miércoles, 25 de marzo de 2015

EL ÁGUILA DE L´ATLAS


           La historia de hoy, es una historia por sí sola, pero también forma parte de otra más amplia y compleja. Una historia de guerra, de lucha y victoria. Una historia que comienza con el error de un capitán de navío, y con el despiste de su primer oficial. Y que acaba con las tropas napoleónicas huyendo de Galicia a mitad del año 1809. Una historia que vamos a dividir en tres capítulos.

            El primero de ellos por fecha, nos lleva al año 1805, los días 21 y 22 del mes de julio. Cuando aún España y Francia eran aliados, y se batían el cobre juntos en la Batalla del cabo Finisterre contra el ejército inglés. Una batalla en que los navíos ingleses a manos del comandante Robert Calder, le dieron la del pulpo a la escuadra hispano-francesa a mano de un tal Villenueve. El cual dejó tirado al propio Napoleón en Boulogne, esperando la llegada del escuadrón, que le sirviera de escolta para cruzar a Gran Bretaña y someter a la Pérfida Albión. Villenueve tras esta derrota partió a Cádiz, debido a una falsa información, que afirmaba que el paso del Cantábrico estaba totalmente cerrado por la marina inglesa. Supongo que también para evitar enfrentarse al cabreo monumental de su jefe, le petit cabrón Bonaparte. En la capital gaditana permaneció, hasta que de nuevo al mando de la escuadra hispano-francesa, volvió a cubrirse de gloria durante la Batalla de Trafalgar, el 21 de octubre de ese mismo año.

            Tras la batalla del cabo de Finisterre, algunos barcos franceses fondearon en la Ría de Vigo, esperando reparar las naves y recuperar a los heridos ante de partir hacía otra batalla. Unos de los barcos que pasó una temporada en ciudad gallega, sería el navío de línea francés l´Atlas, perteneciente a la división del Brigadier Salcedo, y a manos del capitán gabacho Pierre Rolland.

            Pero la situación geopolítica Europea cambió en 1808, cuando después del alzamiento del Dos de Mayo madrileño, el Imperio francés pasó de aliado a enemigo. Para entonces, la ciudad de Vigo como el resto de Galicia, y la  mayor parte del país, habían proclamado públicamente su apoyo al inepto y egoísta rey Fernando el séptimo. Una cantidad ingente de jóvenes se habían alistado al Regimiento de León, y habían partido a unirse al ejército de Galicia. En la ciudad se había llamado a la defensa, formando el cuerpo de voluntarios urbanos denominados Milicia Honrada.

            En esas estaban cuando a principios del mes de julio de 1808, entró en la Ría de Vigo un enorme navío de línea con bandera francesa. Una gran embarcación de tres palos de aparejo. Fuertemente armado, con 28 cañones de a 34 libras en la batería baja, 30 piezas de artillería de a 18 piezas en la segunda, y 16 de a 8 libras en el castillo y en el alcázar. Y de considerable tamaño, contando con 168 pies y 2 pulgadas de eslora, 148 pies de quilla limpia y 3 pulgadas de manga, 23 pies y 6 pulgadas de puntal. Con 24 pies y 3 pulgadas de calado en popa, y 21 pies con 5 pulgadas a proa. Un navío muy conocido por los marinos españoles, pues hasta 1801 había pertenecido a la marina patria, bajo la advocación de San José o San Pedro Apóstol.

            Evidentemente, la gente de la zona al verlo entrar comenzó a inquietarse. Más si cabe, al escuchar a la embarcación saludar a la plaza disparando sus piezas de artillería a modo de salvas. Dejando caer las anclas bajo sus cañones. Pues el capitán, y el primer oficial pensaban que la villa de Vigo, era ya una plaza francesa. Pronto vieron salir hacía ellos, embarcaciones con marineros y tipos duros, especializados en el corso, el pirateo y el estraperlo desde la zona de O Berbés, Areal y Coia. Para dar su particular bienvenida a escuadra de los enfantsdelapatrie. Éstos llevaban sus armas ocultadas hasta que consiguieron rodear el navío l´Atlas.

            Fue entonces, en el momento que ya no tenían escapatoria los chicos de Napoleón, cuando los vigueses sacaron a relucir las escopetas del abuelo, las hoces afiladas y las navajas de siete puntos y dos palmos, en cuya hoja podía leerse ¡Viva mi dueño! Mientras enfurecidos, agitando los puños y las armas, gritando: ¡Vaespaña! ¡Vaespaña! y ¡Santiago y cierra…!...Los angelitos.

            Imagínense la situación, uno de los mejores navíos de La Grande Armeé, cazado como un grumete novato, y sin pegar un tiro, salvo los de saludo. Supongan la mirada mortal, que el capitán Pierre Nicolás Rolland, lanzaría en ese momento a su primer oficial. Comentándole:

-Asiqué, fondeemos en esa Ría que es un lugar seguro. ¿Eh, oficial?

-Lo siento capitán, fue un error de cálculo.

-¿Un error?-gritaría desquiciado Rolland-. Ya verá cuando se entere el sire. Nos va a mandar al frente Ruso a cavar trincheras sin palas.

-Lo siento capitán-insistiría el primer oficial con la cabeza gacha-.

-¡Oficial! dese por arrestado a partir de mañana. Suponiendo que siga de una pieza. Comprebien o pa.

-Gui mesié.

-Oficial- seguiría el capitán Rolland por lo bajini, antes de rendirse y perder el Águila regalado por el propio Napoleón, una verdadera indignidad se mire como se mire-.

-Gui mesié

-¡Me cago en su padre!

-Gui mesié, en lo que usted quiera mesié.

 

            Y así, sin pegar un tiro y sin sufrir una sola baja, fue como la población de Vigo se hizo con el navío de línea francés l´Atlas, que sería rebautizado como Atlante. Pasando a prestar servicio dentro de la armada española hasta que en 1817 fue desguazado.

 La anécdota del error del capitán, y del primer oficial del l´Atlas al meterse en la boca del lobo, será el preludio de la batalla que traería la reconquista de la ciudad de Vigo, y más tarde la liberación completa de la zona de Galicia. Que veremos en las próximas semanas.

miércoles, 18 de marzo de 2015

SOBRE HUESOS ILUSTRES Y CAMPAÑAS ELECTORALES

Supongo que ya habrán leído, escuchado, visto y comentado la noticia. La supuesta aparición en la iglesia de las Trinitarias de Madrid, de los huesos de Miguel de Cervantes Saavedra.
El asunto es curioso, pues desde hace unos meses parece haberse hecho imparable, la necesidad de localizar los huesos del escritor más conocido de las letras hispanas, y cuanto antes mejor. Al mismo tiempo, los medios de comunicación cada cierto tiempo anunciaban los supuestos avances de la empresa, con corresponsales en la puerta e imágenes tomadas en el interior de la iglesia. Mostrando primero, como los científicos hacían endoscopias a los nichos allí dispuestos, y tiempo después a estos mismos científicos, contemplando restos pesimamente conservados, esparcidos sobre una tela blanca.
Hoy nos sorprenden las noticias asegurando, y anunciando a bombo y platillo la supuesta aparición del cuerpo de Miguel de Cervantes. Todo son vivas, hurras y aplausos, hasta que vas más allá del titular, que es lo que vende. Cuando llegas al texto te das cuenta que como de costumbre, el titular no tiene nada que ver con la noticia real. Pues viene a decir que no está garantizado que sea el cuerpo correcto, pero sí que es posible. Que algunos de los fragmentos encontrados en los enterramientos múltiples de la iglesia, sita sobre la calle Lope de Vega de Madrid, antigua calle de Cantarranas,  puedan ser los de Miguel de Cervantes.
Uno se sorprende al leer esto, y supone que para llegar a tal afirmación han debido de realizarle el análisis de ADN reglamentario, pero no. Indagas más, busca noticias en medios especialistas en arqueología, y ve que no han realizado éste análisis. Entonces yo, malpensado y poco crédulo a los milagros, me pregunto en que se basarán para afirmar que esos huesos, los que han sacado de una tumba de hace cuatro siglos son los del autor de El Quijote. Y más aún, de donde se sacan el dato que acompaña  a la noticia, dato que no es baladí. Pues asegura que los huesos que se encuentran junto a los supuestos restos de Cervantes, son los de Catalina de Salazar. Su mujer.
 Sinceramente, creo que de nuevo la España oficial busca montar un enorme revuelo, un alboroto de padre y muy señor mío, de esos que les encanta levantar para usar a modo de tupido velo, y esconder alguna que otra vergüenza patria detrás. Tengo la sensación de que muchos miembros de esa España oficial, como alcaldes, consejeros y políticos en general, tenían muchas ganas de que apareciese cualquier tipo de muestra ósea, para engalgarle el sambenito de ser los de Cervantes, y hacérnoslo creer-intentarlo al menos-, al resto de habitantes. Apuntándose el tanto. Solo hay que ver la rapidez con la que han montado la rueda de prensa, para decir al mundo que estamos igual que estábamos. Daba gusto ver los codazos de los miembros de esa corrupta España oficial, para ponerse el primero en la foto.
Es decir, que sabemos lo mismo que antes de todo el revuelo. Pero que viene muy bien para comenzar a hacer campaña electoral, que al fin y al cabo, si nos preocupamos de la cultura, de nuestros héroes patrios  y de recuperar nuestra maltratada historia, es por eso mismo, porque este año hay elecciones. Por eso, y nada más que eso no se equivoquen.
Sólo tienen unos huesos, unos pequeños restos óseos que no dan para rellenar ni un par de relicarios. Y por supuesto no tienen una prueba de ADN, pero aunque la tuvieran no serviría para nada, pues no existe ningún descendiente de su familia para cotejar estos datos. Tan solo contamos con los restos de su hermana, una monja de clausura que se encuentra enterrada en un osario múltiple, en Alcalá de Henares. Unos restos  prácticamente imposibles de identificar. Con todo esto, se atreven a asegurar que esos son los huesos del de Saavedra. Y no solo eso, sino que además la de al lado es su difunta mujer, hay que joderse. Por mucho que se empeñen los busca medallas, los acapara fotos de año electoral, sabemos lo mismo que sabíamos antes, que es probable,  que el cuerpo de Cervantes esté enterrado en ese lugar, o no. Pues nadie parece, o más bien quiere recordar la placa que se encuentra en la fachada del edificio, y que reza los siguiente: A Miguel de Cervantes Saavedra. Que por su última voluntad yace en este convento de la orden trinitaria. A la cual debió principalmente su rescate. No hay ningún elemento histórico más, que asegure que está en tal o cual nicho, o que junto a él está enterrada su mujer, y por mucho que se empeñen los políticos en vendernos humo, tampoco lo hay científico.
Sería para reírse, una broma de mal gusto de unos gobernantes, que quieren una foto importante en año electoral, sino fuera porque estamos hablando del padre de la literatura hispana, y del creador de la obra más celebre escrita en castellano. Cervantes, un  tipo llano y modesto, que pasó su vida en los mercados, en la guerra o en la cárcel. Con la gente llana como él, y que descansa en una tumba común, como la gente humilde.
Y ahí descansará siempre, aunque ahora la España oficial se empeñe en sacar un par de huesos, llevarlos a una tumba enorme, a un túmulo donde hacerse fotos de recuerdo, previo paso por taquilla, por supuesto. Una verdadera vergüenza para un país que no respeta su historia, ni su cultura. Otra vergüenza más a sumar a una larga lista.
Si Cervantes hubiera sido francés o inglés, la historia-su historia-, hubiera sido diferente, como la de otros grandes hombres y mujeres que pasaron por nuestro país, y que fueron olvidados, y lanzados a la esquina más oscura de la historiografía patria.  Solo hay que pasearse por las calles de París, o de Londres para darse cuenta de ello. Acercarse al cementerio de La Madeleine de Amiens, y ver la tumba dedicada a Julio Verne, o la de Rousseau en Ermenonville. Incluso-y vive Dios, que los ingleses no son fruto de mi devoción-, ir a Stratford-upon-Avon, a un par de horas de Londres, donde se conservan las casas, y la tumba de Shakespeare. Paseándose después, por la orilla del Támesis y visitar The Globe, el teatro estilo corrala, donde estreno sus obras el dramaturgo inglés. Un lugar, que a pesar de haber sido destruido por un incendio primero, y por el puritanismo inglés después. Volvió a ser reconstruido con su forma original, en honor al autor inglés. Todos ellos, son figuras mimadas, queridas en sus respectivos países. Sus obras están vivas, se siguen leyendo, representando, llevando a los cines. En España El Quijote, es considerado el rollo de un loco y un campesino, por la mayoría de la población. Del resto de su obra es mejor ni hablar.
Pero ya no solo es Miguel de Cervantes, sino Lope de Vega, Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo, Luís de Góngora…todos ellos vivían en el mismo barrio, en el de las letras de Madrid, En él, hoy es casi imposible encontrar una librería, ni existe un mísero museo. A pesar que fue el núcleo cultural más importante del mundo después de la Francia de la Ilustración. Y no solo eso, sino que tampoco sabemos dónde están los cuerpos de Quevedo, de Murillo, o de Lorca…entre otros muchos.
Miguel de Cervantes, su memoria y su gran labor en pro de la cultura hispana, no debería quedar ensuciado por las manos corruptas, incultas, y que siempre han despreciado, perseguido, encarcelado o fusilado a la gente que luchó por sacar a España del pozo de la ignorancia. Mientras se las daban de patriotas, sin darse cuenta  que la verdadera y más importante patria es la cultura. Por eso no merecemos tener la tumba de Cervantes, ni que repatrien el cuerpo de Machado, o el de Miguel de Molina. Porque históricamente los hemos aniquilado. Pero mucho menos merecen ellos, y su memoria, que ningún representante de esa España oficial, rancia y con olor a naftalina, busque conseguir redito político o económico fotografiándose junto a sus restos.


miércoles, 11 de marzo de 2015

TEORÍA DEL PACK DE YOGURES DE SABORES


Hace años que tengo una teoría política que me ronda la cabeza. La denomino en mi interior, como teoría política del pack de yogures de sabores. Pongamos que a mí como consumidor, o como votante, me encanta los yogures de coco. Unos yogures, que en mínimas ocasiones puedes encontrar en pack completos. Son poco los supermercados que te los ofrecen, y además que lo hagan de forma constante es ya imposible.  Es algo extraño, algo poco habitual. Al final, siempre te queda la misma opción, si quieres comerte un yogur de coco, tienes que comprar un pack completo de sabores. Ya saben, el de fresa, el de plátano, el de melocotón, el de piña, el de macedonia…

            El caso, es que te vas a casa con tu pack de yogures en la bolsa, pensando que te han vuelto a estafar. Al llegar te comes el yogur de coco, tu favorito. Después te comes el de fresa que no es tu favorito, pero bueno. Y así, vas tragándote el resto del pack, dejando para el final los sabores que menos te gustan, te agradan, o a los que les tienes una manía especial. Amontonados al fondo de la nevera los yogures de macedonia, que no te comerías ni aunque te pagasen. Y allí siguen, amontonado escarcha. Hasta que llega el amigo tragaldabas, o de gusto discutible, que todos tenemos. Ese al que le da igual comerse un yogur de macedonia, que uno de judías pintas, y los engulle todos, uno detrás de otro.

            Pues con la política pasa lo mismo. Tú tienes una idea o un gusto político, de la ideología que sea. Y dentro de esa ideología hay varios partidos que presentas diferentes proposiciones, unas que te encantan, las proposiciones de coco. Otras que te gustan menos, las de fresa. Otras que no te matarías por defender, pero que a la fuerza te los comes, las de piña. Normalmente, al final llega la propuesta de macedonia, que no te la tragas ni aunque te apunten con una pistola. Por mucho que te gusten o emocionen las otras propuestas. Pero como ya he dicho, ningún supermercado patrio te ofrece el pack completo de yogures de coco. Es decir, ningún partido político te ofrece el pack completo de proposiciones que se ajustan a tus necesidades, o las necesidades de la sociedad en la que tú quieres vivir tranquilo, y en paz. Y si de verdad hay alguno que lo hace, que te ofrece el pack de tu gusto al cien por cien, o bien eres el dueño de la fábrica de yogures, que te enriqueces con la venta de los packs, de los que sean. O si eres el comensal, tienes un pequeño problema de glotonería, de autocrítica, o de papilas gustativas.

            He buscado por todos los supermercados, una y otra vez mi pack completo de yogures de coco, uno que tenga las proposiciones correctas sobre educación, igualdad, economía, sanidad, seguridad…pero nada. En todos los supermercados, me miran extrañados cuando les cuento mis ideas, me observan como ofendidos, o como desconfiados, porque no busco lo normal. O eso parece. Desde los supermercados progresistas, y esos nuevos que han abierto ahora, y que llaman populistas, hasta los supermercados neoliberales, todos me dieron siempre la misma respuesta. No, compre un pack completo de otro sabor, o sino, llévese el pack de yogures de sabores. Y cómase la maldita proposición de sabor macedonia.

            Pero me pregunto, porqué es tan normal encontrar pack de otros sabores. Porqué en cada supermercado, te ofrecen packs de yogures de fresa, de plátano, e incluso de limón. Y no solo eso, además te los ofrecen de diferentes marcas, incluso de marca blanca. Será que esos sabores se han vuelto clásicos a la fuerza, y por eso la mayoría los compra sin inmutarse, sin pararse a pensar ante la cámara refrigera del supermercado de turno. Quiero decir, ¿se parará  alguno de los consumidores de los packs de fresa, a pensar si de verdad les gusta la fresa? ¿O lo compran por costumbre familiar intergeneracional? O si los que compran los packs de plátano, piensan en algún momento antes de pasar por caja, si todas las propuestas del plátano le vienen bien para sus intereses. O si solo le interesa por conveniencia, la propuesta de uno de los pocillos de plástico rellenos de masa, que debería contener fruta, pero que contiene polvos de colores, algo parecido a leche en polvo y saborizante de plátano, desechando las de los otros tres. O más aún, si esos consumidores de yogures de limón, lo hacen porque creen de verdad todas sus arengas. O se deciden por ellos, porque son los que más salen en la televisión, y los que más poder tienen para manipular la información que dan sobre ellos. Ocultando su acido sabor detrás de una falsa información, que dice que son los más dulces y los menos agrios del mercado. Evidentemente también hay quien compra según que pack, porque en su supermercado solo venden ese pack. O fresa, o Limón.

            Me gustaría que la próxima vez que los compradores vayan al supermercado, a comprar yogures para los próximos cuatro años, se lo pensaran mucho. Y que de verdad se planteen, si les compensa comprar un pack de sabores cerrado, si les interesa comprar el pack de yogures de sabores, acorralando el sabor que no les guste al fondo del frigo, ya sea el de macedonia, o el de coco. O si tal vez, deberíamos montar la revolución de los yogures, y exigir a los supermercados de nuestras ciudades, poder compra los yogures de uno en uno, como se hacía antiguamente. Aunque me da en la nariz que muchos comedores de yogures de fresa, de plátano, de piña…o de judías pintas. La próxima vez van a lanzarse por sabores más extraños, exóticos, nuevos. Sin saber si les va a gustar la nueva marca, o el nuevo sabor. Conscientes de que si se lo llevan esta vez a su casa, y no les gusta, se los tendrán que comer de la forma que sea, y la próxima vez volverán a su pack de toda la vida. O no, y se enganchen al sabor nuevo, y se lancen a buscar ese pack complejo, pero completo y unitario de ideas, proposiciones y mejoras que necesita la sociedad. Un pack crítico, coherente y necesario. Aunque vaya por delante, que ninguno ofrecerá jamás el pack idóneo y congruente al cien por cien, bien porque el presidente de la fábrica no lo permita, porque el banquero que da los préstamos al director de la empresa, le apriete las tuercas. O porque el tendero, se niegue a ofrecerlos en su tienda.

            Aunque al final, siempre pasa lo mismo, y sé que después de hacer este pensamiento público, los seguidores de los yogures de fresa me acusaran de ser platanista, y los compradores del pack de plátano, me acusaran de fresista. Los partidarios de la piña, los simpatizantes del melocotón, o los adeptos a la pera me acusaran de ser de uno y de otro, de medrar, de ser un chaquetero, y de no querer quedar clara mi posición ante los sabores y los supermercados. Y por supuesto los fanáticos de la macedonia, me bloquearan en las redes sociales, después de insultarme y de censurarme, y si pudieran me darían un par de hostias. Por rojo y por facha. Pero seguirán sin entender nada.                                                          

miércoles, 4 de marzo de 2015

LA MOMIA EXPOLIADA


Todas las dictaduras tienen muchas historias tétricas a sus espaldas, muchas de ellas escondidas bajo siete llaves, y que comienzan a destaparse después de muchos años. Pero si hay una historia que pudiera servir para redactar una novela de carácter negro y oscuro, esa es la historia del cadáver momificado de Eva Duarte. Evita.

            Como saben, la mujer del general Perón, presidente de Argentina, fue muy querida por la población, pues a pesar del carácter un tanto autoritario de su marido, ella llevó a cabo una enorme labor en pos de los necesitados y de los obreros argentinos. Lo cual le valió mucho cariño incluso después de muerta. Toda la historia comienza, cuando Evita se desmaya en enero de 1950, durante un acto del sindicato de taxistas. En esa época, Evita acababa de ser propuesta por el sindicato C.G.T, como vicepresidenta junto a su marido. Esto amenazaba con abrir una grieta dentro del peronismo. Pues una parte, no veía con buenos ojos que una mujer pudiera presentarse a un puesto político. No hay que olvidar, que la primera vez que la mujer argentina tendrá derecho a votar, y a presentarse en unas elecciones, será en las de noviembre de 1951. Pero ese cisma no fue a más, pues el último día de agosto de 1951, meses antes de las elecciones, Evita renuncia a presentarse. Pocos meses antes había vuelto a desmayarse en la sede de su Fundación. Y días después de ello, sus médicos le habían detectado un cáncer de útero, que acabaría con su vida en menos de un año. Esas elecciones las ganaría el general Perón, y ella votaría desde el hospital. Moriría el 26 de julio de 1952, con treinta y tres años.

            Rápidamente su cuerpo fue embalsamado, su momia quedó perfecta gracias a la labor del doctor español Pedro Ara. Tras ser despedida con honores de presidente en el congreso, su cuerpo permaneció en la sede del sindicato C.G.T, para siempre. O eso creían al menos. Pero en 1955, los militares derrocan el gobierno democrático de Perón, y el dictador Pedro Eugenio Aramburu ordena el secuestro de la momia de Evita. El encargo de la empresa, recayó en el teniente coronel Carlos de Mooki Koening. Éste y sus hombres, se presentaron en la sede de la C.G.T, y sin aviso cargaron el cuerpo en una camioneta militar. Sin órdenes específicas, y sin saber qué hacer con ella, la pasearon por la ciudad en la camioneta, teniéndola durante semanas escondida en su interior, aparcando el vehículo militar en diferentes calles de Buenos Aires.

Hasta que se decidió esconderla en la sede de los servicios de inteligencia del país- la SIE-. Fue entonces, cuando el teniente coronel Mooki Koening se obsesionó con ella, y ordenó que la colocaran de pie en su despacho, para mostrarla a sus visitas. Incluso en una fiesta que tuvo lugar allí, con militares de alta graduación, la momia sufrió varios golpes, que la aplastaron la nariz y partes de la cara, así como la pérdida de un dedo. Las malas lenguas, acusaban al obsesionado teniente coronel de llegar a manosearla sexualmente. Lo que obligó al dictador Aramburu a destituirle fulminantemente. Ordenando a Héctor Cabanillas sepultar la momia de Evita clandestinamente.

            En ese momento, se pone a trabajar junto al teniente coronel y futuro dictador Alejandro Agustín Lanusse y comienza la operación traslado. Entran en contacto con el sacerdote Francisco Rotger, que será el que ayudará al gobierno a encontrar la complicidad de la iglesia, y del superior general de la orden de los Paulinos, el padre Giovanni Penco. El cual por su parte, buscaría la colaboración del propio Papa, Pío XII.

            En abril de 1957, el barco Conté Biancaman arribaba al puerto de Génova, en su interior el cuerpo momificado y expoliado de Evita Perón, bajo el nombre de María Maggi. Con ese nombre fue enterrada en la tumba número 41, del campo 86 del cementerio mayor de Milán. Allí permanecería oculto a los ojos del mundo durante catorce años.

            Evidentemente, durante todo este tiempo sus seguidores, los militantes peronistas y el grupo de los Montoneros no dejaron de buscar el cuerpo. Llegando estos últimos a secuestrar al dictador Aramburu en 1970, exigiendo entre otras cosas, la aparición del cuerpo de Eva Perón. Rápidamente, y de nuevo Héctor Cabanillas se puso manos a la obra para devolver el cuerpo, pero no llegó a tiempo. Ese mismo año el dictador fue asesinado a manos de los Montoneros. Lo sustituyó en el puesto dictatorial el general Lanusse, que ordenó de inmediato llevar a cabo la operación retorno de la momia. La operación finalizó en 1971, con la entrega del cuerpo a su viudo el general Perón, que por entonces vivía exilado en las inmediaciones de Puerta de Hierro en Madrid, con su nueva mujer Isabelita Perón.

            En 1974, ya con la vuelta del general Perón a Argentina, los Montoneros secuestraron el cuerpo del dictador Aramburu, para cambiarlo por el cuerpo de Evita. Muerto Perón, su mujer Isabelita mandó repatriar la momia, y la ubicó en la quinta presidencial de Buenos Aires. Hasta que en 1976, la nueva dictadura militar, volvió a llevarse la momia de Evita, para esta vez entregársela a la familia Duarte. Estos la enterrarían en su mausoleo del cementerio de la Recoleta. Allí descansa definitivamente hoy, a ocho metros de profundidad, dentro de una capsula de acero blindado y cubierta por una enorme plancha de mármol.