miércoles, 25 de marzo de 2015

EL ÁGUILA DE L´ATLAS


           La historia de hoy, es una historia por sí sola, pero también forma parte de otra más amplia y compleja. Una historia de guerra, de lucha y victoria. Una historia que comienza con el error de un capitán de navío, y con el despiste de su primer oficial. Y que acaba con las tropas napoleónicas huyendo de Galicia a mitad del año 1809. Una historia que vamos a dividir en tres capítulos.

            El primero de ellos por fecha, nos lleva al año 1805, los días 21 y 22 del mes de julio. Cuando aún España y Francia eran aliados, y se batían el cobre juntos en la Batalla del cabo Finisterre contra el ejército inglés. Una batalla en que los navíos ingleses a manos del comandante Robert Calder, le dieron la del pulpo a la escuadra hispano-francesa a mano de un tal Villenueve. El cual dejó tirado al propio Napoleón en Boulogne, esperando la llegada del escuadrón, que le sirviera de escolta para cruzar a Gran Bretaña y someter a la Pérfida Albión. Villenueve tras esta derrota partió a Cádiz, debido a una falsa información, que afirmaba que el paso del Cantábrico estaba totalmente cerrado por la marina inglesa. Supongo que también para evitar enfrentarse al cabreo monumental de su jefe, le petit cabrón Bonaparte. En la capital gaditana permaneció, hasta que de nuevo al mando de la escuadra hispano-francesa, volvió a cubrirse de gloria durante la Batalla de Trafalgar, el 21 de octubre de ese mismo año.

            Tras la batalla del cabo de Finisterre, algunos barcos franceses fondearon en la Ría de Vigo, esperando reparar las naves y recuperar a los heridos ante de partir hacía otra batalla. Unos de los barcos que pasó una temporada en ciudad gallega, sería el navío de línea francés l´Atlas, perteneciente a la división del Brigadier Salcedo, y a manos del capitán gabacho Pierre Rolland.

            Pero la situación geopolítica Europea cambió en 1808, cuando después del alzamiento del Dos de Mayo madrileño, el Imperio francés pasó de aliado a enemigo. Para entonces, la ciudad de Vigo como el resto de Galicia, y la  mayor parte del país, habían proclamado públicamente su apoyo al inepto y egoísta rey Fernando el séptimo. Una cantidad ingente de jóvenes se habían alistado al Regimiento de León, y habían partido a unirse al ejército de Galicia. En la ciudad se había llamado a la defensa, formando el cuerpo de voluntarios urbanos denominados Milicia Honrada.

            En esas estaban cuando a principios del mes de julio de 1808, entró en la Ría de Vigo un enorme navío de línea con bandera francesa. Una gran embarcación de tres palos de aparejo. Fuertemente armado, con 28 cañones de a 34 libras en la batería baja, 30 piezas de artillería de a 18 piezas en la segunda, y 16 de a 8 libras en el castillo y en el alcázar. Y de considerable tamaño, contando con 168 pies y 2 pulgadas de eslora, 148 pies de quilla limpia y 3 pulgadas de manga, 23 pies y 6 pulgadas de puntal. Con 24 pies y 3 pulgadas de calado en popa, y 21 pies con 5 pulgadas a proa. Un navío muy conocido por los marinos españoles, pues hasta 1801 había pertenecido a la marina patria, bajo la advocación de San José o San Pedro Apóstol.

            Evidentemente, la gente de la zona al verlo entrar comenzó a inquietarse. Más si cabe, al escuchar a la embarcación saludar a la plaza disparando sus piezas de artillería a modo de salvas. Dejando caer las anclas bajo sus cañones. Pues el capitán, y el primer oficial pensaban que la villa de Vigo, era ya una plaza francesa. Pronto vieron salir hacía ellos, embarcaciones con marineros y tipos duros, especializados en el corso, el pirateo y el estraperlo desde la zona de O Berbés, Areal y Coia. Para dar su particular bienvenida a escuadra de los enfantsdelapatrie. Éstos llevaban sus armas ocultadas hasta que consiguieron rodear el navío l´Atlas.

            Fue entonces, en el momento que ya no tenían escapatoria los chicos de Napoleón, cuando los vigueses sacaron a relucir las escopetas del abuelo, las hoces afiladas y las navajas de siete puntos y dos palmos, en cuya hoja podía leerse ¡Viva mi dueño! Mientras enfurecidos, agitando los puños y las armas, gritando: ¡Vaespaña! ¡Vaespaña! y ¡Santiago y cierra…!...Los angelitos.

            Imagínense la situación, uno de los mejores navíos de La Grande Armeé, cazado como un grumete novato, y sin pegar un tiro, salvo los de saludo. Supongan la mirada mortal, que el capitán Pierre Nicolás Rolland, lanzaría en ese momento a su primer oficial. Comentándole:

-Asiqué, fondeemos en esa Ría que es un lugar seguro. ¿Eh, oficial?

-Lo siento capitán, fue un error de cálculo.

-¿Un error?-gritaría desquiciado Rolland-. Ya verá cuando se entere el sire. Nos va a mandar al frente Ruso a cavar trincheras sin palas.

-Lo siento capitán-insistiría el primer oficial con la cabeza gacha-.

-¡Oficial! dese por arrestado a partir de mañana. Suponiendo que siga de una pieza. Comprebien o pa.

-Gui mesié.

-Oficial- seguiría el capitán Rolland por lo bajini, antes de rendirse y perder el Águila regalado por el propio Napoleón, una verdadera indignidad se mire como se mire-.

-Gui mesié

-¡Me cago en su padre!

-Gui mesié, en lo que usted quiera mesié.

 

            Y así, sin pegar un tiro y sin sufrir una sola baja, fue como la población de Vigo se hizo con el navío de línea francés l´Atlas, que sería rebautizado como Atlante. Pasando a prestar servicio dentro de la armada española hasta que en 1817 fue desguazado.

 La anécdota del error del capitán, y del primer oficial del l´Atlas al meterse en la boca del lobo, será el preludio de la batalla que traería la reconquista de la ciudad de Vigo, y más tarde la liberación completa de la zona de Galicia. Que veremos en las próximas semanas.

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