma instantánea. Aunque muchos internautas intentan saltarse los filtros del gobierno, y colar información sobre el tema usando el término 35 de mayo (31 de mayo, más los cuatro días de junio). Es decir usan esta cifra inexistente, como un nuevo giro lingüístico para saltarse la dura censura de su país de origen, y así acabar con esta laguna de desinformación creada por el gobierno. Aunque lo consiguen a duras penas.

            Este año se cumplieron veinticinco años de aquel hecho que abrió un cisma en el gobierno chino. Y ahora como en conmemoración de la masacre, los jóvenes y no tan jóvenes ocupan, contra las órdenes del gobierno de Pekín de nuevo el centro de otra ciudad, pidiendo de nuevo una apertura democrática en su país. Esperemos que esta vez se consiga un avance, un acercamiento, un dialogo, y la protesta pacífica de Hong Kong no termine con decenas de muertos y otros veinticinco años más de desinformación.

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