miércoles, 28 de enero de 2015

LA MASACRE DE LISBOA


           La historia nos lo ha demostrado una y mil veces, la mezcla de espiritualidad y de creencias irracionales suele ser muy peligrosa. Sobre todo cuando el asunto va acompañado de ignorancia supina y de manipulación por parte de los listos de siempre. La historia de hoy de nuevo lo demuestra.

            Pero primero vayámonos a unos años antes, concretamente a 1492. Ya saben el año por excelencia de los Reyes Católicos; el año de la Reconquista de Granada, el del descubrimiento de América. Pero también el año de la persecución y expulsión de los judíos. Estos huyeron a Portugal, refugiándose de la persecución de los Reyes españoles. Allí se la prometían felices, pero como todo se pega en el año 1497 el rey de Portugal decidió que era hora de acabar con cualquier opción religiosa salvo la suya. Ya se imaginan  al tipo en cuestión, tolerante que te rilas, gritando a los cuatro costados que el Rey es él, y que a él le ha puesto su Dios y que luchará por imponer su buen nombre sobre cualquiera que ose comprometerlo. Y que si se tiene que cepillar a una comunidad entera para demostrarlo lo hará, pasando por la quilla a moros y cristianos, y ya si eso que Dios reconozca a los suyos.

            Los judíos, al igual que todos los demás practicantes de cualquier tipo de religión o rito diferente al cristiano debieron convertirse a la que su rey consideraba única y verdadera, sino serían expulsados o asesinados. Como se imaginará querido lector, la mayor parte se acogieron a eso de la conversión al menos de puertas de casa para afuera, haciendo lo que les placía en su interior. No es nada nuevo, y sino que le pregunten a los moriscos españoles.

            Así avanzaron las cosas, los judíos conversos llevando a cabo sus ritos a escondidas, y los cristianos viejos mirando con recelo y mala catadura a los nuevos cristianos. Hasta que en el año 1506 se desató una plaga de peste negra en Portugal. El enfrentamiento entre cristianos y judíos conversos se encendió de nuevo, pues los judíos conversos no enfermaban con tanta facilidad como los cristianos, y éstos les acusaban de ser los culpables de sus males. Todo se tensó mucho, a pesar de la sencilla explicación del asunto, y que no es otra que la falta de higiene. Pues epidemias como la peste negra nace de esa misma falta de limpieza, cosa que no acuciaba a los judíos pues el agua es un elemento indispensable en sus ritos, no siendo así para los cristianos. Pues pensaban que si el cristiano tenía el corazón limpio, también tendría el cuerpo. Se pueden imaginar cómo olía el asunto.

            Pero la cosa se enredó mucho más el día 19 de abril de 1506, cuando se juntó en la iglesia de Santo Domingo de Lisboa una ingente cantidad de personas, buscando mediante sus rezos que se paliara el avance de la plaga. En esas estaban, cuando un rayo de luz de la preminente primavera lisboeta se coló por la puerta y fue a dar en un cristo situado en el altar mayor. Se imaginaran el alboroto, todos los allí presentes comenzaron a gritar ¡¡¡Milagro!!! y los frailes presentes comenzaron a cantar loas al cielo. Todos menos uno, pues una persona se levantó y dijo que eso no era un milagro, ni nada de nada, que sólo había sido una casualidad de la naturaleza. Nada más.

            Todos los cristianos viejos allí presentes se escandalizaron, y comenzaron a llamar hereje y demoniaco al tipo. Pronto pidieron que se identificara, querían saber quién era, y todo se salió de madre cuando descubrieron que era uno de aquellos judíos conversos. Pronto empezaron los ataques sobre él y sus allegados. Lo que parecía ser un caso aislado, se generalizó porque los frailes dominicos del convento de Santo Domingo animaron a todos los verdaderos cristianos a acabar con todos los judíos conversos de la ciudad. De nuevo la espiritualidad mal entendida, y mezclada con la creencia irracional de unos frailes fanáticos trajo consigo las cuarenta y ocho horas más sangrientas de la ciudad de Lisboa.

            En solo dos días fueron asesinados más de cinco mil judíos conversos. La revuelta fue frenada después de este tiempo por las tropas del rey, pero no porque la masacre fuera una locura en sí, sino porque la algarabía se había llevado por delante a un noble de la ciudad-suponemos amigo del rey de turno-, que no era judío y al que habían confundido con uno de los conversos. Pero a pesar de frenar por interés la revuelta, el daño ya estaba hecho y el antisemitismo en Lisboa fue en aumento, hasta que en el año 1540 se estableció allí el Tribunal de la Santa Inquisición. Lo que trajo consigo la huida de miles de judíos desde Portugal y España a lugares más tranquilos como eran Los Países Bajos. Hoy pueden visitar en el Largo Sâo Domingos de Lisboa, frente a la iglesia donde comenzó todo un pequeño monumento dedicado  a los asesinados en estos aciagos días.

            Como ven los radicalismos religiosos no son un invento moderno, las persecuciones y los asaltos salvajes no son asuntos nuevos. Pero también hay que tener en cuenta otro hecho, y es la falta de memora histórica. Pues hay pueblos que han sufrido y han sido perseguido durante toda su historia sin aprender  nada, pues aplican a sus vecinos el castigo que ellos sufrieron, creyéndose por encima del bien y del mal. Pero en este caso último la culpa no es sólo del radicalismo religioso, sino también al egoísmo político y económico.

 

miércoles, 14 de enero de 2015

SOBRE TONTOS CON PISTOLA Y ESTAFADORES CENTROEUROPEOS



Tuve un buen profesor de historia con el que hablaba casi siempre al terminar las clases en la cafetería de la facultad, siempre al calor de un café-yo-, y de un cola cao él. Cuando conversábamos sobre ciertos temas solía decirme lo mismo; los tontos son más peligrosos que los malvados, pero los tontos más peligrosos son los que tienen las pistolas de su lado. En España, de estos últimos hemos tenido para exportar-esto ya lo añado yo-.
            Me acordaba de mi viejo profesor y de su frase estos últimos días, tras el ataque terrorista al periódico satírico francés, cuando dos bastardos en el falso nombre de un profeta y de una religión se cepillaron a diez compañeros-los llamo compañeros porque hacían lo mismo que hacemos muchos, meter el dedo en el ojo de los que nos gobiernan desde su escaño, trono o púlpito de cristal ególatra y corrupto relleno de mierda-.
            Estos, los tontos con pistola siempre están a sueldo del mismo: el dinero. Me da igual que lleven la capa exterior de unos yihadistas descerebrados que se creen a pies juntillas las soflamas incendiarias de un imán desquiciadoque los manda a morir por su profeta, mientras ellos viven como reyes la vida terrenal, o si es un arzobisporetrogrado que llama pecadoras y asesinas a las mujeres que abortanmientras él viola niños, o si es un rabino ortodoxo radical, de esos que se empalman viendo como sus fuerzas militares asesinan a miles de palestinos en la fosa común más grande del mundo, que es la Franja de Gaza.
            Pero bueno, centrémonos en el asunto de hoy, que comienza a gotearme la saliva por el colmillo mientras hundo tecla y me voy del tema que les traía. Y este no es otro que el de la ignorancia y el ego desmesurado de los tontos con pistola. Les pongo en antecedentes; España, año 1940, el país arrasado tras una guerra civil, el continente en medio de la Segunda Guerra Mundial, y un austriaco espabilado que se deja caer por los alrededores del Palacio del Pardo, a la sazón domicilio de Francisco Franco, Generalísimo de España y pescador de atunes a tiempo parcial.
            El tipo en sí, recibe el nombre de Albert Elder Von Filek; de oficio timador. Supongo que ya se huelen la tostada. Ya les he contado que el país estaba en la más penosa de las miserias, todo estaba racionado, en las ciudades habían desaparecido los pájaros y los gatos, porque la gente no tenía nada que llevarse a la boca. Que decirles del carburante y demás productos necesarios para poner en marcha la industria.
            Pues bien, el austriacoVon Filek supo ganarse la confianza del Caudillo, que como todo buen dictador era vanidoso y al que Von Filek le bailaba el agua como nadie. Que si es usted un gran estratega, que si su labor en África es conocida y reconocida en todo el continente, que si es usted el faro de Occidente…Y entre halago y jabón, le vendió la gasolina en polvo. Si tal como lo oyen, la gasolina en polvo, que nacía a partir de materia primas baratas y tan abundantes como fermentos vegetales, agua…y por supuesto un ingrediente secreto.Incluso le aseguró que él mismo, había sido propuesto en varias ocasiones para el Nobel de química, pero que perseguido como estaba por los comunistas y por la industriapetrolera había tenido que huir a España. Y no por dinero, sino por compartir la ideología del dictador había decidido hacerlo partícipe a él y por supuesto a España de su invento. Franco se lo creyó, más aún si cabe, cuando entre Von Filek y su propio chofer le hicieron creer, que el coche oficial con el que viajaba a Galiciaya se movía con ese nuevo hallazgo científico que cambiaría el mundo.
            Von Filek le aseguró a Franco que con su invento podría crear tres millones de litros diarios de combustible, lo cual no solo sacaría a España de la más cruenta de las pobrezas, sino que en cuestión de meses laconvertiría en la potencia más poderosa del Mundo. Y él, como Caudillo que era, sería reconocido como el mayor gobernante de la historia. Franco de nuevo lo creyó, evidentemente. Semanas después había cedido a Von Filekun gran terreno junto al río Jarama-pues el austriaco había asegurado que tenía las mejores aguas para llevar a cabo su invento-, y nada más ni nada menos que diez millones de pesetas de la época.
            Pero hay un pecado más grave que el de la estupidez congénita, y ese es el de la avaricia. Ésta picó a Von Filek y a su secuaz el chofer de Franco, y no supieron huir a tiempo con el dinero siendo descubiertos en su timo. Por supuesto, todas las noticias que hablaban del gran descubrimiento fueron eliminas-el invento se hizo público en el B.O.E-. Y los dos timadores fueron enviados a prisión primero, y después trasladados al Cuartel de Artillería de El Aaiún de El Sáhara junto al río  Saguia al Hamra, y que se acabaría convirtiendo en la denominada Cárcel Negra, donde tras la Marcha Verde se confinó a los miembros del Frente Polisario. Allí ambos permanecerían hasta su muerte.
            Pero no piensen que este tonto con pistola espabiló con esta historia, no. A lo largo de los treinta y ocho años de dictadura no fueron pocas las recetas milagrosas que le colocaron; sirva de ejemplo el falso descubrimiento de oro y petróleo en distintos puntos del país, el motor de explosión a base de agua mineral o las piscifactorías de delfines…Pero estas historias las dejaremos para otro día.

miércoles, 7 de enero de 2015

EL CHERNÓBIL ESCONDIDO


            En la mayor de las profundidades de los Urales Rusos corre el frío agua del río Techa. Es muy normal que a muchos de ustedes no les suene el nombre. No es un gran río Europeo, ni tan siquiera es un gran afluente, ni navegan por él los grandes cruceros. Se podría decir de él que es un río tranquilo, estrechamente sinuoso. Pero si quisiéramos dar una definición correcta sobre él, deberíamos decir que es un río que trae la muerte en sus aguas. Unas aguas inodoras, pero opacas y de un color negro que avisa de su veneno mortal.
            En su cauce, a apenas unos metros de él, se levanta una población pequeña, un núcleo urbano que no va más allá de ser un humilde pueblo, de nombre difícil de pronunciar; Muslyumovo. Un pueblo maldito como tantos otros, y que a sus paisanos más cercano les encoje el alma solo con oírlo pronunciar, solo con ver a algunos de sus habitantes. Apestados, unos habitantes apestados por partida doble. Apestados física y socialmente. Ningún habitante de las regiones cercanas quiere que sus hijos o hijas se casen o tengan descendencia con los jóvenes de Muslyumovo. Ninguno quiere contar en su familia con nietos enfermos, deformes…muertos.
            La respuesta a todas estas incertidumbres, a esta tragedia rusa se responde solo cuando alguien acerca un dosímetro al río Techa, cuando éste aparato que mide la radicación ambiental comienza a emitir un zumbido continuo y desagradable y marca más de 3.300 miliroetgens. Es decir una cantidad de radiación trescientas veces superior a lo soportable por el cuerpo humano. Mucha más radiación que la extendida en los alrededores de Fukushima tras el terremoto, mucha más que la que extiende la muerte silenciosa que acecha a Chernóbil. Mucha más que la que hizo de Prípiat una ciudad fantasma, donde la naturaleza avanza devorando la arrogancia del ser humano.
            Nadie debería vivir allí, éste pueblo situado cerca de la ciudad de Chelíabinsk a unos mil quinientos quilómetros al este de Moscú debería ser otra Prípiat, un lugar fantasma durante los próximos dos mil años. Nadie debería pasear sus calles, ningún animal debería pastar sus campos contaminados de muerte, nadie debería pescar en las negras y tóxicas aguas del río Techa, nadie debería beber el agua de los pozos, ni de los grifos, sin embargo lo hacen. Sus habitantes no tienen otro remedio, están condenados a vivir allí, nadie los quiere fuera de esa zona, los temen desde hace sesenta años. Desde que el aquel río cristalino se convirtió en la catarata silenciosa e invisible de la muerte por radiación.
            Desde que la planta nuclear de Mayak comenzó a contaminar sus aguas. Produciendo durante décadas accidentes nucleares, igual a los más graves de la historia, el último-conocido-, en el año 2000, cuando sus reactores estuvieron a punto de fundirse después de estar más de una hora sin electricidad, a punto de desgarrar de nuevo la ya castigada cara de los viejos y despreciados Urales. Pero la más devastadora y grave fuga de radiactividad ocurrió en el año 1957, cuando el tanque de residuos estalló y esparció la parca de la radioactividad más allá de cuatrocientos quilómetros a la redonda de la central. Pero estábamos en mitad de la Guerra Fría, y este caso como muchos otros se tapó y escondieron por el bienestar del gobierno de turno.
            El epicentro está en la cuenca del río Techa, en la población de Muslymovo, donde sus habitantes cuentan con treinta años menos de esperanza de vida que las zonas más apartadas y paupérrimas del país.
            Supongo que usted, querido lector se preguntará como yo lo hice en su momento, ¿Por qué esa gente sigue estando allí?¿Por qué no se les lleva a un lugar más seguro? ¿Por qué no se aparta todo rastro de vida de la zona contaminada? como se ha hecho en otros lugares contaminados por radiación. Pues la respuesta es tan triste como inhumana, los intereses ocultos. Estas personas son las únicas que durante generaciones han vivido en una zona toralmente contaminada, que han permanecido viviendo y sin moverse de un área con una radiación salvaje. Un lugar al que acuden centenares de científicos para estudiar y realizar pruebas a la gente. Estudios por los que alguien-supongo- se llevará buenas sumas de dinero.
            Cierto es, que el gobierno ruso tomó una decisión cuando el tema salió de sus fronteras, cuando fue acusado de inhumano, de dejar a los cuatro mil habitantes a su libre albedrío. Esa solución fue coger a los habitantes de Muslyumovo, a los hombres y mujeres del río Techa y moverlos del foco. Colocándolos a dos quilómetros de distancia de donde se situaban antes. ¡¡¡A dos quilómetros!!! mientras que el radio de contaminación es de más de cuatrocientos quilómetros de distancia.

            Pero lo que aún puede ser peor, mucho más descorazonador y peligroso. ¿Cuántas más zonas cero como esta hay en el mundo sin que tengamos constancia de ello? ¿Cuántas más lugares marcados por la desidia gubernamental y la muerte silenciosa de la radicación nos esperan a la vuelta de la esquina?