jueves, 30 de octubre de 2014

A VUELTAS CON EL ALCALDE

           Cuando hablo de un alcalde bocazas, mal encarado, de mal corte y peor jaez, muchos pensarán en la misma persona. Además si usted es viejo lector de esta página ya es consciente de que no es la primera vez -ni será la última-, que le dedico mi tiempo al tipo en cuestión.
           Pues bien, después de sus declaraciones machistas sobre el reparo que sentía por entrar a solas en un ascensor con una mujer, por si le buscaban las vueltas. Cuando las vueltas se las busca él solo cada vez que abre la boca. Vuelve a la palestra con la delicadeza natural, buen hacer y comprensión ciudadana que le caracteriza.

           El fin de semana pasado se celebró en la capital castellana la Semana Internacional del Cine, la conocida como SEMINCI, y que todos los años convierte la ciudad en un núcleo de cine. Donde actores, críticos y seguidores comparten cafés, ideas y charlas informales. También es un lugar óptimo para hacer oír-más bien escuchar-, las protestas de los ciudadanos que de otra manera quedarían ahogadas en sus barrios. No se puede olvidar que este evento es cubierto anualmente por varios medios informativos de carácter nacional e internacional.
            Tuve la oportunidad de disfrutar de la SEMINCI durante varios años, los que tardé en realizar mi licenciatura en la ciudad, y como amante del cine no solía perderme nunca la jornada de inauguración de la dicha Semana de Cine. En todas ellas, una buena proporción del público pedía derechos sociales o seguridad ciudadana. Desde un grupo de trabajadores que pedían al ayuntamiento implicación para parar la deslocalización de una de las empresas más importantes del sector automovilística, y que iba a dar al traste con miles de empleos, hasta padres y profesores que pedían la retirada de unas antenas de telefonía móvil, cercanas a un céntrico colegio de la capital y que estaban creando decenas de casos de cáncer en niños menores de diez años. Pasando por las protestas de los vecinos de uno de los barrios populares de la ciudad, que solicitaban la vigilancia que no tenían en sus calles, desde que éstas se habían convertido en un verdadero mercado de droga. Como ven, normalmente la protestas no eran descabelladas, lo que pedían estos vecinos no son cosas imposibles, ni tampoco locuras de utópicos trasnochados. Al menos a mí así me lo parece.
             El caso, es que este año de nuevo las protestas se centraban en uno de los laterales del Teatro Calderón de la Ciudad, donde comenzaban a llegar actores, directores y críticos para disfrutar de la gala de inauguración y de la proyección de la película de turno. Mis fuentes no me han precisado cuales eran las peticiones de este grupo de ciudadanos, pero según está el panorama español,  pueden hacerse una idea de lo que pueden solicitar al jefe del consistorio local. Él como es costumbre hacía oídos sordos, ni tan siquiera miraba para el área ocupada por estos “antisistema” de la ciudad.

             En esas estaban el alcalde y el director del festival, en la puerta principal recibiendo a los invitados, como buenos anfitriones. Cuando hicieron acto de presencia sobre la alfombra roja del festival los actores Antonio Resines y Jorge Sanz. Al reconocerlos, el grupo que se encontraba manifestándose comenzó a levantar la voz, y la algarabía subió de tono intentando llamar su atención. Acto seguido, el alcalde se dirigió a una de las chicas de la organización dando orden para que subiera el volumen de la música. Pues según él, aún se seguía oyendo a…esos. Jorge Sanz, escuchó a la perfección la orden del alcalde, y al llegar a su altura, dándole respetuosamente la mano, le espetó ante su cara de asombro la frase; “ya veo como escucha usted a su pueblo”.

            El alcalde se quedó con un palmo de narices, comentando la jugada con el director del festival, mientras el actor madrileño se perdía en el interior del teatro. Supongo que la solución para que estos actores no vuelvan a recriminar su poco interés por su pueblo, será no volver a invitarlos al festival. Al igual que para no escuchar las peticiones de su pueblo, prefiere subir el volumen de la música antes que escucharles e intentar solucionar sus problemas.
 
            Subamos la música en todas las protestas, en todas las calles de todas las ciudades de España, solucionemos los problemas tapándolos. Así tendremos un país donde no habrá gritos de manifestantes, sino delicadas notas musicales. Primero subirán la música, después vendrán las mordazas. Con los “neo-demócratas” hemos topado.

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