miércoles, 11 de marzo de 2015

TEORÍA DEL PACK DE YOGURES DE SABORES


Hace años que tengo una teoría política que me ronda la cabeza. La denomino en mi interior, como teoría política del pack de yogures de sabores. Pongamos que a mí como consumidor, o como votante, me encanta los yogures de coco. Unos yogures, que en mínimas ocasiones puedes encontrar en pack completos. Son poco los supermercados que te los ofrecen, y además que lo hagan de forma constante es ya imposible.  Es algo extraño, algo poco habitual. Al final, siempre te queda la misma opción, si quieres comerte un yogur de coco, tienes que comprar un pack completo de sabores. Ya saben, el de fresa, el de plátano, el de melocotón, el de piña, el de macedonia…

            El caso, es que te vas a casa con tu pack de yogures en la bolsa, pensando que te han vuelto a estafar. Al llegar te comes el yogur de coco, tu favorito. Después te comes el de fresa que no es tu favorito, pero bueno. Y así, vas tragándote el resto del pack, dejando para el final los sabores que menos te gustan, te agradan, o a los que les tienes una manía especial. Amontonados al fondo de la nevera los yogures de macedonia, que no te comerías ni aunque te pagasen. Y allí siguen, amontonado escarcha. Hasta que llega el amigo tragaldabas, o de gusto discutible, que todos tenemos. Ese al que le da igual comerse un yogur de macedonia, que uno de judías pintas, y los engulle todos, uno detrás de otro.

            Pues con la política pasa lo mismo. Tú tienes una idea o un gusto político, de la ideología que sea. Y dentro de esa ideología hay varios partidos que presentas diferentes proposiciones, unas que te encantan, las proposiciones de coco. Otras que te gustan menos, las de fresa. Otras que no te matarías por defender, pero que a la fuerza te los comes, las de piña. Normalmente, al final llega la propuesta de macedonia, que no te la tragas ni aunque te apunten con una pistola. Por mucho que te gusten o emocionen las otras propuestas. Pero como ya he dicho, ningún supermercado patrio te ofrece el pack completo de yogures de coco. Es decir, ningún partido político te ofrece el pack completo de proposiciones que se ajustan a tus necesidades, o las necesidades de la sociedad en la que tú quieres vivir tranquilo, y en paz. Y si de verdad hay alguno que lo hace, que te ofrece el pack de tu gusto al cien por cien, o bien eres el dueño de la fábrica de yogures, que te enriqueces con la venta de los packs, de los que sean. O si eres el comensal, tienes un pequeño problema de glotonería, de autocrítica, o de papilas gustativas.

            He buscado por todos los supermercados, una y otra vez mi pack completo de yogures de coco, uno que tenga las proposiciones correctas sobre educación, igualdad, economía, sanidad, seguridad…pero nada. En todos los supermercados, me miran extrañados cuando les cuento mis ideas, me observan como ofendidos, o como desconfiados, porque no busco lo normal. O eso parece. Desde los supermercados progresistas, y esos nuevos que han abierto ahora, y que llaman populistas, hasta los supermercados neoliberales, todos me dieron siempre la misma respuesta. No, compre un pack completo de otro sabor, o sino, llévese el pack de yogures de sabores. Y cómase la maldita proposición de sabor macedonia.

            Pero me pregunto, porqué es tan normal encontrar pack de otros sabores. Porqué en cada supermercado, te ofrecen packs de yogures de fresa, de plátano, e incluso de limón. Y no solo eso, además te los ofrecen de diferentes marcas, incluso de marca blanca. Será que esos sabores se han vuelto clásicos a la fuerza, y por eso la mayoría los compra sin inmutarse, sin pararse a pensar ante la cámara refrigera del supermercado de turno. Quiero decir, ¿se parará  alguno de los consumidores de los packs de fresa, a pensar si de verdad les gusta la fresa? ¿O lo compran por costumbre familiar intergeneracional? O si los que compran los packs de plátano, piensan en algún momento antes de pasar por caja, si todas las propuestas del plátano le vienen bien para sus intereses. O si solo le interesa por conveniencia, la propuesta de uno de los pocillos de plástico rellenos de masa, que debería contener fruta, pero que contiene polvos de colores, algo parecido a leche en polvo y saborizante de plátano, desechando las de los otros tres. O más aún, si esos consumidores de yogures de limón, lo hacen porque creen de verdad todas sus arengas. O se deciden por ellos, porque son los que más salen en la televisión, y los que más poder tienen para manipular la información que dan sobre ellos. Ocultando su acido sabor detrás de una falsa información, que dice que son los más dulces y los menos agrios del mercado. Evidentemente también hay quien compra según que pack, porque en su supermercado solo venden ese pack. O fresa, o Limón.

            Me gustaría que la próxima vez que los compradores vayan al supermercado, a comprar yogures para los próximos cuatro años, se lo pensaran mucho. Y que de verdad se planteen, si les compensa comprar un pack de sabores cerrado, si les interesa comprar el pack de yogures de sabores, acorralando el sabor que no les guste al fondo del frigo, ya sea el de macedonia, o el de coco. O si tal vez, deberíamos montar la revolución de los yogures, y exigir a los supermercados de nuestras ciudades, poder compra los yogures de uno en uno, como se hacía antiguamente. Aunque me da en la nariz que muchos comedores de yogures de fresa, de plátano, de piña…o de judías pintas. La próxima vez van a lanzarse por sabores más extraños, exóticos, nuevos. Sin saber si les va a gustar la nueva marca, o el nuevo sabor. Conscientes de que si se lo llevan esta vez a su casa, y no les gusta, se los tendrán que comer de la forma que sea, y la próxima vez volverán a su pack de toda la vida. O no, y se enganchen al sabor nuevo, y se lancen a buscar ese pack complejo, pero completo y unitario de ideas, proposiciones y mejoras que necesita la sociedad. Un pack crítico, coherente y necesario. Aunque vaya por delante, que ninguno ofrecerá jamás el pack idóneo y congruente al cien por cien, bien porque el presidente de la fábrica no lo permita, porque el banquero que da los préstamos al director de la empresa, le apriete las tuercas. O porque el tendero, se niegue a ofrecerlos en su tienda.

            Aunque al final, siempre pasa lo mismo, y sé que después de hacer este pensamiento público, los seguidores de los yogures de fresa me acusaran de ser platanista, y los compradores del pack de plátano, me acusaran de fresista. Los partidarios de la piña, los simpatizantes del melocotón, o los adeptos a la pera me acusaran de ser de uno y de otro, de medrar, de ser un chaquetero, y de no querer quedar clara mi posición ante los sabores y los supermercados. Y por supuesto los fanáticos de la macedonia, me bloquearan en las redes sociales, después de insultarme y de censurarme, y si pudieran me darían un par de hostias. Por rojo y por facha. Pero seguirán sin entender nada.                                                          

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