miércoles, 26 de noviembre de 2014

PEDRO Y EL LOBBY FEROZ


Pedro es autónomo, regenta un pequeño supermercado en su barrio de toda la vida. Un barrio obrero. Es de derechas, o eso cree él. En el supermercado suena la COPE a diario, y a diario también lee el ABC mientras toma café en el bar del barrio, el bar de Paco. Paco también es autónomo, y también es de derechas. Ambos tienen un hijo, el de Pedro es científico y mal vivía con una beca que desde hace medio año ya no tiene. Está pensando en irse a trabajar a una empresa alemana, en donde le ofrecen un sueldo mínimo y un trabajo máximo. El hijo de Paco, ayuda a su padre en el bar después de que la planta de embotellado de un famoso refresco de cola, realizara un ERE y echara a más de 800 trabajadores, a pesar de haber tenido pingües beneficios económicos el año anterior.

            Pedro y Paco son votantes del pepe, aunque ambos en alguna ocasión han votado al pesoe, no por convicción, sino por castigo a los partidos gobernantes. Algo muy típico en el suelo patrio, lo de no votar para premiar, sino votar para castigar. Lo cual en los casi cuarenta años de democracia, y más desde que se aferró para desangrarla a ella el bipartidismo es una técnica muy extendida. Algo tan español que duele.

Ninguno de los dos traga con las ideas de “la izquierda” como ellos dicen. Tienen miedo de que les quiten las casas o que les nacionalicen el supermercado o el bar. Supongo, que a un par de autónomos del montón les viene mucho mejor las políticas neo-liberales de privatización a mansalva. Es curioso, sus hijos nunca se habían preocupado de la política, pero según han avanzado los acontecimientos se han ido despegado poco a poco de la ideología de sus padres, hasta colocarse casi en la otra punta. Ninguno entiende al otro.

Pero es que la sociedad que conocemos, o que creemos conocer toca a su fin. Y ellos lo saben. Como ejemplo tenemos lo que nos está viniendo encima y que ni siquiera nos olemos. Estados Unidos y la Unión Europa llevan años discutiendo un nuevo tratado de comercio, que hará que lo que ahora conocemos como la gran crisis económica se convierta en un juego de niños. Y mucha gente, que malvive explotada lo ve venir. Me refiero al Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión, conocido por sus siglas en inglés: TTIP. Un tratado que se está negociando totalmente a espaldas de la sociedad, sus conversaciones son totalmente secretas, a excepción de las filtraciones que llegan cada cierto tiempo. Lo que sacamos en claro de estas filtraciones es que lo que están negociando; al ciudadano de andar por casa-es decir a usted y a mí-, nos parte por la mitad. Este acuerdo, es una copia del tratado del NAFTA, entre EE.UU, México y Canadá,  y que prometía miles de empleos. Acabó con 28.000 pequeños comercios mexicanos desapareciendo, y con dos millones de mexicanos en quiebra, por no hablar de los 682.900 puestos de trabajo que se perdieron en EE.UU debido a este acuerdo. El famoso TTIP, iba a denominase en un principio TAFTA, pero la idea fue desechada por los grandes lobbies que llevan las negociaciones tanto del lado Norteamericano como Europeo. Por lo mucho que recordaba al tratado anterior, y temían que ese recuerdo hiciera que las protestas contra el nuevo Tratado Transatlántico aumentaran.

Los políticos europeos preguntados por el tratado, dicen que es una mejora para los ciudadanos-¿cómo podemos pensar que los políticos pueden condenarnos a la pseu-esclavitud para enriquecerse más?-, que crearán miles de puestos de trabajo-¿A qué les suena el cuento?-, y que traerá riqueza. Lo que no dicen es que la riqueza vendrá solo para ellos, y para las empresas y los lobbies que se están batiendo el cobre en las negociaciones opacas a puerta cerrada y giratoria.

Este Tratado según sus detractores-que cada vez son más-, abrirá las puertas de nuestros hogares a las políticas Norteamericanas, la privatización de los servicios sociales será total. Y lo que es peor, el TTIP, permite a estas empresas privadas, y a sus lobbies feroces demandar a cualquier gobierno que no cumpla con lo que les pide. Es decir, imaginen que nuestro gobierno decide invertir dinero en la sanidad o en la educación pública, pues bien, las empresas privadas que se ocupan de la sanidad y la educación tendrán todo el derecho a demandar al estado por romper unilateralmente el contrato. Esta política solo es de ida, pues los gobiernos no pueden hacer lo mismo con las empresas. Evidentemente todos los gastos los pagaremos los de siempre. Cómo ejemplo lo ocurrido en Uruguay cuando la tabaquera yankee Philip Morris demandó al gobierno por las leyes antitabaco, o cuando Aguas de Barcelona demandó millones al gobierno Argentino cuando éste congeló las tarifas para salir del Corralito. Estas empresas privadas denunciaron los hechos ante tribunal de arbitraje-la justicia ordinaria no tiene nada que decir en esto-, formado por tipos pertenecientes al propio lobby de la empresa denunciante. Se imaginarán con que resultado.

Pero no solo eso. Sino que el TTIP abre la puerta a los productos transgénicos, que a día de hoy se mueven a sus anchas por los supermercados de EE.UU, pues allí es el individuo el que debe demostrar que los productos comercializados son peligrosos para la salud pública, no como ocurre en Europa, donde un producto debe demostrar que es sano antes de comercializarse. Lo mismo ocurre con el Fracking o Fractura Hidráulica usada para buscar gas destruyendo todo lo que se pone a su paso. De nuevo, Europa es mucho más restrictiva con esta política, se niega a usar cualquier tipo de producto tóxico que pueda contaminar acuíferos. En EE.UU tienen libertad para usar lo que quieran. ¿Qué tipo de política creen que se aplicaría a la totalidad? ¿La restrictiva de Europa, o la capitalista e invasiva de EE.UU? Yo lo tengo claro.

Por eso Pedro, mira raro a su hijo cuando le cuenta esto, como si los rojos le hubieran comida la cabeza, incluso está a punto de decirle a su hijo que se vaya a Cuba. Lo que no se imagina es que si siguen adelante las políticas neo-liberales, y se aprueba el TTIP, tal vez su supermercado desaparezca y se abra una macro cadena norteamericana, y él sea un reponedor de Wegmans o de Winco Foods, por 500 euros al mes. Y ya no pueda tomarse el café en el bar de Paco, porque ahora Paco le sirva un café aguado en un Starbucks, o similar por culpa de un Lobby feroz, al que no le importan las personas. Y entonces se den cuenta de que no, que en realidad no eran de derechas.

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