miércoles, 4 de marzo de 2015

LA MOMIA EXPOLIADA


Todas las dictaduras tienen muchas historias tétricas a sus espaldas, muchas de ellas escondidas bajo siete llaves, y que comienzan a destaparse después de muchos años. Pero si hay una historia que pudiera servir para redactar una novela de carácter negro y oscuro, esa es la historia del cadáver momificado de Eva Duarte. Evita.

            Como saben, la mujer del general Perón, presidente de Argentina, fue muy querida por la población, pues a pesar del carácter un tanto autoritario de su marido, ella llevó a cabo una enorme labor en pos de los necesitados y de los obreros argentinos. Lo cual le valió mucho cariño incluso después de muerta. Toda la historia comienza, cuando Evita se desmaya en enero de 1950, durante un acto del sindicato de taxistas. En esa época, Evita acababa de ser propuesta por el sindicato C.G.T, como vicepresidenta junto a su marido. Esto amenazaba con abrir una grieta dentro del peronismo. Pues una parte, no veía con buenos ojos que una mujer pudiera presentarse a un puesto político. No hay que olvidar, que la primera vez que la mujer argentina tendrá derecho a votar, y a presentarse en unas elecciones, será en las de noviembre de 1951. Pero ese cisma no fue a más, pues el último día de agosto de 1951, meses antes de las elecciones, Evita renuncia a presentarse. Pocos meses antes había vuelto a desmayarse en la sede de su Fundación. Y días después de ello, sus médicos le habían detectado un cáncer de útero, que acabaría con su vida en menos de un año. Esas elecciones las ganaría el general Perón, y ella votaría desde el hospital. Moriría el 26 de julio de 1952, con treinta y tres años.

            Rápidamente su cuerpo fue embalsamado, su momia quedó perfecta gracias a la labor del doctor español Pedro Ara. Tras ser despedida con honores de presidente en el congreso, su cuerpo permaneció en la sede del sindicato C.G.T, para siempre. O eso creían al menos. Pero en 1955, los militares derrocan el gobierno democrático de Perón, y el dictador Pedro Eugenio Aramburu ordena el secuestro de la momia de Evita. El encargo de la empresa, recayó en el teniente coronel Carlos de Mooki Koening. Éste y sus hombres, se presentaron en la sede de la C.G.T, y sin aviso cargaron el cuerpo en una camioneta militar. Sin órdenes específicas, y sin saber qué hacer con ella, la pasearon por la ciudad en la camioneta, teniéndola durante semanas escondida en su interior, aparcando el vehículo militar en diferentes calles de Buenos Aires.

Hasta que se decidió esconderla en la sede de los servicios de inteligencia del país- la SIE-. Fue entonces, cuando el teniente coronel Mooki Koening se obsesionó con ella, y ordenó que la colocaran de pie en su despacho, para mostrarla a sus visitas. Incluso en una fiesta que tuvo lugar allí, con militares de alta graduación, la momia sufrió varios golpes, que la aplastaron la nariz y partes de la cara, así como la pérdida de un dedo. Las malas lenguas, acusaban al obsesionado teniente coronel de llegar a manosearla sexualmente. Lo que obligó al dictador Aramburu a destituirle fulminantemente. Ordenando a Héctor Cabanillas sepultar la momia de Evita clandestinamente.

            En ese momento, se pone a trabajar junto al teniente coronel y futuro dictador Alejandro Agustín Lanusse y comienza la operación traslado. Entran en contacto con el sacerdote Francisco Rotger, que será el que ayudará al gobierno a encontrar la complicidad de la iglesia, y del superior general de la orden de los Paulinos, el padre Giovanni Penco. El cual por su parte, buscaría la colaboración del propio Papa, Pío XII.

            En abril de 1957, el barco Conté Biancaman arribaba al puerto de Génova, en su interior el cuerpo momificado y expoliado de Evita Perón, bajo el nombre de María Maggi. Con ese nombre fue enterrada en la tumba número 41, del campo 86 del cementerio mayor de Milán. Allí permanecería oculto a los ojos del mundo durante catorce años.

            Evidentemente, durante todo este tiempo sus seguidores, los militantes peronistas y el grupo de los Montoneros no dejaron de buscar el cuerpo. Llegando estos últimos a secuestrar al dictador Aramburu en 1970, exigiendo entre otras cosas, la aparición del cuerpo de Eva Perón. Rápidamente, y de nuevo Héctor Cabanillas se puso manos a la obra para devolver el cuerpo, pero no llegó a tiempo. Ese mismo año el dictador fue asesinado a manos de los Montoneros. Lo sustituyó en el puesto dictatorial el general Lanusse, que ordenó de inmediato llevar a cabo la operación retorno de la momia. La operación finalizó en 1971, con la entrega del cuerpo a su viudo el general Perón, que por entonces vivía exilado en las inmediaciones de Puerta de Hierro en Madrid, con su nueva mujer Isabelita Perón.

            En 1974, ya con la vuelta del general Perón a Argentina, los Montoneros secuestraron el cuerpo del dictador Aramburu, para cambiarlo por el cuerpo de Evita. Muerto Perón, su mujer Isabelita mandó repatriar la momia, y la ubicó en la quinta presidencial de Buenos Aires. Hasta que en 1976, la nueva dictadura militar, volvió a llevarse la momia de Evita, para esta vez entregársela a la familia Duarte. Estos la enterrarían en su mausoleo del cementerio de la Recoleta. Allí descansa definitivamente hoy, a ocho metros de profundidad, dentro de una capsula de acero blindado y cubierta por una enorme plancha de mármol.

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